Sobre los rendimientos, el balance de nutrientes, la fertilidad química de los suelos y la rentabilidad en el largo plazo

Por: Gustavo Ferraris1,*, Mirta Toribio2, María Cecilia Paolilli¹,  Ricardo Falconi3, N. Ferrero3,Rodrigo Falcone2,Federico Moriones2

1INTA Estación Experimental Agropecuaria Pergamino, 2 Profertil S.A. Investigación y Desarrollo, 3 El Ceibo Cereales S.A.

INTRODUCCIÓN

A nivel productivo, las deficiencias de nitrógeno (N), fósforo (P) y azufre (S) no ocurren de manera aislada, sino que se combinan de diversas maneras, por lo que es necesario evaluar integralmente la respuesta a la fertilización y conocer su efecto sobre la fertilidad química de los suelos. Con el propósito de estudiar la evolución en el tiempo de los rendimientos, el balance de nutrientes, las propiedades del suelo y los resultados económicos se diseñó un ensayo de estrategias de fertilización NPS en la secuencia maíz-soja-trigo/soja-cebada/soja (Mz-Sj-Tr/Sj-Ce/Sj). El proyecto se inició en la campaña 2006/07, con maíz como el primer cultivo, llegando a quince campañas completas en 2020/21.  En este escrito se reporta el efecto de las diferentes estrategias de fertilización NPS sobre: 1) los rendimientos anuales durante el período 2006/07 a 2020/21; 2) los rendimientos acumulados, el balance de nutrientes y su nivel final en el suelo luego de catorce años años (2006/07-2020/21); 3) la eficiencia de recuperación de P; y 4) el análisis económico.

MATERIALES Y MÉTODOS

El ensayo es conducido en la localidad de Arribeños, partido de General Arenales. Se plantea en un diseño en bloques al azar, con cuatro repeticiones, integrando una rotación de seis cultivos en cuatro años (M-Sj-T/Sj-C/Sj). El inicio de la secuencia se realizó con el cultivo de maíz, durante la campaña 2006/07, llegando al decimoquinto año en 2020/21 con soja de primera. Los tratamientos implican cinco manejos diferentes de fertilización, donde los fertilizantes son agregados en cobertura total al momento de la siembra (Tabla 1). Como fuentes se utilizaron superfosfato triple de calcio (0-20-0), superfosfato simple de calcio (0-9-0-12S) y urea granulada (46-0-0).

Tabla 1. Tratamientos y dosis (kg ha-1) de N, P y S aplicados en promedio en los cultivos de Trigo/Soja – Maíz – Soja. En trigo y cebada se describen las demandas del doble cultivo, pero los fertilizantes fueron aplicados en su totalidad al primero. Estrategias de fertilización en una secuencia de cultivos, Arribeños, General Arenales. Campañas 2006/07 a 2020/21, quince años de experimentación.

Determinaciones realizadas

En el suelo

Previo a la siembra de trigo se obtuvieron muestras de suelo de 0 a 20 cm. De cada parcela, en cada uno de los bloques, se extrajo una muestra compuesta, y sobre ella se determinó el pH y los contenidos de materia orgánica (MO), P extractable (Bray I), N total, N-nitrato y S-sulfato.

En el cultivo

A cosecha se evalúan el rendimiento de los cultivos y sus componentes, número y peso de los granos. En una muestra de grano de cada parcela se cuantificó el contenido de N, P y S. Con los datos de rendimiento, concentración de nutrientes en grano y dosis aplicada de los mismos se realizó un balance de nutrientes.

En el análisis económico

Se determinó el margen bruto (MB) por fertilización (anual y acumulado) y el retorno de la inversión (RI).

Para cada campaña agrícola se calculó la diferencia de producción de granos (kg/ha) entre los distintos tratamientos de fertilización (TUA, Rep PS, Rep PS AR y Reconst) y el Testigo. Partiendo de dichos valores, se estimó el margen bruto de la fertilización (U$S/ha) como la diferencia entre los ingresos adicionales y los costos de fertilización de cada tratamiento. Con el propósito de completar este dato, al cierre de la campaña 2020/21 se calculó el índice de retorno sobre el capital invertido (U$$/U$S invertido) como el cociente entre los ingresos adicionales y los costos de fertilización acumulados de cada tratamiento.

