Aun con el efecto negativo de las lluvias del mes de abril, con miles de hectáreas inundadas y pérdidas irrecuperables principalmente en el cultivo de soja, la Argentina va camino a la mayor cosecha de toda su historia. Estamos estimando un volumen de producción total de 126,6 millones de toneladas, de las cuales el trigo, soja y maíz son responsables por el 89% del total con 113 millones de toneladas. Si agregamos cebada cervecera, girasol y sorgo, el total de estos cultivos representan el 97 % de la producción total con 122,4 millones de toneladas. Tendremos un volumen de producción del primer mundo, con tecnologías de producción, exportación y procesamiento de los más modernos y competitivos del mundo, pero con un nivel de infraestructura del siglo pasado.

Han pasado 80 años y los caminos rurales siguen siendo intransitables. Ya quedó demostrado en estas últimas dos campañas, con las lluvias del mes de abril, donde fue imposible sacar las cosechas del campo. Y aquí está la gravedad del tema, un productor a 500 metros de la ruta o bien a 10 km, no podrá sacar su producción por la falta de mejora en los caminos rurales. El tema es mucho más grave en el caso de la actividad lechera, donde la producción de los tambos  es diaria y debe entregarse todos los días a las usinas lácteas. Ya hemos visto el efecto devastador que han tenido las últimas lluvias e inundaciones en esta actividad. La Argentina no se puede dar el lujo, siendo uno de los principales países productores y exportadores de alimentos, de perder parte de su cosecha porque llueven 100 mm en un día. Todo el mundo habla de los ferrocarriles desarrollados por los ingleses y el hecho que aun con lluvias excesivas siempre funcionaba.

En esa época  el hombre era inteligente de la misma forma que lo es ahora, por ello cuesta entender que un país que depende del sector agropecuario, tanto para alimentar a su población como para alimentar a cientos de millones de habitantes, no haya considerado al sector agropecuario como estratégico para su desarrollo interno y el de su economía en su conjunto, además de generar en forma genuina lo que muchos países no tienen : tecnología+cosecha+producción+complejo agroindustrial exportador= DÓLARES.

Es como si un país árabe productor y exportador de petróleo no haga el mantenimiento de las tuberías de transporte y por la corrosión del tiempo  y la desidia, se pierdan todos los años millones de barriles de petróleo. La Pampa Húmeda está sufriendo la corrosión  y desidia de su clase política, además de la clase empresarial,  que nunca pensaron en un país en grande, próspero  y con igualdad de oportunidades para todos.  Y si queremos realmente subirnos al tren de la próxima década, los dirigentes políticos o alguien deberá definir una clara política de Estado para que su sector agropecuario y agroindustrial exportador pueda desarrollarse, expandirse y ganar nuevos mercados, generando inversiones y empleos calificados.

Ya están los chinos con COFCO entre nosotros, los brasileros de la mano de Maggi y los rusos de la mano de GaspronBank. Las tradings multinacionales clásicas que hicieron su gran aporte para el crecimiento y desarrollo del complejo agroindustrial exportador de nuestro país  y lograron que la Argentina integre el Top 5 de países exportadores del mundo,  ya no están solas. Ahora vienen por los granos y la pelea por la originación será silenciosa, impiadosa y feroz. El productor, por primera vez en mucho tiempo, tiene la posibilidad de poder defender mejor lo que todos quieren, el grano de soja, de maíz y de trigo, tan preciados como un barril de petróleo para un árabe.

El mundo no se puede dar el lujo con la escasez de alimentos que hay y con los pocos países que tienen capacidad para incrementar su producción y saldos exportables como  es el nuestro, de ver cómo se pierden millones de litros de leche y millones de toneladas de alimentos, cuando han pasado 70 años y no se ha hecho nada al respecto.

O lo hecho hasta el momento no ha sido suficiente ni eficiente. La Argentina necesita un Plan Pampa Húmeda, de la misma forma que el gobierno ha tomado la iniciativa del Plan Belgrano.

Este plan es muy loable, aunque no se conocen todavía los avances y alcances de las obras, pero también cuesta entender que a la zona más rica de la Argentina, y de las más fértiles del mundo como lo es la Pampa Húmeda, no se le dado la importancia y la prioridad que merece en función de su participación en la sociedad, el movimiento económico y la posibilidad de generar dólares en forma genuina.

La conjunción de productores altamente capacitados tecnológicamente y un sector agroindustrial moderno y pujante, hacen de Argentina uno de los países más competitivos del mundo, razón por la cual el sector exportador y agroindustrial anunció semanas atrás  inversiones por u$s 1,700 millones para mejorar infraestructura, logística, nuevos puertos y nuevas plantas aceiteras.

