Por Gabriela Reatti, de Nexus Agro.

 Ingeniero Agrónomo egresado de la UBA, fundador de la revista Infortambo y creador de Mercoláctea junto a su hermano Félix. Dedicado al campo de la familia, alasesoramiento y al trabajo en empresas del sector agropecuario.

Él es Alejandro Sammartino. Persona y personaje nacido de la fusión entre el campo y la ciudad, el tambo de pie en el barroy las empresas, la lechería y el periodismo especializado.

En su despacho del Ministerio de Agroindustria, preguntamos y analizamos la visión, las propuestas y cómo planea llevar adelante su gestión el flamante Subsecretario de Lechería de la Nación. Un funcionario político, “políticamente incorrecto”.

Alejandro Sammartino, subsecretario de lechería de la Nación

Alejandro Sammartino, subsecretario de lechería de la Nación

 ¿Cómo llega a ser Subsecretario de Lechería de la Nación?

Casi te diría que es por casualidad que estoy por acá, te voy a ser sincero… Yo no participaba en Cambiemos. Me simpatizaban las ideas pero no había trabajado en el partido, en la coalición, y no había hecho ningún contacto previo. Conocía a algunas personas porque venía trabajando muy fuertemente con la Fundación del Plan Estratégico Lechero (FUPEL), especialmente con Juan Linari, quien era de alguna manera el referente para ocupar ese cargo.

Después se empezó a escuchar mi nombre; comenzó a rodar, casi misteriosamente, entre distintas entidades; desde la COPAL, las cooperativas. Era un nombre que no tenía ni influencia entre los productores ni entre la industria. Si bien soy productor agropecuario, no era un dirigente lechero ni era un industrial.

¿Por qué considera que lo convocaron?

Creo que me vieron como una imagen neutral que tenía como capital un conocimiento importante de los actores, pero ninguna influencia. Conozco a muchos dirigentes, conozco las industrias, conozco a muchos productores, asesores. Conozco la cadena y sé cómo funciona. Y creo que, de alguna manera, fui una figura neutral que no generaba rencores o sospechas, en una actividad que está muy sospechada.

¿A qué hace referencia cuando habla de rencores o “actividad sospechada”?

A que uno de los desafíos que tenemos hacia adelante es el tema de la desconfianza. Tenemos que volver a construir puentes de confianza. Y me parece que eso fue lo que llevó a que termine ocupando un cargo político, no siendo político.

 ¿Cómo llega a dedicarse a la Lechería como especialización, dentro de su actividad en el sector agropecuario?

En la facultad hice la especialidad en Producción Lechera y después realicé muchísimos cursos y viajes. Posteriormente fui editor de Infortambo, una revista de lechería técnica,que es como estar en un permanente curso, ya que accedes a un montón de información y material de primera, sobre todo, información de calle, que es la que uno adquiere cuando va a visitar los tambos, está con asesores y puede hacer análisis de casos.

Más allá de no venir de la política, seguramente tenía opiniones formadas al respecto. En este sentido, ¿cómo pensó la formación del equipo y con qué criterios eligió a las personas que lo acompañan?

Yo tenía algunos criterios. En una Argentina tan dividida y, específicamente, en una Lechería tan dividida, entendí que el grupo tenía que ser federal. Tenía que, de alguna manera, tener referentes en las provincias: en Santa Fe, en Córdoba. Tenía que contar con personas que entendieran la idiosincrasia de cada provincia; algunas que tuvieran un perfil más industrial, otras de perfil productivo. El equipo no tenía que ser homogéneo; me encanta el enriquecimiento que genera la diversidad.

En un país donde era blanco o negro yo dije: metamos colores. Entonces, lo que busqué, más allá de los nombres, era eso. Una paleta de técnicos que hasta pensaran diferente, pero que se encontraran en la idea de dejar de lado las ideologías y empezar a trabajar las ideas y los valores.

¿Hay alguna línea marcada por el gobierno, en cuanto a la formación de los equipos y el trabajo de la Subsecretaría?

ALEJANDRO SAMMARTINO (12)

Es terminante la línea en términos de honestidad y de trabajo. Entonces buscaba para el cuerpo técnico gente que sea honesta intelectualmente y en todo lo que esel valor de esa palabra, que sea dedicada y que le gustara trabajar en equipo.Hoy tengo mucha esperanza en el cambio de expectativas que podemos generar en la gente.

La mirada de este gobierno consiste también en considerar que la construcción de una gestión pública se hace desde los casos particulares. No somos un ministerio de puertas cerradas o que tenemos difícil acceso. Como servidor público, yo tengo que atender las necesidades de todo el sector. Por supuesto, atendiendo a los intereses de la sociedad –porque nosotros somos un gobierno votado por la sociedad, no soy representante ni de los productores ni de los industriales- pero tengo que estar y estoy al servicio de ellos.

¿Cuáles son los primeros pasos para consolidar un cambio de expectativas y salir del estancamiento del sector?

