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Inteligencia colectiva para el desafío del agua- Por Iván Ordóñez

Iván Ordóñez

El periodista baja de la lancha de los bomberos y saluda a @johnnpol que le cuenta su calvario: el Canal del Norte, una obra imaginada hace 115 años por un Gobernador de la Provincia de Buenos Aires que buscaba pelearle la tarifa al ferrocarril inglés conectando Junín con Baradero vía barcazas. A menos de 7 años de comenzar a ejecutarse la obra de 308 kilómetros, la misma se paraliza por problemas con la empresa contratista. Casi 30 años después de comenzada la obra y en un estado de total abandono dinamitan parte la estructura deteriorada: unas exclusas para que las barcazas puedan elevarse por el terreno levemente ondulado. Los restos de esas barreras de contención funcionan como represas que inundan los campos y ciudades cercanas. Hace casi 100 años.

El Canal del Norte es un manual de todo lo que está mal en política pública

 a) si bien el plan mostraba múltiples fines en los hechos se le dio a un recurso natural un “fin único” en vez de darle la multidimensionalidad que requiere, b) se diseñó sin tomar en cuenta su impacto sistémico sobreestimándose su demanda y subestimándose la reacción de los intereses impactados; c) se dejó la obra inconclusa al no especificarse correctamente la ejecución de la misma dado que d) el pliego con el contratista no era claro y no preveía correctamente que hacer ante contratiempos climáticos que elevaban sus costos; e) no estaba correctamente definido como el Estado operaría el canal y no había un esquema que midiera todos los potenciales costos operativos e ingresos; f) todo el riesgo de la inversión era asumido por el Estado y g) al no analizarse la obra con un criterio empresario se duplicaba con cursos de agua existentes mientras se fue excesivamente optimista respecto a la posibilidad de contar con el caudal de agua necesario para hacerlo navegable.

Argentina era por aquellos años uno de los diez países más ricos del mundo y el Estado tenía la potencia financiera para equivocarse a ese nivel de magnitud. Hoy la política que maneja los recursos hídricos tiene toda la sensatez de la que careció el Canal del Norte, pero Argentina apenas está entre las 50 economías más ricas del mundo.

¿Por qué es sensata la política actual? a) combina la centralización para generar el diagnóstico y armonizar la toma de decisiones de tener una Subsecretaria de la Nación abocada al tema con los comités de cuenca, que involucran a distintas jerarquías de gobierno para que las decisiones sobre las obras de una cuenca sean tomadas absorbiendo las opiniones de todos los involucrados y b) crea la figura de las corporaciones de riego: entes público-privados para que en los lugares donde el problema es la escasez de agua, la obra tenga un diseño donde el peso financiero no caiga sobre el Estado y se alcance la sostenibilidad económica, social y medioambiental. Se identificaron las provincias de Chubut, Neuquén y Río Negro como aquellas que  son potencialmente más atractivas. Finalmente, las nuevas tecnologías permiten no solo mejorar la gestión de los recursos: son claves a la hora de sancionar a quienes cavan canales ilegales y generan un sistema hídrico disfuncional.

No todo es hardware en la gestión del recurso que da vida, también hay software. Start-ups como Metzoo se abocan a desarrollar aplicaciones para gestionar equipos de riego tomando información del terreno con sensores e imágenes satelitales. Este tipo de ideas tienen la virtud de cuidar el bolsillo y el medioambiente.

En un mundo en el que la presión de los consumidores por el cuidado de La Tierra aumenta sobre la productores de alimentos, estas tecnologías no son solo una reducción de costos, también son una fuente de ingresos.

Además de las obras y el software se discute cada vez más la pertinencia de un seguro climático todo riesgo para mitigar el impacto económico de las sequías o las inundaciones. Para ello será clave el diálogo y la negociación entre el Estado, los usuarios de los seguros y los que los ofrecen.

No alcanza con la inteligencia de un individuo o de una parte para resolver el desafío del agua, es necesario atacarlo desde ángulos múltiples con distintas herramientas que requieren de un proceso colectivo de negociación donde en algunos casos puede haber una coordinación centralizada activa y en otros meramente pasiva, fijando normas generales y velando por su aplicación. El desafío es demasiado grande y cada gota que llega al mar no es aprovechada correctamente, mientras que la estancada en los campos degrada nuestro otro principal recurso natural: el suelo. El planeta #Campo debe encarar una resolución colectiva.