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Y la crisis en Argentina, ¿cuándo vendrá? Por Ing. Pablo Adreani

Aprovechando mi estadía en EE.UU. durante la primera semana de marzo, participé de un par de seminarios donde discutimos entre varios analistas cómo estamos viendo las proyecciones del negocio agrícola en cada uno de los principales países productores y exportadores de commodities.  Me pareció oportuno compartir con ustedes un artículo del prestigioso diario “The Wall Street Journal” publicado un par de semanas atrás, y los acertados comentarios de mi amigo y colega Dan Basse, analista de Ag Resource, con base en Chicago. El titulo de esta columna refiere a cómo estoy viendo la situación del sector agrícola en la Argentina.

 

Nueva crisis en ciernes, para la agricultura de EE.UU: “Caen los precios por el exceso de producción y stocks”.

   The Wall Street Journal

 

Desde 1803 que no se da el hecho de que en el cinturón agrícola haya menos de 2.000.000 de explotaciones. Muchos productores salen del negocio ante las recurrentes crisis causadas por los excedentes de granos y los precios en baja. Hoy EE.UU. participa en menos de la mitad de lo que lo hacía en el mercado mundial de granos, en los ´70. Su participación ha bajado del  65% al 30%. Y la rentabilidad de los farmers americanos caerá 9% este año, según el USDA. Cuatro años de declinación en las ganancias, lo más flojo desde la Depresión del ´30. Y esta es la campaña con menor área sembrada  de trigo invernal en más de un siglo.

Se está viendo que muchos agricultores asumen actividades laborales en paralelo, adicionales al campo, en varios Estados. También, que otros aprovechan algunas ganancias previas para comprar campos de vecinos en apuros. Además, las oscilaciones en los valores agrícolas se han vuelto más nítidas y menos previsibles, para algunos, ante la creciente presencia de países en el reparto de la agro-economía global. Hay entonces más interrupciones potenciales a causa del clima, el hambre o razones políticas.

Analizando un par de décadas atrás, se observa que el maíz variaba sus precios de un año a otro en  1 u$s/bu (3,7 u$s/ton.)  , y ahora 4 u$s/bu (14,8)  o más, desde 2006. El boom de los biocombustibles y el crecimiento de China impactaron en el negocio agrícola de EE.UU., provocando más inversiones, compra de campos y equipos, etc. En 10 años, aumentó en 73 millones de hectáreas el área de cultivos en el mundo, dicho aumento se ha dado en otros países donde los productores  trabajan con  menores costos de producción, mayor cercanía a los puertos y mercados, además crecen rápidamente y con mejoras en la infraestructura.

Nunca hubo tanto maíz y trigo en el mundo. Ni tantos granos almacenados. Con respecto a la evolución de superficie, cantidad de explotaciones y tecnificación, se da que los campos son más grandes pero hay muchos menos que antes: de 6 millones en 1945 se pasó a algo más de 2 millones en 2015, 70 años después.

Mientras, Rusia pasó de ser gran importador de trigo y de maíz a mayor exportador, en 25 años. Dan Basse, presidente de AgResource Co., de Chicago, dice que si el año pasado hubo más trigo fue para aprovechar la suba del dólar contra otras monedas. Esto incentiva a los agricultores rusos a exportar tanto trigo cuanto fuera posible en dólares, que rinden casi el doble de rublos que en 2013. Un dólar fuerte hace que en varios países los precios agrícolas se reduzcan. Basse piensa que lo que pasa en el agro estadounidense es una des-estimulación, “una hemorragia lenta, no un corte en la yugular”.

Yo me pregunto: El agro argentino no podría entrar en la misma situación si los precios bajaran? Y de hecho no le está sucediendo hoy lo mismo con el permanente aumento de sus costos de producción en dólares y el aumento constante de los rindes de indiferencia?  Si se mantiene la tendencia de los últimos 5 años, va a llegar un momento en que los rindes de indiferencia serán mayores a los que puedan cosechar los productores. De hecho esto sucedió en el NOA cuando cayeron los rendimientos por efecto de 3 sequías consecutivas. (N de la R)

En 2016, Obama acusó a China de subsidiar injustamente la producción de trigo y perjudicar a EE.UU. limitando importaciones, y anunció ayudas por más de u$s 7 billones en créditos. Hacía 50 años que EE.UU. no exportaba tan poco trigo. Basse piensa que en 5 años no va a ser económicamente viable exportar trigo desde Estados Unidos.

Sin embargo, muchos analistas creen que la crisis agrícola de los ´80 fue peor. Había sucedido un boom previo y cuando los precios cayeron, el escenario fue de agricultores muy endeudados, dado el aliento a invertir que los altos niveles de precios habían generado previamente. El colapso sobrevino con la suba de tasas de interés, y miles de productores salieron del agronegocio. Las tierras se abarataron, y esto provocó una mayor participación de quienes se quedaron en el  negocio y crecieron en superficie propia y alquilada. Ahora, en cambio, se cree que la tierra mantendrá sus valores. Los rindes récord de 2013 dejaron a muchos productores con significativos ahorros, las tasas suben pero están cerca de sus mínimos históricos y aunque haya proyecciones de aumento de la relación deuda/activos, este año (por quinto consecutivo) la misma sigue siendo baja en términos históricos.

