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Aplicaciones de agroquímicos. Por Ramiro Cid

Aplicaciones de agroquímicos

Del panorama general a los casos particulares.

Por: Ing. Agr. Esp Mec. Agr. Ramiro E. Cid.
Instituto de Ingeniería Rural. INTA Castelar

Según datos publicados por de CASAFE, Cámara Argentina de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes,  en Argentina, en el año 2012, se utilizaron  317,17 millones de litros/kg de fitosanitarios con un costo de adquisición de 2381,16 millones de dólares (1) .  No disponemos de datos más actualizados, pero cabe presuponer un aumento de estas cantidades para la actual campaña.

Lamentablemente, como sobre muchos otros aspectos económicos, carecemos de estadísticas confiables sobre la actividad relacionada con la aplicación de fitosanitarios a campo. Intentaremos, entonces, suministrar alguna información orientativa, aún siendo concientes de la posibilidad de cometer errores de cierta importancia.

Si asumimos unos 36 millones de hectáreas cultivadas esto nos da un consumo de casi 9 litros de fitosanitarios por hectárea, con un costo medio cercano a los 66 dolares anuales, según datos 2012.

De acuerdo con proyecciones elaboradas en base a la cantidad de pulverizadoras fabricadas de año en  año y, en base a una vida útil estimada, en general se infiere la existencia de un parque activo de unas 10.000 máquinas que, en promedio, trabajarían unas 12.500 ha/año, estimando, también arbitrariamente, unas 3,5 aplicaciones por hectárea al año. Estas cifras  coinciden, en líneas generales, con lo que manifiestan, en promedio, los mismos aplicadores, aunque algunos operan sobre superficies bastante mayores y otros, también, sobre superficies menores. Se estima, también sin datos muy firmes, que cerca del 80% de la superficie pulverizada corresponde a aplicadores comerciales, comunmente llamados contratistas, y con una muy limitada representatividad del sector en los estratos oficiales..

Ahora bien, estas 10.000 pulverizadoras se encuentran distribuidas sobre todas las zonas agrícolas de nuestro país, (aunque seguramente con un cierto grado de concentración en Pradera Pampeana), en regiones que son sumamente diferentes en cuanto a sus características de producción y, lo que es, también,  sumamente importante en nuestro caso, desde el punto de vista climatológico.

Así, en el sur y el oeste de Buenos Aires, como también en el este de La Pampa, la limitante más importante para las aplicaciones suele ser la presencia de fuertes vientos; en el NOA los obstáculos están dados por las alta temperaturas y la baja humedad relativa. En ambas situaciones, las aplicaciones se complican, aunque por motivos bien diferentes.

Surgen así los cuestionamientos sobre cuándo están dadas las condiciones para efectuar los tratamientos, lo que los especialistas solemos llamar “la ventana de oportunidad”, para que ese ejército disperso de aplicadores cumpla con su función productiva.

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En el gráfico anterior, tomado de un trabajo de Etiennot y Piazza (2), se fijan las condiciones climáticas dentro de las cuales es factible realizar, o no, las aplicaciones de fitosanitarios. También suele mencionarse que no debieran realizarse aplicaciones cuando la intensidad de los vientos supera los 15 km/hora.

Pero esto tiene, también, un cierto grado de relatividad. Siempre recuerdo la frase que me dijera un aplicador del sur de la Provincia de Salta: “Ingeniero, de acuerdo con lo que dicen los libros, no tengo en mi zona, en todo el ciclo, un solo día apto para hacer las aplicaciones en soja”. Esto puede parecer una exageración, pero, lamentablemente, tiene mucho de verdad. Y la realidad es que las aplicaciones en estos casos se llevan a cabo bajo condiciones adversas con importantes riesgos de deriva y evaporación. Es preciso, entonces, tener altos niveles de conocimiento y un alto grado de responsabilidad para lograr aplicaciones exitosas y sin generar riesgos de contaminación.

