Día mundial del Agua: ¿dónde estamos parados hoy, 22 de marzo de 2023?

Como cada año desde 1992, este 22 de marzo se ¿celebra? el Día mundial del Agua y la gran pregunta, ya imposible de aplazar, es: ¿Cómo llegamos a este día en 2023? La respuesta, de forma más o menos implícita, es clara y no menos alarmante: estamos caminando sobre una creciente crisis del agua y […]
marzo 22, 2023

Como cada año desde 1992, este 22 de marzo se ¿celebra? el Día mundial del Agua y la gran pregunta, ya imposible de aplazar, es: ¿Cómo llegamos a este día en 2023? La respuesta, de forma más o menos implícita, es clara y no menos alarmante: estamos caminando sobre una creciente crisis del agua y de los recursos hídricos.

Por: Nuala Szler – Estudiante de Lic. en Letras

Podemos volver a señalar que el agua es un recurso natural de valor económico, estratégico y social, quizás el más importante a nivel mundial; o bien que resulta imposible concebir nuestra existencia o la de nuestros ecosistemas (que, valga la aclaración, nos mantienen vivos) sin este componente esencial. A pesar de esto, el uso y acceso al agua potable es tan problemático como desigual.

Este 22 de marzo de 2023 la sede es Nueva York, pero la consigna lanzada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es un llamado universal a la acción: “Sé el cambio”. Es momento de poner sobre la mesa la necesidad urgente de acelerar los medios y formas en que el agua potable puede y debe llegar a todos los rincones del planeta, fundamentalmente a aquellos con elevados índices de pobreza.

La paradoja del agua potable: el privilegio de acceder a un derecho humano esencial

El agua no solo representa uno de los recursos naturales más importantes para la humanidad. Es un factor imprescindible para la preservación de la vida, en todas sus formas. La crisis actual pone en riesgo al planeta, afectando ecosistemas acuáticos y terrestres y, consecuentemente, a numerosas regiones. Regiones, además, donde el acceso a condiciones sanitarias adecuadas y agua potable es limitado o inexistente.

El acceso al agua potable y sistemas de saneamiento, en efecto, es considerado un derecho humano esencial. Sin embargo, la distribución de los recursos hídricos continúa siendo por demás desigual: miles de millones de personas en todo el mundo todavía viven sin agua potable y redes seguras de saneamiento. La falta de suministro de agua y la pobreza están, así, estrechamente relacionados: sin agua, no hay desarrollo. Sin desarrollo, es imposible erradicar la pobreza.

Los números reflejan la urgencia: más de un tercio de la población mundial no goza de los servicios de agua potable segura o, en otras palabras, no reciben agua de calidad en sus hogares. Las propias estadísticas de la ONU confirman que aproximadamente 2,1 billones de personas no tienen acceso al agua tratada y cerca 2,4 billones carecen de correctas instalaciones sanitarias. Esto se traduce, por mencionar una de las más graves consecuencias, en una alta tasa de mortalidad infantil (1,7 millones de infantes por año), debido a toda clase de enfermedades.

“Se estima que el 97.5 % del agua existente en el mundo es salada o no es adecuada para el consumo directo y la irrigación de cultivos. Solo el 2,5 % restante es agua dulce”

El uso irresponsable o derroche de quienes sí tienen acceso contribuye, asimismo, a una significativa disminución de los recursos hídricos de todo el planeta; sin dejar de considerar el incremento en la explotación de los acuíferos, los inusitados niveles de contaminación así como las múltiples manifestaciones del cambio climático.

Actualmente, el dominio de un recurso como el agua, incluso, teje redes de conflictos políticos y económicos entre los países, conduciendo a guerras o acciones destructivas que, una vez más, afectan principalmente a áreas vulnerables y poblaciones con menores posibilidades de desarrollo.

