Cerca de 80 expertos nacionales y del exterior de distintas disciplinas vinculadas al ecosistema de las cadenas del maíz y el sorgo se congregaron en el Congreso Maizar 2020, el primero íntegramente virtual. Una apuesta a crear una experiencia interactiva de vanguardia que reproduzca el tradicional ámbito de intercambios de este encuentro anual.

“Aprovechando las posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías, nos comprometimos a hacer un Congreso diferente, que marcara un antes y un después en la organización de Congresos virtuales en la Argentina. Sí: las cadenas del maíz y el sorgo proponiéndose, una vez más, estar a la vanguardia del cambio y la adopción tecnológica”, dijo Agustín Tejeda, presidente del Congreso Maizar 2020, en su discurso inaugural.

Alberto Morelli, presidente de Maizar, agradeció a todos los integrantes de cada eslabón de la cadena por seguir trabajando durante la pandemia, y repasó las cifras de este sector: “El año pasado, el complejo maicero, incluyendo las cadenas de carne bovina, aviar y porcina, y la de lácteos, aumentó sus exportaciones más de 37% frente al 2018, siete veces más que las exportaciones totales de la Argentina (5,4%). Las divisas por esas exportaciones, que fueron a 150 países, generaron más de 10.600 millones de dólares, casi el 16% de todo lo que despachó el país. Los múltiples productos agroindustriales que derivan del maíz y del sorgo generan más de 735.000 puestos de trabajo distribuidos equitativamente en la mayoría de las regiones del país”, por lo que estas cadenas pueden verse como las más federales de la Argentina.

Lo biobasado: ciencia transformada en negocios sustentables

 “El mundo tomó conciencia del cambio climático, del deterioro de los ecosistemas, de la pérdida de biodiversidad; ganan terreno estrategias que proponen cambiar un modelo de extraer por uno circular, con reutilización y nuevos productos, servicios y cadenas de valor”, dijo Pablo Nardone.

“Estamos atravesando una revolución 4.0”, dijo Mariana Stegagnini, presidenta de la Fundación CEDEF, que se enfoca en la innovación y las nuevas tecnologías. Una característica de esta revolución es la convergencia entre las innovaciones físicas, digitales y las ciencias biológicas, “con una exponencialidad nunca vista”.

Diego Gauna, del Centro de Investigación en Economía y Prospectiva del INTA, afirmó “La agricultura 4.0 es un cambio de paradigma que tiene menos de tecnología que de modelo de gestión del conocimiento, innovación e institucionalidad”. Y ejemplificó lo que están haciendo en Estados Unidos, Australia y la UE.

Bioceres es la empresa local que quizá mejor ilustra la revolución 4.0. Federico Trucco, su presidente, contó su historia, que comenzó en diciembre de 2001 como una cooperativa de productores y hoy es una empresa con más de 360 accionistas, la gran mayoría productores agropecuarios de la Argentina. Para Trucco, “en la Argentina hay un recurso humano sumamente creativo, un sistema científico con cierta originalidad, y eso lo podés utilizar de una manera muy costo-efectiva para crear startups.  Lo que creo que es difícil en nuestro país es escalarlas, no tanto por el acceso al capital, sino por nuestra parálisis cultural: nos cuesta mucho liderar procesos internacionales, cuando tenemos que proponer un marco regulatorio tenemos temor”.

El greening como oportunidad

“Soy consciente de la fuerza y diversidad del sector agrícola argentino y de la importancia, especialmente los para los grandes y eficientes productores agrícolas como Australia y la Argentina, del libre comercio y los mercados abiertos.  Y, en este contexto, la Organización Mundial del Comercio tiene un papel muy importante que desempeñar”, dijo Crispin Conroy, australiano, director y observador permanente ante las Naciones Unidas de la International Chamber of Commerce (ICC).

Manuel Otero, director general del IICA, dijo que “la agricultura es clave para lograr los objetivos del desarrollo sostenible (ODS)”. “América Latina y el Caribe (ALC) es la región más exportadora de agroalimentos del mundo, con 250.000 millones de dólares en 2018, el 13,6% del total. Lideramos en frutas tropicales, café, raíces, tubérculos, oleaginosas, cereales y proteínas animales, entre otros”.

