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Entre olivos y vinos se hace grande La Rioja. Por Diego Abdo

Horizonte A viajó a la provincia, visitó algunos de sus establecimientos olivícolas y vitivinícolas y disfrutó de una de los paisajes más maravillosos de la Argentina.

Por Diego Abdo

vino

Resulta valorable la pesada herencia que los riojanos saben sortear dentro de una provincia que apuesta a la producción agropecuaria en condiciones donde, por ejemplo, el agua escasea. En esta región no hay cursos hídricos permanentes y el mismo relieve montañoso seco no le abre el camino a la vegetación. Así la única opción es agudizar el ingenio y la dedicación para dar vuelta la taba y ponerse al hombro los recursos naturales, y transformar la región en productiva, diversa y con una potencialidad que trasciende a todos los problemas humanos, geográficos y climáticos.

 

Los riojanos saben remar contra la corriente, ganando sus espacios para consolidarse como la principal elaborada de aceite de oliva de la Argentina, concentrando casi el 70% de su producción en sus tierras. Hasta allá viajamos para contar con palabras por qué los riojanos son hoy la cuna de olivivicultura nacional y por qué sus vinos nada tienen que envidiarle a sus vecinos los mendocinos y sanjuaninos.

Capital del olivo

La aceituna es uno de los frutos más antiguos y se cultiva desde hace tres mil años en el mundo. Como oleácea, es una variedad de un arbusto silvestre, el acebuche, que se extiende históricamente por los países ribereños del Mar Mediterráneo, tanto en África como en España.

olivo

El nacimiento de la producción olivícola en la Argentina se remonta a la Colonia y a la presencia cultural y productiva de los españoles por este territorio. Fueron quieren trajeron los primeros olivos y quienes le dieron tanto impulso que incluso llegaron a temer por su crecimiento y la competencia que esto significaba.
   Lo que siguió fueron años de expansión en las provincias de La Rioja, Catamarca, San Juan, Mendoza, Córdoba y algunos puntos de Buenos Aires. Por sus características agronómicas los olivos son veceros, es decir alternan años de muy buena producción con otros no tan compasivos. Para el 2017 La Rioja espera un buen año, y eso muestra un aire reactivación tras tiempos complicados.

Como sucede con todo el abanico de las economías regionales, estos últimos años no fueron buenos para la cadena en general, y mucho menos para los productores y para los pequeños y medianos empresarios. Impuestos altos, costos laborales y productivos ‒como la electricidad‒ en suba, y un tipo de cambio que no los favoreció competitivamente, dejaron en remate a cientos de fincas. Sin embargo la producción no decayó, sino más bien se concentró en menos jugadores que pudieron sortear la nula rentabilidad.

Las exportaciones de aceite de oliva, que ocupan el 1% del mercado mundial, son el gran ingreso económico de la cadena nacional del olivo, pues el 90% del aceite que se realiza en la Argentina se exporta y a dos grandes destinos: EE.UU. y Brasil. La incertidumbre de depender de pocos compradores, sin acuerdos bilaterales de largo plazo, pasa ahora por saber qué hará el país del norte con su política de importaciones, con la llegada Trump, y que pasará con Brasil, el gigante de al lado, sumergido en una crisis económica y política que parece arrasar con todo. En la búsqueda de competitividad, Argentina puja en el mundo por imponer sus productos olivícolas frente a competidores directos como Marruecos y Perú.

Hoy, un poco más del 60% de la aceituna cosechada en verano se destina a la elaboración de aceite de oliva, mientras que el resto se utiliza para el consumo como aceituna de mesa. En sí la aceituna verde es de sabor amargo, que necesariamente debe ser corregido a través de una solución diluida de soda cáustica, para luego ser lavada y fermentada con ácido acético y salmuera. La aceituna negra, que es la que madura en planta, se somete a este último proceso y se oxigena al aire libre.

En La Rioja el triángulo del olivo lo comparten los departamentos de Arauco en conjunto con el de Chilecito y el de la Capital, y en total de febrero a abril, cuando se desarrollan las cosechas de las variedades “Arauco” y “Manzanilla”, se emplean alrededor de 7000 personas. Comenzamos el viaje por la región de Arauco.

Aimogasta, cuna del olivo

aimogasta

 Con 25.000 ha. de superficie implantada, los riojanos alcanzan 180 mil toneladas de cosecha anuales de aceitunas, según datos oficiales. Esta situación los posiciona en la capital del olivo nacional, con la mayor cantidad de plantaciones del cultivo, la principal productora de aceitunas de mesa y la exportadora número uno de aceite de oliva de la Argentina.

