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A problemas complejos, soluciones complejas. Por Walter Tanducci, Okandú

Cultivar la tierra hoy es muy distinto respecto a un tiempo atrás; ahora bien, la complejidad siempre estuvo y estará presente en estos sistemas. La gran pregunta es: ¿simplificar la producción agropecuaria “nos lleva a buen puerto”? Seguramente no sea la mejor opción.

Sistemas complejos

Maíz de segunda sembrado sobre rastrojo de trigo
Maíz de segunda sembrado sobre rastrojo de trigo

La complejidad indica una composición de diversos elementos interrelacionados. Se puede referir a un sistema complejo, al compuesto de partes interrelacionadas que como un conjunto exhiben propiedades y comportamientos no evidentes a partir de la suma de las partes individuales.

Si hablamos de sistemas de producción, podemos definirlo dentro del universo de sistemas complejos. Y si, particularmente, ahincamos sobre la producción agropecuaria, la biología, entre otras ciencias, aporta un condimento extra a nuestro plato principal.

El menú está servido: interrelaciones económicas, financieras, biológicas, políticas, institucionales, de recursos humanos, tecnologías de productos, calidad de procesos, sustentabilidad, etc., etc., etc.  Tal vez simplificar un sistema complejo no sea la mejor opción, veamos…

Campo y negocio

Desde hace décadas en diferentes universidades, y varios otros organismos nacionales e internacionales, se estudian definen y miden diferentes factores que hacen a la producción agropecuaria. Precipitaciones, temperaturas, períodos libres de heladas, calidad de agua subterránea, calidad y aptitud de suelo, etc. Cada agrónomo recibe, desde cualquiera de las tantas facultades de agronomías de nuestro país, información de este tipo, y formación para poder manejar estos recursos y factores.

En paralelo, más allá de las instituciones de formación académica, se desarrollan los agronegocios, es decir, que a ese conjunto de factores y recursos “meramente agronómicos”, hay que sumarle otro paquete de recursos, procesos, visiones, decisiones, que van complejizando el escenario donde desarrollamos nuestras actividades.

Así hoy, ser productor agropecuario, en la mayoría de los casos dejó de ser una “forma de vivir”, para ser un negocio, como muchos otros. “Cultivar la tierra” hoy es muy distinto respecto a un tiempo atrás; ahora bien, la complejidad siempre estuvo y estará presente en estos sistemas.

Simplificar lo complejo

            Si bien puede ser una cuestión de “negocio”, o la situación de “globalización” en la que vivimos todos los habitantes y economías del planeta, lo cierto es que la simplificación de los sistemas existe, y no siempre lleva a los mejores resultados.

Muchos actores del escenario mundial del “campo” hablan de la “industrialización de la agricultura”; muchas empresas, porque aparentemente así lo exige el negocio, desarrollan procedimientos que estandarizan cada actividad; también vemos, en muchas zonas de la Argentina, casi toda la superficie productiva implantada con uno o dos cultivos, solamente.

Detalle de planta de alfalfa
Detalle de planta de alfalfa

Los que estamos en la producción agropecuaria, tenemos y/o debemos hacernos algunas preguntas: ¿Hacemos bien las “cosas”?; En la últimas décadas, ¿estamos haciendo un correcto uso de los suelos?; ¿tenemos algo que ver con los excesos hídricos que muchos pueblos de la pampa húmeda están sufriendo?; ¿tendrá el deterioro de los suelos de una de las zonas más productiva del país, alguna de sus causas en cómo desarrollamos nuestra actividad?; ¿simplificar la producción agropecuaria “nos lleva a buen puerto”?

Son algunos de los interrogantes que creemos debemos hacernos cada día al completar una planilla de cálculo tipo Excel con la planificación de la campaña, o cada vez que vemos algunos de los problemas planteados, o cuando escuchamos alguna noticia al respecto.

Problemas  complejos

            Una regla básica es que ante sistemas complejos, los problemas y las soluciones también tienen esa característica.

            Pensemos qué pasa en algunas de las zonas productivas de la Argentina. Consideremos a la Pampa Húmeda, como una gran región productiva. Verdaderamente, ¿llueve mucho más que en otras épocas?, o ¿la distribución de las precipitaciones en el año es diferente, y tenemos lluvias más intensas? Supongamos que esto sea cierto para algunas situaciones; ahora bien, hagamos foco por un momento en nuestras acciones productivas. Trabajemos, a modo de ejemplo, con una de las zonas de mayor productividad del país, el Sudeste de Córdoba:

  • El agua sobra

En los últimos años, sobre el total de la superficie cultivada en esta región, el 80% aproximadamente, fue soja de primera. ¿Cuánta agua consume un cultivo de soja? Consideremos entre 500 y 600 mm (dependiendo de su rendimiento), y en una época determinada y acotada del calendario. En este análisis simple, ya podemos hacernos otra pregunta, si llueve entre 900 y 1000 mm, ¿qué hacemos con el agua excedente? (considerando 400 mm, nos sobran 400 litros por metro cuadrado de superficie; y las cuencas en cuestión abarcan unas cuantas miles de hectáreas.). Es alto el volumen de agua que debemos manejar como excedente, ¿no?