Otero se centró en “el rol del comercio, que tracciona la seguridad alimentaria y va a definir las reglas de la seguridad ambiental; cada vez va a tener más fuerza, tiene que hacer una contribución sustantiva”. En esta línea, señaló que el greening del comercio internacional puede ser visto como una oportunidad. “En vez de correr atrás de los acontecimientos, tenemos potencialidad de usarlo como diferenciador estratégico para la agricultura de la región, aceptar las reglas de juego y tener actitud proactiva”.

La clave de la economía local sigue siendo la confianza interna

Claudio Zuchovicki señaló que las valuaciones indican que los mercados apuestan a una recuperación en 2021. Lo que no habrá, enfatizó, es renta. “Habrá que impulsar la economía real. Si los mercados tienen razón, el precio de las materias primas subirá, lo que será una oportunidad para la Argentina”.

La clave para una eventual recuperación de la economía argentina es la confianza interna. El Gobierno dice tener un plan, pero nadie lo conoce y eso genera incertidumbre, “Si al Gobierno le importa el sector privado, tiene que arreglar la deuda”, dijo.

La cuestión de la incertidumbre, a su vez, llevó el debate a la decisión oficial de intervenir y eventualmente expropiar al grupo Vicentin. “En Estados Unidos me empezaron a preguntar si eso bajará la capacidad de molienda”, explicó Mesquida. “Pero esa no es la cuestión, porque hay exceso de capacidad instalada, lo que hay es incertidumbre”.

Los dos panelistas coincidieron en la centralidad de China en el escenario mundial. Es la única economía que crecerá este año, destacó Mesquida. Zuchovicki, sin embargo, insistió en que para la Argentina el problema más grave es la credibilidad y transparencia internas.

Mesquida dijo que en lo que resta de la campaña agrícola, es clave cuidar la liquidez, pero admitió la dificultad de ser previsor, mantener el valor de los activos, ser sustentable y ahorrar en un país de alta inflación. “Es un año de transición disruptiva”, concluyó. “Hoy se necesita innovar y tomar decisiones rápidas pensando en lo que realmente sirve, y no por imitación o moda”.  

Argentina podría cosechar 15 millones de toneladas extra de maíz solo mejorando los rendimientos

La futura oferta de productos agrícolas dependerá en 9% de una mayor área cultivada, el 16% de una intensificación del uso de la tierra, y en 75% de un incremento de los rendimientos, ya sea por un aumento del potencial o por un cierre de brechas; esto es, que el rendimiento promedio del productor se acerque al rendimiento potencial, resolviendo las limitantes de nutrientes, malezas, plagas y enfermedades, explicó Juan Pablo Monzón.

“La brecha de rendimientos se puede cerrar hasta 20%, porque la incertidumbre, los temas económicos y demás no permiten achicarla más”. Para el análisis de brechas, contó que existe un protocolo, que evalúa las zonas agroclimáticas, los mapas de área sembrada, las estaciones meteorológicas, los suelos y sistemas de producción, los modelos de simulación y el rendimiento actual. Así se puede determinar el rendimiento potencial en secano. Según Monzón, “para el caso del maíz, en la Argentina, solo reduciendo la brecha, sin aumentar el área, podríamos pasar de 55 a 62 millones de toneladas”.

Monzón afirma: “para el caso del maíz, en la Argentina, solo reduciendo la brecha, sin aumentar el área, podríamos pasar de 55 a 62 millones de toneladas”

El fitopatólogo Marcelo Carmona se refirió a las principales enfermedades fúngicas del maíz, y a su manejo. “¿Cuántas pérdidas causan? Los daños promedio, en el caso de la roya común, que es endémica, se estiman en 10-20%, y a diferencia del resto puede ser más importante en el maíz temprano que en el tardío. En el caso del tizón, los daños rondan de 20 a 40%, y en las pudriciones de raíz y tallo, de 10 a 30%”.  Para Carmona, “la elección del híbrido, más tratamiento de semilla, más rotación, da como resultado una estrategia equilibrada exitosa”.

Andrés Grasso se refirió a las estrategias de nutrición para las decisiones de manejo en maíz. “Un criterio general para los cultivos: los nutrientes limitan los rendimientos”, afirmó. “Los suelos son los mayores proveedores de nutrientes. La fertilización es una práctica para incrementar los rendimientos, y no hay recetas o respuestas únicas”.