Ahora bien: ¿Cuál es el Marco Legal en el cuál se encuadran  las aplicaciones de fitosanitarios?

A nivel nacional, está vigente el Decreto Ley N° 3489/58 y su Decreto Reglamentario 5769/59. Con solo ver los años de promulgación nos damos cuenta de que está absolutamente desactualizada. En 57 años han cambiado totalmente los agroquímicos utilizados, las máquinas son sumamente distintas y mucho más eficientes y  también han cambiado los criterios de aplicación y las demandas sociales sobre aspectos ecológicos. En la práctica, estas normas son “letra muerta”.

Me animo a afirmar que es absolutamente vergonzoso que un país con las características agrícolas como el nuestro no disponga de un instrumento legal adecuado a nivel nacional. Afortunadamente hay un fuerte consenso entre las principales entidades del agro y las autoridades del Ministerio de Agroindustria en el sentido de corregir esta situación y se está trabajando fuertemente en la redacción de una nueva ley actualizada y amplia.

Ante la carencia mencionada, cada provincia ha elaborado su propia ley de fitosanitarios. Y es frecuente que los criterios utilizados hayan sido bastante diferentes. Acá es preciso mencionar a la Ley N° 9164/2004 y su Decreto Reglamentario N° 132/2005  de la Provincia de Córdoba como lo más parecido a un ejemplo a seguir; se establece, entre otras cosas, Receta Fitosanitaria firmada por un profesional, matriculación de las empresas, capacitaciones obligatorias anuales para los operarios, franjas de aplicación condicionadas (no de exclusión) ante zonas sensibles y verificación anual obligatoria de los equipos.  Y lo que es más importante, se hace cumplir con la Ley mediante un sistema de control, cosa que, debemos admitir,  no sucede en la mayoría de las Provincias. En Buenos Aires se trabaja aceleradamente en la elaboración de una nueva Ley que contemple todos estos aspectos.

A la vez, en muchas provincias las leyes facultan a los Municipios a dictar sus propias Ordenanzas Reglamentarias y, como es de suponer, los criterios son sumamente variables según las presiones  de los diferentes sectores sociales dominantes en cada uno de ellos. La conclusión: nos encontramos ante una suerte de caos legislativo, que es preciso ordenar para brindar mayores certezas y seguridades a los aplicadores logrando, a la vez, un mayor control de la calidad de los trabajos.

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Sin embargo sería injusto no mencionar que, tanto desde diversos sectores de la producción como desde diferentes estratos gubernamentales, se  está buscando con mucho compromiso una fuerte mejora de esta situación.

O sea que, a modo de resumen, nos encontramos con una formidable fuerza de trabajo, fundamental para nuestra producción agropecuaria, absolutamente dispersa en todo nuestro territorio agrícola y que, por lo tanto, debe adaptarse a muy diferentes condiciones productivas y climáticas según las regiones, configurando una actividad de suma importancia económica para el país, pero conviviendo con un marco legal bastante confuso. A ello debemos sumar una muy deficiente estructura de capacitación para los operarios.

Salgamos ahora de la descripción general del sector para enfrentarnos con un caso en particular:

¿Cómo debe proceder un aplicador ante un caso concreto de un tratamiento fitosanitario?

No pretendemos ser exhaustivos, pero los siguientes aspectos deben ser básicos.

En primer lugar se debe haber llegado a la instancia de aplicación con una máquina en perfectas condiciones de funcionamiento, sin ningún impedimento de tipo mecánico que pueda afectar la calidad de la misma. Además, obvio es decirlo, la persona que realiza el trabajo debe tener una capacitación previa que implique conocimiento de cómo es el proceso de formación de las gotas, de su distribución en tamaños o rango de variación, de las interacciones existentes de acuerdo con las condiciones climáticas, de las características de las diferentes pastillas y de los objetivos de cobertura demandados en el blanco para cada tipo de aplicaciones. Sin este requisito previo nunca será posible lograr eficiencia.