La Lechería llegó exhausta al 2015. Llegó totalmente agotada desde el punto de vista económico, financiero, pero, sobre todo, de los ánimos. A una actividad de largo plazo como es la lechería, en una Argentina cortoplacista como la de los últimos años -aún antes del último gobierno- no le puede ir bien. Y eso es lo que pasó: la lechería llegó agotada de ver que en el mundo se vivió una fiesta y que nosotros no lo pudimos hacer. En este sentido, me parece que lo primero que hay que hacer es levantar la moral. Por supuesto que hay que levantar los precios, pero hay que tener en claro que no podemos culpar a la actividad en sí misma de los errores cometidos desde la gestión gubernamental. Entonces queremos, y es necesario, pasar de un Estado arbitrario a un Estado colaboracionista; de falta de reglas claras a reglas perdurables en el tiempo. A una política donde la estrategia la hagamos entre todos. Ese es el gran desafío.

Cuando habla de levantar la moral imagino que observa un productor agropecuario con pocas esperanzas. ¿Qué puede notar en ellos a partir de este “cambio de mirada” desde el Estado?

Nos encontramos con una lechería desvalida. Me ha pasado de encontrarme con productores que, casi llorando, estaban contentísimos de que había asumido y me decían: “ahora tenemos esperanza”. Y no lo digo por mí. Creo que ahora hay un gobierno diferente que tiene una mirada mucho más amigable, una mirada de más largo plazo. Y eso es lo que a la gente la carga de expectativas. Creo que todos los cambios que se vienen tienen que confluir en una mejora de la imagen de la actividad, dentro y fuera de la cadena. Tenemos que desterrar la palabra “renegar” de los tambos. No puede ser que un productor llegue a su casa y le diga a su familia: “no sabés lo que renegué en los tambos; estoy cansado de renegar.” Tenemos que pasar al disfrute, y ésta no es una palabra superficial. Tenemos que volver a disfrutar de la actividad.

 ¿Qué es “hacer grande” una actividad y cómo se lleva adelante?

Hacer grande es pensar en grande. No sirve cambiar el equipo de ordeñe, no sirve hacer un plan de calidad de leche para el pequeño productor; lo tenemos que hacer grande. Tenemos que inculcar a la nueva generación, la ambición de prosperidad. Tenemos que hacer que ese chico que quiere seguir trabajando con su padre lo haga, no sólo porque la actividad es linda, sino porque le puede generar una oportunidad de progreso. Entonces tenemos que generarle la sana ambición de progreso. Es una mirada completamente diferente y es lo que aprendí a lo largo de estos años;  no alcanza la tecnología para provocar este cambio.

La mayoría de los tambos están estructurados familiarmente, ¿qué pasa cuando las nuevas generaciones no siguen con el negocio o siguen sin la pasión de los padres?

Hay muchos tamberos que permanecen languideciendo con la misma cantidad de vacas durante los últimos 30 años y la nueva generación mira para otro lado. Ese tambero se va haciendo cada vez más viejo entonces, en un momento, se cansa y cierra el tambo. Erróneamente decimos que los tambos chicos se cierran porque no son rentables y, en realidad, es porque nunca tuvieron un proyecto de crecimiento. Paralelamente tenés otro tambo, donde el hijo se enganchó, el padre ambicionó más y ambos, juntos, crecieron. Crecieron con la plata que no tenían y hoy son medianos o grandes productores. Y los dos tienen el mismo origen.

¿A todo el mundo le fue mal en esta última década?

Hay gente en todas las provincias a quienes les fue bárbaro en esta última década. Quienes lograron alinear los planetas de sus aspiraciones personales con el tambo; que eran chicos y ambicionaron. No se tratasolamente un tema tecnológico; por supuesto que tiene que estar el tema tecnológico, pero también juega lo social, lo psicológico. Tenemos que trabajar con otras herramientas que hasta ahora no han sido aplicadas.

Uno con los años, recorriendo tambos y hablando con la gente, va entendiendo que el éxito o el fracaso de las empresas a veces no dependen de cuestiones agronómicas. Depende de la determinación de un dueño, de una familia que está dispuesta a crecer a toda costa. Lo agronómico, lo tecnológico importa, pero importa más ese sueño de familia; el sueño de persona que es lo que obliga a avanzar. Hay que acompañarlos, hay que ayudarlos. Hay que reconvertirlos.

¿Cómo imagina la lechería argentina en cuatro años?

La lechería ideal en cuatro años es: más productores lecheros; más jóvenes metidos en la actividad; toda la gente: tamberos, mixeros, con mejor calidad de vida. Una actividad que genere reconocimiento y la gente diga “estoy orgulloso de ser tambero”.  Me la imagino muy protagonista de los mercados, referente, ordenada, donde estemos trabajando en otras cosas, como la discusión ambiental. El desafío hacia adelante es no sólo ser una lechería amigable con el medio ambiente sino también demostrarlo. Es decir, poder hacer y demostrar el triángulo de la  sustentabilidad ambiental, social y económica.

ALEJANDRO SAMMARTINO (3)

Me imagino una lechería feliz; así lo definiría. Próspera… Palabras que hemos perdido. Tenemos zonas que son ambientalmente fantásticas para las vacas. Entonces, me imagino una lechería más grande. Más vacas, más gente, más prosperidad.

“Tenemos que volver a construir puentes de confianza”

 “Lo que busqué fue una paleta de técnicos que se encontraran en la idea de dejar de lado las ideologías y empezar a trabajar las ideas y los valores”

 “Todos los cambios que se vienen tienen que confluir en una mejora de la imagen de la actividad, dentro y fuera de la cadena”

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