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Sea niña o niño- Por: Walter Tanducci

Por: Walter Tanducci

Okandu S.A.

 Los procesos para llevar adelante una agricultura rentable, pero que a su vez cuide y/o mejore algunos de los recursos involucrados, son cada vez más complejos y agudos. Esta nueva manera de hacer agricultura, la que implica nuevas tecnologías, nuevos conocimientos, nuevos actores, tiene un denominador común a la producción de toda la historia argentina: la gran superficie se hace en secano, con un clima que no ha variado tanto y con suelos no tan distintos  -en algunos casos, un poco degradados-.

Ya venimos hablando, viendo y practicando, además de las actividades tradicionales, procesos de pulverizaciones o siembras en precosechas, utilizamos cultivos de servicios para capturar el valor en otro momento, “droneamos” lotes con un sinfín de objetivos, observamos los campos por satélites, sembramos y fertilizamos con diferentes densidades y dosis en un mismo lote, etc.

Es decir que la agronomía sigue siendo agronomía, y los agrónomos no somos ni más ni menos que transformadores de energía. “Cosechamos” luz, dióxido de carbono, y junto al agua y los nutrientes, tratamos de obtener la mayor cantidad de azúcares, proteínas y grasas. Al respecto, en estas épocas de cierre de una campaña para darle la bienvenida a una próxima, suele ser un momento interesante para repensar y/o redefinir estrategias, o mejor aún repasar los procesos en marcha y observar nuestros objetivos productivos-empresariales.

Barbechos=Pensar, analizar, planificar

                Cuando hablamos de barbechos, hablamos de tiempo. Ese tiempo en el que no tenemos implantado ningún “cultivo de negocio”. Pueden ser más cortos o más largos, pero el hecho de no tener un cultivo de cosecha, no significa que no sea importante, sino, más bien son momentos oportunos para ajustar, re ingeniar, potenciar y/o mejorar el proceso de producción en su conjunto.

El barbecho no es sinónimo de descanso, menos aún para el agrónomo. Más bien es  instancia de planificación, ingenio, agudeza, eficacia, y mucho trabajo.

De acuerdo a la región en la que nos encontremos, daremos más o menos énfasis a las respuestas de las siguientes preguntas:

  • ¿Da igual el manejo del barbecho en un “año niña” respecto a “uno niño”?
  • ¿Debo cuidar en agua (la contenida en el suelo y la próxima a caer)?
  • ¿Debo hacer un control de malezas muy intenso? ¿Puedo dejar algunas sin controlar? ¿Cuáles? ¿Hasta qué estado fenológico? ¿Aplico herbicidas residuales? ¿Cuáles? ¿Cuándo? ¿Cuánto?
  • ¿Qué quiero hacer con la cobertura en superficie? ¿Evitar una descomposición rápida ó acelerar la descomposición de residuos?
  • ¿Me conviene hacer “cultivos de cobertura” o “de servicios”? ¿Siempre ó en qué circunstancias? ¿Qué especies? ¿Con qué objetivos? ¿Cómo y cuándo lo siembro? ¿Con qué densidad? ¿Lo fertilizo? ¿Controlo las malezas en pre o post emergencia del cultivo? ¿Con qué herbicidas?
  • Si por alguna razón aparece la posibilidad de “mover” el suelo: ¿Es grave hacerlo? ¿Cuáles son los beneficios y perjuicios? ¿Qué tipo de labranza? ¿Con qué objetivos? ¿En qué momento?

Éstas son sólo algunas de las preguntas que surgen en el día a día de la producción. Si “nos paramos” en el barbecho, y nos interesa producir con una filosofía que vaya más allá de una renta económica, son muchos más los interrogantes, y seguramente no habrá una única respuesta para cada caso.

Ahora bien, a lo largo de los ciclos agrícolas, por diferentes razones van cambiando esos “quehaceres” durante ese tiempo, llamado barbecho. La mayoría de las veces, los cambios van de la mano de nuevos conocimientos, en búsqueda de una mejora continua de los sistemas de producción; sin embargo, otras veces los cambios se deben a temas coyunturales del negocio y muchas veces al indomable clima.

