Por: Ing. Agr. Ignacio Eguren, CEO y fundador de AgroPro.

El 70% de la producción agrícola en Argentina se realiza en campos alquilados. En la mayoría de los casos, los contratos de alquiler son por un año. Esos productores y quienes están en el último año de un contrato más largo, generalmente tienen un alto grado de incertidumbre sobre si seguirán produciendo esos campos la siguiente campaña.

Esto provoca que tengan tendencia y necesidad, de pensar en el resultado económico a corto plazo. Dejando muchas veces en segundo plano aquellas buenas prácticas que muestran resultados a mediano y largo plazo. Como por ejemplo la rotación de cultivos y herbicidas, cultivos de servicios, reposición de nutrientes y otras.

Normalmente, la demanda de superficie agrícola es mayor que la oferta, por lo cual los precios de los alquileres generalmente son elevados y como consecuencia los márgenes proyectados en condiciones normales son acotados para el productor, que deberá optimizar los costos al máximo posible siendo afectado muchas veces por esto el uso adecuado de fertilizantes.

En paralelo, suele resultar una posición incómoda para el dueño del campo hacer un contrato a largo plazo con valores que si luego están muy por encima del valor de mercado el productor tal vez no pueda pagar y deban renegociar el contrato o si están muy por debajo, es posible que el dueño del campo no perciba parte de ese diferencial.

Ante estas situaciones se me ocurren algunas preguntas

¿Las buenas prácticas agrícolas deberían ser parte del contrato? ¿De qué manera el dueño del campo puede facilitar que se lleven a cabo? ¿Es necesario que los contratos sean a mediano o largo plazo, o esas buenas prácticas pueden realizarse de igual manera con contratos anuales? 

En mi opinión, ambas partes deben estar involucradas en el diseño y la implementación de la estrategia productiva. Pienso que el dueño del campo por un lado, no debería estar ajeno o indiferente a lo que se hace en su campo y por el otro, debería colaborar para que las buenas prácticas puedan llevarse a cabo. Y que el productor, como siempre, debe implementar y llevar a cabo lo planificado y acordado. 

Estoy convencido de que este tipo de relación en la que se piensa a mediano y largo plazo, y en la que se crea de manera conjunta una estrategia que les permite a ambos obtener una renta adecuada, cuidando y mejorando el campo, es el mejor camino, más allá del formato y las cláusulas del contrato. 

Creo que el arrendador y el arrendatario no deben verse como dos polos opuestos, sino verse como socios. Donde el primero obtiene una renta fija o variable por su tierra y el segundo una renta por su inversión y el riesgo asumido. Pero que trabajan en conjunto para que esa relación sea más fructífera y perdure en el tiempo. 

Afianzar la relación

Una buena práctica que pienso que ayudaría a afianzar la relación es que el productor le comparta al dueño del campo la gestión técnica planificada y lo que se va realizando. De esta manera el dueño del campo puede saber qué agroquímicos, semillas y fertilizantes se están utilizando en sus lotes. Información valiosa a la que generalmente no puede acceder y que hoy con el uso de herramientas digitales disponibles quien produce se la puede compartir fácilmente.  Imagino que este tipo de relación colaborativa y transparente, nos va a conducir a una agricultura más sostenible, ambiental, social y económicamente. Donde el vínculo no dependerá de un quintal más o un quintal menos. Y donde cuidar nuestros suelos, fertilizarlos o rotarlos adecuadamente, no será una decisión relacionada exclusivamente a la renta del negocio. 

SUSCRIBITE!

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones de HORIZONTE A.

Su suscripción fue exitosa!