Los ingresos acumulados se determinaron como la sumatoria de los ingresos originados por cada una de las estrategias de fertilización respecto del testigo y los costos acumulados como la sumatoria de los costos de fertilización para los distintos tratamientos realizados.

Para el cálculo de ambos indicadores económicos, las secuencias T/Sj y C/Sj fueron consideradas como un solo cultivo. Asimismo, las cotizaciones de maíz, trigo y soja se obtuvieron del Mercado a Término de Buenos Aires (http://www.matbarofex.com.ar) considerando los precios futuros a cosecha. Para el producto cebada se tomó el precio futuro al momento de cosecha publicado por Agricultores Federados Argentinos SCL (http://www.diario.afascl.coop). Los precios de los fertilizantes (urea granulada, superfosfato triple de calcio y superfosfato simple de calcio) se tomaron de revistas especializadas (Márgenes Agropecuarios, 2021; Agromercado, 2021). Al precio de adquisición de los fertilizantes se le adicionó el precio del servicio de aplicación, mientras que al precio de los granos se le descontó los gastos de comercialización (flete corto, flete largo a Rosario, paritaria, zarandeo, impuestos y sellado). Todos los precios fueron expresados en US$ al 31 de agosto de 2021.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

A. Efectos sobre los rendimientos anuales.

Anualmente, se determinaron diferencias significativas en los rendimientos de al menos un cultivo entre 2006/07 y 2020/21 (Figura 1). En el Maíz de 2006/07 los rendimientos máximos se alcanzaron por T4 y T5, los que a su vez superaron a T3, este a T2, y a la vez este a T1, respectivamente (Figura 1.a). En 2007/08 los rendimientos máximos fueron en T5, superando a T2, T3 y T4, y estos a T1 (Figura 1.b). En el ciclo siguiente, los cultivos estuvieron afectados por una fuerte sequía. En trigo, todos los tratamientos superaron al testigo, con el rendimiento máximo en T5. Los tratamientos de mayor fertilización permitieron leves mejoras en la concentración de proteína en grano. En la soja de segunda subsiguiente, T4 y T5 superaron a los tratamientos T1 y T2 (Figura 1.c). En el ciclo 2009/10 no se determinaron diferencias significativas en los rendimientos de cebada (P>0,10), pero sí en soja de segunda, con los tratamientos T4 por encima de T2 y T5. A su vez, T4 y T3 superaron a T1 (Figura 1.d).

El comienzo de un nuevo ciclo de rotación en 2010/11 trajo rendimientos de maíz máximos en T3, T4 y T5, estos a su vez superaron a T2, y éstos a T1 (Figura 1.e). Un resultado similar se determinó en 2011/12, donde todos los tratamientos superaron a T1 (Figura 1.f). En la cebada de la campaña 2012/13, nuevamente todos los tratamientos superaron a T1, sin cambios significativos en el % de proteína. Las diferencias fueron más marcadas en soja de segunda, donde T3, T4 y T5 alcanzaron rendimientos significativamente superiores a T2, y éstos a los de T1 (Figura 1.g). El Trigo de 2013/14 mostró rendimientos superiores en T5 vs T3, en T4 y T5 vs T2, y en T3, T4 y T5 vs T1, con una significativa ganancia de proteína. En soja de segunda, T3, T4 y T5 superaron a T1 (Figura 1.h).

La soja de primera del ciclo 2014/15 alcanzó rendimientos superiores en T5 respecto de T1 y T2, y de T3, T4 y T5 en comparación con T1 (Figura 1.i). Durante la campaña húmeda 2015/16, los tratamientos T3, T4 y T5 alcanzaron rendimientos muy elevados, superando a T2, y este a T1, respectivamente. Sin embargo, el T5 alcanzó los niveles máximos de concentración de proteína. La soja de segunda mantuvo la tendencia, con T3, T4 y T5 en el escalón máximo de rendimiento (Figura 1.i).