Producción= Administración de energía

                Cada vez que un responsable de producción se “sienta frente al Excel” o recorre un lote, en el momento de la planificación, sabe o debería saber que la producción es un negocio. La economía es una da las 4 E, en el paradigmas que mucho pregonan. Luego, junto al cuidado del ambiente,  el factor social y la energía formar el cuarteto de las E, por sus siglas en inglés (economy, ethics, environment, energy)

                Una vez establecido qué se siembra porque es un negocio, y  la vez  se decide cuidar los recursos y personas involucradas en la producción,  el agrónomo está en condiciones de hacer su trabajo.

Una de las ecuaciones básicas que rigen en esta actividad y de la cual se `puede partir para una buena planificación es la:

Rendimiento=∑ Radiación incidente x % Radiación Interceptada x Eficiencia conversión

Esto nos ubica directamente en el rol de “cosecheros” y  transformadores de energía. Se debe conocer qué y cuánto proporciona el ambiente donde se desarrolla la actividad y a partir de ello establecer las estrategias para captar y transformar esa energía de la manera más eficiente posible. La radiación incidente no se puede cambiar, no obstante está en las manos y la cabeza del agricultor poder interceptarla y convertirla de la mejor forma.

En el siguiente gráfico se puede observar que el manejo agronómico puede hacer más o menos eficiente la transformación de la misma energía disponible:

Grafico 1. Producción de granos de maíz en SE de Cba. Campaña 17-18.  Dos híbridos (azul y rojo), sembrados en el mismo lote, el mismo día y fertilizados a la siembra con 160 kg/ha de fertilizante (50% MAP; 50% Urea). Luego, en V4, se realizaron 4 tratamientos diferentes en la re-fertilización nitrogenada ( Trat. 1: 0 N; Trat. 2: 93kg N/ha -250l/ha de Solmix 80-20-; Trat. 3: 186kg N/ha -500l/ha de Solmix 80-20-; Trat. 3: 279kg N/ha -750l/ha de Solmix 80-20-)

 

Los datos de la gráfica se refieren a rendimientos de granos de maíz (2 híbridos) en un lote de producción con diferentes dosis de nitrógeno (4 tratamientos) en la re-fertilización en V4; en la localidad de Monte Buey, durante la campaña que está cerrando, la 17-18.

Más allá de los detalles y análisis que se puedan hacer sobre esta prueba o ensayo llevado a cabo por Okandú, lo primero a destacar es que en un mismo lote, con la misma oferta ambiental, se puede generar 8,12 tn/ha de grano de maíz o 16,36 tn/ha. La enorme diferencia que se obtuvo en este caso se debió específicamente a la elección del híbrido y la estrategia de fertilización.

Más allá de este,  hay muchos otros ejemplos que día a día aparecen en los campos de los diferentes productores de las distintas zonas de Argentina. Este tipo de ejemplos deberían servir para pensar si verdaderamente cada productor ha explorado y/o tiene en claro cuál es su oferta ambiental, y cómo puede mejorarla.

Lo que se pretende dejar en claro es que lo primero a considerar en la producción agropecuaria “a cielo abierto” es la oferta ambiental en lo que a luz y temperatura se refiere. Esto es gratis, no obstante requiere de conocimiento y estrategia para poder transformarla y generar valor a partir de ella.

Producción=Administración del agua

Una segunda ecuación clave a considerar en el ejercicio de la planificación agropecuaria es la del Uso Eficiente del Agua. Más aún en los planteos en secano, en donde la provisión de agua, también es gratis, pero no depende a la decisión del productor.

En dicha ecuación se resume la Biomasa producida por agua consumida (Y/ET), considerando la eficiencia del uso del agua almacenada en el suelo (ET/Aa) y la disponibilidad de agua que ingresa al sistema (lluvias, riego, capa freática) con relación a las pérdidas que puede ocurrir como evaporación, escurrimiento, percolación (Aa/Ai).