Una vez hecho el diagnóstico, hay dos estrategias, según el objetivo de rendimiento que se fije: fertilizar el cultivo con todos los nutrientes necesarios para obtener un 90-95% del máximo rendimiento, o fertilizar el suelo con nutrientes poco móviles, para “reponer”.

La estrategia de fertilización limita el rendimiento. “Cuando no fertilizamos, la brecha es del 30%; con el manejo habitual, el productor cosecha un 15% de eso que se pierde”. Por otra parte, los rendimientos medios se hacen más estables cuando los cultivos están bien nutridos.

Negociaciones internacionales frente a la pandemia: ¿hay que salvar al Mercosur?

El secretario de Negociaciones Internacionales, Jorge Neme, señaló sobre el maíz que todo el know how de la cadena, desde las semillas hasta el etanol y más los bioplásticos, “tiene que ver con el desarrollo, la innovación y la agregación de valor, como la proyección de la Argentina en el mundo. Me parece que las decisiones del Gobierno se tienen que articular con el intercambio con el sector privado, queremos expandir la frontera del maíz, es un actor fundamental en la ocupación del territorio en la Argentina, tiene que haber maíz y fábricas en todas las regiones”.

Desde la otra orilla, el doctor en Relaciones Internacionales Ignacio Bartesaghi opinó que “la pandemia nos va a afectar muy fuerte a todos los países, las inversiones y el comercio internacional, pero los que estamos en agroindustria y alimentos deberíamos separar esto de las tendencias estructurales: el crecimiento poblacional y económico, sobre todo en Asia, va a seguir 20 o 25 años, y luego en África”.

Para él, “el gran desafío es cómo vamos a enfrentar los acuerdos: veo una tendencia simplificadora en la Argentina. El Mercosur tiene ventajas comparativas y tienen que trabajar la competitividad, agregar procesos y servicios al producto primario”.

Respecto del rol del sector privado, dijo que “las experiencias internacionales son claras: en los países que han hecho las cosas bien van juntos el sector público, el privado y la academia; acá oponemos la industria al agro. El agro necesita una política mucho más agresiva. El sector público se mueve lento, el Mercosur tiende a una parálisis. Hay que hacer un esfuerzo por no permitir que el Mercosur vuelva para atrás: tenemos un riesgo de que la Argentina vaya para atrás y una inestabilidad muy fuerte en Brasil. Si el Mercosur no logra resultados, puede ser grave”.

Ley de fertilizantes

Jorge Bassi, presidente de Fertilizar AC,  señaló que “muchas veces, enfocados en la productividad inmediata, no estamos viendo cómo proyectar al futuro la productividad del sistema agrícola, y mientras tenemos que sostener y mejorar la fertilidad de nuestros suelos”. La ventaja actual, dijo, es que sabemos cómo lograr una agricultura de alto rendimiento y bajo impacto ambiental. Las “tres patas” son la siembra directa, la rotación con gramíneas -con cultivos de cobertura, para cuidar el balance de carbono- y la reposición de nutrientes.  “Hoy tenemos una fertilización que genera resultados, pero tenemos mucho por mejorar”, concluyó Bassi.

Jorge Bassi, presidente de Fertilizar AC
 “Hoy tenemos una fertilización que genera resultados, pero tenemos mucho por mejorar”

 “Los incentivos del proyecto de ley son los adecuados para aumentar las dosis de fertilización, y eso llevaría a mayores niveles de producción que compensan el costo fiscal con mayor producción e impuestos indirectos”, concluyó Santiago Rossi, de la Bolsa de Cereales, para que la implementación del proyecto debería ser digital, del modo más directo y menos burocrático posible.

Eduardo Tajada señaló que la Argentina, junto a Brasil y Estados Unidos, es uno de los mayores fabricantes de fertilizantes e insumos fitosanitarios, gracias a la producción de las 16 empresas asociadas a CIAFA. Los estudios y la experiencia de los últimos años demostraron que “cuando hay incentivos y estímulos, el productor invierte y siembra, y la producción aumenta”.

Para Tajada, también lo demuestra lo sucedido en las últimas dos campañas, en que hubo un fuerte aumento de la producción de gramíneas, superando el planteo “soja sobre soja”.

Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos quieren sacarle aún más jugo al maíz

El panel de los tres ministros “productivos” de la “Región Centro” fue moderado por Juan Carlos Martínez, de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, quien recordó que ese territorio pasó de producir 15 millones de toneladas de maíz a 31 millones, el 71% del total nacional.

Daniel Costamagna, ministro de Producción y Ciencia y Tecnología de Santa Fe, resaltó la “coyuntura complicada” que atraviesan la Nación y la región, “complejizada por la pandemia y los grandes desafíos de estos meses”. Si bien no mencionó al grupo Vicentin, destacó la necesidad de “cuidar el aparato productivo y la producción de alimentos, maquinaria agrícola y al sector agroexportador.

En la última campaña, Santa Fe produjo 8 millones de toneladas de maíz que la ayudaron a sostener las producciones porcina, vacuna, avícola y láctea. El desafío, dijo, es hacer lo más estable posible el sistema “desde lo financiero y productivo”.

Juan José Bahillo, ministro de Producción, Turismo y Desarrollo Social de Entre Ríos, citó un estudio de FADA según el cual la cadena del maíz genera 11 empleos cada 100 hectáreas sembradas, lo que implica trabajo para 450.000 personas, o 2,8% de la población ocupada de la Argentina.

En Entre Ríos, dijo, el maíz es clave para la producción avícola, que genera cerca de la mitad de la carne de pollo del país: alrededor de 1,1 millones de toneladas de anuales, provenientes de 3.330 galpones de engorde de pollo, por un valor de 1.000 millones de dólares en 2019; y cerca de 15 millones de docenas mensuales de huevos, en 199 granjas, en su mayoría ubicadas sobre la costa del Paraná. Del maíz entrerriano, 70% se destina al consumo animal, 25% a la exportación y 5% a la molienda de etanol, un agregado de valor local mayor que a nivel nacional, donde la exportación acapara el 67%, el consumo animal el 25% y la producción de etanol, el 8%. A la vez, Entre Ríos tiene un déficit en la producción de maíz: debe “importar” una parte desde Córdoba. Para lograr el autoabastecimiento maicero, dijo, la provincia debería sembrar unas 90.000 hectáreas más de maíz.

Finalmente, Sergio Busso, ministro de Agricultura y Ganadería de Córdoba, destacó la importancia del Congreso Maizar y dio algunas cifras sobre el peso productivo en esta cadena que tiene la Región Centro, que abarca 70% de la producción nacional de maíz; 81% de la producción de etanol; la principal cuenca láctea, con 65% de la producción; 54% de la producción aviar; 44% de la producción porcina y cerca de 30% de la producción vacuna argentina.

Un cuarto de siglo con la biotecnología

 “La Argentina cumple un cuarto de siglo de uso ininterrumpido de la biotecnología”, dijo Gabriela Levitus, directora ejecutiva de ArgenBio, que se enorgulleció de presentar a protagonistas de esa historia. “Ese camino comenzó con la soja, y en 1998 se sumaron el maíz y el algodón”, recordó.

Como Estados Unidos y Canadá, la Argentina fue pionera en la incorporación de estas tecnologías, y con tasas muy altas de adopción: a los 13 años rondaba casi el 100%, “lo que demuestra que los usuarios estuvieron muy conformes”.

Juan Kiekebusch, coordinador de biotecnología de SAA y especialista en maíz, afirmó que para él, “los saltos tecnológicos se dan cada 20 o 30 años: primero fue la hibridación, 30 o 40 años después la transgénesis, ahora la edición génica”. Para justificar que ingresaran estas tecnologías, tuvieron que asociarse con Brasil. “Un registro cuesta alrededor de 100 millones de dólares; Brasil fue el primero en lograrlo, esto permite una siembra de segunda, los productos Bt han permitido incorporar el maíz en siembra directa con tecnología de avanzada”, sostuvo.

Maíz: el cultivo más industrializado del país, hecho con las prácticas más sostenibles del mundo

Para graficar la importancia de la cadena del maíz y el sorgo en la Argentina, Agustín Tejeda, gerente de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, dio algunas cifras. “En cuatro campañas, el área sembrada creció 61% y la producción 63%, por primera vez en 23 años el maíz superó a la soja”, indicó. En cuanto  a su contribución económica, presentó algunos valores de 2019: las exportaciones totalizaron 6.600 millones de dólares (un aumento de 60% respecto de 2015); la recaudación fiscal alcanzó 2.960 millones de dólares (77% superior), y el Producto Bruto fue de 12.440 millones de dólares (47% superior).