En la campaña 2016/17 el maíz mostró un comportamiento destacadísimo agrupando cuatro niveles de significancia estadística: T5 superior al resto, seguido por T3 y T4 en un nivel de equidad. Luego continuaron T2 y más abajo T1 con un rendimiento muy bajo y considerable brecha con los anteriores (Figura 1.k).

En la campaña 2017/18 la soja evidenció diferencias significativas entre tratamientos (P<0,10). El rendimiento máximo se obtuvo en los tratamientos T4 y T5, los cuales superaron al control (T1), a la vez de una tendencia incremental sobre T2 y T3.

Más adelante, el ciclo 2018/19 se caracterizó por una alta expresión de rendimiento y de los efectos de tratamiento. En trigo, se determinaron diferencias en (T2, T3, T4, T5) vs T1. Por su parte, en concentración de proteína se separaron un grupo de comportamiento superior (T3, T4, T5) vs otro inferior (T1, T2). Lo propio sucedió en los rendimientos de soja de segunda, donde se determinaron rendimientos crecientes en todo el rango de tratamientos.

En el maíz de 2019/20 se determinó un incremento lineal en todo el rango de tratamientos evaluados, con el máximo estadístico en T4-T5 y el óptimo agronómico en T5 (Figura 1.k).

Finalmente, en la soja del año 2020/21 la severa reducción de precipitaciones acontecida durante el verano no afectó los rendimientos máximos en los mejores tratamientos, ni limitó la expresión de respuesta a la fertilización. La estabilidad del cultivo se expresó al igualar estadísticamente los tratamientos T5, T4 y T3, este último con inferior productividad agronómica. Sin embargo, cuando la fertilización fue limitada o nula la caída en los rendimientos fue muy severa (Figura 1.j).

Figura 1. Rendimiento anualizado de diferentes estrategias de fertilización. Dentro de cada cultivo, letras distintas sobre las columnas indican diferencias significativas entre tratamientos. Ensayo de estrategias de fertilización en una secuencia de cultivos. Campañas 2006/07 a 2020/21. Arribeños, General Arenales.

B- Efectos sobre los rendimientos acumulados, el balance de nutrientes y su nivel final en el suelo luego de trece años: 2006/07-2020/21.

La productividad acumulada de la secuencia –veinte cultivos en catorce campañas- mantuvo su tendencia consistente en ampliar la diferencia entre tratamientos conforme el paso del tiempo. Así, mientras el testigo acumuló 75479 kg grano ha-1, el tratamiento T5 de reconstrucción llegó a 134228 kg ha-1, siendo la brecha de rendimiento de 77,8 % (Figura 2), la cual se amplía año tras año. Esta brecha es superior a la observada por Correndo et al., (2015) en un ensayo de 14 campañas sobre un sitio de buena fertilidad en la secuencia maíz – soja –  trigo/soja. Sin embargo, es inferior a la que estos mismos autores determinaron en un ambiente de menor fertilidad inicial, cultivado con la secuencia maíz – trigo/soja. En soja, la diferencia de rendimiento (T5-T1) en el año 2 fue de 1185 kg grano ha-1 (28,8%), mientras que en el año 14 alcanzó a 2460 kg grano ha-1 (97,5%).

Figura 2. Producción por cultivo (kg ha-1) de diferentes estrategias de fertilización acumulada en una secuencia maíz – soja – trigo/soja – cebada/soja – maíz – soja. – cebada/soja – trigo/soja – soja – cebada/soja -maíz.  Arribeños, General Arenales. Campañas 2006/07 a  2020/21.