 EUA= Y/ET x ET/Aa x Aa/Ai= Y/Ai

La mejor forma en la que se puede usar el agua en el campo es transpirándola a través de los cultivos. Los vegetales intercambian con la atmósfera agua, extraída del suelo, por Dióxido de Carbono, y gracias a la fotosíntesis producen asimilados, los que en definitiva se trasformarán en los productos a cosechar.

Por esto es que el sistema de producción necesita la mayor cantidad de agua posible, y para eso, en los esquemas “a cielo abierto” los encargados de producción también son “cosecheros” y administradores de agua, junto a la energía, tal cual lo descripto en los párrafos anteriores.

Tomando como base la ecuación de EUA, y si el agua no fuera limitante, el gerente de producción debiera pensar qué cultivo le permitiría usar mejor la radiación, y así traspirar la mayor agua posible, producir la mayor biomasa de cosecha y obtener la mayor rentabilidad para la empresa. Más allá de que parece sencillo, para lograrlo hay que conocer muy bien el metabolismo de cada especie vegetal, dentro de la especie cada cultivar en particular, y a partir de allí armar la mejor estrategia para conseguir los objetivos (nivel de fertilización, fecha de siembra, arreglo espacial, control de malezas, enfermedades, insectos, etc.)

Se complejiza el sistema, más aún, ya que el agua puede ser una limitante, y es ahí donde el ingenio debe volverse más agudo.

Es clave para el agrónomo trabajar en cada factor de la ecuación descripta. Para tener agua en el suelo hay que captarla en cada lluvia y que esa agua esté disponible para los cultivos. Si el objetivo de producción es de más de 10000 kg/ha de maíz o más de 4500 kg/ha de soja, a priori hay que considerar que esos cultivos deben consumir más de 600 mm y más de 500 mm de agua a lo largo del ciclo, respectivamente.

Siguiendo con el ejercicio, toda esa agua debe ser tomada por las raíces de los cultivos. Para ello, los sistemas de producción deben permitir que ese suelo, considerando su génesis, pueda almacenar la mayor cantidad de agua posible, y  puedan ir recargándose a lo largo del desarrollo del cultivo. Los mejores suelos productivos del país pueden almacenar alrededor de los 300 mm de agua útil hasta la profundidad que exploran las raíces, por lo tanto con sólo las reservas no alcanza, se deben ir recargando.

Se sabe que para que un suelo pueda recibir, albergar y ceder una buena cantidad de agua tiene que estar en buenas condiciones, no degradado. Son varios los parámetros que el agrónomo puede considerar para el análisis de la condición de su suelo (infiltración, conductividad hidráulica,  porosidad total, densidad aparente, niveles de materia orgánica, etc.) y son bien sabidas cuáles son las buenas prácticas que se deben realizar para obtener los resultados esperados en esta línea (no remoción, cobertura, rotación de cultivos, etc.)

En definitiva, los gestores de los suelos en producción deben facilitar un aumento en  la capacidad de almacenaje de agua, mayor renovación del agua almacenada y mejor aprovechamiento del agua incorporada.

¿Y qué hacemos en la 18-19?

En la mayoría de las regiones del país, y después de muchos años, el denominador común es la sequía. La planificación de la campaña 18-19 a priori, si es que el otoño no entrega lluvias importantes, comienza con escasez en las reservas de agua edáfica.

Esto, seguramente, lleva a pensar cómo se encara el ciclo productivo, y los primeros interrogantes, salvando las diferencias entre regiones, se centran en los cultivos otoño-invernales.

El trigo es el principal actor en esta etapa, no obstante una importante superficie, en los últimos años, estuvo siendo ocupada por cultivos de cobertura (o “de servicios”) otoño-invernales.

En años como este, ¿conviene sembrar cultivos de servicio?; ¿cuánto trigo hay que sembrar?

