A partir del próximo mes, en la gran mayoría de los campos agrícolas argentinos comenzará la siembra gruesa y el interés de los productores será elaborar planteos y estrategias para alcanzar los mejores rendimientos.

Pero ese interés no es necesariamente el mismo que el de la naturaleza: para los cultivos no es importante cuántos kilos por hectárea arrojan sus frutos sino solo dejar descendencia, independientemente de que sean mil o tres semillas.

Para Agustín Calderoni, Coordinador Técnico General de Stoller, en el algodón esta diferencia es aún mayor, ya que es un cultivo bianual. Es decir, que si no son modificadas con el accionar del hombre sus condiciones naturales, puede que pase más de un año sin arrojar frutos.

“Todas las acciones que toma un profesional influyen en el potencial de rendimiento y en la calidad del cultivo. En muchos casos, estamos yendo en contra de la naturaleza del algodón, ya que debemos generar formas y estructuras de crecimiento para cambiarle su forma de pensar, poder sembrarlo y cosecharlo en solo un año”, señala Calderoni.

Desde su punto de vista, este cultivo que se implanta en la zona de Chaco, Santiago del Estero, Salta y norte de Santa Fe es “muy técnico y fisiológico”, lo que implica que hay que ajustar el manejo agronómico y tecnológico al detalle para alcanzar la producción deseada.

En el caso del algodón, la principal clave es la producción de raíces y su diversificación, para que arroje al momento del desarrollo más ramas laterales que permitan multiplicar la cantidad de puntos de fructificación, y que no se “dispare” solo en altura.

Estimulación temprana

“¿Qué tenemos que hacer cuando se encuentra en estado vegetativo? Optimizar los factores de rendimiento, que no es lo mismo que maximizarlos”, resume Calderoni.

El algodón define su rinde potencial durante sus primeros 40 días después de emergido y, por eso, es importante que desarrolle un vigor importante a partir del sistema radicular.

Como se siembra en el noreste argentino, con mucho calor a partir de la primavera, esas altas temperaturas aceleran muchos procesos y provocan que el funcionamiento hormonal de la planta pueda presentar algunos desequilibrios.

“A esto se suma que, a lo largo de su ciclo de desarrollo, es probable que deba enfrentar al menos dos aplicaciones de herbicidas que generan un costo metabólico: es energía que deja de mandar desde las hojas hacia la raíz, y eso puede provocar un crecimiento radicular que se hace profundo pero no se ramifica”, añade Calderoni.

Tomando estos datos como parámetro, su recomendación es la utilización de Stimulate, el bioestimulante de Stoller que es capaz de lograr esa germinación más vigorosa y más temprana.

“Cuanto menos días demore en nacer y emerger la plántula, tendrá más energía y ofrecerá un cultivo más parejo, con un sistema radicular vigoroso desde el momento uno del nacimiento”, confía Calderoni.

Los resultados, asegura, son óptimos: de acuerdo con 28 ensayos realizados por la compañía en la última campaña, con la aplicación de Stimulate en una dosis de medio litro cada 100 kilos de semillas, se alcanzó un incremento promedio del ocho por ciento en los rendimientos.

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