Luego corresponde un estudio detallado del caso particular: a modo de simple ejemplo no es lo mismo una aplicación de herbicidas sobre un barbecho relativamente libre de malezas que un tratamiento de EFC en una soja con un alto índice de área foliar. Las dificultades para acceder al blanco serán notoriamente mayores en el segundo caso, ya que implica lograr mayor penetración en el cultivo para acceder al tercio medio y, además, las necesidades de cobertura son sensiblemente más importantes. Importa, también, el tipo de cultivo, su grado de desarrollo y la estructura de las plantas. Esta observación permitirá la elección de un tamaño de gota determinado (pastilla y presión de trabajo) y un caudal mínimo de aplicación.

Superada esta instancia se hace necesaria una observación del entorno, procurando determinar la existencia de zonas sensibles o de riesgo de contaminación. Obviamente los principales cuidados se deben tener en las aplicaciones periurbanas, pero también se debe contemplar la presencia de viviendas y escuelas rurales. Es preciso evitar cualquier tipo de contaminación de las fuentes de agua existentes, ya se trate de ríos o arroyos, lagunas o hasta de una simple zanja, ya que las mismas generalmente terminan en una fuente mayor. También se debe verificar la presencia de animales domésticos y conocer la ubicación de colmenas cercanas con el consiguiente aviso al apicultor. Una vez determinadas las zonas sensibles se debe ajustar la estrategia de aplicación a fin de no afectar a las mismas de ninguna manera. Eventualmente, puede ser preciso postergar la aplicación hasta que cambien las condiciones climáticas.

Mencionado este último punto creo importante una observación. No debiera existir un solo equipo de pulverización que no tenga, al menos, una estación meteorológica de mano disponible. Es necesario conocer la temperatura, la humedad relativa, la presencia de vientos con su intensidad y su dirección, con mayor precisión que la simple percepción que tenemos de estos factores. Muchas veces estas condiciones climáticas impiden directamente el proceso de aplicación o, cuando menos, obligan a modificar sustancialmente la estrategia del trabajo.

Un aspecto al que muchas veces no se le presta la debida atención son las llamadas “inversiones térmicas” donde una capa de aire caliente queda situada cerca del nivel del suelo, capturando las gotas de la aplicación. En estas condiciones una muy suave brisa puede llevar al agroquímico hasta puntos muy lejanos. Es sin ninguna duda, la situación más riesgosa y a la que muchas veces no se le presta la debida atención.

Condiciones climáticas

bpa

También es importante destacar que las condiciones climáticas son sumamente cambiantes a lo largo del día, por lo que la estrategia de trabajo definida por la mañana, puede ser absolutamente equivocada para las horas del mediodía. El aplicador debe conocer en cada momento las variaciones producidas y tener la capacidad de cambiar la estrategia de aplicación en función de ellas. Es, sin embargo y lamentablemente, bastante común encontrarnos con aplicadores que utilizan el mismo método de aplicación (misma pastilla, misma presión, misma velocidad de trabajo y misma altura de aplicación) a lo largo de todo el día y bajo condiciones climáticas absolutamente diferentes. Inevitablemente, en algún horario estarán trabajando de manera incorrecta.

Conclusión

A modo de síntesis. Las aplicaciones de fitosanitarios son una herramienta fantástica para el control de plagas, malezas y enfermedades y de las cuales, hoy por hoy no podemos prescindir. Pero su uso, por los riesgos que implica, debe estar limitado a personas con la capacidad y los conocimientos necesarios para su utilización. También debemos exigirles un alto grado de responsabilidad y compromiso social. De no ser así, las aplicaciones de agroquímicos se pueden transformar en armas de doble filo.

1) http://www.casafe.org/publicaciones/estadisticas/

2) Etiennot A, Piazza A.:   2010 – Buenas Prácticas de Aplicación en Cultivos Planos Extensivos. Distancias a Zonas Urbanas. Criterios y Soluciones. Acta Toxicológica Argentina. Volumen 18 N° 2. http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-37432010000200002

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