Considero que no hay respuestas contundentes que abarquen las diferentes situaciones existentes en los distintos esquemas. Creo que antes de dar una respuesta a su propia pregunta, cada productor debe analizar, con detenimiento su sistema de producción.

Algunas consideraciones, ya estudiadas y probadas, y muchas experiencias llevadas a cabo en los últimos años nos pueden guiar en la toma de decisiones. Según experimentaciones llevadas a cabo por Rodolfo Gil (INTA Castelar), en zonas del norte, en suelos en siembra directa con poca cobertura, es difícil obtener una eficiencia de uso de agua mayor al 20% durante el barbecho.

Por otro lado el uso de diferentes cultivos de cobertura, siempre que tengan un correcto manejo, han demostrados en muchas situaciones que no influyen de manera drástica y negativa en la economía del agua del sistema. Según Tomas Baigorria del INTA Marcos Juárez el “costo hídrico” de un buen cultivo de vicia, por ejemplo, está entre los 40 y 70 mm de agua edáfica, considerando 2 metros de profundidad.

Desde Okandú, se está trabajando desde hace algunos años en el uso de cultivos de servicios. En un ensayo iniciado en la presente campaña (17-18), en la localidad de Inriville, algunos datos preliminares arrojan la importancia de la buena gestión de un cultivo de cobertura. Entre otras cuestiones, el momento de terminación del cultivo de servicio es de suma importancia, sobre todo en años de escasas lluvias. Es notoria la diferencia en el cultivo de soja desarrollado sobre cada antecesor determinado, es notable el menor crecimiento de la soja sobre los cultivos de cobertura “secados” muy cerca a la siembra.

Ahora bien, cuando las coberturas se secan a tiempo, prácticamente no influyen en la economía del agua respecto a un “barbecho  limpio”. Pueden apreciarse en las mediciones de agua útil (AU) al momento de la siembra de la soja, hasta el metro de profundidad (promedio de los valores obtenidos en las 3 repeticiones de cada tratamiento). Ver tabla 1,

 

TRATAMIENTO AU HASTA 1 M.
BARBECHO “LIMPIO” (antecesor Soja) 145 mm
VICIA SECADA “TEMPRANO” (20d. presiembra de la soja) 134 mm
VICIA+CENTENO  SECADO “TEMPRANO” (20 d. presiembra soja) 155 mm
CENTENO SECADO “TEMPRANO” (20 d. presiembra soja) 136 mm
VICIA SECADA “TARDÍO” (7 d. presiembra de la soja) 107 mm
VICIA+CENTENO  SECADO “TARDÍO” (7 d. presiembra soja) 133 mm
CENTENO SECADO “TARDÍO” (7 d. presiembra soja) 96 mm

                Lo llamado “secado temprano”, corresponde a un estado fenológico ideal para terminar con el ciclo de los cultivos de servicio: vicia en floración y centeno en antesis. Esa diferencia de entre 22 y 39 mm (entre el secado temprano y en tardío, en cada caso), en años como este, se notó durante todo el ciclo de la soja (ver fotos). Pronto se cosecharán las parcelas de soja y se harán mediciones de agua y nitratos  en el perfil de suelo, para luego continuar con el ensayo durante un año más (se evaluará qué ocurre en el trigo venidero).

Para ir cerrando

                Más allá de las experiencias y datos mencionados, en años como este, cada agrónomo debe ajustar muy bien el manejo de acuerdo al ambiente en el que le toca gestionar. Hay que conocer con cuánta agua se inicia la campaña, hay que medir si existe o no influencia de napas, hay que manejar muy bien los barbechos (se puede planificar coberturas secas o verdes, pero nunca con malezas).

                El otoño está muy cerca, la ocurrencia o no de precipitaciones influirá en la decisión final de muchos planteos. Ahora resta esperar un poco más, seguir pensando e imaginando escenarios posibles. Y ojalá el clima nos acompañe.