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Alberto Morelli: “Todo parece apuntar a una muy buena campaña para seguir apostando al maíz”

Alberto Morelli, presidente de Maizar, afirma que la cadena del maíz y del sorgo es un pilar fundamental para el desarrollo del país y la generación de riqueza. Optimista y realista, nos cuenta sobre la realidad de la cadena, la visión a largo plazo y el valor del maíz para producir biomateriales. Un mano a mano más que interesante.

Por Juan Carlos Grasa

Alberto, sabemos que el agua complicó todo sobre el final de la campaña, después de venir de una seca histórica y a pesar de eso los números en el rinde no fueron tan malos, ¿a qué atribuís esto?

En el caso del maíz, el rinde promedio nacional de la campaña 2017/18 se proyecta en 62,9 quintales por hectárea, el más bajo de los últimos cinco ciclos. Sin embargo, está por encima de los rendimientos de las últimas dos grandes sequías, en las campañas 2008/09 y 2011/12. Esto se debe fundamentalmente a que los productores invirtieron más en tecnología. La inversión en tecnología es una muestra clara de que la apuesta de los productores crece rápidamente cuando el escenario político-económico se presenta más favorable y cierto. Esta última campaña, logramos el récord de superficie sembrada con maíz desde 1960.

Si bien el maíz ha recuperado su espacio y hoy ocupa un lugar importante en las rotaciones, la campaña que viene parece venir con un crecimiento del área muy importante ¿es esto así?

Pensando en la siguiente siembra, todo parece apuntar a una muy buena campaña para seguir apostando al maíz. La demanda internacional sigue firme y contamos con buenos precios futuros, reflejo de la baja de los stocks internacionales.

De la mano de la tecnología, si las condiciones climáticas nos acompañan, podremos ir hacia un nuevo record en superficie y producción.  

Además, el área sembrada puede seguir aumentando allí donde el maíz no está presente, como es el caso de las provincias patagónicas al sur del río Colorado. Existen híbridos adaptados a la zona, agua para riego, por lo cual, podremos desarrollar allí un gran polo de transformación de granos en carne libre de aftosa, pensando en los nuevos mercados que se están abriendo para la Argentina. Y para ello hay que trabajar fuerte con las provincias involucradas.

Hubo una relación de 6 hectáreas de soja contra 1 de maíz. La relación se achicó 4 a 1 en la última campaña, ¿cómo crees que seguirá esta relación en el futuro?

Morelli, presidente de MAIZAR

En la campaña que acaba de terminar, las gramíneas fueron el 40 % del área agrícola y el maíz y el sorgo conforman el 20% del total. Lo que significa la mayor participación en las últimas 18 campañas.

Ante las buenas perspectivas de incremento del área sembrada con maíz para esta campaña, ésta relación de 4 a 1 debería mejorarse, el ideal sería acercarnos a una relación de 2 a 1 como tiene Brasil hoy. Te recuerdo que Estados Unidos tiene una relación 1 a 1.  

Te vimos en el último Congreso de Maizar con un discurso muy crítico a quienes intentan volver a las recetas pasadas y con una fuerte defensa a las medidas del gobierno actual, ¿qué repercusiones pudiste recoger de tus dichos en la cadena de maíz?

Durante años insistimos desde MAIZAR que la eliminación de las retenciones y los ROES se traduciría en un gran incremento del área, la producción y las exportaciones. Así, el año pasado exportamos cerca de 24 millones de toneladas de maíz a 122 mercados, por un valor superior a los 3.800 millones de dólares.

Hace 14 años en una entrevista a Johnny Avellaneda, presidente de Maizar del momento, nos decía que si no se reglamentaba una ley de semillas que contemplara el pago de la tecnología, iban a terminar sacando los yuyos con la mano. ¿De que cosa estamos más cerca (de tener la ley o de sacar los yuyos con la mano)?

Abogamos por la aprobación de una Ley de Semillas que respete la propiedad privada, que contemple los avances que se produjeron en la agricultura en los últimos años y asegure la llegada a la Argentina de las próximas innovaciones tecnológicas. Esto redundaría en un gran beneficio para el país. Argentina no puede perder la oportunidad de contar con una nueva ley de semillas que reconozca la innovación científica pública y privada.