A 115 kilómetros al norte de la capital se levanta el polo olivícola de Aimogasta, la capital Nacional del Olivo y cabeza del departamento Arauco, que lleva el nombre de la variedad insignia de la provincia. Estas aceitunas, que son adictivas parta cualquier paladar, nacen naturalmente en la zona, bendecida por un clima favorable.

Aquí las aceiunas son fácilmente reconocibles por su gran tamaño, su carnosidad y su sabor peculiar. Sean cosechadas verdes o maduras (negras), para llevarlas a la mesa, o bien transformarlas en conserva, pasas o aceite de oliva, aquí se respira el espeso olor de la aceituna.

Así Aimogasta, una ciudad de 10.000 habitantes, construye relaciones cada vez más solidas en base a las plantaciones de olivos y las industrias, que complementan su cultura con la llega del turismo, otro punto de la cadena del olivo que crece a paso sostenido, gracias también a la receptiva forma de ser del riojano.

En el “país de la aceituna” hay grandes maestros que sostienen la mística. Ubicada en la pintoresca ciudad la empresa Hilal Hnos. es una de las caras tradicionales de la olivicultura de la mano de su reconocida aceituna de variedad “Arauco”. Nacida en 1957 con una visión exportadora, la empresa familiar revisó estrategias con el correr de los años para vender la mayoría de sus productos en el mercado interno. La batalla por imponer sus aceites de oliva y aceitunas también la libra intentando instalar su consumo en la predilección del paladar de los argentinos. 

“Creció la demanda de clientes locales que día a día nos demandan más y eso es positivo”, explica José Hilal, socio y gerente de la empresa. “Durante años producíamos sin luz, sin teléfono y el único contacto era el tren.  Lo único que siempre tuvimos fue optimismo”.

Chilecito, vino y cooperativismo

Chilecito, a 200 km al noroeste de la capital riojana, concentra el 75% de los establecimientos de la industria vitivinícola local, con algo más de 30 bodegas tecnificadas instaladas brindando mano de obra. El resto de las bodegas están emplazadas en Anillaco, Villa Unión y Famatina.
ChilecitoLa Cooperativa La Riojana, fue otro de los puntos que visitamos, sabiendo de ante mano que su experiencia cooperativista es de las más fuertes del país. Nacida en 1940, hoy cuenta con 500 asociados, que abarcan 4000 has. dedicadas al vino, en una provincia que posee 8000.

Pioneros en la elaboración de la cepa torrontés riojano, la gran mayoría de la uva que utilizan provienen de viñedos propios que se complementan con las uvas que también aportan pequeños y medianos productores. Su producción anual puede llegar a los 40 millones de litros anuales, de no haber grandes complicaciones climáticas, para lo cual se procesan entre 50 y 53 millones de kilos de uvas. Además del vino elaboran unos 200.000 litros de jugo de uva orgánica, que en su gran mayoría se exporta a Brasil, cuando las condiciones del gigante de al lado lo habilitan.

La metología cooperativista tiene sus particularidades: los socios aportan su producción pero con un tope estipulado para que todos tengan una participación justa. Para aquellos productores alejados, la cooperativa asume el costo del flete, para que todos gocen de las mismas condiciones.

           Su posicionamiento como empresa que cumple con las normas de calidad del Comercio Justo (Fairtrade) la llevan a fomentar la creación de mejores condiciones de trabajo y mejores condiciones laborales y de seguridad, dentro del cuidado del medioambiente. Es bueno saberlo, y aunque pocos están al tanto, estos vinos que están bajo esta norma se identifican con un sello en su botella y el consumidor, al comprarlos, paga una prima que está incluida en el precio. Este plus se utiliza únicamente para la compra de medicamentos para unidades sanitarias, la instalación de agua potable y la construcción y refacción de escuelas.
 

Otra particularidad de la cooperativa son los cientos de viñedos orgánicos, con labranza cero y la ayuda de un jugador inesperado: las ovejas que se encargan de mantener malezas y pasto a raya. También aquí se elaboran humus de lombriz que sirve de abono para las vides.

El clúster olivícola, una de las apuestas público y privadas

La creación del clúster olivícola riojano se da en este contexto que solo requiere del trabajo en conjunto entre el ámbito público y el privado. Aquí en una misma mesa trabajan el gobierno nacional con el provincial, propietarios de fincas y plantaciones de olivo, industriales, comercializadores, y proveedores de servicios e insumos, tecnología y equipamientos.

cluster

Nacido a mediados del 2016 este clúster cuenta con el asesoramiento técnico del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (SENASA), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), de Tecnología Industrial (INTI), CRILAR perteneciente al Consejo Nacional de Investigación Científica y Técnica (CONICET), la Universidad Nacional de La Rioja, y la Universidad Tecnológica Nacional.

