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Trigo: un cultivo que debe volver al sur de Santa Fe

Ya próximos a la siguiente campaña de trigo, desde el INTA Oliveros destacamos los aspectos fundamentales a tener en cuenta al momento de planificar la implantación de este cultivo. Desde el control de malezas hasta su comercialización, repasamos cada uno de los factores más importantes para lograr un buen rendimiento.

Por: Miriam Raquel ARANGO , Silvina BACIGALUPPO , Julio Manuel CASTELLARIN , Roque Mario CRAVIOTTO , Marianela Sabrina DE EMILIO , Carina Del Valle GALLO , Guillermo Raul GERSTER , Pedro GUGLIELMONE , Amalia Graciela MANLLA , Juan Carlos PAPA , Fernando SALVAGIOTTI

Trigo

En el sur de Santa Fe, el cultivo predominante es soja de primera ocupando más del 70 % del área. La distribución de este cultivo está asociada a cuestiones económicas ligadas a su rentabilidad, baja inversión inicial y además por su simplicidad, en especial desde la difusión de los cultivares transgénicos.

El monocultivo de soja genera, principalmente, una pérdida continua de la materia orgánica del suelo, lo que limita seriamente su capacidad productiva. Esta ausencia de gramíneas en la secuencia, como por ejemplo el trigo, genera un ambiente de producción altamente dependiente de la distribución de lluvias.

La inclusión de este tipo de cultivos invernales en la rotación permite recuperar los sectores densificados o compactados, generando grietas y canales que son los responsables de incrementar la velocidad de infiltración del agua (menor escurrimiento y evaporación). A su vez, favorece el desarrollo en profundidad de las raíces de otros cultivos, creando un efecto beneficioso sobre la estructura del suelo.

Datos experimentales de más de 15 años mostraron que con maíz y trigo en la rotación, la materia orgánica se mantuvo o incluso aumentó respecto del inicio de la experiencia, reduciéndose así la incidencia de las enfermedades, especialmente en soja. Con este tipo de rotación, la economía del agua y la fertilidad nitrogenada son otros aspectos que se mejoran, como así también un control más eficiente de las malezas.

En síntesis, todas las evidencias experimentales muestran que cada uno de los cultivos de la rotación rinden más (entre un 5% y 10%) que si estos se hicieran en monocultivo.

Breves apuntes para la implantación del trigo

Además de un adecuado control de malezas, el cual debería iniciarse ni bien el cultivo comienza a desarrollarse, la calidad de la semilla de trigo y el manejo del mismo son aspectos fundamentales para lograr buenos rindes en esta campaña que se inicia. Asimismo, es muy importante realizar un análisis de suelos para así obtener un correcto diagnóstico de la fertilización, identificar los nutrientes deficientes y lograr los rendimientos esperados.

A continuación, enumeramos los aspectos más importantes a tener en cuenta para la implantación de este cultivo. 

Control de las malezas:

El control de las malezas en las primeras etapas del desarrollo del cultivo es fundamental ya que su presencia en etapas tempranas (desde 2 a 5 hojas) puede provocar pérdidas de rendimiento de hasta un 43 %. 

El manejo de las mismas debe comenzar en el barbecho previo, pudiendo recurrirse a herbicidas de acción total como glifosato, paraquat o glufosinato de amonio y la adición de algún herbicida residual como, flumioxazin, metsulfurón metil, clorsulfurón, entre otros. 

Las especies que se constituyen como malezas en el cultivo del trigo son numerosas y su presencia depende de varios factores como: la región triguera en que nos encontremos, el sistema de labranza (o ausencia de ellas), el cultivo antecesor, la rotación de cultivos, los herbicidas utilizados en el cultivo anterior y las condiciones ambientales como temperatura del aire y humedad del suelo.

La eficacia de los tratamientos con herbicidas está directamente relacionada con el estado del cultivo así como de las malezas y del ambiente; en todos los casos, una adecuada tecnología de aplicación no debe perderse de vista.

Respecto al cultivo, los tratamientos con herbicidas hormonales (por ejemplo 2,4D, MCPA, Picloram, Dicamba) muy tempranos (previo al doble lomo del meristema apical) o muy tardíos (posteriores a la diferenciación de la espiguilla terminal) pueden conducir a manifestaciones de síntomas de fitotoxicidad e incluso a reducciones significativas en el rendimiento. En general, estas restricciones no alcanzan a las sulfonilureas como metsulfurón metil.

Es importante considerar que para un buen control las malezas deben ser pequeñas, jóvenes y en activo crecimiento. Un ambiente desfavorable, generado principalmente por heladas y/o sequía, incrementa la probabilidad de daños al cultivo así como un pobre desempeño de los herbicidas sobre las malezas.

