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Las idas y vueltas del clima. Por Leo De Benidictis

La variación de las características climáticas ha sido uno de los factores más destacados de los últimos tiempos. “El Niño”, “La Niña” y el panorama para los meses venideros explicados en este articulo.

El cambio repentino de condiciones de sequía a inundaciones (o viceversa) en escasos meses, la dicotomía en las temperaturas, entre valores extremos, tanto fríos como cálidos o la presencia de viento intenso tanto del sector norte como del sur, son algunas de las características que se observaron en los últimos meses. Todos estos factores llevaron a convulsionar las últimas campañas desde el aspecto climático. La característica principal de la campaña 15/16 fue la de proveer agua de manera generosa y generalizada a la mayor parte del centro y norte del territorio nacional, de hecho, los excesos hídricos fueron una de las mayores complicaciones hacia el final de la campaña, momentos en los que necesitaba que aflojara, se intensificaron.

Análisis de la tendencia de la evolución de las anomalías de temperatura de agua de mar en el océano Pacífico por percentiles. Valores por debajo de –0,5C indican condiciones de evento “La Niña”. Valores entre -0,5ºC y 0,5ºC corresponden a evento “Neutro”. Valores por encima de 0,5ºC están vinculados a evento “El Niño”.
FIG.1- Análisis de la tendencia de la evolución de las anomalías de temperatura de agua de mar en el océano Pacífico por percentiles. Valores por debajo de –0,5C indican condiciones de evento “La Niña”. Valores entre -0,5ºC y 0,5ºC corresponden a evento “Neutro”. Valores por encima de 0,5ºC están vinculados a evento “El Niño”.

A medida que avanzó el año, y comenzó la campaña 16/17, las condiciones fueron cambiando paulatinamente. Dejamos de estar gobernados por el efecto del intenso evento de “El Niño” y el Pacífico central comenzó a enfriarse raudamente, hasta llegar a su punto más bajo, durante el mes de octubre. Estas características transformaron al violento episodio de “El Niño” de 15/16 en un “La Niña” incipiente, débil, que no termina de afianzarse, limitando con características neutrales frías. Esta nueva condición, comenzó a hacerse notar en el último tramo del año, ya que durante octubre las lluvias siguieron siendo importantes a nivel generalizado, incluso se observaron eventos muy fuertes, con el registro de ráfagas de viento muy intensas y la caída de granizo en muchos sectores del centro y norte del país. Luego, a partir de noviembre, ahí empezó a ganar fuerza esta nueva condición, donde las precipitaciones se hicieron más escasas, acotadas, y en algunos casos, violentas pero sobre áreas muy pequeñas, por lo que, a nivel general, faltó el agua… y sigue faltando.

Analizando la perspectiva de los principales centros meteorológicos de renombre internacional se puede observar que, con un elevado porcentaje de certeza, la evolución de las condiciones generales de la atmósfera, lleva a un evento “La Niña” de muy corta duración, y luego, a una estabilización de las anomalías de temperatura de agua de mar, con valores propios de un evento neutral a partir de febrero o marzo de 2017. Por lo tanto, el evento “La Niña” sólo estaría presente durante el período estival. (Ver figura 1)

Estas características, estudiando lo ocurrido en la historia, no son demasiado positivas para nuestras latitudes, ya que el aporte de humedad sobre el territorio argentino no estará proporcionado por la circulación del océano Pacífico (situación típica de los eventos “El Niño”), sino que dependerá pura y exclusivamente por lo que pueda ocurrir con la anomalía de la temperatura del océano Atlántico, sobre la costa argentina y uruguaya y otros factores locales y de menor escala, como la ubicación de los centros de alta y baja presión, que determinarán el nivel de humedad sobre nuestro país, y por lo tanto, el potencial de lluvias a las áreas productivas.

