Find the latest bookmaker offers available across all uk gambling sites www.bets.zone Read the reviews and compare sites to quickly discover the perfect account for you.
Home / Entrevistas / ¿Cuán arraigados están los mitos del #Campo en la sociedad urbana? -Jorge Giacobbe e Iván Ordóñez

¿Cuán arraigados están los mitos del #Campo en la sociedad urbana? -Jorge Giacobbe e Iván Ordóñez

Lic. Jorge Daniel GIACOBBE, Director, Giacobbe & Asociados Opinión Pública SA

Lic. Iván Ordóñez, economista especializado en agronegocios.

¿Cuál fue la motivación del estudio?

Iván Ordóñez: Muchas veces me preguntaron por qué siendo economista me intereso por cuestiones de comunicación en el agro. Después de trabajar bastantes años con el sector y luego de observar los distintos ciclos de la economía argentina y su impacto en el sector, fui construyendo una convicción de que el grueso de la rentabilidad del sector se construye fuera de la tranquera, no dentro. Esto no solo se debe a temas impositivos, finalmente decididos por la sociedad a través de sus representantes, sino también debido a temas regulatorios. Detrás de eso está la figura de la “licencia social” a la hora de producir. Dicho coloquialmente, que lo que la sociedad le autoriza hacer a una actividad económica a la hora de producir.

Jorge, ¿podés explicarnos cómo está diseñada técnicamente la encuesta?

Jorge Giacobbe: El método, la muestra y el formulario, están diseñados especialmente para éste estudio, en el cual utilizamos un sistema muy avanzado llamado Mobile Research, donde los encuestados responden en un formulario autoadministrado en sus dispositivos móviles. Esto permite un nivel de anonimato muy importante para el encuestado, que deriva en una gran sinceridad a la hora de responder.

La muestra es de 2.500 casos representativos de toda la población nacional, pero con el agregado de que hemos realizado muchos casos en localidades de menos de 30.000 habitantes, para poder tomar temperatura de “los vecinos de la producción agraria”. El formulario contiene una pregunta por cada uno de los mitos y prejuicios que hemos decidido investigar con Iván Ordóñez. También contiene un tipo de pregunta “abierta” que indaga a nivel preconsciente para que los encuestados nos definan en una sola palabra, espontáneamente, al productor del campo, al trabajador del campo, a la soja y al trigo. Este tipo de investigación potencia los datos y nos permite saber dónde están ubicados cada uno en el mapa mental de los argentinos.

Me imagino que había voluntad de preguntar muchos temas, ¿cuántas preguntas se pueden hacer razonablemente?

Jorge Giacobbe: A la hora de diseñar un estudio, los investigadores siempre sentimos que se puede indagar más. Un estudio como éste permite unas 10 o 12 preguntas, antes que el encuestado se agote. Por eso diseñamos una pregunta por cada mito que pesa sobre la gente del campo.
Nuestra intención es que estos datos resulten disparadores para que los productores comprendan dónde están parados, y vean la necesidad de seguir investigando y comenzar a dar la batalla por el permiso social.

¿Qué fue lo que más les llamó la atención del estudio?

Iván Ordóñez: Creía que la imagen de los productores rurales no era buena, pero no me imaginaba que era tan mala.

Otro fenómeno que se dio y Jorge identificó muy claramente es que “el agro” no tiene aliados.

Jorge Giacobbe: Es interesante la mirada dicotómica de los ciudadanos argentinos sobre la soja vs. trigo. La soja está conceptualizada como negocio, dólares, alimento, exportación y transgénica. En cambio, el trigo es alimento, pan, necesario, futuro y bueno. Resulta evidente que el trigo es el bueno de la historia, y que se salva de la furibunda opinión pública nacional. Pero atención señores productores, que deben agradecer esta campaña comunicacional a la iglesia, no a ustedes mismos.

Ese patrón dicótomico de bueno y malo, de víctima y victimario se ratifica en las imágenes que la sociedad tiene del productor agropecuario y el productor rural. No solo en el ranking de imagen, sino en las palabras que eligen para describir a cada grupo.

 ¿Pueden desarrollar un poco el concepto del antihéroe que usas para describir al campo?

