Por: Lic. Cecilia Vignau – Lic. en Administración Agropecuaria

Es bastante común entre los twitteros del campo mostrar fotos o videos de sus hijos realizando alguna clase de tarea rural. De hecho, hace algunos años para el Día del Niño, se impulsó el hashtag #NiñosEnElCampo que invitaba a publicar fotos de niños y niñas de todas las edades en el ambito rural. A falta de bendiciones propias en edad de aparecer, me lucí con los sobrinos.

Este simple y gracioso acto, que para nosotros resultaba tan normal, expuesto en una red social que se caracteriza por ser sumamente intolerante, nos llevó a recibir innumerables críticas y acusaciones respecto del trabajo infantil. Pero nuestros niños, estaban trabajando? O simplemente estaban viviendo la ruralidad como algo natural? Nuestros niños eran explotados por el agronegocio o simplemente estaban acompañando a sus padres en sus tareas cotidianas?

Famosos del agro

Benita es nuestra niña agro-estrella. Hija de una pareja de productores y contratistas, la primera vez que se subió a un tractor iba en la panza de mi amiga Maqui. Meses más tarde, su pequeño moisés viajaba toda la tarde a bordo de la cosechadora. Benita respira campo desde el día que fue concebida, es compañera de aventuras de su mamá y con total seguridad, va a manejar un tractor mucho antes que cualquier otro niño empiece a andar en bicicleta. ¿Eso la convierte en esclava y a su madre en explotadora?

Desde Salta “la linda”, otro niño agro-estrella nos enseña que para ser un agro apasionado no hay edad. Cuando tenía 12 años, con la plata que ganó por ayudar en la cosecha de tabaco en las vacaciones de la escuela, le pidio a su papá comprar unas ovejas. Matías ya sabía que quería ser ganadero y que quería empezar con un dinero que en buena ley se había ganado trabajando en la explotación familiar. Pero la sociedad no lo entendió, por la mañana teníamos un padre orgulloso y un hijo contento, esa misma noche salían en televisión como un caso de explotación infantil.

Para quienes vemos a nuestros hijos disfrutar la vida en el campo y los acompañamos a crecer rodeados de naturaleza, que un niño aprenda el oficio de sus padres no nos parece ninguna clase de abuso. Sin embargo, 108 millones de niños trabajan efectivamente en alguna rama del sector agropecuario alrededor del mundo. Pero entonces, qué es el trabajo infantil?

Oliver Twist

La novela de Charles Dickens, titulada Oliver Twist publicada en Londres en el año 1838 fue una de la primeras novelas sociales en la historia de la literatura. A través de las aventuras de Oliver, un niño pobre y húerfano, el relato dejaba al descubierto las condiciones de vida de los niños en la época victoriana, especialmente el trabajo infantil esclavo y el uso de niños para cometer delitos.

Como consecuencia de la Revolución Industrial, apareció una fuerza de trabajo barata y desamparada. Con jornadas laborales de 15 horas diarias, en fábricas peligrosas e insalubres, se fomentó el trabajo infantil y femenino porque mujeres y niños recibían salarios dos y tres veces inferiores a los de los hombres. Los niños fueron empleados en la industria textil, minera y siderúrgica, en pésimas condiciones de alimentación, seguridad e higiene. Durante el siglo XVIII no hubo normas que regulasen el empleo infantil, salvo una pequeña reducción de la jornada laboral para menores de 13 años. Todavía en 1891, una ley que pretendía luchar contra abusos en la explotación infantil se limitó a elevar la edad mínima de trabajo de los diez a los once años.

En la Argentina de principios del siglo XX, como en casi todo el mundo, el trabajo infantil además de ser habitual era considerado algo natural, una etapa más en el desarrollo del individuo, especialmente si esos niños pertenecían a los estratos sociales más bajos. Recién en el año 2005 se promulgó la Ley Nacional 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes que se complementó en el año 2008 con la Ley 26.390de Prohibición del Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente.

En lo que respecta a la agricultura familiar, actualmente se permite el trabajo de niños y niñas a partir de los 14 años, en la unidad productiva familiar, con determinadas restricciones respecto de la duración de la jornada, siempre que no impida su escolarización ni implique riesgos a su salud. Se estima que 75 millones de niños alrededor del mundo trabajan en la unidad económica familiar agropecuaria.

