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40-3-2. Por Victor Piñeyro

Por Victor Piñeyro, Ingeniero agrónomo, consultor y Director del Observatorio de Comunicación de Agronegocios.

Soja

Parece el título de una película de ciencia ficción pero es el código del primer evento biotecnológico aprobado en Argentina hace 20 años.

Recuerdo el verano de 1996/7, fue el primero en toda mi vida profesional como agrónomo que pude tomarme unos días de vacaciones en pleno enero.

Unos meses antes habíamos tomado una decisión arriesgada, el 100 % de las sojas sembradas sobre algo más de 1000 has eran todas ROUNDP READY® con la incorporación de tolerancia al herbicida glifosato.

El evento introducía la mejora en la soja RR mediante la producción de una proteína, la enzima CP4 nolpiruvilsikimato-3-fosfato sintasa (EPSPS) que está presente en la ruta del ácido sikímico para la biosíntesis de aminoácidos aromáticos en plantas y microorganismos. La inhibición de esta enzima por el glifosato da lugar a una deficiencia en la producción de aminoácidos aromáticos y a una inhibición del crecimiento de las plantas, ruta metabólica que puede bloquear la soja RR.

Por primera vez las indómitas malezas en los cultivos de soja nos daban una tregua gracias a una tecnología disruptiva como pocas veces nos ha tocado utilizar. El número de aplicaciones de herbicidas se reducía y se simplificaba,

Los usuarios de esta nueva tecnología no sabíamos en ese momento, pero éramos protagonistas de la fabulosa sinergia de este evento biotecnológico junto a la siembra directa, el silobolsa, la agricultura de contratos, los incrementos en las dosis de fertilización y los precios de los comodities creciendo en forma sostenida.

El evento, además del impacto doméstico en el manejo de los cultivos fue el puntapié inicial de un liderazgo tecnológico del agro argentino en biotecnología adquiriendo como afirma el Dr. Eduardo Trigo  “una dinámica de adopción casi sin precedentes a escala mundial y que ha llevado, a que en la actualidad, este tipo de tecnologías se utilicen en prácticamente la totalidad del cultivo de soja, en el 86% del área de maíz y el 99% de la superficie de algodón”.

Solo a los efectos de dimensionar el efecto de este cambio de paradigma que el 40-3-2 marcó como inicio, referenciamos al mismo Dr. Trigo quien estimo en 2011, las suma de u$s 65.435,81 millones como beneficio bruto acumulado reportado al país. A la hora de detallar el origen de la creación de valor el mismo investigador menciona que “el valor bruto de los beneficios obtenidos por la reducción de costos fue de 3.518,66 millones de dólares y por la expansión de la superficie cultivable, de 61.917,15 millones de dólares. En cuanto a la distribución de estos beneficios, 72,4% fueron a los productores, 21,2 al estado nacional – a través de las retenciones y otros impuestos ‐ y el 6,4% restante a los proveedores de las tecnologías (semillas y herbicidas, distribuidos aproximadamente en partes iguales).

Y agrega el dato de que 1,8 millones de empleos generados por la economía argentina podrían ser atribuidos a tecnologías de cultivos OGMs.

El 40-3-2 también marcó el inicio de un camino de excelencia para el marco regulatorio que permite la investigación, desarrollo y posterior aprobación y liberación comercial de eventos biotecnológicos donde Argentina se constituyó en líder mundial de este tipo de procesos con una marco de excelencia en la interacción público y privada que los mismos requieren e inclusive con una continuidad y coherencia que permite remarcar a este contexto institucional como una de las pocas política de Estado bien claras y exitosas de las últimas décadas en el país.

En Argentina, y en el ámbito del MINAGRO, la Comisión de Biotecnología del SENASA estudia la bioseguridad alimentaria de los cultivos o sus subproductos, la CONABIA analiza los posibles impactos ambientales del cultivo y la Dirección de Mercados evalúa los efectos de su comercialización.   

Sin embargo con el correr de los años no todo fue un camino virtuoso. El marco legal de la biotecnología  estuvo y permanece amenazado por la falta de herramientas institucionales alineadas con el respeto a la propiedad intelectual y los conflictos entre obtentores, empresas, productores y Estado siguen pendientes de encontrar un equilibrio consensuado y plasmado en un marco normativo moderno, claro y transparente. Con 40-3-2 Argentina fue pionera en la región pero ya no pasó lo mismo con eventos posteriores.

En este punto traigo nuevamente la opinión del Dr. Trigo en el sentido de que Argentina no debiera alejarse de la frontera de la innovación y adoptar como estrategia el “desafío de mantenerse como adoptante temprano” advirtiendo “sobre las ventajas de estar en la punta de este tipo de procesos innovativos, y por extensión, sobre los riesgos – o costos de oportunidad – que tendría para el país un proceso de incorporación de tecnologías menos dinámico del que se ha dado en el pasado.”

Aunque no todos los actores del sistema de producción de la agricultura argentina tienen la misma responsabilidad, corresponde que los productores y profesionales hagamos nuestra autocrítica. Después de 20 años desde aquel 1996, los sistemas de producción de la agricultura y ganadería de Argentina muestran evidencia de menor diversidad y mayor fragilidad y riesgos. Principalmente las políticas agropecuarias nefastas de los últimos años y algunos errores en el manejo tecnológico han dejado síntomas claros de sistemas agroecológicos afectados: planteos productivos con un esquema de rotaciones muy lejos de lo recomendable agronómicamente, pérdida de biodiversidad (mucha soja , pocas gramíneas) ,muy pocos cultivos invernales, falta de prácticas de conservación, déficit de fertilización y consecuente desbalance de nutrientes, agua que no se consume y que agrava los excedentes por falta de infraestructura, etc. En ese mismo combo debemos incluir la resistencia de malezas a varios principios activos herbicidas, incluido al glifosato, por lo cual corresponde reflexionar acerca de la necesidad de cuidar las herramientas tecnológicas haciendo manejos más integrales que incluyan mayor rotación de cultivos, tecnologías y principios activos (ídem para eventos biotecnológicos de protección de plagas y su deterioro por falta de uso de los correspondientes refugios).

En marzo de este año, en Expoagro, algunos privilegiados tuvimos el gusto de escuchar de primera mano el testimonio del desarrollo y liberación del 40-3-2 por parte del líder de ese proceso, el Ingeniero Rodolfo Rossi. Personalmente, mientras lo escuchaba, sentía que su relato atravesaba casi toda mi vida profesional y además de una gran admiración por el Ing. Rossi que con mucha naturalidad contaba los pormenores del trabajo suyo y su equipo, tenía la increíble sensación de estar viendo en vivo una especie de película de ciencia-no ficción sino ciencia-real, tan real que fue en gran parte responsable del mayor cambio tecnológico de la agronomía moderna.//

[1] http://www.argenbio.org/index.php?action=novedades&note=488 “Evaluación de la seguridad ambiental y alimentaria de los cultivos transgénicos y sus derivados”