“Si sumamos no solo la primera transformación, sino también los eslabones de carnes y lácteos, la cadena ya significa el 16% de las exportaciones de la Argentina y el 4,5% del PBI, casi 20.000 millones de dólares”. En el período comparado, gracias a la eliminación de las retenciones, la producción creció de 30,7 a 50,6 millones de toneladas de grano comercial.

En cuanto a empleo, el economista recordó que las explotaciones agropecuarias en el país son 250.881 (77.691 con maíz y sorgo), con 735.524 empleos directos, es decir, el 6,2% de los trabajadores registrados en el país. 

Por otra parte, Tejeda resaltó la gran contribución de la cadena a los sistemas productivos: el maíz es el cultivo con mayor tecnología, el 92% se hace por siembra directa, el 30% realiza muestreo de suelos, las gramíneas contribuyeron con el 43% del área cultivada.

De manera análoga, Gonzalo Agusto, economista jefe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, trazó las características de la cadena maicera en la provincia más maicera: Córdoba, que produce el 38% del cereal, seguida de Buenos Aires, con el 25%, y Santa Fe, con 15%. En los últimos 5 años, el área maicera en Córdoba creció 69%, a 2,7 millones de hectáreas, el segundo mayor valor registrado, dijo Agusto.

El panel cerró con el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Julián Echazarreta, que fue repasando el entramado de leyes que regulan al sector en diversos aspectos, para detenerse en algunas. “El cultivo de maíz tiene un papel clave por sus implicancias positivas en la rotación de cultivos”. Respecto de la Ley de Biocombustibles, que vence el próximo año, dijo que “debe ser reemplazada por una que cree nuevos polos agropecuarios. Hay tecnología y desarrollos nacionales que sustentan la industria del biocombustible”.

Por último, advirtió que, “aun con todo el entramado legal, tenemos algunas leyes pendientes”, y refirió la ley de aplicación de fitosanitarios, la de conservación y mejoramiento del uso de suelos (que perdió status parlamentario por una cuestión tributaria) y una ley de humedales, entre otras. “Hay grandes potencialidades para crecer en biotecnología y bioeconomía”, aseguró, y pidió hacer un “homenaje al productor argentino que invierte fuerte e incansablemente, que se apoya en la tecnología de la información”.

Luces y sombras para las carnes, principal destino del maíz en la Argentina

En la Argentina, señaló Tonelli, en los últimos 10 años, la carne vacuna creció prácticamente un 19% en el volumen ofrecido, manteniendo lo destinado al mercado interno y enviando casi todo el crecimiento a las exportaciones, que pasaron de representar el 9% en 2011, a 27-28% del total este año. “Esto marca que las exportaciones han comenzado a tener un protagonismo importante”. De hecho, la Argentina pasó de despachar 200.000-230.000 toneladas, a 830.000 en 2019. Si se proyecta lo ocurrido en los primeros 5 meses de 2020, da cerca de 800.000 toneladas.

Respecto del consumo de maíz, Tonelli aclaró que hoy, en la Argentina, de las categorías que tienen como destino la producción de carne propiamente dicha (vaquillonas excelentes y todos los machos), cerca de 70% hace su etapa de engorde o terminación de los últimos 100 a 120 kilos a corral. Esto ha implicado un incremento de la demanda de maíz, que históricamente era de 6-8 millones de toneladas, a 15 millones.

En cuanto a la carne de cerdo, Argentina pasó de no estar abastecida a exportar. “Hace tres años se formó el consorcio Argenpork, que agrupa a 20 productores, y ya exportaron el 55% del total de 2019”, dijo Culasso. “A China le faltan 20 millones de toneladas y la Argentina produce 650.000, es una gran oportunidad”.

Como desafíos, Culasso dijo que quieren seguir promoviendo el mercado interno; exportar más a China; abrir otros mercados, y ampliar la capacidad de faena. “Hoy hay solo 9 plantas habilitadas para China, con una capacidad de frío limitada; cerramos 2019 con un 4% de la producción exportada, queremos llegar al 20%”.

Carlos Sinesi, de CEPA, recordó que entre las distintas carnes en la Argentina se consumen 120 kilos por habitante por año, uno de los más altos del mundo.

