Por: Lic. Cecilia Vignau – Licenciada en Administración Agropecuaria

“Cuando se dice feminismo, para aquellas almas, se encarama por sobre la palabra una cara con dientes ásperos y voz chillona. Sin embargo, hoy, no hay una sola mujer que no sea feminista, podrá no querer participar en la lucha política, sin embargo desde el momento que piensa y discute en voz alta las ventajas y los errores del feminismo es ya una feminista, pues el feminismo es el ejercicio del pensamiento de la mujer”. Alfonsina Storni.

La construcción del feminismo en la Argentina de fines del siglo XIX significó la puesta en marcha de cuatro demandas fundamentales: la remoción de la inferioridad civil, la obtención de mayor educación, el auxilio a las madres desvalidas y la cuestión del sufragio. Demandas fuertemente criticadas por una porción de la sociedad que mediante el descrédito moral cuestionó a estas “mujeres sin marido” por salir a reclamar “cosas que no les correspondían”. Ser soltera en este mundo fue y en parte  sigue siendo, una tragedia.

Hermandad

Mujeres como Alfonsina Storni y Salvadora Medina Onrubia, hermanadas en su condición de madres solteras en una época donde se consideraba un escándalo, llevaron la cuestión feminista a primera plana. Sufragistas y poetas, traspasaron el mundo de las letras para animarse a alzar su voz públicamente. Hace 100 años, las mujeres no debían hablar en público. No debían. Existía una marcada separación de ámbito privado, familiar y natural de la mujer y el ámbito público, que le correspondía únicamente al varón. A ellas no les importó, total, no tenían marido.

Desde el año 1900 en adelante, las sufragistas fueron consiguiendo la aprobación del voto femenino alrededor del mundo. En Argentina, el primer simulacro se realizó en 1920, cuando las mujeres todavía tenían prohibición para votar pero no para postularse. Si bien la ley fue finalmente tratada en el Congreso en el invierno del 47, gracias al advenimiento del peronismo y un decidido empeño de Eva Perón que estaba lejos de ser feminista pero movilizó a las mujeres a través de los sindicatos, el sufragio femenino ya se respiraba en el aire hacía décadas. Ya era un reclamo impostergable. La primera experiencia de voto femenino se realizó en 1951 con concurrencia masiva.

Podría decirse que esa conquista marcó el camino de otras que llegaron muchos años después como el divorcio vincular y la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

“Lo cierto es que esta construcción del feminismo nos viene llevando ya más de un siglo. 125 años de rebeldía, de levantar pilares y tender puentes. Tremenda lucha”

Ciudadanas Incapaces

Durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va del siglo XXI ha tenido lugar una transformación del orden social en la cual las mujeres han pasado de ser “ciudadanas incapaces” a sujetos de “igualdad de derechos”. Pero cómo era ser una ciudadana incapaz? Bueno, básicamente era como ser una nena de 10 años. En los primeros Códigos Civiles, las mujeres casadas fueron definidas como sujetos de incapacidad de hecho relativa. Esta discriminación jurídica suponía un conjunto de derechos que eran exclusivos del marido sobre la persona y bienes de la esposa. De esta manera, una mujer casada carecía de derecho a la autonomía económica.

En ese contexto, el 1 de noviembre de 1786 nació María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo, quien fuera conocida como Mariquita Sánchez. Hija única de una de las familias más acomodadas y prestigiosas de la época, fue educada por los mejores maestros de su tiempo, logrando una formación envidiable. Fue justamente gracias a su excelente educación que, mediante un juicio de disenso, logró romper el compromiso que sus padres le habían impuesto y casarse por amor, con su primo Martín Thompson.

“Mariquita Sánchez tenía 14 años y ya era una mujer formidable, una de las primeras empoderadas argentinas.  En el siglo XIX cuestionó la subordinación legal a la que estaba sujeta la mujer argentina y reconoció la necesidad de modificar ciertos derechos. Gracias Mariquita!”

El 22 de septiembre de 1926 se promulgó la Ley 11.357 conocida como Ley de los Derechos Civiles de la Mujer que amplió algunos derechos civiles femeninos pero no derogó el Art. 55 del Código Civil que definía a la mujer casada como incapaz de hecho relativa, ni el Art. 57 que la subordinaba a la necesaria representación legal del marido. Algo cambió para que nada cambiara. Cuestiones culturales se opusieron a afectar las relaciones de poder entre los sexos y la estructura del matrimonio que se conservaba desde 1888. La mujer casada seguía teniendo los mismos derechos que las niñas, pasando de la subordinación patriarcal a la marital. Durante casi medio siglo más, el varón continuó siendo el representante exclusivo de la sociedad conyugal y la mujer continuó afectada por la cláusula de incapacidad jurídica.