Hoy la Argentina es polo de atracción de muchos inversores que solo se arriesgan a invertir en el sector que mejor presente y futuro tiene, la cadena agroindustrial exportadora.

Ante un problema, una solución: el PLAN PAMPA HÚMEDA

Toda contingencia climática negativa como la que sufrió el país en abril del 2016 y en abril de este año tiene sus efectos negativos no solamente en la pérdida de la cosecha, sino también en todo el entramado socio-económico y en la actividad de los pueblos y regiones circundantes afectadas. La Argentina tiene 285.000 km de caminos que integran la Red Vial Terciaria, está compuesta por caminos, calles y rutas que dependen de los municipios o comunas, de los cuales 100.000 se encuentran en la provincia de Buenos Aires. Son estos caminos, excluidos los urbanos, los que integran la columna vertebral del sistema agroindustrial exportador de nuestro país. Y están igual que hace 80 años.

Cómo podrá la Argentina aspirar a producir 150 millones de toneladas, cifra muy factible de alcanzar si el país contara con la infraestructura adecuada, si con una lluvia de 150 mm se pierde el 5% de la cosecha, y si la lluvia se duplica en cantidad las pérdidas llegan al 15%. El daño es geométrico a medida que aumenta el caudal de lluvias en cortos periodos de tiempo, y lo hemos visto en la campaña pasada cuando solo en soja las pérdidas llegaron a superar los u$s 4,000 millones, de las cuales u$s3,200 son pérdidas directas de producción y u$s 800 millones por mala calidad.

Entre todos los  cultivos soja, maíz, girasol y trigo en la cosecha 2016/17 las pérdidas llegaron a un total de u$s 4,530 millones incluyendo las 200 mil hectáreas de trigo que no se pudieron sembrar y las pérdidas en la cosecha de girasol del Chaco. Del total de pérdidas la soja se lleva el 88 % de las mismas     -en este análisis no están contempladas las pérdidas del sector lechero , las pérdidas materiales de los caminos, los  campos inutilizados, el  tejido urbano afectado , casas particulares,  ni las perdidas sociales-

En esta campaña la situación es igual de alarmante que la sucedida en la cosecha anterior, la única diferencia es que se ha corrido el eje de la catástrofe, impactando ahora en el norte y oeste de Buenos Aires, Sur de Santa Fe  y norte de La Pampa, llegando también al sur de la provincia de Córdoba.

Hasta el momento las pérdidas como consecuencia de las lluvias de abril y las que vamos teniendo en mayo llegan a un total de u$s 2,840  millones, de los cuales el 77% – unos u$s 2,175 millones corresponden a Soja- y en el caso del trigo las 700,000 hectáreas que no se han podido sembrar equivalen a un lucro cesante de u$s 665 millones.

Conclusiones

Podemos entonces concluir que las pérdidas económicas en estos últimos dos años, como consecuencia de las elevadas lluvias durante el otoño, llegan a un total de u$s 7,370 millones. Si agregamos las pérdidas materiales y menor actividad económica en el interior,  excluidas las pérdidas  productivas ya detalladas en el presente artículo, el país perdió más de u$s 10,000 millones, una cifra algo menor a lo que cuesta el Plan Belgrano.

No es cuestión de ser excluyentes, bien se puede comenzar a desarrollar un Plan para la Pampa Húmeda que de previsibilidad productiva  a una de las zonas más ricas y fértiles del mundo.

Es momento que el gobierno nacional tome la iniciativa y comience a delinear un Plan Pampa Húmeda, pues ha quedado demostrado que lo hecho hasta el momento, en forma independiente desde cada una de las provincias, departamentos o municipios, ha resultado ser un rotundo fracaso.

Es momento que la corrosión y desidia  política de paso al trabajo y a las organizaciones público-privadas, permitiendo que especialistas en la materia – que los hay, y muchos – delineen una estrategia de largo plazo para mejorar la infraestructura del país. Como dicen los chinos, para recorrer 1000 km hay que caminar los primeros pasos.

Me gustaría compartir el final de mi análisis con un comentario de un conocido y aguerrido productor, Alberto Marchionni, de la zona de Hughes provincia de Santa Fe:

“Desde que nací, allá por 1960, en una chacra de 35 hectáreas a 11 km al sur de Hughes, cuando había años lluviosos no se podía pasar por los caminos rurales. De esa época hasta el presente todo se fue deteriorando por el paso del tiempo. No se ha hecho una obra hidráulica importante en nuestra zona. Hay campos de 20.000 dólares que producían  como en el cinturón maicero americano,  y hoy no solo son improductivos sino que valen cero dólares porque están totalmente cubiertos de agua desde hace años y agravados en los últimos dos. Se deben hacer canales inteligentes, drenajes subterráneos y planificar un proyecto integral donde  no se saque agua de una región para perjudicar a otra”