En esta oportunidad, las conferencias en Nueva York apuntan a revertir la situación e impulsar el compromiso de los representantes políticos y sociales para garantizar el acceso, saneamiento y gestión sostenible del agua potable, libre de contaminación y riesgos sanitarios. Esto involucra toda una serie de acciones concretas, desde la modernización de las legislaciones vigentes hasta la concientización de todos los sectores de la sociedad respecto al uso y consumo consciente de este recurso.

Las metas a largo plazo, por su parte, se proponen lograr un acceso universal y equitativo de la población al agua potable. Así como, también, mejorar la calidad del agua disponible, reduciendo los niveles de contaminación por vertimiento y emisión de productos químicos, materiales peligrosos, entre otros desechos. Es una prioridad, además, gestionar de forma eficiente los recursos hídricos, asegurando procesos de extracción y abastecimiento sostenibles, que permitan proteger, restablecer y preservar los ecosistemas en bosques, humedales, lagos, ríos y acuíferos.

¿Cuáles son las causas de la crisis del agua y sistemas de saneamiento?

La escasez del agua es un fenómeno tanto natural como inducido por los seres humanos. Más allá de su distribución desigual en tiempo y espacio, la gestión deficiente de la disponibilidad actual acelera una crisis que se extiende; y lo hace mientras trasciende fronteras físicas, políticas y sociales.

La degradación de la calidad del agua es el principal motivo de escasez, ligada al manejo negligente de los recursos hídricos, su explotación y aprovechamiento. Asimismo, la concentración de plásticos y residuos en ríos, lagos, mares y océanos afecta al desarrollo de la vida marítima y prácticamente de todos los ecosistemas terrestres. Por supuesto, el uso y consumo de estas porciones de agua contaminada tiene, además, múltiples consecuencias para la salud de las personas y las condiciones de vida en que se desenvuelven a diario. Con todo ello, el agua disponible se vuelve un recurso no apto para el consumo, los ciclos de renovación se ralentizan y la disponibilidad inmediata se reduce a pasos agigantados.

En regiones áridas y semiáridas, donde el estrés hídrico ya es de por sí una característica natural, la escasez puede aumentar como consecuencia directa del cambio climático. La acelerada urbanización, el incremento en las actividades económicas no sustentables, la degradación de los suelos, las altas concentraciones de población y la deficiente eliminación de desechos repercuten, también, en la disponibilidad de agua dulce.

De hecho, se estima que el 97.5 % del agua existente en el mundo es salada o no es adecuada para el consumo directo y la irrigación de cultivos. Solo el 2,5 % restante es agua dulce, aunque la mayor parte está concentrada en glaciares o almacenada en acuíferos. Del pequeño porcentaje presente en lagos y ríos, una menor proporción es apta para nuestro consumo.

Así las cosas, es claro que la protección de los recursos de agua dulce mundiales requieren un abordaje integral, sustentado en programas que protejan y conserven las fuentes hídricas y garanticen el uso responsable.

22 de marzo: Día mundial del Agua

Esta fecha fue proclamada como tal por la Organización de las Naciones Unidas en 1992, año en que se celebró en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Fue aquí que surgió la propuesta y, desde 1993, la discusión por el agua forma parte de la agenda internacional.

Desde entonces se han creado campañas mundiales y extendido medidas específicas que permitan cambiar la forma en que usamos y explotamos los recursos hídricos. De modo de facilitar la democratización del acceso al agua potable y garantizar las condiciones sanitarias básicas e indispensables.

Entre las medidas centrales, se propone reforzar los sistemas de almacenamiento de agua dulce, desarrollar economías urbanas circulares del agua, reducir la huella hídrica de las industrias y redirigir la actividad agropecuaria hacia métodos de riego más precisos, así como de cultivos más resistentes a las sequías.

A nivel micro, proyectos de concientización se extienden sobre las ciudades del mundo, con el fin de promover un consumo y tratamiento del agua más responsable y eficiente. Estos llamados a la acción nos trasladan la responsabilidad individual y cotidiana de tomar parte en la batalla por la crisis del agua, antes de que las consecuencias sean irremediables. Este es el primer paso, y quizás el más importante, que debemos dar en pos de una vida más sustentable.

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