No fue hasta la presidencia de Onganía que el Código Civil Argentino reconoció capacidad jurídica plena para la mujer mayor de edad, cualquiera sea su estado civil.

Mujeres Deseantes

“El hombre piensa, estudia y trabaja y jamás siente saciedad del saber ¿por qué la mujer se detiene? … De ninguna manera se debe admitir esto y la prueba está en que un despertar placentero se manifiesta en la vida de las mujeres en general, y las hace entrar de lleno en la evolución y el progreso” Julieta Lanteri, médica y militante feminista.

En Argentina, como en el resto del mundo, el proceso que posibilitó el acceso a la educación superior femenina estuvo repleto de obstáculos y dificultades. Se dio en un clima de debate acerca de la capacidad que las mujeres tenían para aprender y participar de la vida ciudadana. El Código Civil que las consideraba incapaces e inferiores representó durante mucho tiempo una fuerte barrera para acceder a los estudios superiores.

Cecilia Grierson fue la primera mujer en graduarse de la universidad en Argentina. Hija de un productor agropecuario, se recibió de médica en 1889. Nunca pudo ejercer como médica cirujana por lo que se dedicó a la obstetricia. Nunca tuvo la oportunidad de ser Jefa de Sala, Directora de un hospital o Profesora de la Universidad. Nunca. Feminista incansable, fue sufragista y pionera en su trabajo para mejorar la situación civil, económica, social y política de las mujeres argentinas.

Lía Encalada quien fuera la primera ingeniera agrónoma argentina, fue la única mujer entre los 21 graduados en el año 1927. Hubo que esperar hasta los años 60 para tener un 10% de egresadas, y dos décadas más para que superaran el 20%.

Las primeras Ingenieras Agrónomas egresadas conformaron un reducido número en comparación con sus pares varones. La llegada de las mujeres al área rural por medio de la docencia, la investigación y la producción fue asimismo la respuesta a un gran esfuerzo por ganar espacio en un ámbito dominado tradicionalmente por los hombres.

Una mujer deseante es una mujer que anhela, que suspira, pretende, aspira, una mujer que quiere…

“Es gracias a esas mujeres que un día lucharon por su deseo del saber que nosotras nacimos con el derecho de estudiar en la universidad. Le debemos nuestros diplomas a “las distintas”, a las que adelantadas a su tiempo se rebelaron contra el destino que la sociedad había elegido para ellas”

Construcción Colectiva

“Recuerden las mujeres que dispersas las fuerzas se debilitan y que para conseguir el bien común necesario es sacudir la apatía y elevarse por encima del bienestar del momento presente”. Alicia Moreau de Justo

La construcción del feminismo le debe tanto a esas mujeres que se rebelaron a su tiempo, que nacieron antes, que eran diferentes y tan valientes! Es un camino que a muchas de nosotras nos queda grande y es por eso que necesitamos sumarnos, para transitarlo juntas.

Hoy el sector agropecuario cuenta con la participación de muchas mujeres que han comenzado el cambio y el feminismo puede ayudar a convertir este entorno en lugares cómodos para todas. Lugares donde podamos desarrollarnos en igualdad, entornos donde dejemos de ser sujetos pasivos y en los que podamos participar de manera activa en el desarrollo de la comunidad, rompiendo con los modelos tradicionales y construyendo un nuevo conjunto de valores. Es tan sencillo como parece? Por supuesto que no!

Somos diversas, pero podemos reconocernos en las diferencias para juntas dar el paso de acortar la brecha. La clave para construir el feminismo rural es la paciencia. Respetar los tiempos de la otra. Todas somos feministas pero no todas llegamos al mismo lugar, en el mismo momento y ese no debe ser un motivo para juzgar a nadie. 

Lo importante es mantener la invitación abierta, dejarlas entrar, cada una a su tiempo va a encontrar su lugar en la discusión. Una discusión en la que todas las opiniones son válidas! Cada una tiene su forma de transitar el feminismo, de sentirlo… Ninguna tiene un manual de feminismo rural, no existe, lo inventamos nosotras y lo estamos construyendo entre todas.

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