Según datos de la FAO para el año 2016, el 70% del trabajo infantil mundial se desarrollaba en agricultura, ganadería, silvicultura, pesca y acuicultura.

Niñas Obreras

Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos es el punto Nº 8 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), este objetivo incluye además los siguientes temas prioritarios: La desigualdad salarial por razón de sexo; la formalización de la economía informal; la protección de los derechos laborales; la promoción de un entorno de trabajo seguro y la eliminación de todas las formas de trabajo infantil.

El trabajo infantil se puede desarrollar bajo dos modalidades bien definidas: la primera es dentro de la estructura familiar, encuadrándose como trabajo no remunerado; la segunda es como asalariados fuera del hogar, donde ocurren además las peores formas de trabajo infantil como la esclavitud por deudas familiares, la trata y el  reclutamiento para conflictos armados que ocupan según datos de UNICEF a 72,5 millones de niños.

En el grupo de los niños que trabajan en el ambito familiar, se calcula que las niñas dedican 550 millones de horas al día al trabajo doméstico, 160 millones de horas más que los niños de su misma edad. Esta sobrecarga comienza en la primera infancia, con apenas 5 años, y se intensifica cuando las niñas llegan a la adolescencia.

“Dado que esta actividad no queda registrada, la situación se va invisibilizando en las estadísticas, lo que impide que los gobiernos tomen medidas al respecto”

Vignau

Toda niña que queda fuera del sistema educativo por realizar tareas de cuidado en el hogar, se enfrenta a desigualdades en sus oportunidades futuras tanto en el empleo como en sus ingresos a largo plazo. Nuestras niñas no son víctimas de la desigualdad flagrante que es consecuencia de la esclavitud infantil. Sin embargo, 3 de cada 10 jóvenes argentinas abandonan sus estudios para ser madres. Una situación que se da en el seno de una familia en la cual esa adolescente ya se ocupaba del cuidado de otros niños.

El 57% del trabajo doméstico intensivo es realizado por niñas menores de 14 años. No vemos en los campos nenas arriando hacienda a caballo, pero qué pasa dentro de los hogares? Cuántas dedican gran parte de su día a la atención de sus hermanitos?

Separemos la paja del trigo

Más allá de las distintas modalidades que puede adoptar el trabajo infantil, todas las tareas involucradas tienen algo en común: provocan gran cansancio físico a la vez que interfieren con la escolaridad, el tiempo de juegos, recreación y descanso. Además, algunos trabajos pueden afectar la salud física y psíquica, pudiendo incluso poner en peligro su vida.

Cuando el trabajo infantil agrícola interfiere con la educación, se perpetúa la pobreza rural porque el analfabetismo y la escolaridad precaria generan una movilidad laboral muy limitada. En el caso de las niñas, mayormente las condena a la deserción escolar.

Hoy el trabajo infantil no ocurre en fábricas insalubres, está ocurriendo en el campo. Ya sea por empleo informal directo o por trabajo dentro de la estructura familiar, la realidad es que muchos más niños están trabajando antes de tiempo.

Aquí es donde debemos separar la paja del trigo y entender que los niños pueden vivir en el campo en contacto con las labores diarias, ayudando a sus padres en todas las tareas que éstos crean aportan a su desarrollo personal. Así como no todos los productores agropecuarios tienen trabajadores no registrados, no todos explotan a sus hijos. Es responsabilidad del Estado identificar cuáles situaciones son abusivas y cuáles no. Para ello, debemos contar con estadísticas confiables. En el caso de los relevamientos específicos del agro, al ser respondidos por el productor se tienden a invisibilizar este tipo de situaciones lo que incrementa la dificultad de conocer quienes participan del proceso productivo y cómo lo hacen. Nada podremos hacer por las niñas que trabajan si no sabemos cuántas son ni dónde están.

Benita va a asistir a la universidad, no es ni será victima de ninguna clase de abuso por trabajo infantil esclavo. Lamentablemente no es la realidad de muchas otras niñas alrededor del mundo.

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