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Anegamiento e inundaciones: UN NUEVO CONTEXTO PARA PLANTEAR LA INOCULACIÓN

Por: Biotecnóloga Daniela Bruzzese

Cada campaña sojera nos pone frente a nuevos escenarios y plantea nuevos desafíos a la hora de definir la estrategia que maximice la productividad del cultivo.

Este año, encontramos zonas de la provincia de Buenos Aires donde fenómenos de origen hídrico, ya sea por permanencia, torrencialidad o por eventos combinados (crecidas del Río Paraná y del Río de La Plata) han ocasionado situaciones de inundación y anegamientos pronunciados y continuos que han afectado marcadamente la condición de los suelos.

Además del impacto socio económico asociado a las pérdidas por aéreas no sembradas o cosechadas, ante este tipo de condiciones se modifica el equilibrio edáfico de manera sustancial.

En el caso de las comunidades microbianas, debido a la condición de anaerobiosis o falta de oxigeno en el suelo creada por inundaciones prolongadas, la biodiversidad se modifica ejerciendo una presión negativa sobre las especies aeróbicas. Estas especies incluyen rizobios, microorganismos promotores de crecimiento y colonizadores benéficos de la rizósfera que contribuyen a la sanidad de las raíces, la disponibilidad de nutrientes y al correcto establecimiento de la nodulación. Es fundamental restablecer y desplazar el equilibrio por adiciones sucesivas y constantes de cepas altamente adaptadas y competitivas.

 Esto hace indispensable utilizar inoculantes de alta calidad, que aseguren una eficiente colonización y persistencia en la rizósfera.

El uso de doble dosis es una elección clave en suelos donde la población de rizobios ha disminuido drásticamente debido a periodos de anegamiento prolongado, lo que asegura una reintroducción efectiva de los rizobios en el suelo y maximiza la respuesta del cultivo a la inoculación.

Por otro lado, es de esperar que la respuesta al uso de microorganismos promotores de crecimiento vegetal (PGPR) sea más significativa en estos suelos, donde se ha producido una disminución de nutrientes por lavado o escurrimiento y un mayor desarrollo radicular favorezca la captación de los mismos.  La colonización por altas concentraciones de microorganismos benéficos agregados por los inoculantes favorece además, mediante competencia por espacio y nutrientes, un biocontrol natural de patógenos.

Finalmente y no menos importante es el tratamiento de las semillas con fungicidas que prevengan y combatan las enfermedades producidas por hongos. Las condiciones de elevada humedad relativa y altas temperaturas crean las condiciones óptimas para la proliferación y diseminación de enfermedades transmitidas por las semillas. La utilización de packs con inoculantes y fungicidas es una opción sencilla y práctica que asegura al usuario un aumento significativo de su rendimiento ya que garantiza una buena sanidad de la semilla y una emergencia más homogénea. Realizar evaluaciones de poder germinativo con semilla curada y sin curar puede resultar útil a la hora de elegir el terápico adecuado.

Los principales patógenos de semilla de soja en orden de mayor frecuencia e impacto son: Phomopsis phaseoli (integrante del complejo Diaporthe/Phomopsis) Cercospora kikuchii, Colletotrichum spp., Cercospora sojina, Fusarium semitectum, F. graminearum, Fusarium spp., Peronospora manshurica y Alternaria spp. Entre los hongos de almacenaje se encuentran Aspergillus spp., Penicillium spp. y Rhizopus spp. Los hongos que reducen significativamente la germinación son: Fusarium, Phomopsis y Colletotrichum.

Los hongos de almacenaje también pueden afectar la germinación y en general desencadenan procesos de deterioro y envejecimiento. El daño mecánico, por otro lado, produce un aumento de la sensibilidad de la semilla al terápico, cuya consecuencia puede ser la reducción del poder germinativo y vigor de las semillas “curadas”.

Para siembras tempranas, lotes encharcados o con antecedentes de oomycetes es recomendable usar fungicidas mezclas que contengan metalaxyl, metalaxil-M (mefenoxam), o ethaboxam, específicos para este grupo de organismos. Para Fusarium, por ejemplo, se recomiendan los bencimidazoles (carbendazim, tiabendazol), para Rhizoctonia es aconsejable usar carboxamidas ( carboxina) o moléculas que ejerzan un control efectivo (tiram, fludioxonil). Para el resto de los patógenos que producen las enfermedades de fin de ciclo (EFC) y los hongos de almacenamiento existen varias moléculas eficaces. En el caso de Cercospora sojina, los bencimidazoles como el carbendazim son efectivos para evitar su introducción en el campo y también controlarán Fusarium, especialmente el transportado por la semilla.

Cada campaña nos enfrenta al desafío de mejorar año a año en manejo y productividad. Durante la pasada campaña sojera, las condiciones climáticas extremas que azotaron varias zonas de nuestro país, dieron origen a un nuevo contexto para la siembra de soja. Ante esta situación, una vez más tenemos ante nosotros la oportunidad de tomar  decisiones que podrán ayudarnos a enfrentar mejor preparados  aquellas situaciones adversas y asegurar los mejores rindes posibles de nuestro cultivo.