El costo de insumos como los fertilizantes ha bajado, y muchos economistas creen que habrá presión creciente sobre los precios de las semillas, agroquímicos y el alquiler de campos. Si el clima jugara en contra de las cosechas,  la oferta se achicaría, y aumentaría la  demanda, entrando en un proceso de reducción de los stocks en Estados Unidos.

Hasta aquí los principales puntos del artículo de The Wall Street Journal.

¿Qué está sucediendo en la Argentina, cuando vendrá la crisis?

Podemos decir que nuestro país estuvo a punto de ingresar en  una de las peores crisis de su historia, muy similar a la sucedida en el año 2000. En esta oportunidad han sido las elecciones democráticas la que permitieron el acceso al poder de una fuerza política nueva, venciendo la historia de 50 años de gobiernos peronistas, con chispazos de gobierno radicales. El gobierno de Macri ha tomado nota de la importancia que tiene el sector agropecuario para la economía del país, tanto desde el punto de vista interno como externo.

Alguien en el poder político del actual gobierno ha tomado conciencia que en el mundo actual son contados con los dedos de una mano los países que pueden producir y exportar alimentos. Junto con Estados Unidos, Brasil, Rusia, Canada y Australia, nuestro país integra el reducido y selecto grupo de países exportadores de alimentos. Últimamente se suman la India y Ucrania. Gracias a la política agrícola del gobierno, eliminación de retenciones al maíz, trigo y girasol, y baja del 5% anual en soja (segunda baja se pospuso para el 2018, con quitas del 0,5% mensual a partir de enero del próximo año), los productores se han salvado de la quiebra en masa, léase una crisis mucho más profunda que las anteriores.

Sin embargo, a pesar de la quita de retenciones y reducciones como es el caso de la soja, los márgenes del negocio de cada uno de los cultivos se van reduciendo año tras años. Dicho en forma más directa, cada vez el productor gana menos plata. Sucede que en los últimos 5 años se ha ido consolidando lo que yo llamo “inflación en dólares” de los bienes y servicios que influyen en el negocio agrícola. Yo no diría que el dólar está atrasado, el dólar está directamente “congelado” mientras la tasa de inflación sigue aumentando aunque a un mayor ritmo que en años anteriores. Por menor que sea la tasa de inflación para todo el 2017, el gobierno está considerando un 18%, y las consultoras privadas un 25%.  

El solo ajuste por inflación de los costos en pesos de bienes y servicios implica un ajuste en dólares que va directamente a un aumento de los costos de producción de todos los productores, siendo los más perjudicados aquellos que están más alejados de los puertos y centros de consumo. Estamos viviendo una suerte de “convertibilidad dolarizada”, donde el dólar se mantiene en 16 $/u$s o menos si el gobierno no saldría a sostener la divisa, y el costo de bienes y servicios sigue aumentando en pesos, a la par del ritmo de inflación.

Un párrafo final,  para que el productor esté preparado para lo que está por venir. El gobierno confirma que el dólar seguirá atrasado por lo menos durante todo el 2017. Últimas reflexiones, ya pensando en la rentabilidad del negocio para el 2018, pues la campaña actual ya esta jugada.

Vamos a un modelo de “Convertibilidad en dólares con insumos pesificados siguiendo tasa de inflación”.

Y hasta que la inflación no llegue a un digito van a pasar al menos tres años. Es decir, un modelo con la peor de las combinaciones, y las consecuencias están a la vista, y la vienen sufriendo los productores desde hace más de 5 años:

*aumento de los costos de producción en dólares.

*aumento de los rindes de indiferencia. Cada vez hay que producir más cereal para pagar el costo de producción.

*caída en los márgenes de ganancia.

*pérdida de liquidez para enfrentar los costos de la próxima cosecha 2017/18.

Herramientas para defendernos de la caída constante de la competitividad:

*Utilizar semilla certificada que garantiza, pureza, poder y energía germinativa. Con tratamiento previo de pelleteado de semilla, que contenga fungicida, fertilizante, energizantes, todo lo que ayude a tener un buen stand de plantas a la emergencia y un potencial genético de primer nivel.

*Bajar costos de producción en aquellos ítems que se puedan bajar.

*Mejorar dosis de fertilización en aquellos casos donde hay respuesta económica.

*Bajar el costo del arrendamiento.

*De no poder bajar el costo de arrendamiento, ir a esquemas de negocios compartidos (un productor pone la tierra, otro productor pone los insumos y un tercer contratista que pone las máquinas y los trabajos de siembra, pulverización y cosecha). Se prorratea la ganancia en función de la asignación de costos y aportes de cada una de las partes.

*Bajar costo de flete tratando de vender fuera de momento pico de la cosecha.

*Anticipar ventas forward o venta futura en el MATBA, cuando el precio futuro nos asegura un margen de rentabilidad aceptable para cada caso en particular de la coyuntura de ese momento.

*Maximizar las herramientas financieras que hoy están a disposición para cualquier productor en cualquier punto del país. Si tengo un producto que cotiza en dólares, y la tendencia futura de los precios se proyectan a la baja, qué sentido tiene que un productor retenga el grano, no lo venda y tenga que sufrir una doble pérdida. La primera pérdida por la caída en el precio del dólar o dólar estancado, y la segunda pérdida por la potencial caída en el precio del grano.