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#Maíz: todas las chances, por Gabriel Quáizel

El año se presenta muy favorable para hacer maíz de primera y con alta tecnología para lograr rendimientos altos y buenos márgenes. Recomendaciones sobre densidad, sembradoras, fertilización y controles.

Maiz

El pronóstico de un año agrícola dominado por el fenómeno de El Niño inclina el plato de la balanza del maíz a la siembra temprana por sobre la tardía, al contrario de la tendencia que se dio en los últimos años. Un ciclo ‘llovedor’ conlleva la posibilidad de lograr rendimientos altos y permite subir la inversión, apostando a una recuperación económica holgada.

“En la zona norte de Buenos Aires los años Niño son cuando mejor funciona el maíz temprano, cuando se dan los más altos rendimientos”, reforzó el ingeniero agrónomo Fernando Mousegne, jefe de la Agencia del Inta de San Antonio de Areco.

En Río Cuarto, en el centro de Córdoba, la expectativa es similar, aunque hay que ponerle reparos. “En nuestra zona El Niño también influye. Pero es una región más caracterizada como subhúmeda y semiárida, por lo que sembrar una proporción muy alta de maíz temprano sin chequeos previos de condiciones de humedad y presencia de napas es muy riesgoso”, atemperó el ingeniero agrónomo Ariel Ángeli, coordinador de Crea de la  Región Centro de Córdoba.

Entre los dos técnicos brindaron a Horizonte A las recomendaciones para encarar el ciclo 2017/18 del cereal, tanto generales como específicas para cada una de sus zonas.

Como cuestión de partida, Mousegne resaltó que “en la siembra es clave tener la humedad adecuada y buena temperatura en el suelo en el ´arranque´ de las semillas, lo que permitirá lograr uniformidad en la emergencia –a los 4 ó 5 días- para evitar plantas dominadas y dominantes, lo que haría un desbalance entre las de mayor porte y las relegadas”.

Densidad

“Uno de los puntos más importantes va a ser el número de plantas por hectárea a obtener”, planteó Mousegne. El hombre del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) apuntó a la cuestión de la adecuada densidad de plantas en el lote para obtener los mayores rendimientos.

Contemplando perfiles húmedos, en una siembra temprana conviene ejercer una buena presión sobre el lote. “En aquellos ambientes en donde las condiciones son más favorables se puede elevar a más de 80 mil plantas por hectárea. Incluso para aquellas situaciones en donde todavía, a pesar del año húmedo garanticen posibilidades de riego, hasta 90 mil plantas por hectárea pueden tener resultados excelentes”.

En este sentido, la configuración de la sembradora respecto de la distancia entre semillas son los 52 centímetros. “En un año con posibilidades de lluvias este distanciamiento va a tener un muy buen comportamiento, sobre todo considerando para la siembra temprana que el periodo crítico se da desde mediados de diciembre hasta mediados de enero y va a ocurrir con condiciones de humedad que garantizarán un alto rendimiento”.

“Otro aspecto importante para el maíz temprano –anticipó Mousegne- es arrancar limpio de malezas, sin ningún de nivel de competencia”.

En el caso del maíz de siembra tardía, su potencial va a ser menor por las horas de luz y las temperaturas mayores que sufre en el período crítico.

El ingeniero del Inta recomendó para éste bajar la densidad de plantas por hectárea con el fin de “evitar una excesiva competencia” y, en el mismo sentido, configurar la sembradora a 70 centímetros para frenar el desarrollo excesivo de la planta y, en cambio, que priorice los aspectos vegetativos para entregarlos luego en la fijación de grano.

Fertilización

Al maíz no deben faltarle los dos nutrientes básicos: fósforo y nitrógeno. Pero este año la premisa es apuntar a umbrales de rendimientos de 9.000 kilos para arriba.

“En el caso del fósforo el análisis de suelo es irreemplazable”, afirmó Mousegne. Para captar el potencial debería tener entre 13 y 14 partes por millón, “de ahí hacia arriba”

Campo de maíz

En nitrógeno, la necesidad de dosificación está dada por lo que consume el cultivo, aproximadamente 22 a 25 kilos por tonelada de grano. “En un año húmedo, lo más recomendable es aplicar el nitrógeno en forma dividida: 20-30 por ciento a la siembra; y el resto entre V4 y V6, lo más cerca del período crítico”. De esta forma se evita la lixiviación de nutrientes en caso de que llueva mucho.

“El azufre será aplicable en aquellos lotes que vienen de una falta de adaptación, o de una sojización, y tengan una caída en los niveles de materia orgánica”, dijo el jefe del Inta San Antonio de Areco.

El manejo de fertilizantes en los maíces tardíos es similar al temprano para el caso del fósforo y cambia en el nitrógeno porque hay una menor necesidad de aplicar. “La siembra tardía permite una mayor mineralización en el suelo”.

Como recomendación general para la nutrición, Mousegne dijo que “lo más importante es no estandarizar la fertilización, sino manejarse por objetivos de acuerdo al ambiente que va a tener el cultivo, sea por el suelos o por el clima”.

Refugios

Para la prevención contra insectos, el bonaerense dijo que no hay que esperar “inconvenientes” mayores pero llamó la atención sobre el respeto que hay que tener en la realización de refugios, es decir destinar algún lote para sembrar semillas convencionales, sin biotecnología.

“El refugio va a permitir que la susceptibilidad del insecto a los materiales Bt siga siendo permanente”. Especialmente, para el norte de Buenos Aires, apuntó al control del gusano barrenador del tallo (Diatraea saccharalis) y su cuidado frente a la posibilidad de generar resistencia.

Márgenes

Ariel Ángeli, quien asesora a productores del Consorcio Regional de Experimentación Agrícola en la zona de Río Cuarto, hizo las cuentas y le dio “mejores rentabilidades para el maíz para que para la soja”.

“Donde se puedan proyectar maíces de 90 a 100 quintales por hectárea, incluso en campos alquilados estamos con rentas del orden del 20 al 25 por ciento en maíz que, para un arrendamiento, es un negocio atractivo”.

La primera consideración es que en Córdoba en este ciclo los alquileres se van a mantener como el año pasado, entre los 8 y 10 quintales de soja por hectárea. “En algunos casos puntuales puede haber una suba pero no mayor de 5 por ciento”, dijo Ángeli.   

En cuanto a las condiciones previas para encarar el maíz, la región no se presenta tan uniforme como en el vecindario de Pergamino. “La primera recomendación es chequear bien la recarga de humedad y la presencia de napas freáticas”, dijo Ángeli.

El experto indicó que con una napa a una profundidad de entre 1,50 y 2,50 metros “la situación es ideal para hacer un cultivo de maíz temprano y a la ofensiva, con alta tecnología”. En cambio, en zonas en las que llovió menos conviene más “un planteo más defensivo” con un tardío.

“Hay que ser muy consecuente con esa caracterización –enfatizó Ángeli-: las zonas con mejor recarga del perfil, condición de napa e historia de manejo hay que acompañarla con un planteo de tecnología, elección de híbrido y fertilización adecuada apuntando a altos rendimientos. Las rentabilidades aparecen en esos campos”, enfatizó el hombre de Crea.

Luego, en los campos o lotes en los cuales “el perfil no es pleno y la condición de napa no aporta”, el consejo es hacer “un planteo más defensivo en fecha de diciembre, con ajustes de densidad más bajos pero sin resignar tecnología en genética ni en eventos para el control de lepidópteros y de malezas”. En la zona la mayor amenaza en bichos la representa el cogollero (Spodoptera frugiperda).