Argentina tiene la extraña característica de agrandar los problemas y convertirlos en problemones. El fallo de la Corte de los EE.UU, es un problema.  Argentina perdió un juicio y tiene que pagar 1500 millones de dólares ahora, situación  que además genera una cadena de juicios de otros posibles 9 mil millones.

Las idas y vueltas de gobierno hicieron que este problema se convirtiera en un problemón, las dudas sobre acatar el fallo o no habla de los grados de irresponsabilidad que se están manejando y cómo Argentina cree que esto es parecido a un partido de futbol. Como acá todo es negociable, todo es conversable y discutible, se creen que en el mundo también las cosas se solucionan así, y en el mundo no todas las cosas son negociables, ni charlables o discutibles, ya que hay contratos que cumplir, y si esos contratos no se cumplen hay sanciones.

Primero es increíble  que muchos argentinos crean que el Juez Thomas Griesa está en convivencia con los fondos buitres; esto habla de una ignorancia supina, ya que el magistrado hasta el 2010, estuvo fallando a favor de la argentina todo el tiempo,  de hecho permitió que se sucedieran los dos canjes que impedían  embargos del fondo NML, y segundo es no entender  la justicia Norteamericana. Allá no hay conveniencia,  hay ley.

Podemos estar de acuerdo o no, pero lo que no podemos dejar de ver es que esto está en manos de Griesa desde hace más de dos años y, lo que resulta imperdonable es que el gobierno argentino no haya armado una estrategia. No hay idea de lo que debemos hacer y por supuesto, la culpa es de otros.

Esperemos que el fallo de la Corte de EE.UU termine siendo un problema y no un problemón.

Yo les voy a dejar mi visión positiva: Argentina tenía cuatro frentes abiertos: El Ciadi (El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones), que Lorenzino lo cerró con 500 millones de dólares; El Club de Paris, que se cerró con 9.700 millones; Repsol cerrado con 5.000 millones, y ahora está el juicio de la Corte de EE.UU. Están los 4 frentes cerrados. Ideales, no. En las mejores condiciones, tampoco, pero están cerrados. El lado positivo es que podemos llegar a normalizar nuestra situación internacional.

Pensemos cómo el gobierno busca la mejor manera de pagar, sin afectar la sustentabilidad económica en el corto plazo y volver a presentarse al mundo y al mercado de capitales internacionales e inversores con una cara nueva, ya sin ningún conflicto pendiente. Si lo vemos de esta manera podremos saber que Argentina tiene una nueva oportunidad, ahora si lo vemos con anteojeras ideológicas, lo que vamos a tener es más problemas. Permítanme quedarme con la otra visión, mas allá de los argentinos peleando con los argentinos.

Los frentes externos que teníamos se están cerrando y eso significa: más inversiones y la vuelta a los créditos internacionales que tanto necesitamos para volver a crecer.

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