La emprendedora argentina que llevó el internet de las cosas a los alimentos y al agro, recibió este año el premio de MELINDA GATES. Es la primera mujer de habla hispana en recibir estos 2 millones de dólares para potenciar su empresa que nació en la provincia de Cordoba y hace cinco años se mudó a Silicon Valley.

Por: Sebastián Nini-Periodista

Cecilia Flores tiene cuarenta años, nació en Salta y estudió en Córdoba – allí conoció a Lucas Funes, su marido y socio – Estudió Marketing y tiene un master en comunicaciones estratégicas. Trabajó dirigiendo programas de RSE y sociales para importantes empresas con impacto en Latinoamérica. Con Lucas, en 2013 fundaron “Webee Corporation”, una compañía de hardware y software de Internet de las cosas e inteligencia artificial con sede en Silicon Valley. Tienen una hija, Lisa, de cuatro años.  Apuntan el negocio de Webee a la alimentación y a la agroindustria.

¿Cecilia, qué sentiste al recibir el premio de Melinda Gates?

La verdad que recibir el premio es un orgullo tremendo, no solo personal sino de todo el equipo, porque significa una validación muy grande del trabajo que venimos haciendo desde hace mucho tiempo. El enfoque que le hemos dado a la compañía, el esfuerzo que significa crear una empresa desde cero y encontrar una misión de mercado que cumplir como equipo es para nosotros un logro cumplido.

Es una competencia muy ajustada donde este año participaron mil quinientas postulantes, todas mujeres muy preparadas procedentes de universidades de Estados Unidos que las pone en otro nivel de competencia por tener más facilidad de acceso a ciertas cosas que las que venimos de América Latina nos cuesta más. Desde cualquier punto de vista lo vemos como una tremenda validación y un orgullo enorme para todos.

¿Qué diferencia tuvo radicarse en Silicon Valley y cuáles son los grandes cambios que notaste al llegar a allí?  

Varias cosas. Por un lado, el hecho de querer crear una compañía de innovación tecnológica desde Argentina es muy complejo. Fundamos la compañía en el 2013 cuando en la Argentina se hablaba muy poco de esta tecnología, del IOT (Internet of things / Internet de las cosas) y de la inteligencia artificial. Al comienzo, al intentar captar capital o conseguir apoyo se complicaba bastante, no se entendía bien lo que queríamos hacer porque en ese momento no había modelos de negocios probados con IOT y es difícil levantar capital de riesgo si el inversor desconoce cuál es el retorno. Esto pasa en general con estos segmentos de mercados nuevos, no hay contra qué medirlo. Empezamos a encontrar barreras que nos retrasaban en el “go to market” (salida al mercado) y nos dimos cuenta que la única forma sustentable de crecer en el largo plazo era venir a los Estados Unidos.

Nos mudamos con dos objetivos, el primero era validar el negocio, y el segundo encontrar la inversión de capital que tanto nos costaba en la Argentina. Cuando competís en un mercado global las cifras son diferentes, IOT es muy intensivo en la necesidad de capital porque tiene un componente de hardware muy grande y no lo conseguíamos.

¿Cómo sentiste el cambio de pasar de ser la chica que nació en Salta a la directora de una empresa de IOT radicada en Silicon Valley?

El camino fue sostenidamente enfocado. En el medio tuve algunos saltos, porque primero estudié en Córdoba, donde fui creciendo profesionalmente, y donde logré experiencia luego de  trabajar durante casi 15 años en distintas empresas multinacionales. Eso me permitió conectarme con  Estados Unidos y familiarizarme con este mundo.

Estar lejos de casa es muy difícil porque sentís que perdes la red de contención, cuando uno es más joven pierde la conciencia de esta diferencia pero a medida que se crece y la carga se torna más compleja o pesada, uno forma su propia familia -nosotros tuvimos a Lisa – y eso hace que todo se vuelva mucho más complejo. Uno finalmente ve el resultado final pero la verdad que en el trayecto se hizo bastante más difícil. También es real que al no tener tu propio ecosistema, tu propia red, tenés que abrirte lugar, probar la confianza y crear relaciones, algo no tan sencillo en el día a día.

Yo creo que en lo personal nosotros teníamos muy claro el foco puesto en el objetivo de la empresa y eso nos ayudó a llevar todo a buen puerto.

 ¿Entiendo que con tu marido decidieron que la educación de Lisa, tu hija, sea a través de un sistema sin pantallas, es así?

Si, educación Waldorf. Lo hacemos porque estamos convencidos que la infancia tiene que ser un espacio desprovisto de sobreestimulación, la verdad es que vemos que los niños están sobre estimulados. Acá en Silicon Valley hay una exigencia muy grande para con la niñez, los chicos desde chiquitos ya cuentan, leen, escriben… y para nosotros la infancia tiene más que ver con los juegos, la imaginación y sentimos la necesidad de proteger a nuestra hija de todos los bombardeos que hay. Creemos que la tecnología es una herramienta para crear las cosas que uno puede imaginar, pero primero deberá llegar la imaginación como tal.