Consideremos que en esta misma zonas hasta hace 60 o 70 años, la mayoría de la superficie estaba ocupada por pastizales naturales o por pasturas implantadas (con base en alfalfa). Ese esquema llevaba siempre a un balance hídrico negativo, ya que la demanda superaba a la oferta; más allá de que en alguna lluvia importante, alguna pequeña zona podía quedar anegada, momentáneamente.  

A modo gráfico, se observa que todas las chacras y/o cascos de los campos (en la primera mitad del siglo XIX) se hacían en zonas más bien bajas, para “tener más cerca el agua de la napa”, a poca profundidad. (Por ese motivo, esos sectores de los campos fueron unos de los primeros en anegarse en estos tiempos).

Ya sabemos que con el uso actual del suelo, el balance hídrico es más que positivo, y ese es uno de los problemas de alta complejidad que estamos planteando.

Siembra de soja es suelos con pendiente que tienen alta susceptibilidad a la erosión
Siembra de soja es suelos con pendiente que tienen alta susceptibilidad a la erosión
  • La sal también sobra

Si bien el anegamiento de un lote o de un sector del campo es difícil de asimilar y significa una pérdida, si sólo es agua, tal vez al año siguiente “tengamos revancha”. El problema se agrava cuando el exceso de agua se traduce también en ascensos de sales, que después quedan en la superficie del suelo.

En los últimos tiempos, son vastas las hectáreas en muchos campos del Sudeste de Córdoba con problemas de sales. Y eso sí es un problema más complejo que la del agua propiamente dicha. Una vez que tenemos un suelo salinizado en superficie, su corrección no es tan sencilla.

Esto también se da por un uso inapropiado de los suelos. En perfiles salinos, la presencia de raíces vivas durante todo el año, es la clave para no agravar la situación. Y en las últimas décadas, hemos ampliado cada vez más las fronteras de cultivos anuales, con ocupación de estos suelos por un corto período de tiempo, con gran parte del año sin raíces vivas y con poca cobertura.

Y el agua cumple su ciclo, y se sigue moviendo (vertical y horizontalmente); y en estos sectores de los lotes, se evapora en lugar de ser transpirada por un vegetal, por lo tanto, el arrastre de sales (hacia arriba) es inminente, y así el nuevo paisaje de la pampa húmeda se caracteriza por tener zonas con sales en superficie, impensado hasta hace una par de décadas atrás.

  • El negocio

Si pensamos en los negocios alrededor del agro, en todo el mundo, son muchísimas las alternativas: distintas carnes, leches, cereales, oleaginosas, frutas, verduras, energía, etc. Ahora bien, si pensamos en las últimas décadas en Argentina, luego de la expansión de la soja, discutamos qué es negocio, y qué deja de serlo.

La producción agropecuaria en Argentina está sujeta a lo que llamamos “el mercado”. Esto llevó a un determinado formato productivo, caracterizado por pocos cultivos, ciertos actores particulares como inquilinos de numerosos campos, propietarios de la tierra más “rentistas” y negocios planteados a muy corto plazo. Y más allá de algunas intenciones de diversas instituciones para producir de manera sustentable, la realidad, es que en la mayoría de los casos, la sustentabilidad, con sus tres pilares (económico, ambiental y social), es un anhelo. Los recursos no se están cuidando como se dice, o se pretende (en varias zonas o sectores). Hasta ahora la sustentabilidad ambiental tuvo un alto costo; el “negocio no cierra”.

Soluciones complejas

Se podrían enumerar muchísimos más problemas que hoy enfrenta el agro (malezas resistentes a herbicidas, insectos resistentes a eventos biotecnológicos creados para tal fin, etc.) en la Pampa Húmeda, y más aún si hacemos foco en las zonas más alejadas de los puertos. En esta nota sólo se mencionan algunas de las problemáticas, a modo de ejemplo, para conceptualizar una visión respecto a cómo estamos parados, de quién es la responsabilidad y hacia dónde deberíamos ir.

            Las soluciones a estos problemas complejos, también son complejas, pero esto no quiere decir que sean difíciles de lograr, sólo que el abordaje debe ser multidisciplinario.