A la par desde el sector privado las cámaras olivícolas, gastronómicas y hoteleras trabajan en el desarrollo de la Ruta del Olivo.La idea es generar una visión sistémica del conjunto de los componentes. Desde la denominación de origen, la sanidad y la comercialización. Es una política de largo aliento, pero estamos trabajando en una estrategia que trascienda la coyuntura”, explicó el ministro de Planeamiento e Industria de la provincia Rubén Galleguillo.

            “Es necesario recuperar la competitividad sistémica. No solo se puede exigir a productores y empresarios si tenemos una presión impositiva de las más altas del mundo, con grandes cargas sociales, con un déficit público muy grande, y altos costos como el flete y la energía”, explica Galleguillo.      

Chañarmuyo, el destino del vino

A pocos kilómetros del cordón montañoso emblema de los riojanos, el Famatina, se ubica Chañarmuyo, un pequeño poblado a 90 kilómetros de Chilecito. En 2014, el “Valle de Chañarmuyo” fue reconocido por el Instituto Nacional de Vitivinicultura, como destino ideal para la elaboración de vinos finos por las especiales características de clima y tierra del lugar.

Pintoresco, es cuna también del hotel de Vino Chañarmuyo, el primer hostal riojano pensado para los fanáticos de esta bebida. Sus viñedos están ubicados a 1720 metros sobre el nivel del mar, colocados de manera oblicua. De allí nace una uva de color bien negro integrada al paisaje que también lo componen cactus gigantes.

Allí dormimos abrazados a un aire irrepetiblemente único, en medio de un hotel construído arquitectónicamente con piedras que hablan de otro de los grandes patrimonios de la provincia. Fundidos en un mismo espacio modernidad y la cultura originaria sacan lo mejor de sí.

La Puerta de ingreso

valle de la puerta

En Vichigasta, en las afueras de Chilecito, llegamos a Valle de la Puerta, una moderna bodega nacida en 1994, que cuenta con una producción anual que ronda los 3 millones de litros de vino y que exporta a los cinco continentes. Si bien el establecimiento nace a mediados de los 90, en el 2002 se construye la bodega y en el 2005 se inaugura la empresa de aceite de calidad Premium.

Sus instalaciones dan lugar a la conjugación de elaboración vitivinícola, por un lado, y para la producción de aceitunas y sus derivados, como, por ejemplo, aceites.  Actualmente cuentan con 150 hectáreas de viñedos y más de 770 hectáreas plantadas con olivos.

 Darse un paseo turístico promete olivares y viñedos ubicados a la vera de los cordones montañosos de la región del Valle de Famatina y la Sierra de Velasco, que planean a la vista un horizonte de película. El excepcional valle provee tierras altas con buen drenaje y un microclima seco con temperaturas promedio de 25° durante todo el año y noches frías.

Desde lo productivo la extracción de agua se realiza a través de pozos de más de 20 metros de profundidad, y si se le pregunta por la mejor cepa, el gerente de bodega y viñedos, Javier Collovati, no duda en recomendar el bonarda.

Olivos, vinos, uva, montañas, aceites, turimo y producción de la mano en esta provincia de las más chica de la Argentina, pero que se hace grande para potenciarse día tras día.


Distribución del olivo

En el mapa nacional de la olivicultura Mendoza vuelca sus aceites de oliva históricamente mucho más hacia el mercado interno que La Rioja y Catamarca, donde se asientan las empresas de mayor envergadura de la Argentina. Por eso suele ser común encontrarse con aceites mendocinos en las góndolas.

Aumenta el consumo de aceite de oliva

Si bien estamos lejos de los grandes pioneros del aceite de oliva mundial como España, donde en promedio se consumen 13 litros anuales por habitante, los argentinos están ganado en gusto y exigencia en materia de consumo de aceites de olivas, impulsados también por el boom de cocineros y chef que lo imponen en sus platos. Vale decir que los argentinos consumen en promedio 140 mililitros por habitante, un número impensado hace 10 años cuando el aceite era “sólo para entendidos”.


Valle de La Puerta: www.valledelapuerta.com

Hotel de Vinos Chañarmuyo: www.chanarmuyo.com

Hilal Hnos. www.hilalhnos.com.ar

 

 

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