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Dejemos al pasado en el pasado. Por: Iván Ordóñez

“Volvemos al año 30, a una Argentina agroexportadora. Una cagada, se acaba la industria, se acaba la tecnología. Entonces somos un montón de gente sembrando soja”. Dijo Ricardo Mollo de Divididos en un recital en La Falda, al norte de Córdoba. Dos días después Santiago del Moro razonaba con resignación en Intratables mientras se habla del actual contexto económico “siempre terminamos dependiendo del campo, somos un país agrícola-ganadero cómo hace 100 años”. Me llega por whatsapp un video (real) de Perón entrevistado en Puerta de Hierro a inicios de los 70 explicando que hay una tensión mundial por la proteína y los alimentos en general, que los países pobres de hoy serán los ricos del mañana y que el lugar de Argentina en el mundo es abastecer a esa demanda. Propone una cosecha anual de trigo de 200 millones de toneladas y un stock ganadero de 180 millones de cabezas. Habla de “la soya”.

Iván Ordóñez

El mismo fin de semana del recital en el Facebook de Presidencia de la Nación se compartía un video bastante simpático de dos youtubers japoneses que se dedican a todo lo culinario: una fan de Argentina les había mandado una encomienda con los productos más comunes de la mesa argentina. Los foodies japoneses probaban triangulitos de quesos, galletitas de agua o chocolate y se enamoran del flan instantáneo, nuestras aceitunas en salmuera, cervezas artesanales, alfajores y el dulce de leche. Consideran que la polenta instantánea es una excelente base para un postre.

Al ver el video Miguel @Mejiavet que está en unas jornadas de sanidad animal en Sapporo me comparte una foto de una góndola de “pure milk jam” (si, dulce de leche) de Hokkaido, la isla agroindustrial al norte de Japón, 7 dólares los 250 gramos.

Mollo y Del Moro expresan un argumento bastante arraigado en la sociedad. Uno que es profundamente erróneo. A argumentar entonces: Argentina no vuelve porque no se puede viajar al pasado, el mundo cambió (otra vuelta de tuerca más de la que miraba Perón) y por lo tanto nuestra modelo de inserción internacional también debe hacerlo. Argentina debe ir hacia (y Asia). El proyecto de modernización productiva es complejo y no seremos “un montón de gente sembrando soja” por una serie de razones, pero hay dos que son fundamentales: a) ser el supermercado del mundo implica mucho más que sembrar soja y b) para el acto literal de sembrar soja no se necesita de un montón de gente (como pasa con casi todas las actividades humanas que producen bienes).

Los agronegocios piensan a la producción como un sistema de nodos inter-relacionados en base a contratos que crean conocimiento que finalmente se monetiza.

Dicho de otra forma: se pueden producir alimentos de una manera muy simple, con poco conocimiento, calidad deficiente y cantidades pobres o podemos producir alimentos, fibras y energía de forma competitiva para quien quiera comprarlo en el mundo. ¿Producimos “saldos exportables” o nos guía la demanda de distintos mercados con distintas exigencias? No es lo mismo. Ser el supermercado del mundo es potenciar un sistema guiado por la demanda: se necesitan cientos de miles de empleos de las más variadas habilidades para esa proeza económica, porque no es producir granos como hace 100 años, desde lo tecnológico y material, hasta lo conceptual y abstracto. Ser el supermercado del mundo es vender bienes, pero sobre todo vender servicios.

Sierra Leona

Al ingeniero agrónomo @bebelm22 se le encienden los ojos cuando habla de su empresa social de servicios agrícolas que opera en Sierra Leona e inicia su expansión hacia Ghana. Ahí hay fuego. Se sumó hace 4 años a una historia que comenzó en 2011 el economista Emiliano Mroue con 350 hectáreas y hoy administra 2.000 en un continente que espera desarrollar 400 millones. Esos son solo números: López Menéndez y sus socios vieron el desafío de alimentar Africa desde un enfoque sistémico, donde la principal barrera era la inexistencia de derechos de propiedad de lo rural. Una institución tan básica de la ruralidad argentina que la damos por sentada. ¿De quién es la tierra qué cultivo? ¿De quién es el marlo de maíz rebosante de granos en un continente donde el hambre es endémico? López Menéndez y equipo trabajaron el problema de forma sistémica y así le dieron proyección de largo plazo a su visión: se transformó en acción. Coordinaron las voluntades del gobierno nacional, el local y quienes habitan la tierra. Candelaria, su mujer, es psicóloga y coordina grupos en los que las mujeres locales se abren y dialogan sobre su realidad, que ellas mismas quieren cambiar. Tres profesiones distintas que condensan un abanico multidimensional de habilidades.

Ya son 200 las familias que pasaron de vivir con 300 kilos de arroz anuales por hectárea a 12.000 kilos de cereales variados gracias a los servicios agrícolas que les proveen estos argentinos locos.

Su ingreso se multiplicó por 40; imaginen ese impacto en su propia vida, trasládenlo a un lugar donde literalmente está todo por hacerse. Más importante: son esas familias las que diseñan y construyen su futuro. En el medio los argentinos llevaron a AAPRESID, productores de insumos como semilleras y de equipos como sembradoras, pulverizadoras y cosechadoras. Todo conocimiento Made in The Pampas.

El Gobierno argentino está ejecutando un acuerdo con Alibaba.com para brindar acceso a PyMEs exportadoras. China es un mercado de 1.400 millones de habitantes, el mundo de 7.442 millones. Argentina apenas tiene 45 millones.  Alibaba.com es un hub de comercio con acceso preferencial al mercado chino y utilizado en todo el mundo. Debemos multiplicar por 165 veces nuestro mercado objetivo.

El desafío argentino es sistémico y es conceptual: tenemos que abrirnos mentalmente al mundo y generar nuestra propia inserción global. Incorporarlo desde el momento cero en cada uno de nuestros planes. El pasado en el pasado, lo que importa es el futuro.