            Si enumerásemos los actores de diferentes disciplinas y de distintas instituciones que deberían involucrarse en las soluciones que hoy necesita el agro, la lista ocuparía muchos caracteres. Podemos ver algunos ejemplos, que hacen a estas soluciones complejas:

  • Autocrítica
Pérdida de plantas de soja creciendo en suelos salinizados
Pérdida de plantas de soja creciendo en suelos salinizados

El primer paso para solucionarlo es reconocer que existe un problema. Y aquí entran en juego los diferentes actores involucrados: gobiernos, dueños de campos, productores, profesionales de la agronomía, instituciones educativas y de extensión, comunicadores, otros miembros de las cadenas de valor de los productos agropecuarios, etc. Si cada uno hace el ejercicio de poner en crisis nuestro accionar mediante un análisis concienzudo, estaríamos dando un buen primer paso.

Obviamente que cada uno tendrá una responsabilidad diferente por lo que no está bien; como así también, los logros serán mérito de cada parte.

Deberíamos ser serios en este aspecto, con honestidad profesional, y no tener miedos a las habladurías sin sentido. Muchas veces tenemos que escuchar planteos irracionales, hechos por muchos que no conocen demasiado al respecto. No debemos hacer foco en ellos. La honestidad, el reconocimiento de errores cometidos y los fundamentos de las cosas bien hechas dejan a cada participante en las discusiones en los lugares que les cabe.

  • Conocimiento técnico bien aplicado

Somos líderes, a nivel mundial, en el desarrollo de la siembra directa. Sabemos de qué se tratan las Buenas Prácticas Agrícolas (BPAs). En diferentes países, en distintas actividades se definen protocolos enteros sobre BPAs, y aquí también. Tenemos claro los diferentes fundamentos de cada buena práctica.

También contamos con el conocimiento agronómico de base, para llevar adelante las diferentes tareas que hacen a una producción agropecuaria sustentable.

Es decir, los conocimientos están, solo debemos aplicarlos. Hay que llevarlos a la práctica, hay que producir generando el menor impacto posible sobre el ambiente. De hecho, en muchas situaciones, lo estamos haciendo. En Argentina somos líderes en siembra directa. Las BPAs se aplican en vastas zonas de todo el país.

En muchos casos, sólo resta, considerar un ordenamiento territorial bien diseñado, a nivel de cada zona y región, para así poder desarrollar cada actividad en base a cada situación particular; logrando producir sin deteriorar.

No estamos lejos, tenemos la capacidad. Solamente se trata de organización y acciones adecuadas en cada proyecto productivo.

  • Aspecto institucional bien claro
    Detalle de planta de soja mostrando una clorosis férrica asociada a suelos salinos
    Detalle de planta de soja mostrando una clorosis férrica asociada a suelos salinos

Una de las “patas” claves para poder llevar adelante un desarrollo empresarial es el marco institucional.  Y es ahí donde el rol de los Estados pasa a ser fundamental.

Para poder hacer un uso racional y adecuado de cada ambiente, es trascendental que “haya más de un negocio”. Si sólo algunos cultivos son los rentables, si hay actividades en las que la pérdida es el resultado del ejercicio económico, es probable que se compliquen varios esquemas empresariales.

Tenemos que analizar en profundidad cuál debería ser el rol de cada uno de los Estados (nacional, provinciales, municipales). ¿Sería conveniente la interacción público-privada en el sector agropecuario? ¿Qué tipo de intervención debería tener el Estado en las actividades agropecuarias? Hay mucho por interactuar al respecto: ¿Qué leyes son necesarias? ¿Qué ayuda debería dar el Estado? ¿Qué infraestructura debería brindar para el sector?  ¿Qué controles debería ejercer en las cadenas de valor de cada producto? ¿Qué participación debe tener en el desarrollo de mercados? etc., etc.

Son muchos los aspectos sobre los que se debe trabajar para solucionar los problemas existentes. Sólo se pretende poner en el centro de la escena la situación que se está viviendo en algunas regiones productivas de la Argentina, con el objetivo de discutirlo a fondo, y comenzar a trabajar en la mejora de los sistemas productivos.

Claramente, no está todo mal. En la actualidad, son varios los problemas que tenemos en el sector agropecuario argentino. No hay otro camino que el de hacernos cargo y trabajar, entre todos, en las soluciones, con el apoyo de la ciencia. Hay numerosos ejemplos de casos exitosos en los que se puede alcanzar la tan ansiada sustentabilidad (económica, ambiental y social). Uno de los mayores desafíos es armar equipos multidisciplinarios que tengan la capacidad de “mirar” los problemas desde distintos puntos de vista y diseñar estrategias para solucionarlos.

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