Vemos con gran satisfacción que se ha retomado la senda en lo que se refiere a aprobaciones de eventos biotecnológicos, ya que este año se han producido tres nuevas aprobaciones para el cultivo de maíz

¿Crees que por falta de una ley de semilla que contemple el pago de tecnología, hay eventos que no están en la Argentina, por otro lado, cuáles son los riesgos de perder este tren si no sale la ley pronto?

Sí. Por la carencia de una ley de semillas se están verificando atrasos en la llegada de eventos. Por ejemplo, Xtend y Enlist, dos eventos que sirven para controlar malezas resistentes a través de los herbicidas Dicamba y 2,4 D hoy podrían estar disponibles y no lo están. Obviamente, en el futuro seguirán apareciendo nuevos eventos y sin una nueva ley de semillas nos seguiremos retrasando en cuanto a la tecnología. 

Sabemos que el maíz es un cereal altamente procesable, ¿Cuáles serán esos productos en el futuro y cuál será el impacto en la Argentina?

El comercio internacional de los productos de la cadena crece exponencialmente y esto nos ofrece una gran oportunidad. Sin embargo, mientras los Estados Unidos transforman internamente un 87% de su producción de maíz, y Brasil un 65%, la Argentina transforma menos del 35%. 

Es indispensable desarrollar todo nuestro potencial como cadena, en carnes, lácteos, productos de molienda, bioetanol, biogás y biomateriales. Hay algunos sectores, como el lácteo, que hoy encuentran situaciones particularmente difíciles. Debemos ayudarlos a sortearlas y trabajar para que la cadena de valor vaya resolviendo los problemas que afectan su competitividad.

La industrialización de los granos de maíz y sorgo con fines energéticos es una de las actividades de mayor crecimiento en el mundo. Los beneficios de la generación de biocombustibles y biogás generan un impacto central en la economía, a nivel regional, provincial y nacional.

Más allá de los biocombustibles, en el mundo actual, el desarrollo de biomateriales es la industria de mayor sofisticación y tecnología. Y la principal materia prima para producirlos es el grano de maíz.

El crecimiento del valor agregado en nuestra cadena promueve el arraigo de las poblaciones en sus lugares de origen, reduciendo las migraciones y combatiendo la pobreza rural. Es un objetivo primordial encontrar la manera de reducir los índices de pobreza del país y, con educación, esfuerzo y respeto, llevar a la Argentina al nivel que todos deseamos.

  ¿Qué datos midieron desde la cadena maicera sobre las consecuencias del Decreto 543/16 que establece la incorporación al corte obligatorio de naftas, un 50% caña de azúcar y 50% de maíz?

 El reparto 50/50 obedeció más a un criterio político que a razones técnicas o prácticas. En los hechos existe una enorme disponibilidad de maíz y un estancamiento en la producción de caña de azúcar. Es por eso que la industria del bioetanol a partir de cereal ha implementado junto al Ministerio de Energía un sistema de garantía de abastecimiento para cubrir las dificultades de los cañeros. El bioetanol de maíz ha entregado en los últimos meses hasta 55% del total que demanda el sector petrolero. El gobierno nacional sabe que el crecimiento en la demanda de bioetanol será satisfecha a partir del maíz y es en ese marco que se está discutiendo un aumento significativo en el corte de las naftas (actualmente del 12%) con combustible verde.

Si el nuevo corte llega a 24%, se utilizarán en total cerca de 4,5 millones de toneladas de maíz para producir bioetanol: esto implicaría inversiones por alrededor de 1000 millones de dólares para darle más valor agregado al maíz, generar más desarrollo en las economías regionales y, principalmente, contribuir a una matriz energética más limpia.

Por último, ¿cuán importante te parece, es el trabajo público-privado que se viene realizando para ser más competitivos?

 Tenemos que fortalecer nuestras instituciones, pensar en el largo plazo y continuar con el diálogo y la búsqueda de consensos. El trabajo público-privado es clave para diseñar políticas sustentables y eficaces que den certeza y competitividad a las distintas producciones y permitan agregar valor y promover el desarrollo.

Gracias!