“Desde la salida de la convertibilidad, la avicultura tuvo un crecimiento exponencial: en 2019 terminó con un récord de 2,33 millones de toneladas. Por la peste porcina africana y el tipo de cambio, la exportación fue de 270.000 toneladas, unos 500 millones de dólares”, dijo Sinesi, y aclaró que la carne aviar se envía a 70 destinos, y China representa el 37%. En el país, la cadena avícola consume 5 millones de toneladas de maíz anuales, además de toda la cascara de arroz para las camas de pollo, agregó.  “Esperamos que, resuelto el problema de la deuda, accedamos a tasas razonables para la Argentina”, concluyó Sinesi.

AgTech: tendiendo puentes para nuevas soluciones

“¿Cómo responde ‘mentalmente’ el campo argentino al proceso de digitalización?”, preguntó Ricardo Bindi, presidente de Agrositio y moderador del panel. Para Federico Bert, director de Investigación y Desarrollo de AACREA, más allá de dificultades y limitaciones es un proceso inevitable que implica un foco en el cliente, “las herramientas digitales sirven para entender en tiempo real lo que quiere la demanda y ajustar la oferta a eso”, destacó.

Sebastián Ferro, presidente de Primary SA, resaltó que las AgTech abarcan más que robots, drones o uso de información satelital; también implican el desarrollo y uso de herramientas para el descubrimiento de precios e información de calidad y logística. La actividad consiste en buena medida en tender puentes y sumar empresas a un ecosistema mediante la creación de plataformas de negociación que faciliten la entrada de la mayor cantidad de ofertas posibles, de modo que las empresas puedan proporcionar acceso a innovadores para que generen desarrollos en esa misma plataforma.

El foco en el cliente que implica la transformación digital supone un cambio de cultura que trasciende la cuestión tecnológica, agregó Diego Viruega, director de Tecnología e Innovación de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Se trata de cubrir espacios, de modo de hacer las cosas más sencillas y avanzar también “puertas adentro”. En la propia BCR, una institución con 130 años de vida, se creó un área de innovación abierta y se desarrollaron alianzas con Israel, la ciudad estadounidense de Saint Louis y el ecosistema local.

Los tres panelistas coincidieron, finalmente, en que la Argentina tiene capital humano e incluso un ecosistema de fondos para impulsar el desarrollo de tecnología y generar un importante volumen de empleos de calidad. “Una de cada dos startups exportaron en los últimos dos o tres años, hay un gran potencial”, señaló Bert. “Hay talento de sobra, muchas empresas de drones nacieron acá y hay un ecosistema de fondos que quieren impulsar el desarrollo de tecnología”, añadió Viruega.

Ley de Biocombustibles

Juan Luis Fernández, ministro de Desarrollo Productivo de Tucumán,  afirmó “tiene que haber una decisión política de superar el lobby petrolero. ¿Qué frena la venta de autos flex en el país, si los fabricamos y exportamos? La Argentina no tiene que copiar matrices energéticas, sino hacer aquello en lo que somos ricos: aprovechar la biomasa”.

El experto brasileño Plinio Nastari, de Datagro Consultoria coincidió en que “es fundamental la previsibilidad: cuando se habla de etanol, de biodiesel y de biogás se habla de un proyecto integral de desarrollo que integra la producción de alimentos con la de energía”, e invitó a “estudiar la iniciativa de RenovaBio, que puede aplicarse en la Argentina”. Desde un punto de vista estratégico, dijo que “estamos en un momento crítico de escoger la estrategia de movilidad. Debemos integrar cada vez más las cadenas de automóviles, porque esta estrategia viene muy bien en India, China y muchos lugares”.

Eduardo Accastello, ministro de Industria y Comercio de Córdoba,  instó a trabajar por la nueva ley: “El Gobierno no puede no estar de acuerdo con este desarrollo virtuoso: los biocombustibles generan proyectos de desarrollo, permiten sustituir importaciones y generar unidades de negocio microrregionales; que el petróleo se exporte y genere divisas. Hay especulación de algunos empresarios petroleros que reciben subsidios y quieren todo fácil. Nosotros no queremos regalías, queremos bonos de carbono”. Y culminó: “Esto cierra por todos lados, no tengo dudas de que se va a votar, el Gobierno va a entender la necesidad de esta ley”.

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