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Silobolsa en plena tarea

Una década después de la 125- Por Iván Ordóñez

Se termina un febrero seco, sequísimo. El 10 de marzo se cumplirán diez años de la fatídica Resolución 125 y del inicio de la mayor sequía desde el retorno de la democracia. Las consecuencias que se avecinan por la #Sequía18 desnudan que como sociedad aprendimos muy poco de ambos eventos.

Nunca es ocioso recordarlo: los agronegocios (y en particular la agricultura) deben mirarse bajo el tamiz del largo plazo ya que siempre hay eventos catastróficos para los que hacer caja es clave. Las retenciones disminuyen ese potencial ahorro en los momentos de cosechas abundantes para poder enfrentar los años climáticamente ruinosos. En total tienen un quíntuple efecto: no discriminan ganadores de perdedores (como si lo hace ganancias), son pro-cíclicas ya que capturan mayor ingreso cuando peor le va al productor, castigan al productor más alejado del puerto y desmejoran la relación insumo/producto retrasando la inversión en tecnología. Además, dado que solo estos las tributan, discriminan a los agronegocios. En suma, las retenciones son una calamidad.

Con los datos de febrero el presidente del Banco Central puede estar, por lo menos en términos de “agro-dólares”, parcialmente tranquilo. Argentina es muy importante en el mercado mundial de granos de soja, pero más importante aún en el de harina de soja. Esto tracciona. Hay un parcial recupero en precio por lo que se está perdiendo en cantidad. Sin embargo, se desconoce cómo reaccionarán los mercados si la sequía se profundiza. ¿Logrará la suba de precios en soja estar acorde con la caída en producción? No está claro, es un partido que se juega minuto a minuto y además: 

#NoSeOlvidenDelMaízyLaGanaderíayLosTambosQueTambiénSufrenYElPrecioNoCompensa. Miramos atentamente la evolución de la campaña brasileña. En la #Sequía09 los precios no llegaron a compensar y se perdieron 10 mil millones de dólares de exportaciones frente al año anterior y al siguiente.

El problema agregado para el frente macroeconómico externo está solo por ahora parcialmente contenido, no así la calamitosa situación tierra adentro. Para empezar, el incremento de precios que se da fuertemente en la harina ¿se traducirá de forma automática al grano vendido?

Iván Ordóñez

Por otro lado, la #Sequía18 está marcadamente concentrada, particularmente en la provincia de Buenos Aires y La Pampa, mientras se expande a otras zonas. El impacto se sentirá no solo tranquera adentro, sino también en los prestadores de servicios presentes cuyo servicio no se requerirá (cosecha y logística los más importantes) y pasados, a los cuales será difícil pagarles los servicios ya utilizados. Se tensará la cadena de pagos que en zonas de seguidilla de campañas flojas, como el Sudeste ya está al máximo. Adicionalmente para aquellos que tienen poco para cosechar la suba de precios implicará una pésima noticia: un conjunto de precios del sector (particularmente el arrendamiento) está nominado en soja, lo que incrementará sus costos. En el 2009 se confundió el efecto de la mega sequía con la crisis financiera global, pero el golpe fue más duro por la seca para un país aislado financieramente del mundo. La #Sequía09 además implicó un quiebre de tendencia frente a los años dorados de expansión del áreaagrícola.

Lamentablemente mirar la coyuntura de la sequía es conformarse con poco. Hace años que dejamos de exportar más de 70 mil millones de dólares

en parte por la caída de los precios internacionales, en parte por la crisis brasileña que es nuestro principal cliente, en parte porque la anterior gestión al prohibir exportaciones destruyó actividades enteras y nos cerró mercados. Por sobre todo: porque el país no es competitivo y le cuesta relacionarse con el exterior.

Clausurar la discusión de la Resolución 125 no solo implica cumplir con el calendario de reducción de retenciones que traslada la carga impositiva al Impuesto a las Ganancias, sino también trabajar por un sistema de seguros climáticos todo riesgo que proteja a todos los que participan de los agronegocios del impacto cada vez más violento del cambio climático. Es un esfuerzo del cual todo el sistema de agronegocios debe participar y ser consciente de la importancia del desafío.

Agronegocios con flujos de caja zigzagueantes como el clima no pueden recibir flujos significativos de inversión. Esa inversión es extremadamente necesaria para incrementar nuestra infraestructura y también la complejidad de los negocios que hacemos. Sin inversión no hay incremento del capital, si el capital invertido no crece tampoco lo hace la productividad. Sin esta no hay competitividad, sin competitividad no crecen las exportaciones. El país no podrá desarrollarse y reducir ese 30% de pobreza que es agobiante y permanentemente jaquea la estabilidad social con su muy pequeño mercado interno. Para crecer necesita exportar. Estar en la posición número 36 en el ranking mundial exportador no es suficiente. Para ser confiable el Planeta #Campo tiene que ser estable.