Cecilia Flores junto a Lucas Funes, su marido y socio en “Weeber”

La idea es devolverle a ella un espacio cuidado, porque la educación Waldorf se parece mucho a mi educación en Salta, jugando en la calle, en lo cerros. La verdad que encontramos el espacio para proveerle esto que estamos buscando. La escuela Waldorf no tiene tecnología y tiene una currícula mucho más basada en la imaginación y en el juego que en la exigencia académica.

Volviendo a Webee ¿Por qué decidieron poner el foco en la alimentación y la agroindustria?

Principalmente porque en el tiempo que venimos trabajando en IOT nos llamó mucho la atención lo poco desarrollada que estaba la industria de la alimentación y el agro en ese rubro. Esto se alineó con el hecho del gran impacto ambiental que implica la industria de alimentos – principalmente la industria agropecuaria y manufactura de alimentos – a causa de ineficiencias que generan un gran desgaste del medio ambiente y del uso de los recursos naturales para alimentos.

Nosotros instantáneamente vimos cómo la tecnología podría generar allí un valor. Fue entonces cuando decidimos hacer foco en la tecnología enfocada en esta industria convencidos del valor que puede tener en términos de sustentabilidad.   

El año pasado del total de inversión en empresas de tecnología en Silicon Valley, solo el 2,9% de ese total fue para empresas de tecnologías de mujeres. Hace dos años el porcentaje fue de 2,3% y a este ritmo de cambio faltan casi 100 años para alcanzar la igualdad.

Cecilia Flores

¿Hay clientes en la Argentina que usen los servicios de Webee?

Si, tenemos varios clientes en Argentina, sobre todo en lo referido al campo y también en manufactura, ayudando a automatizar procesos de una manera que se llama “no intrusiva”, es decir, sin interferir con la tecnología existente. Esto para la manufactura es muy importante porque los procesos son super complejos y al intentar modernizarlos puede generar un cambio y una destrucción en la operación, y la fábrica en general no puede parar la línea ni un minuto.

Encontramos un gran desafío cultural en la adopción de tecnología, principalmente porque esta industria es muy tradicional, están acostumbrados a hacer las cosas de una manera específica, y además necesitan el cambio cultural de entender la tecnología como una aliada para mejorar los procesos. Tenemos que acompañar a los clientes en ese sentido. Afirmamos que no viene a robar puestos de trabajo a las personas, sino a hacer más eficientes procesos que hoy resultan en pérdidas de alimentos, o de eficiencia, o de rentabilidad para una empresa.

 ¿Qué otras ideas o plataformas desde Webee apuntan al negocio agroalimentario?

La inteligencia artificial funciona cuando se puede normalizar la información en una sola base cruzando los datos e información para poder alcanzar una predicción más fina, y así pronosticar modelos a futuro, eso es lo más rico de los sistemas de inteligencia artificial. Hoy, lo que nosotros proponemos es una plataforma agnóstica que permite concentrar todo eso en distintas fuentes de información para darle más valor a los datos.

Por ejemplo, el monitoreo de condición de suelo, temperatura y humedad en tiempo real, permite la mejora en el sistema de irrigación al cruzar la información, haciendo más eficiente la irrigación y ahorrando agua. Con visión de computadoras se puede tener control de plagas evitando pérdidas de toneladas de alimentos que podrían ser evitables. También se puede hacer monitoreo de signos vitales del ganado, alimentación en el feedlot, etc.

Este es el mes de la Mujer rural. En cuanto a la igualdad de género y según tu vivencia en Silicon Valley, ¿crees que cada vez estamos más cerca de alcanzarla?

Creo que es un tema difícil de entender porque hay paradigmas, formas sociales aprendidas tan arraigadas, que resulta difícil verlo. Una ya sabe que tiene que poner el doble de esfuerzo, cuando te comparás con un par hombre te das cuenta que él no necesita hacer ese esfuerzo. Si bien cada vez hay más conciencia, a la mujer le cuesta mucho levantar capital. El año pasado del total de inversión en empresas de tecnología en Silicon Valley, solo el 2,9% de ese total fue para empresas de tecnologías de mujeres. Hace dos años el porcentaje fue de 2,3% y a este ritmo de cambio faltan casi 100 años para alcanzar la igualdad.

Estos premios como el que hemos recibido algún día tienen que desaparecer, no deberían ser necesarios si fueran iguales las oportunidades para todos, el tema es que existen muchísimas políticas e incentivos, pero al final del día es algo que sigue sin suceder.

¡Gracias Cecilia!

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