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Guacamole burning out – Por: Victor Piñeyro

Victor Piñeyro, Ingeniero agrónomo, consultor y Director del Observatorio de Comunicación de Agronegocios

Sequía en California, revisión del NAFTA, y la capital productiva mexicana amenazada por la militancia ambiental y sitiada por el narco fueron demasiado para un trader de aguacate que terminó con síndrome de burning out  en una clínica de Michoacan.

John me pidió le avise cuando llegara al aeropuerto de Morelia en Michoacán. Convenimos encontremos en la zona del Shopping Mall Plaza Capuchinas. Yo no tenía más que 18 horas para permanecer en México y recabar info del circuito comercial del aguacate, avocado o palta entre México y USA. Un amigo de un amigo me había contactado con John Francés que arrastra 30 años de ir y venir entre la capital de la producción mexicana en Michoacán y sus oficinas en Austin, Texas, desde donde coordina el marketing y la logística del producto estrella de la dieta americana del siglo XXI.

Apenas aterrizado, del otro lado del teléfono la voz que me atendió no era la de John. Miguel se presentó como su colaborador local y me explicó rápido y cortante: John no puede atenderte, acaba de salir de terapia intensiva y por indicación médica tiene prohibidas visitas y llamadas. Ante mi sorpresa y pedido de mayores explicaciones se puso algo más cordial: “lo siento, entiendo que hayas hecho unas millas hasta aquí pero parece que al compa el corazón le dijo párate aquí. El doc explicó que fue como como un “Karoshi”, lo que le pasa a los japoneses que trabajan tanto que se mueren por derrame cerebral o ataque cardíaco por exceso de trabajo. Burning out le dicen los gringos”

Sin salir de mi consternación le rogué me indicara donde estaba, quería ver a John unos minutos, solo para que me recomendara otro referente que salvara mis gastos y tiempos invertidos en este viaje exprés.

No estoy autorizado a darte información, me pidieron que lo cuide porque “este cuate casi cuelga los tenis”, lo siento mucho señor espero tenga buen viaje de vuelta.

John Francés, el “compa”

Todavía sin reaccionar sentado en la mesa del bar del aeropuerto me suena el celular “Hola porteño, soy John Francés, vente ahorita a Sanatorio La luz, calle Bravo con Escutia, ya lo he puesto en su lugar a Miguel, te va a estar esperando en recepción, que no estoy de parranda pero tampoco muerto”

Entre la foto de John en Linkedin y el tipo pálido, ojeroso y desmejorado que encontré en la habitación de La Luz había diferencias.

 “America is in love with avocados”, fue lo primero que me dijo semi- sentado en la cama, recuperándose y agitado.

Respiré aliviado, casi no llegue a terminar de agradecerle cuando lo segundo que me dijo fue; “lo que más preciso ahora es hablar con alguien, aunque sea de aguacates”

La demanda por la fruta en USA creció todos y cada uno de los últimos 15 años, invadiendo cocinas y menús en todo el país. Los Angeles y la costa oeste en general duplica el consumo de Nueva York pero casi no queda rincón de USA que no traccione una demanda que hizo crecer a toda una cadena de valor donde buena parte de la producción proviene de las fincas de Michoacán.

Desde 1994 a partir del NAFTA (North American Free Trade Agreement) las restricciones de importación desde México comenzaron a levantarse gradualmente. En 2000, el 40% de todos los aguacates vendidos en los Estados Unidos se importaban. En 2005, ese porcentaje estaba en  67 % y en 2016 llegó al 85%.

La creciente población hispana de USA ha sido determinante. La cocina mexicana impulsada por los casi 40 millones de hispanos que viven allí es responsable principal del ascenso del aguacate. El crecimiento de cadenas de comida rápida Tex-Mex como Tascos Bell, Taco Bueno, Del Taco, Chipotle, Baja Fresh o Taco Johns es otra evidencia del fenómeno cultural de la gastronomía mexicana y sus productos en USA. Los aguacates también se han beneficiado de una asociación a dietas saludables en general, incluyendo sus grasas insaturadas aliadas para el control del colesterol.

Después de reclamar que le trajeran algo de comer, John me pidió disculpas por el desplante y me explicó que no sabía para cuánto tiempo alcanzaban los 50 dólares que repartió en el piso de enfermeras para relajar los controles que incluía mi visita clandestina.

Intenté tomar protagonismo en la charla, lo sentía cansado y temía se descompensara pero el “compa” no podía contener su relato. Cuando empezó a toser y ahogarse me asusté aunque no me dejó ayudarlo, se tomó a disgusto lo que quedaba del té ya frío y algo recuperado me siguió contando cada vez más confidente.

