El agua sale marrón en la Capital Federal, en el distrito más rico del país los habitantes abren la canilla y el agua sale marrón. El Estado nacional argentino ya ni siquiera puede garantizarle agua potable transparente de calidad a la población en la ciudad con más inversión en infraestructura urbana del país.

El mismo Estado que desarrolló un satélite y con ayuda de SpaceX lo puso en órbita hace menos de un mes, que mantiene la red de cobertura previsional de mayor alcance de América Latina y que asiste a millones de familias con un ingreso de emergencia durante la cuarentena no puede garantizar agua limpia sin olor a podrido. Eso no es solo un inconveniente para la población de la ciudad de Buenos Aires y su conurbano norte, es una señal muy clara de que este año se amplió significativamente (y para mal) el rango de lo posible en Argentina. Esto quiere decir que aumentó de manera significativa la incertidumbre, ya ni siquiera se puede confiar en que el agua potable es transparente, insípida e inodora.

También quiere decir que el Estado argentino está desbordado por las demandas de distintos grupos sociales y el actual gobierno no pudo decir basta y para peor, sigue comprometiéndose a resolver más demandas aún: recientemente se erigió como garante de un nuevo servicio esencial, las telecomuniciones, y prometió el relanzamiento de Fútbol Para Todos. El presupuesto estatal sencillamente no da más, los ingresos se derrumban producto de una cuarentena que con su nueva extensión alcanzará los 205 días mientras que los gastos se incrementan.

Esta incapacidad del Estado argentino de administrar la multiplicidad de la demanda social lo transformó entonces en el principal productor de incertidumbre de la economía argentina. El gobierno no sabe decir no. Los recursos no son infinitos y cuando los policías bonaerenses inéditamente rodearon la Quinta de Olivos para demandarle al Presidente de la Nación (como si el gobernador de la Provincia de Buenos Aires no existiera) una recomposición salarial, la única respuesta posible fue recurrir a un acto ilegal: de manera unilateral el Estado nacional reformó de hecho los acuerdos fiscales entre las provincias y le sacó a la ciudad para darle a la Provincia de Buenos Aires.

El gobierno no sabe decir que no y el déficit crece y se monetiza íntegramente; es imposible saber qué factores de gastos se transformarán en permanentes y cuáles serán transitorios. La monetización del déficit genera un fenómeno muy concreto: a pesar de que en términos de competitividad el tipo de cambio es satisfactorio, todos los agentes de la economía consideran que el peso hoy está caro comparado contra su precio futuro y presionan sobre el mercado cambiario para deshacerse de él. A pesar de que las importaciones están planchadas, la demanda de dólares a precio oficial para importaciones se dispara y empequeñece a la demanda de dólares por atesoramiento. Las reservas netas hoy no superan los 7 mil millones de dólares, las realmente disponibles son demasiado difíciles de calcular, solo circulan trascendidos.

La renegociación forzosa de la deuda tuvo un costo altísimo: retiro al Estado argentino del mercado mundial de deuda. Si hoy quisiera emitir deuda nueva debería prometer rendimientos de casi 12%. Imposible, los “efectos benéficos” del canje de deuda nunca llegaron.

La respuesta a la falta de confianza en el Estado nacional fue restringir aún más el acceso al mercado único y libre de cambios, o sea la cotización oficial del dólar. La legislación es críptica, llena vericuetos. Empalmada con las retenciones a las distintas actividades y anteriores restricciones hoy en la economía argentina existen al menos 16 tipos de cambios, a saber y en orden creciente de cotización: Soja, cereales, carne, petróleo,      servicios, “economías regionales”, minería, oficial, mayorista, importador, “netflix”, MEP, ahorro, CCL, “Cripto” y “Blue”. El “Blue” es el más caro y casi multiplica por 3 el “soja”.

La nueva restricción al acceso al dólar no termina ahí: si una empresa tiene deudas con el exterior que superen el millón de dólares solo puede pagarlas en un 40% con dólar oficial. Potencialmente se envía al sector privado a un default compulsivo de deuda masivo.

Mientras tanto avanza el desarrollo del trigo en el medio de la sequía invernal y de acuerdo con @estimacionesBC el 40% del área cultivada tiene una condición mala. Analizando la localización geográfica de la sequía el golpe es particularmente duro en el NEA, el sur de Córdoba y la zona núcleo. Esto no solo impactará en el bolsillo de los productores, sumado al desplazamiento de siembra desde el norte de la ruta 5 al sur de ella, una disminución de la cosecha impactará también negativamente en las exportaciones que serán necesarias para pasar el fin de año con disponibilidad de divisas. Resta esperar que la sequía no avance sobre la campaña de verano, los meteorólogos son optimistas.

El planeta #Campo es un administrador permanente de incertidumbre, clima y precio son “el pan de cada día”, están entrenados. Eficiencia, rotación óptima de capital, descargar pesos en insumos dolarizados, todas las estrategias que son conocidas a la hora de administrar un entorno muy complejo para pensar los negocios, la clave será estar alerta: desprenderse lo más posible del riesgo y generar arreglos contractuales que permitan desacoplarse del riesgo cambiario. Los productores agrícolas en la década de los 2000 se perfeccionaron, incorporaron masivamente conocimientos productivos y financieros: hoy no solo son productores agropecuarios, muchos pueden llamarse a sí mismos “administradores de fondos aplicados a actividades agropecuarias”. Bad time, good face. La vida es una maratón eterna, no hay línea de llegada.

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