Iván Ordoñez

Iván Ordoñez

La  #Cosecha16  de verano  amenaza con ser calamitosa para miles de productores. Forzados por un anterior gobierno a un esquema de rotación de cultivos delirante, se volcaron masivamente a una #Siembra16 record de soja. Todos los huevos en la misma canasta. Mientras se imprimen estas líneas, se estima que hoy el máximo de toneladas pérdidas alcanzará las 5 millones de toneladas. No se distribuyen uniformemente, algunos lo perdieron todo, otros (los menos) tendrán rendimientos record. La calidad de los granos que lleguen al puerto serán un problema para casi todo el sistema.

 

Los productores cuentan en Twitter en primera persona el desastre, como los hermanos Imhoff que en el centro de Santa Fe dejaron toda su inversión bajo el agua, a la que ni siquiera podían acceder por los caminos anegados. Pero el #Campo es mucho más que #Campo: el agua se metió adentro del tanque del camión, por cada millón de toneladas que no se cosechan se pierden 30.000 viajes ida y vuelta al puerto. Esas son ruedas que no se cambiarán, gasoil que no se consumirá y sándwiches de milanesas que no se freirán en las estaciones de servicio de miles de ciudades rurales. Esas son personas con menos laburo, todos unidos en ese omelette gigante que es el sistema de agronegocios argentino. Sin embargo, el impacto no termina en nuestras pampas: desde Rosario @juanhaumuller suele filmar los Panamax pasando por el Paraná. Se necesitarán más de 700 de esos para levantar la cosecha de soja. El parate del primer exportador de global de derivados de soja obligó a un rediseño de la logística global de esas moles que transportan 65.000 toneladas. No se crean que hay tantos dando vuelta. Chicago reaccionó tarde, lo que en Argentina se intuía hace 15 días cuando ya la lluvia era abismal, el mercado lo corrigió en dos días y el precio saltó un 3%, por ahora; mientras tanto el FOB disponible de Argentina volaba: las plantas de crushing no pueden parar y necesitan chupar soja. Y la pagan. Es difícil aventurar cuantas divisas perderá el país, pero un techo de 2 mil millones de dólares no suena alocado.

Esta pesadilla para el mundo, que tendrá menos soja y maíz para alimentarse podría haberse evitado.

En los últimos 12 años el Estado Nacional le cobró al sistema de agronegocios 80 mil millones de dólares en retenciones solamente. Con menos del 5% de ese dinero el 100% de los kilómetros de ruta nacional que surcan la provincia de Buenos Aires podría estar en autopista. Con mucho menos se podría haber implementado un plan hidráulico en las cuatro provincias que concentran el 80% de la producción de granos y hoy sufren el agua, o aliviado el acceso a los puertos. Si ese dinero no hubiera sido potestad del Estado Nacional, sino del Municipal, hubiera existido la posibilidad de asfaltar (si, asfaltar) caminos rurales, además darles señal de celular; y cloacas y agua de red de calidad a los habitantes de sus cascos urbanos. Retirar recursos de un sistema productivo sin reponer aunque sea una mínima parte es devorarse su capital.  La plata ya no está y el hardware (aquello que podemos tocar) se cae a pedazos. Se podrán destinar recursos, no será lo mismo.

Hoy existe la posibilidad de operar sobre el software: las reglas de juego y los activos intangibles que mueven el sistema. El mundo podrá extrañar los granos argentinos ante un evento calamitoso, pero eso no debe porque impactar en el bolsillo de los argentinos. Una de las causas de los bajos precios post 2013 son las mega cosechas norteamericanas y estás son consecuencia del boom de la seca 2012. Boom = seca? Si, el sistema de seguros norteamericano permitió que el peor año agrícola sea uno de los mejores años económicos e impulsó una ampliación de la producción luego.

Es imperativo que quienes participan de los agronegocios argentinos se aboquen a diseñar un sistema de seguros contra riesgo climático que no solo evite los eventos que los llevan a una quiebra, sino que los ayuden a estabilizar su flujo de ingresos para transformarlos en sujetos de inversión. Avanzar así en el proceso de transformar “productores” en empresarios que administran conocimiento, talento y activos financieros volcados a la producción de alimentos, fibras y energía: un salto coperniquiano de calidad en como pensamos y hacemos agronegocios. Soñarnos más. Hay miles de sistemas de seguros funcionando en el mundo, ninguno es perfecto. Algunos ofrecen buena cobertura, pero son caros por su costo de auditoría, otros son más baratos y la cobertura solo alcanza a los eventos catastróficos. Ninguno se hizo sin esfuerzo o consensos entre actores que inicialmente aparentaban tener intereses disímiles. En todos la información y la transparencia juegan un rol clave. Hay una certeza más: quienes hacen de los agronegocios argentinos necesitan el suyo.

Es ahora o nunca.

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