Confidencias

Así me enteré que no siempre anduvo por estas tierras norteñas. John Francés nació uruguayo en Las Piedras, pero la familia acompañaba fielmente el trabajo de su padre, un abogado del Banco República, que primero fue a parar a Buenos Aires en los convulsionados 70’s y más luego saltó a Madrid, territorio más seguro, bien lejos de los rumores de un Plan llamado Cóndor, para zafar de una situación algo incomoda generada en algunas entrañables amistades tupamaras.

John recordaba con afecto su adolescencia en Buenos Aires, que fue tierra de colegio secundario, novias, amigos y futbol. Pero todo lo bueno termina y en 1977 luego de finalizar su Colegio Nacional de calle Bolívar, corrió a Ezeiza para subir a Iberia.

Mientras apretaba el botón para llamar a la enfermera me confesó que a las corridas fue la mudanza, hasta parte de sus libros y ropa quedó para siempre en el departamento de Av. Santa Fe. Es que el peor momento de la dictadura había espesado el ambiente de manera que el nuevo destino laboral para la familia era un salvoconducto urgente de tranquilidad del otro lado del océano.

En Madrid, John perdió la brújula de su vida apenas aterrizó. Le entraron  saudades del Rio de la Plata, extrañaba a sus amigos, a las porteñas, las tardes de futbol de potrero y al subte D. Tardó en adaptarse, todo le parecía anticuado en el Madrid post-franquista, no entonaba en la vida social, su supuesta vocación por la abogacía y su disciplina de estudiante se esfumó como si se la hubiera carcomido la sal del Atlántico.

Tardó tres años casi en decidirse a dejar España y con un amigo marchó a USA, visa mediante facilitada por papá, en busca de la vocación y el rumbo perdido. Luego de rodar algunos meses terminó lejos del objetivo original de trabajo en Nueva York aprendiendo los secretos de la frontera con un despachante de Florida que operaba en Pharr-Reynosa International Bridge, clave del comercio y la logística entre México y USA.

John allí reencontró sus ganas y en pocos meses se movía como pez en el agua tallando artesanalmente trámites, logística, datos, información y contactos para llevar y traer tangible e intangibles de un lado y otro del Rio Bravo. Aprendió secretos y detalles de donde sí y donde no. No solo era bueno de local, su reputación y eficiencia llegaban a Eagle Pass-Piedras Negras y hasta  El Paso-Ciudad Juárez.

No hay mal que por bien no venga

Cuando entró una enfermera a revisar como estaba todo, John le pidió le saque el suero, la enfermera ni le contestó pero era evidente que el paciente parecía recuperarse con cada minuto de relato, a esa altura me había dado cuenta de eso y yo casi no lo interrumpía, resignado a llevarme una historia de vida pero poco del mundo de la palta.

Ahí metí la pata fea, porteña, retomó el relato John, pregunté de más en una operación que salía por Ciudad Juárez y me recomendaron alejarme unos meses de la zona.

No hay mal que por bien no venga porque así fue como John llegó, en 1997 a los aguacates cuando en el DF lo contrató AvoFresh, un estudio comercial que comenzaba a focalizarse  en las frutas que comenzaban a ingresar fuerte al mercado gringo.

Estos últimos años fueron muy prósperos pero fatigosos y estresantes para John. Sus iniciales funciones como trader ya hace años que han quedado superadas. Tantos años de experiencia lo habían delegado a varias cámaras de expo-impo en USA y México y todos los conflictos de la industria en los últimos 10 años lo tuvieron a John al píe del cañón.

2016 fue un año complicado para la exportación a USA, la cadena de originación fue inestable por problemas en la producción michoacana y ajustes en las plantas de empaque que al bajar el costo de producción afectó la calidad que llega a los compradores. Los grandes clientes en USA, el retail supermercadista, el food service y las cadenas de comida rápida no quieren conflicto con sus clientes y antes de explicar que no tienen un plato o un producto o que hay que pagarlo más caro prefieren excluirlo de su oferta.

Parte del problema fue la producción de California afectada por una sequía de 5 años que disminuyó fuertemente el aprovisionamiento local en USA. En todos estos problemas estuvo John metido sobreviviendo. Un año para el olvido.

 “Make America Grait Again”

En su casa de Austin en Texas, cuando los problemas de originación ya se iban encauzando y mientras desayunaba una tostada con aguacate, John le contaba a su esposa que el NAFTA es la razón por la que en USA hay avocados todo el año. No era un comentario que le cayera bien a Yanet, ella estaba exultante con el triunfo de Trump y la idea de “Make America Grait Again”. John ya se presentía no muy incluido es esa grandeza de futuro sobre todo en la felicidad conyugal que ya venía haciendo agua por varios frentes.