Con los datos de concentración de nutrientes en grano, los rendimientos y la dosis aplicada en cada uno de ellos es posible estimar el balance para cada tratamiento (Tabla 2). El balance de N fue negativo para todas las estrategias, incluso considerando el aporte por fijación biológica (FBN). Aun ponderando los ingresos vía este mecanismo, los balances oscilaron entre -721 a -929 kg N ha-1. Aunque el balance de N en los cultivos de gramíneas tiende a ser neutro o positivo, el cultivo de soja -al no agregar N externo- genera los mayores balances negativos, dado que la FBN cubre aproximadamente la mitad de la demanda del cultivo (Collino et al., 2007). Los tratamientos con menor fertilización expresaron balances más negativos, ya que es de esperar que el menor crecimiento deprima las tasas de fijación biológica (Tabla 2).

“Los tratamientos con menor fertilización expresaron balances más negativos, ya que es de esperar que el menor crecimiento deprima las tasas de fijación biológica”

En P y S, los tratamientos testigo y de tecnología de uso actual (T1, T2) reflejaron un balance negativo, mientras que en aquellos de reposición se sobreestimó la extracción del nutriente dando como resultado un balance positivo (T3, T4, T5) (Tabla 2). Esto estaría asociado a concentraciones en grano inferiores a las inicialmente estimadas. A modo de ejemplo, la concentración de tendencia de P en grano de soja en nuestro experimento fue de 0,42 %, frente al valor medio sugerido de 0,5 % (IPNI, 2013). Un balance positivo de P a causa de concentraciones de P en grano inferiores a los valores tabulados a partir de los cuales se diseñaron tratamientos de reposición fue observado por Ventimiglia et al., (2012), quien bajo una secuencia de soja continua determinó una concentración de 0,29 a 0,35%  de P en grano. Por su parte, Berardo, (2003) propone concentraciones de P en grano de soja de 0,5 % (0,4-0,6), similares a los máximos observados en nuestro experimento.  

Tabla 2. Balance de nitrógeno, fósforo y azufre (kg ha-1) para los diferentes tratamientos durante la secuencia 2006/07 – 2017/18. Los datos de rendimiento y extracción de nutrientes en grano fueron ajustados a 13% de humedad.  Cuando se pondera el N aportado por fijación biológica de N (FBN), se considera que el 50% en leguminosas proviene de esa fuente.

La evolución en el tiempo de la concentración de P Bray-1 en suelo (Figura 3) reflejó las tendencias observadas en los balances de Tabla 2. Incrementos muy notables en el P Bray-1 en suelo como resultado de un balance positivo de P fueron documentados por Mallarino y Prater (2007), quienes postulan que la tasa de incremento es superior en el rango medio de disponibilidad, y que una vez alcanzado un nivel alto es necesario agregar mayores dosis de P para mantener/aumentar su concentración en el suelo, por el permanente pasaje de P en solución o adsorbido a fracciones más estables.

El contenido de MO, N total no manifestaron cambios importantes. El testigo fue el tratamiento con mayor nivel final de pH, de acuerdo con su menor aporte de residuos, menor exportación de bases y la ausencia de efecto acidificante de los fertilizantes (Tabla 3).

Es probable que los plazos abarcados por esta experiencia sean todavía breves para reflejar efectos de mayor magnitud en parámetros como MO o N total. Apoyando estos resultados, el promedio de cinco sitios de una red conducida por los grupos CREA en el Sur de Santa Fe mostró luego de 13 años una caída de MO de 3,1 a 2,7 %, y un incremento en el pH de 5,7 a 6,1 en el tratamiento Testigo, en comparación con la fertilización permanente con NPS (Boxler et al., 2013).

Figura 3. Evolución del P extractable en suelo (Bray-1, 0-20 cm) según estrategia de fertilización, luego de doce campañas y diecisiete cultivos, hasta la campaña 2018/19.

Tabla 3. Análisis de suelo (0-20 cm) luego de trece campañas, y su comparación con el nivel al inicio del experimento. Los datos son promedio de cuatro repeticiones.

