Por: Federico Nuñez – Titular de Inspira RH

Vivir en la época del coronavirus es como protagonizar una película de ciencia ficción. En las personas habita una sensación de incredulidad, de extrañeza incluso con los mismos espacios que antes les resultaban tan habituales. La mayoría de las personas permanecen en sus hogares mucho más tiempo que antes y cuando caminan las calles de sus barrios suelen mirar a su alrededor como buscando reconocer un mundo nuevo. En apariencia es el mismo de siempre, pero todos sabemos que ha cambiado para no volver a ser el que fue; no sabemos bien cómo será, pero estamos seguros que distinto al que conocíamos.

Este nuevo contexto requiere que cada uno de nosotros atraviese un duelo de aquel mundo que conoció y comience a vérselas con las variadas incertidumbres que genera la realidad pandemia y el postcoronavirus. Hay muchas preguntas aun por responder, desde algo tan sencillo como la forma en la que deberemos saludarnos hasta los desafíos que generan los trabajos virtuales y el avance inevitable de la inteligencia artificial desplazando muchos de los trabajos tradicionales.

Dentro de este contexto muchas compañías se han focalizado en dos aspectos muy importantes como la vertiginosa adaptación que requiere el home-office y el diseño e implementación de medidas vinculadas a la higiene y seguridad con la finalidad de limitar las posibilidades de contagio; pero muy pocas han contemplado el impacto emocional y la necesidad de contención que los empleados requieren y requerirán.

El Coronavirus representa una irrupción inesperada, shockeante, sorpresiva y de alto impacto en la vida de cada uno. Cuando algo así ocurre el impacto emocional es realmente alto, algunas personas necesitan un tiempo para adaptarse y otras responden con cierta hiperactividad.

La rutina como forma de limitar el desorden temporo-espacial

La vida de la mayoría de las personas se ha desorganizado, los horarios, los tiempos, los días han cobrado otra dimensión. Se produce cierta desorientación temporo-espacial, todos los días parecen iguales y es común escuchar la pregunta: ¿qué día es hoy? con cierta extrañeza. Para algunos las horas pueden pasar con rapidez y los días volverse poco productivos o por el contrario para otros el home-office puede llevarlos a trabajar más horas de las habituales, dentro de las cuales además se suman cuestiones familiares y hogareñas. Son pocos los que logran encontrar un equilibrio entre sus vidas personales y laborales trabajando dentro de sus hogares. Esta falta de diferenciación entre lo personal y lo laboral, cuando se trabaja desde los hogares, ha llegado para quedarse.

Frente a la desorientación temporo-espacial uno de los mejores recursos con los que contamos es el establecer rutinas; aquellas de la cuales antes nos quejábamos, hoy resultan fundamentales para establecer tiempos, actividades, espacios; en definitiva, actúan como un factor ordenador que favorece un contexto previsible. De esta manera también se logra reducir la ansiedad y aumentar la productividad.

La presencia del miedo

Si bien cada experiencia frente al contexto de pandemia es personal y subjetivo existen algunas emociones que se ponen especialmente en juego. Es importante reconocer que no existen emociones buenas o malas, todas ellas son necesarias, pero debemos distinguir la intensidad de las mismas y su adecuación o no al contexto.

Una de las emociones más presentes en la actualidad es “El Miedo”. Aparece cuando creemos que puede ocurrir algo malo, en estos casos interpretamos casi sin procesarlo racionalmente que estamos en peligro ya que algo malo nos puede pasar y nos sentimos extremadamente vulnerables. El cerebro responde inmediatamente haciendo que la amígdala secrete corticotropina, noradrenalina y dopamina; como efecto inmediato se agudizan nuestros sentidos, y la sangre se desvía del cerebro para dirigirse a las extremidades ya que nos prepara para la acción.

Algunos de los problemas de vivir en situación de miedo permanente son: la digestión se vuelve más lenta, el azúcar aumenta ya que necesitamos producir energía y se pierden funciones no esenciales como la memoria y la lógica. En este contexto se intensifican las sensaciones, se nubla la razón y se conecta el piloto automático para la supervivencia. En ese estado, solemos tener respuestas condicionadas, como pelear o huir.

Por estas razones resulta esperable que percibamos a los empleados como más irascibles, irritables o angustiados.

¿Qué podemos hacer desde RRHH y las empresas para contener y acompañar a los empleados en esta exigente adaptación al nuevo contexto mundial?:

  • Frente a la incertidumbre, certidumbre. Los líderes de las organizaciones deben generar un plan de acción concreto y comunicarlo de manera efectiva dando a conocer las medidas que la organización ha decidido tomar frente a cada instancia de la pandemia.  
  • Liderazgo Directivo. Requiere de líderes capaces de tomar decisiones, seguros de si mismos que transmitan confianza en su proceder.
  • Transmitir tranquilidad. Mostrar confianza en que habrá un mañana que nos permitirá seguir avanzando reconociendo el gran esfuerzo que esto demanda actualmente. En la medida que sea posible dar a conocer que no se encuentra en peligro los puestos de trabajo, aunque esto pudiera implicar recortar parte de sus salarios.
  • Valores. Es un excelente momento para demostrar en acto los valores declarados por la organización. Pocas veces como esta se puede “mostrar coherencia entre lo que se dijo y lo que se actúa”.
  • Agradecer a los empleados por sus esfuerzos para sostener la actividad laboral cuando todo ha cambiado repentinamente.  
  • Escuchar y observar el estado emocional de la gente. Agudizar nuestros sentidos para registrar y acercarnos a conversar y contener a aquellos que se encuentran anímica o emocionalmente afectados. Este acercamiento puede cobrar la forma de un mail, un llamado, un mensaje; pero siempre debe perseguir el claro y genuino interés por el otro.
  • Acompañar. Los empleados que puedan resultar afectados por el coronavirus deben recibir el llamado o contacto de los líderes. La organización debe estar presente en especial durante la enfermedad, no solo otorgarle la licencia correspondiente.

Estas son algunas medidas eficaces para tomar, de alto impacto, que darán cuenta de los valores de la organización y generarán una muy buena recepción en muchos de los empleados. Es hora de “estar presentes” de demostrar el genuino interés por las personas.

Las decisiones que tomamos tienen un doble efecto, por un lado en las personas ya que demostramos un genuino interés en ellas y por el otro nos da la oportunidad de trascender ya que lo que decidimos hacer define quiénes somos.

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