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La lección de Nueva Zelanda. Por Iván Ordóñez

Desde la ignorancia miramos a los agronegocios lácteos con un puñado de certezas: “la leche es un perecedero que precisa de frío” y “cuando movemos leche, movemos agua”. De la conjunción de las anteriores se deriva un penoso “exportar lácteos es difícil”. Los neozelandeses se nos ríen en la cara: exportan un promedio anual de 9.800 millones de dólares, el equivalente a 9 veces nuestra mayor exportación de carne vacuna (2005) y más o menos la mitad de nuestras exportaciones anuales de soja. Ellos están en el ombligo del mundo: sus mercados de destino (China y Estados Unidos como principales, a los que se suma Arabia Saudita) a más de 10 mil kilómetros de distancia en línea recta, 5 veces la distancia a la que estamos de San Pablo y 10 de la que estamos de Santiago de Chile. Es inaudito que los lácteos que se consumen en América Latina no sean argentinos y más extraño aún que en muchos países de la región se vean en las góndolas lácteos neozelandeses, algo que se incrementará tras la firma del TPP (Trans-Pacific Partnership).

El sistema de agronegocios kiwi exporta el 95% de su producción láctea: la mitad sale en polvo, la otra mitad en productos directos para la góndola, con un fuerte componente de desarrollo de productos (funcionales) y marketing. Un sistema de agronegocios sano y pujante necesita exportar y los tratados de libre comercio son una ventaja para ingresar a nuevos mercados, pero creer que su éxito solo pasa por ahí es reducir la compleja experiencia neozelandesa a una mono-explicación insuficiente.

Iván Ordóñez

Argentina produce entre 10 y 12 mil millones de litros de leche anuales. En el 2003 lo hacía con 15.000 tamberos, para 2015 con 10.000. Una parte importante de esa concentración se la debemos al anterior gobierno que al cerrar la exportación de lácteos presionaba el precio interno de la leche hacia abajo, pero no debemos engañarnos: los saltos tecnológicos redujeron el costo marginal medio de producir cada litro de leche cruda; quienes pudieron adoptarlos sobrevivieron, quienes no, salieron forzosamente del negocio. Herramientas de gestión como tambero.com, sistemas de ordeñe voluntario con sensores y brazos robóticos, desarrollos nutricionales y genética son un piso mínimo para empezar la discusión, pero el mundo de los lácteos supera la tecnología dentro del tambo.

En 2001 las dos cooperativas que concentraban el 95% de la producción de lácteos de Nueva Zelanda se fusionan para crear Fonterra. ¿Cuál la clave del éxito del que disfrutan todos los actores del sistema? El sistema de gobernanza de la compañía con 13 directores (9 elegidos por los accionistas y 4 independientes) que están auditados por 35 consejeros votados en forma directa por los farmers. Cuando la compañía gana, el tambero gana.

La industria láctea global tiene dos modelos claros: o es una unidad de negocios de una gigante alimenticia (como Procter & Gamble, Danone o Unilever) o forma parte de una cooperativa de gran porte como Fonterra o las norteamericanas Fair Oaks. Ambas con fuerte poder de negociación en la góndola, como nos mostraba @AgrotvOK desde Indiana con los farmers que hacían helado y hasta tenían un parque de diversiones lácteo. ¿Hay otra opción? Si, las “pequeñas” (e hiper-subsidiadas) boutique francesas.

Hoy Sancor es sondeada por Fonterra (antes por Coca-Cola), mientras que Mastellone ya es el brazo lácteo de ARCOR. El 70% del procesamiento de leche cruda argentina se integrará de esta forma a cadenas globales de abastecimiento: la clave para entrar mejor a las góndolas locales y del mundo. Pasito a pasito, suave suavecito susurra Luis Fonsi.

La experiencia de Curci-Zubillaga-Lacau liderando a un grupo de 22 tamberos de la cuenca del Oeste para comercializar 240 mil litros de leche diarios bajo un estándar homogéneo es un paso adelante hacia la coordinación. Vale preguntarse qué precisan para acercarse a la góndola: ¿son los costos e incertidumbre de la operación industrial? ¿la necesidad de capital? ¿el riesgo comercial? ¿el conocimiento de gestión? Los neozelandeses sirven de guía.

En Argentina muchos economistas no se cansan de repetir que los agronegocios no son atractivos, que no generan empleo y que sus exportaciones no son dinámicas. Los neozelandeses también se les ríen en la cara a esos economistas: su sistema lácteo de agronegocios es entre el 25%-30% de las exportaciones según el año y hace 26 años que crecen a un promedio del 7% anual, un 3,5% del PBI y en las zonas intensivas en producción de la isla representan 1 de cada 5 empleos, y en el resto de las regiones con menor actividad 1 de 10.

Nada de lo que está escrito en esta página es novedoso para @Santiagodelsola, nuevo Jefe de Gabinete de @AgroindustriaAR, proveniente de una familia con generaciones de tamberos. Del laberinto se sale por arriba, pero nadie dijo que fuera fácil. Su éxito y el de quienes se suman a colaborar desde el Estado es el de todos. Eso también lo saben los neozelandeses.