La relación entre el balance de P (Tabla 2) y el P Bray-1 determinado en el suelo al final de la cosecha (Figura 3, Tabla 3) permite estimar la tasa de cambio en función de la extracción o reposición del nutriente. La Figura 4 muestra una función exponencial, que fuera la de mayor ajuste a los datos observados. Dicha función representa un crecimiento de P en suelo más pronunciado en el rango positivo respecto del negativo, donde se transforma en una asintótica, que caracteriza al efecto buffer del suelo (Figura 4). Si esta función se transforma en lineal, estadísticamente se pueden separar dos funciones, un el rango positivo y negativo, respectivamente. La inversa de la pendiente que relaciona estos parámetros indica la dosis de P o balance negativo necesario para variar en 1 mg kg-1 el nivel del análisis de P Bray-1 en el suelo. De acuerdo con este análisis, por cada 4,0 kg P ha-1 por sobre lo extraído por cosecha, el nivel de P en suelo aumentaría en una unidad. Por el contrario, cuando el balance es negativo actúa el poder buffer del suelo liberando fracciones estables de P hacia formas más lábiles, y por lo tanto amortiguando la tasa de caída. Así, por cada 5,5 kg P ha-1 de balance negativo su nivel en el suelo disminuiría en 1 mg kg-1 (Figura 4).

Esta tasa de cambio ha variado sustancialmente con el tiempo, disminuyendo especialmente en los últimos años, luego de alcanzar un máximo de 11.9 kg P ha-1 en 2009, después del tercer año de ensayo. Es probable que la acumulación de fracciones lábiles de P sature cargas positivas y disminuya así la retención/fijación del P aportado mediante fertilización, permitiendo ganancias de P marcadas en las estrategias ubicadas en el lado positivo del balance.

En otros experimentos fue observado un rango de variación relativamente estable a lo largo del tiempo (Messiga et al., 2010). En algunos casos, particularmente provenientes de los años 2012, 2013, 2015 y en menor medida 2014, pareciera dividirse la pendiente, siendo de menor magnitud y mayor dispersión en los procesos de ganancia de P que en los de pérdida. Este comportamiento dual fue observado por Ciampitti (2009), a partir de ensayos conducidos en el sur de Santa Fe, sobre suelos similares a los de este sitio experimental.

Figura 4. Relación entre el nivel de P extractable en suelo a cosecha (0-20 cm, mg kg-1) luego de quince años, y el balance de P (aplicado-extraído en kg ha-1) determinado en cada tratamiento. Campañas 2006/07 a 2020/21. La inversa de la pendiente indica la cantidad de P que es necesario agregar (o retirar) para variar la concentración de P en suelo en 1 mg kg-1.

C. Eficiencia de recuperación de P según cultivo y estrategia de fertilización

En función de la dosis de P aplicada, los rendimientos y la concentración de P en grano se calculó la eficiencia de recuperación del fertilizante aplicado. Para ello se transformaron los valores de P en grano a P en planta entera según los índices de cosecha de P propuestos por IPNI (2013).

La eficiencia de recuperación de P en planta entera osciló entre 0,30 y 0,39, siendo menor en la medida en que aumentó la dosis aplicada (Figura 5). Estos valores se encuentran dentro del rango de 0,10 a 0,35 propuesto por diferentes autores (Ciampitti, 2009; Johnston and Syers, 2009; Rubio et al., 2008). Los cultivos mostraron una capacidad variable de recuperación del fertilizante aplicado (Figura 6). El comportamiento general muestra una mayor eficiencia en cultivos de verano con relación a los de invierno, entre los de primera siembra. El maíz siempre presentó eficiencias de recuperación de P muy altas, con un contraste muy marcado respecto de soja. Soja de primera fue muy estable, absorbiendo en promedio de todos los tratamientos entre 34 y 36 % del P aplicado. En cambio, soja de segunda presentó un comportamiento variable, asociado a las precipitaciones y el rendimiento del antecesor (Figura 6).

“El maíz siempre presentó eficiencias de recuperación de P muy altas, con un contraste muy marcado respecto de soja”

En campañas climáticamente similares, el maíz del undécimo año asimiló mayor proporción de fertilizante que el del quinto, y este a su vez fue más eficiente en recuperación respecto del primero, probablemente a causa de la acumulación de fracciones lábiles de P con las sucesivas fertilizaciones. En cambio, la soja absorbió en planta una proporción similar en las campañas 2007/08, 2011/12 y 2014/15, aunque fueron disímiles climáticamente y en los rendimientos, evidenciando que la eficiencia de recuperación es muy conservativa en este cultivo.

