La crisis del Covid está impactando fuertemente en la demanda de alimentos en los sectores más vulnerables, y es justamente allí donde aparecen los Bancos de Alimentos, articulando entre las empresas, las compañías del sector agropecuario y las personas que quieren donar a organizaciones.

Es en ese contexto donde trabaja Liliana Cagnoli, una “Apasionada por el campo” Programa de BAYER, comparte cómo vive esta reinvención de las organizaciones solidarias en la Argentina.

Por: Diego Peydro, conductor de AgroTV

Liliana Cagnoli es la encargada del área Responsabilidad Social Empresaria de Cagnoli SA. y vicepresidente del Banco de Alimentos de Tandil.

Apasionada, soñadora y constructora de vínculos, explica su concepción de la responsabilidad social y el rol de la mujer en la cadena de valor solidaria.

Liliana, qué papel juega el ADN familiar en tu presente y en tu rol dentro de Cagnoli SA?

El ADN Cagnoli está presente desde hace mucho en mí, recuerdo –por ejemplo- a mi mamá dándole de comer a chicos en situación vulnerable, sentándome a comer con ellos para compartir la mesa.

Quizás de chica no llegaba a entender por qué, pero en la medida en que fui creciendo entendí la importancia del rol de la mujer.

¿Cómo descubriste tu profesión que se expresa con una gran pasión y compromiso aquí en Tandil?

A los 25 años descubrí mi profesión, Licenciatura en Psicología Social, y a partir de ahí me descubrí como persona y todas las herramientas que yo podía aplicar, no solamente en la empresa sino también en la sociedad. A eso le sumé la formación en Responsabilidad Social. Al terminar los estudios regresé a Tandil, un poco por las relaciones familiares y nacimiento de mi sobrino, y además para volcar aquí lo aprendido.

¿Esa vuelta a Tandil trae además la concreción de tu labor en el Banco de Alimentos?

Sí, nosotros ya veníamos como empresa trabajando con el Banco de Alimentos, pero una cosa es donar el alimento y otra cosa es sentarse a trabajar con las personas que brindan asistencia alimentaria. La verdad que fue algo que me marcó mucho.

Hice talleres de capacitación a madres de muy bajos recursos, formé el departamento de desarrollo económico dentro del Banco de Alimentos, fui tejiendo mis vínculos sociales-organizacionales con organizaciones del tercer sector, con el municipio, con la universidad y la verdad que me fui descubriendo en el andar.

¿Cómo es el trabajo y los desafíos que llevas adelante el Banco de Alimentos de Tandil?

Los Bancos de Alimentos son todas instituciones independientes que forman parte de una red nacional de Bancos de Alimentos, con sede en Buenos Aires. Básicamente la operación de un Banco es estar al servicio de recuperar alimentos que estén aptos para consumo humano pero que por alguna razón perdieron su condición comercial – un tomate deforme, una zanahoria chica, falla en la etiqueta, variación de sabor –  todos esos alimentos que fueran al decomiso, nosotros lo recuperamos y los distribuimos juiciosamente en todas las organizaciones de la localidad a la que cada uno de los Bancos pertenece.

¿Qué requisitos necesitan cumplir esas organizaciones que van de la mano con el Banco de Alimentos?

Para que una organización -llámese un comedor, cáritas, una parroquia o cualquier tipo de institución –  pueda estar asociada a un Banco de Alimentos tiene que cumplir con requisitos básicos, por ejemplo, un mínimo de seis meses de funcionamiento y personería jurídica.

“Es importante que se sepa que los Bancos de Alimentos no cubren el 100% de la demanda de un comedor porque, si por esas cosas de la vida, un Banco de Alimentos desaparece, se quebraría la posibilidad de entregarle alimentos a este grupo de personas”

¿Podes llegar a compartir y cuantificar el volumen de alimentos que recuperó el Banco y cuál fue la metodología?

Está cuantificado a nivel local y nacional. Nosotros tenemos una división entre la parte de recupero y la parte de donación propiamente dicha, como ha ocurrido en diferentes oportunidades. Por ejemplo, la empresa Maccain – a partir de que cerraron los restaurantes por la pandemia- no tenía cómo comercializar ese producto y nosotros a nivel nacional logramos recuperar más de 400 camiones que fueron distribuidos en todo el país.

Esto también ha sucedido con cebollas, con zanahorias, con kiwis. De alguna manera la pandemia dio una oportunidad de crecimiento, de articulación fuerte entre los Bancos de Alimentos, creándose nodos regionales. Se potenciaron las alianzas estratégicas entre los Bancos y las empresas que están en condiciones de donar.

¿Cuál es ese porcentaje de recupero?

Arriba del 70%. Esto afecta en la famosa economía circular o de triple impacto y en este momento se está trabajando mucho con la Global Food Banking, con sede en EE. UU y la Red Argentina de Bancos de Alimentos que es socia fundadora, por un modelo que está muy bien trabajado en Colombia y en México el cual esperamos que en breve tiempo pueda ser replicado en Argentina.

¿Cuál es el compromiso y respaldo que obtienen de la comunidad agroalimentaria del campo principalmente?

El sector agropecuario siempre ha sido uno de nuestros mayores aliados y donantes, te lo puedo contar a nivel local, desde Tandil la vinculación que nosotros tenemos con el agro es muy fuerte.

Siempre estamos recibiendo donaciones y acompañamiento no solamente en materia prima sino también en donaciones económicas que permiten que llevemos adelante diferentes Programas.

Apasionada por el campo y comprometida con sus ideales, Liliana Cagnoli apuesta, trabaja y cree en un mundo más equitativo y solidario.

¿Cuál es tu gran sueño?

Sueño con un mundo un poquito más equitativo, creo que todos debemos tener los mismos derechos básicos cubiertos, tener acceso a un alimento, a un abrigo, a una vivienda, a una familia, o sea cosas que te construyen y que son los cimientos de una persona.

Hay una frase que dice “El hambre duele”, y el hambre no es solamente de comida, es también hambre de amor”

¿Cuál te parece es la clave para poder lograrlo?

Creo que la mejor manera de contagiar es soñar, es creer, es pensar que se puede realmente construir el mundo que queremos y no siempre depositar en el afuera la responsabilidad. Lo que tenemos es lo que somos, y aunque muchas veces, nos debilitamos o nos desilusionamos, es parte de la vida.

Sentir amor también significa sentir dolor y es de la única manera que podemos transformar el mundo, comprometiéndonos y sintiendo.

Gracias Liliana!

Programa “Apasionadas por el campo” de Bayer

Apasionadas por el Campo es el programa de BAYER donde las mujeres son protagonistas. Lanzado el 13 de marzo de 2020 durante Expoagro tiene por objetivo acompañar, reconocer y empoderar a las mujeres del agro, a través de un programa que les permita adquirir una mayor visibilidad, formando una comunidad que pueda acceder a diferentes beneficios, dando lugar a un espacio de co-creación con las mismas y reflejando este acompañamiento en nuestra cultura y comunicaciones.

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