Mapa de tendencia de lluvias para Sudamérica en los meses de Enero y Febrero. En colores verdes y azules se presentan las anomalías de lluvia positivas, mientras que en colores amarillos y marrones se expresan las zonas con lluvias por debajo de los niveles normales.
FIG 3- Mapa de tendencia de lluvias para Sudamérica en los meses de Enero y Febrero. En colores verdes y azules se presentan las anomalías de lluvia positivas, mientras que en colores amarillos y marrones se expresan las zonas con lluvias por debajo de los niveles normales.

Por el momento, la tendencia de precipitaciones durante los meses de enero y febrero (Figura 3), se mantendría por debajo de los parámetros habituales en la zona central del país, mientras que sobre la porción del NEA, la actividad de lluvias se presentaría con condiciones normales o superiores a los niveles normales para ese período de análisis. Esta diferencia entre un sector y otro del país se podría dar específicamente por la ubicación de los centros de alta y baja presión, que por sus respectivas ubicaciones, aportarían humedad a la porción norte y la franja oeste del país, dejando a toda la zona central del territorio nacional con condiciones más secas.

Este panorama complica la situación de los diferentes cultivos, teniendo en cuenta la etapa evolutiva en la que se encontrarían, tanto la soja como el maíz, reduciendo el potencial productivo. Aunque es el más importante, no sólo será la falta de agua el único condimento que puede jugar en contra para la correcta evolución de los cultivos, también aparecen los factores de temperatura y viento. La única variable que este año aportará condiciones favorables será la radiación solar, elemento que en la campaña anterior fue uno de los que más escasearon.

Profundizando en el tema de las marcas térmicas, comenzaron a aumentar recién a partir del último tramo del año, y se destaca que dejaron un saldo de heladas tardías en vastas zonas del sur de la región pampeana hasta bien entrado el mes de noviembre. Pero estas características también variaron a fin de año, con un aumento considerable de los valores promedios, tanto mínimos como máximos. Se prevé que durante los meses de enero y febrero, las marcas térmicas sean elevadas, con un promedio mínimo de dos olas de calor en el mes de enero y otras dos en febrero, lo cual estaría hablando de una mayor cantidad de olas de calor que el promedio normal para el verano. De todas maneras, no se prevé que se presenten demasiado alejadas de los registros medios para la época del año.

Mapa de tendencia de lluvias para Sudamérica en los meses de Marzo y Abril. En colores verdes y azules se presentan las anomalías de lluvia positivas, mientras que en colores amarillos y marrones se expresan las zonas con lluvias por debajo de los niveles normales.
FIG 4-Mapa de tendencia de lluvias para Sudamérica en los meses de Marzo y Abril. En colores verdes y azules se presentan las anomalías de lluvia positivas, mientras que en colores amarillos y marrones se expresan las zonas con lluvias por debajo de los niveles normales.

A partir de marzo y durante el mes de abril (Figura 4), la tendencia muestra un leve aumento del caudal de precipitaciones, llevando la tendencia de lluvias a valores más cercanos a los niveles promedios de los últimos 30 años. Esto viene de la mano de la rápida disipación del evento “La Niña”, y la instalación del evento neutral. Por lo tanto, a partir del otoño comenzaría a normalizarse la situación de las lluvias y poco a poco iría mejorando las condiciones del suelo.

Probabilidad de ocurrencia de cada uno de los eventos (“El Niño” en color rojo, “La Niña” en color azul y “Neutro” en verde), agrupados trimestralmente. Se puede observar una elevada probabilidad de evento “La Niña” hasta la primera parte de 2017, luego, a partir del otoño, tiende a presentar condiciones neutrales.
FIG 2- Probabilidad de ocurrencia de cada uno de los eventos (“El Niño” en color rojo, “La Niña” en color azul y “Neutro” en verde), agrupados trimestralmente. Se puede observar una elevada probabilidad de evento “La Niña” hasta la primera parte de 2017, luego, a partir del otoño, tiende a presentar condiciones neutrales.

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