En el período 2015/16 a la actualidad, asociado a un ciclo húmedo se verificó una gran facilidad para la asimilación de P proveniente del fertilizante, determinando valores de eficiencia que elevaron el promedio general.

Por la carencia de P, el T1 presenta una concentración en grano notablemente inferior, favoreciendo la diferencia de acumulación total entre testigo y fertilizados. Esto repercute incrementando la eficiencia de absorción del nutriente.

Por último, el trigo y la soja de la campaña seca 2008/09 recuperaron muy poco fertilizante en comparación con la cebada/soja de los ciclos húmedos 2009/10 y 2012/13, o la secuencia de dobles cultivos en las campañas 2013/14, 2015/16 y 2018/19. Tomado individualmente por cultivo, el valor promedio para todas las secuencias y tratamientos fue de 38,4 % de P recuperado en el primer año de su aplicación (Figura 6). Dentro de este rango, las gramíneas fueron más eficientes (44%) en comparación con la soja (32%). Entre cultivos, la máxima recuperación correspondió a los dobles cultivos (66 %: 37 % en cultivos de invierno y 30 % en verano), seguido por maíz (56 %). El menor valor correspondió a soja 1ra (34 %).

Los valores de eficiencia de recuperación de nutrientes mostrados por la bibliografía son muy amplios, y están influenciados por factores de suelo y cultivo tales como textura, nivel de P inicial, pH, presencia de Calcio (Ca) y carbonatos, precipitaciones, dosis aplicada y rendimiento del cultivo, entre otros.

Figura 5. Fracción de fósforo recuperada en planta entera según estrategia de fertilización. Las barras verticales representan la desviación estándar de la media. Ensayo de larga duración, Arribeños, General Arenales. Campañas 2006/07 a 2020/21.
Figura 6. Fracción de fósforo recuperada en planta entera según cultivo. Las barras verticales representan la desviación estándar de la media. Ensayo de larga duración, Arribeños, General Arenales. Campañas 2006/07 a 2020/21.

D. Análisis económico

Durante el periodo analizado, la inversión total realizada en fertilizantes nitrogenados, fosforados y azufrados según las diferentes estrategias de fertilización ascendió a 1.667, 3.014, 3.737 y 4.767 U$$/ha para los tratamientos TUA, Rep. PS, Rep. PS RA y Reconstruc., respectivamente (Figura 7). Como contrapartida, se registraron ingresos adicionales acumulados de 5.273, 8.997, 10.403 y 12.327 U$S/ha, para cada uno de los tratamientos aplicados (TUA, Rep. PS, Rep. PS RA y Reconstruc).

Figura 7. inversión acumulada en fertilizantes nitrogenados, fosforados y azufrados. Ensayo de larga duración, Arribeños, General Arenales. Campañas 2006/07 a 2020/21.

Los resultados de la inversión, evaluado como margen bruto anual, variaron entre  -86 y 1.120 U$S/ha año, según cultivo, tratamiento, condiciones climáticas e incidencia de enfermedades de cada campaña.  De un total de 60 parcelas fertilizadas, en el 90% de los casos se obtuvieron resultados positivos. La frecuencia de márgenes brutos positivos fue del 87% para los tratamientos TUA y Reconstruc. y del 93% para los tratamientos Rep. PS y Rep. PS RA, respectivamente. En el global de los años, el tratamiento de Reconstruc. fue el de mejor comportamiento en términos de margen bruto, seguido en orden de importancia por Rep. PS RA, Rep. PS y TUA, respectivamente.

En general, el cultivo de maíz mostró los mayores márgenes promedios, mientras que la soja de primera mostró los márgenes medios más bajos en todos los tratamientos de fertilización analizados (Figura 8).