Calidad de la semilla:

En este punto, debemos asegurar tanto la calidad fisiológica como la calidad genética de la semilla que vamos a utilizar. Los atributos fisiológicos a considerar son:

1) Viabilidad del lote de semillas, es lo que va a definir su utilidad o no para la futura siembra. La viabilidad es la condición que deben poseer todas y cada una de las semillas del lote, es decir, su condición debe ser el de “estar vivas”. Cuanto más alto sea este atributo, mayores posibilidades va a tener el lote de conservarse y producir plántulas.

Los usuarios de semillas de trigo deberán exigir a los lotes una condición de viabilidad superior a 85 %.

2) Germinación, constituye una exigencia más sobre el lote que posee un alto porcentaje de semillas vivas y, además, deben ser capaces de germinar y producir una alta proporción de plántulas normales bajo condiciones totalmente favorables para la especie. Este atributo es el que va a constituir el llamado Poder Germinativo, que será utilizado junto con la Pureza del lote en la fórmula para el cálculo de la densidad de siembra. A su vez, es el valor que figura en el marbete y se lo utiliza internacionalmente para la comercialización de la semilla.

3) Vigor, es el valor que nos informa qué porcentaje de semillas vivas son capaces de germinar y producir plántulas normales. Lo harán en condiciones no favorables de siembra a campo.

4) Sanidad, tiene relación directa con los patógenos que han logrado infectar la semilla durante el proceso de producción a campo. Estos patógenos pueden encontrarse interna y externamente en la semilla. Este atributo es tan importante que puede condicionar a los tres anteriores hasta el punto de que una semilla potencialmente viable no logre germinar ni producir una plántula. Como resultado de los análisis sanitarios se determina el nivel de infección que posee la muestra y los patógenos presentes, datos fundamentales para recomendar los productos terápicos de semilla a aplicar.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, surge la necesidad de recomendar la realización de los distintos análisis determinantes de calidad fisiológica y genética de manera confiable, utilizando todas las herramientas disponibles al alcance del usuario de la semilla y que en nuestro país es representado por los más de 170 Laboratorios de Análisis de Semillas acreditados por el INASE.

Manejo del cultivo:

Las decisiones de manejo deberían hacer coincidir los períodos críticos del cultivo, que es cuando la disponibilidad de recursos debe ser óptima, con aquellas condiciones ambientales que maximicen el rendimiento del cultivo. De esta manera, es necesario tener en cuenta que un óptimo rendimiento del cultivo está condicionado por: la fecha de siembra, la densidad de siembra, la variedad como así también de otras prácticas como el manejo del agua.

El Rendimiento Potencial (RP) de un cultivo se obtiene cuando éste crece sin restricciones hídricas (bajo riego) ni nutricionales, libre de malezas, plagas y enfermedades, y solo está condicionado por la radiación solar, la temperatura y la variedad. En tanto que el Rendimiento Máximo Alcanzado (RAs) es aquel cuando el cultivo crece en las mismas condiciones que el anterior pero está condicionado por el régimen hídrico de la región. A modo de ejemplo: durante la campaña 2015-16 el RP logrado en la EEA de Oliveros fue de 6.280 kg.ha¯¹ para un trigo de ciclo largo y de 6.340 kg.ha¯¹ para uno de ciclo corto; en tanto el RAs fue de 5.375 kg.ha¯¹ y de 5.209 kg.ha¯¹ respectivamente. El rendimiento promedio de las 5 últimas campañas, en lotes de productores, en los departamentos del sur de Santa Fe fue de 3.600 kg ha-1.

Estas brechas entre RP, RAs y el obtenido por los productores se podrían disminuir con un manejo más preciso del cultivo (variedades, fecha de siembra, densidad, dosis óptima y momento de fertilización).

Modificar la fecha de siembra exige, en general, cambiar la densidad de siembra y el cultivar para maximizar el aprovechamiento de los recursos (agua, luz y nutrientes). Las fechas más tardías exponen al cultivo de trigo a mayores temperaturas, por lo tanto existirá un acortamiento de las etapas de crecimiento y desarrollo reduciendo, principalmente, la cantidad de macollos por planta, restringiendo así la potencialidad del rendimiento.

La selección de la densidad está relacionada con la estabilidad del ambiente y su influencia sobre el mecanismo compensador (espigas por planta). La densidad de plantas afecta, fundamentalmente, la radiación interceptada a través de lograr mayor o menor cobertura tempranamente. La mayor respuesta a la densidad en trigo se observa cuando los valores logrados son inferiores a 150 plantas m-2, dependiendo del ambiente en el cual se ubique al cultivo. Una densidad de siembra por encima de este valor logrará una optimización de la cobertura del suelo y, por lo tanto, una mayor y más rápida captación de radiación del cultivo que incrementará la tasa de crecimiento y producirá una mayor cantidad de destinos potenciales.