Jorge Giacobbe: Un antihéroe es aquel personaje que en la ficción tiene objetivos nobles pero métodos, formas y presentaciones que no encajan con la idea del héroe. La gente del campo se percibe a sí misma como héroes sociales, productivos y económicos. Se ven a sí mismos con el prestigio que puede tener un bombero o un maestro rural.

Sin embargo, el resto de la población, incluso sus vecinos, los ven más parecidos a un barco ballenero japonés, que realiza una actividad condenada socialmente. Los argentinos creen que generan poco trabajo y explotan a los trabajadores, que no son el futuro del país, que el Estado los beneficia, que contaminan el suelo y a otras personas, que entre pocos se llevan todos los dólares y que pagan pocos impuestos. Ese quiebre entre la identidad, la autopercepción y la imagen proyectada, es lo que hay que investigar y cambiar.

Entonces son los antihéroes de ésta sociedad, y están más cerca de convertirse en villanos que en convertirse en los héroes que creen ser.

Iván Ordóñez: si comparamos la situación de los productores de nuestro país con el farmer norteamericano, para cualquier estadounidense un ícono fundacional de la construcción de su país y de la expansión continental. Por otro lado, el farmer nunca abandonó la disputa por el poder: todos los presidentes norteamericanos (hasta Obama) han tenido un origen rural (o como Reagan desearon tenerlo), mientras que el Senado está compuesto por miembros que nacieron en comunidades rurales, al igual que el 50% de la oficialidad blanca del ejército. La presencia en la vida institucional del país es muy marcada.

¿Le conviene al agro intervenir en política? ¿Cómo lo hizo y cómo lo hace?

Iván Ordóñez: Los últimos 100 años son claves para entender cómo el agro participó de la política. Esto es determinante. Hacia 1915 se completó el proceso de urbanización de la Argentina. A partir de ese año el país comenzó a tener un rostro profundamente urbano porque la abrumadora mayoría del país vivía en ciudades, y ciudades grandes para la época y el continente. Por lo tanto, los temas rurales comenzaron a perder peso específico. Hacia 1930 el país agota la expansión de su frontera agrícola, ya toda la tierra productiva era colonizada. De esa manera, el agro pierde su rol de ser casi el único sector dinamizador de la economía. Finalmente, alrededor de 1940, con el Plan Pinedo, el agro hace su último aporte a la política pública. A partir de ese momento se retira de la vida pública. A partir de ese momento deja de “hacer política” y por lo tanto “le hacen la política”.

Jorge Giacobbe: Bueno, no solo le conviene intervenir en política. Más bien es necesario, no tienen otra salida. Pero hay que desarrollar otra estrategia. No solamente hacer lobby desorganizado y cada tanto meter un diputado.

Primero, hay que lograr una alianza con la opinión pública. Si se logra que la gente los defienda, el sistema político, no importa quién ni qué partido, pagaría un costo muy alto por perjudicarlos. Imaginemos que un presidente quiera sacarle una autobomba al cuartel de bomberos o subirle los impuestos al maestro rural. Sencillamente pagaría un costo político demasiado grande. 

En cambio, hoy en día para cualquier presidente es gratis “tocarle el bolsillo al campo” porque la gente está en esa misma postura.

Además de la alianza con la opinión pública, hay que desarrollar el plan cultural y comunicacional al que bien refiere Iván, y una estrategia política para ocupar cargos ejecutivos además de legislativos. En la Argentina existen unos 2.400 municipios, y el 80% tienen menos de 30.000 habitantes. Los jóvenes tienen que ir por ellos, y ocho años después disputar las gobernaciones, y ocho después la presidencia. Estamos hablando de crear una generación que ocupe los espacios de decisión.

Iván Ordóñez: Antes para producir en el ámbito rural no necesitábamos un abogado, luego sí. Tampoco precisábamos de un contador, luego sí. No era necesario alguien que supiera de sistemas, a partir de los 90 fue casi obligatorio. Antes la comunicación con el entorno inmediato y a nivel nacional no era determinante, hoy lo es. El mundo cambió. Por otro lado, la estrategia para relacionarse con la sociedad no es una carrera de 100 metros largos, es una maratón que dura toda la vida. En ese sentido concuerdo con Jorge.