Figura 8: Margen bruto anual medio respecto del testigo no fertilizado para los diferentes tratamientos de fertilización. Ensayo de larga duración, Arribeños, General Arenales. Campañas 2006/07 a 2020/21.

Luego de quince campañas agrícolas los márgenes brutos acumulados fueron de 3.606, 5.983, 6.666 y 7.560 U$$/ha para TUA, Rep. PS, Rep. PS RA y Reconstruc., respectivamente. Durante las primeras cuatro campañas los distintos tratamientos realizados acumularon un beneficio similar. Los mayores márgenes totales fueron alcanzados por los tratamientos Reconstrucc. y Rep. PS RA, los que a su vez superaron a Rep. PS, y este a TUA. Entre la quinta y la décima campaña, se produjo una marcada diferencia entre el margen bruto del tratamiento TUA y el correspondiente a los tratamientos Rep. PS, Rep. PS RA y Reconstruc. los que superaron al primero, en un 76, 84 y 91%, respectivamente.

“En las últimas cinco campañas el margen por fertilización comenzó a diferenciarse entre tratamientos y el beneficio acumulado del manejo TUA comenzó a ser significativamente inferior al resto”

Por otra parte, los manejos con mayor índice de retorno a la inversión fueron TUA y Rep.PS con U$S 3,16 y U$S 2,99 por cada dólar invertido seguidos de Rep. PS RA y Reconstruc. con un retorno de 2,78 y 2,59 U$S/U$S, respectivamente. Si bien se observó que a medida que la estrategia de fertilización se hace más exigente, la tasa de retorno se reciente, es importante señalar que, en estos indicadores, no se ha valorizado económicamente ni la pérdida de nutrientes por aplicación de dosis menores a las de reposición; ni el mantenimiento y reconstrucción de los niveles de fertilidad (Figura 9).

Figura 9. Margen bruto acumulado respecto del testigo no fertilizado y retorno sobre la inversión para los diferentes tratamientos de fertilización. Ensayo de larga duración, Arribeños, General Arenales. Campañas 2006/07 a 2020/21.
CONSIDERACIONES FINALES

* Las estrategias de fertilización impactaron en los rendimientos, modificaron el balance de nutrientes y este a su vez correlacionó fuertemente con los niveles finales de P en suelo.

* Las diferencias en producción de granos entre estrategias se amplían campaña tras campaña. Así, la diferencia entre los tratamientos T5 y T1 alcanza luego de 13 años y 18 cultivos a un 72,9 %.

* Para P y S, estrategias pensadas como de reposición finalmente resultaron ser de reconstrucción. Esto podría explicarse por el reciclaje de P hacia capas superiores. Mientras las plantas asimilan el nutriente desde diferentes estratos de suelo, la devolución por fertilización y los residuos se localiza cerca de la superficie. En cambio, los tratamientos T1 (testigo) y T2 (TUA) resultaron secuencias extractivas, que llevaron a un final por debajo del observado al comenzar el experimento.

* Diferentes dosis de aplicación de nutrientes generaron cambios previsibles de su disponibilidad en el suelo. Luego de trece años de experimentación, la tasa de cambio fue de 1 mg kg-1 de P Bray (0-20 cm) por cada 4,0 kg P ha-1 de balance positivo y 5,5 kg P ha-1 de balance negativo. La relación cambia ligeramente año tras año, con una tendencia a disminuir evidenciando una acumulación de fracciones lábiles en el suelo.

* La recuperación media de P en planta entera – estimando un índice de cosecha de referencia- alcanza alrededor de un 38,2 % del P aplicado, valor que se encuentra dentro del rango mencionado en la bibliografía. La intensificación agrícola, mediante doble cultivo y siembra de gramíneas fue una buena herramienta para acentuar este proceso y tornar más eficiente el uso del nutriente.

* Los resultados económicos señalan que, si bien las estrategias de fertilización más ambiciosas incrementan la inversión en fertilizantes respecto de la tecnología media del productor actual, también aumentan los ingresos y la rentabilidad en el mediano y largo plazo.

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