La elección de la variedad resulta de relevancia para aprovechar de manera óptima la oferta de recursos del ambiente de producción y así tolerar o evitar las adversidades bióticas y abióticas.inferiores a 150 plantas m-2, dependiendo del ambiente en el cual se ubique al cultivo. Una densidad de siembra por encima de este valor logrará una optimización de la cobertura del suelo y, por lo tanto, una mayor y más rápida captación de radiación del cultivo que incrementará la tasa de crecimiento y producirá una mayor cantidad de destinos potenciales.

Nutrición y fertilización:

Dado que los suelos de la región agrícola el sur de Santa Fe tienen deficiencias de nitrógeno (N), fósforo (P), azufre (S) y también de algunos micronutrientes como cinc (Zn), el análisis de suelos es el punto de partida para un correcto diagnóstico de la fertilización. Esto nos permitiría identificar los nutrientes deficientes y lograr los rendimientos esperados, en un marco de manejo sustentable del sistema. 

En el caso del P, valores por debajo de 18 ppm en los 20 cm superficiales indican que la probabilidad de respuesta a la fertilización con este nutriente aumenta. Como presenta baja movilidad en el suelo, puede tener efectos residuales en los cultivos siguientes (por ejemplo soja de segunda); en consecuencia, se puede aplicar en el cultivo de trigo una dosis para la secuencia completa (trigo – soja 2ª).

Para N, la recomendación de fertilización se puede basar en el contenido de N (en forma de nitratos) hasta los 60 cm y en base a esta cantidad, fertilizar el cultivo hasta alcanzar un umbral de respuesta que puede ser de los 95 kg de N por hectárea (para un rendimiento objetivo de 4.500 kg.ha-1). Para expectativas de rendimiento superiores al mencionado, este umbral puede ser de alrededor de 120 kg de N por hectárea (siempre considerando el N inicial + N del fertilizante). El momento de aplicación puede ser a la siembra o hasta el inicio del macollaje (5-6 hojas).

La fertilización con S es importante en lotes degradados, con bajos contenidos de materia orgánica y principalmente en aquellos donde no se ha aplicado fertilizante azufrado en los últimos años y con monocultivo de soja.

Experiencias realizadas en el sur de Santa Fe (en las últimas campañas), han mostrado respuestas importantes a la fertilización con Zn, aplicado en forma foliar o chorreado en la etapa de macollaje.

Comercialización del trigo:

En los últimos cuatro años, el precio internacional de trigo (Precio Chicago Estados Unidos) ha venido bajando en picada, pasando de U$S 400/TN a menos de U$S 180/TN. La principal razón de este fenómeno fue el crecimiento de la oferta por encima de la demanda, generando saldos positivos y una cada vez más abultada oferta de este cereal. Estados Unidos, gran exportador de granos, viene perdiendo año a año mercado de exportación de trigo, por lo que sus precios de referencia mundial se ven presionados por la menor preferencia del mundo hacia esos trigos.

Bajo este contexto, y con un mercado local que reabrió sus puertas a la exportación de trigo, vale la pena referenciar nuestros precios a los internacionales. Para ello, es clave diferenciar dos tipos de trigo, cotizados en nuestro mercado de exportación: “trigo pan” y “trigo bajo en proteínas”.

El TRIGO PAN cotiza a precios similares a los del trigo pan en Estados Unidos, por lo que podríamos esperar un precio local entre U$S 140 y 170/TN.

Sin embargo, las pizarras reflejan otro tipo de trigo, que es el TRIGO PAN BAJO EN PROTEÍNAS. Con un porcentaje de proteína menor a 10.5%, este ganó volumen en los últimos años, debido a la quita de tecnología por problemas de coyuntura en su comercialización. Normalmente, cotiza U$S 20 a 30/TN por debajo del trigo pan, llegando a estar U$S 50/TN por debajo (U$S 130/TN – Trigo Pan bajo en proteína versus U$S 180/TN – Trigo Pan).

Por ello, destacamos que diferenciar el trigo pan del trigo pan bajo en proteínas será el desafío de la campaña 16/17. Valorar el trigo pan a niveles de precio comparables con los internacionales, nos dará la motivación necesaria para producir, segregar y comercializar nuestros trigos con mayor competitividad. Esto es nada más y nada menos que desarrollar el mercado de trigo, postergado desde hace muchos años en nuestro país.