Se consolaba pensando que la economía de USA y México están profundamente linkeadas con lazos difíciles de romper, pero no quería imaginar lo que iban a ser los próximos meses si la administración de Trump confirmaba sus planes de aumentar impuestos a la importación y renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

De todos modos lo de Trump y los desencuentros e indiferencia con Yanet no eran nada al lado de la bronca aquella del ejército del aguacate.A esta altura John había retomado color y mejor semblante, parecía claro que hablar le estaba haciendo bien.

“Mira porteño, nunca me imaginé que algún día estuviera organizando una fuerza de seguridad privada para proteger a los productores de aguacate en Tancítaro” sentenció.

Los carteles de la droga mantenían en jaque a la los agricultores con extorsiones, secuestros y violencia hasta que en 2013 éstos decidieron que si “El gobierno no gobierna aquí, el control lo pondremos nosotros”.

Así de golpe John, en nombre de la santa exportación, se encontró en medio de temas de seguridad y las reuniones solían llevarse a cabo con  los “cuernos de chivo” al ladito de la mesa y donde te la arreglas como puedes. Finalmente la idea fue medianamente exitosa, se logró una solución frágil, delicada y provisoria con el Estado, retomando parcialmente la institucionalidad que le cabe y se recuperó una cierta paz en las fincas que hoy producen con relativa normalidad manteniendo el abastecimiento adecuado para el fenomenal negocio de exportación a USA.

Para ir cerrando

El trabajo de John tuvo bonos y felicitación pero nunca saldó sus noches sin dormir temiendo ser víctima de la mafia narco por devolución de gentilezas.

Alcanzó a decirme amargamente que sentía que el trabajo le había pagado bien en u$s, pero sentía que el tiempo, las broncas, las ausencias, las postergaciones, la salud, todo eso estaba impago. Pidió asistencia a la enfermera para mear, se acomodó en la cama y cuando esperaba que retomara su charla sentí el primer ronquido. El compa se durmió profundamente quizás como hacía meses que no dormía.

Bueno, hasta aquí llegó mi investigación, pensé para mí, habían pasado varias horas y por otro lado ya tenía que pensar en replegarme al aeropuerto.

Busqué a Miguel que esperaba paciente en el hall, solo me quedaba saber las circunstancias de cuando John dijo basta por ahora. Esa parte me la contó Miguel.  

La mañana que John se descompuso estaba allí en Morelia por compromisos varios y apenas amaneció, según Miguel que fue testigo, tuvo un par de discusiones telefónicas con Yanet.

Sin embargo lo que le disparó la descompostura no fue la amenaza de Trump, ni la de los narcos, ni las discusiones de Yanet, tampoco las negociaciones por las buenas prácticas y las certificaciones con los productores y exportadores.

La gota que rebalsó el vaso que quizás se venía llenando hace años fue el cruce con Greenpeace en la radio local. Había indicios de que la industria no estaba controlando adecuadamente el uso del suelo en la zona núcleo productora y las acusaciones por desmonte ilegal para incrementar la superficie de aguacate estaban en la tapa de toda la prensa.

La Secretaría de Recursos Naturales, Medio Ambiente y Cambio Climático venía actuando activamente y desmantelando huertos ilegales plantados sobre desmontes de pino y encinas y el activismo ambiental está siguiendo fuertemente este tema.

John esperaba una entrevista difícil pero no tenía la guardia alta para un discurso tan agresivo y personalizado hacia él de parte del Greenpeace. No pudo manejar la situación, en la mente tenía presente sus argumentos: las 102000 has forestadas y las certificaciones de producto y procesos de la APEAR (Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México) pero parece que no había conexión coherente entre cerebro y acción. Todo su esfuerzo se centró en llegar al final de la entrevista, agradecer con cortesía al conductor del programa y fue lo último que hizo antes de desmayarse dentro de la camioneta en el parqueo al lado del hotel.

Miguel lo encontró luego de varios minutos que no le respondiera el celular.

Salir del pozo

Recopilando las experiencias de un largo viaje intentaba armar el rompecabezas fascinante que tiene una cadena agroalimentaria: que se alineen para crear valor tan diversos actores, tan distintas geografías, producción, ambiente, sustentabilidad, clima, política, cultura, costumbres, sentimientos, tecnología, logística, normativas, todo eso atraviesa un producto, en este caso un simple aguacate.

Hablé con John mientras terminaba de cerrar las notas de mi viaje. Él estaba en Cancún, primeras vacaciones disfrutadas después de varios años intentando recuperar su pareja. Quedamos en encontrarnos en circunstancia más felices.

“Te debo una porteño, tu escucha en la clínica me sacó del pozo” afirmó.