Editada por Valeria Guerra – Comunicaciones Centro de Investigación de Recursos Naturales (CIRN) – INTA -Basada en un coloquio de Miguel Taboada

El director del Instituto de Suelos del INTA, Miguel Taboada, brindó una charla sobre “Inundaciones: la relación entre el clima y el suelo”, destinada a periodistas y comunicadores. En ella, abordó diferentes aspectos tales como ¿Cuáles son las áreas inundables? ¿Tenemos herramientas para predecirlo? ¿En qué se relacionan las inundaciones con la forma en qué manejamos los suelos (siembra directa, rotaciones, desmonte, urbanización)? ¿Qué pasa cuando un suelo se inunda?

El suelo es un cuerpo poroso que almacena agua. “Las lluvias abundantes o tormentas, exceden la capacidad del suelo de asimilar esa agua y lo primero que sucede es que sube el agua subterránea”, indicó Taboada. Según el director del Instituto de Suelos del INTA, todos los suelos tienen una parte saturada de agua subterránea y una parte superior que sería la zona insaturada o vadosa. En general la mayor parte de los suelos agrícolas, excepto los arrozales, tienen estas dos áreas. “Ocurre inundación cuando hay aportes externos que pueden ser superficiales como desbordes de ríos o aportes externos subsuperficiales como movimientos del agua subterránea que causa ascensos freáticos”, explicó el director. A su vez, indica que “esto está ayudado también por procesos de tipo superficial que ocurren en los suelos como lo son problemas en la infiltración y el escurrimiento”.  Esas causas llevan a la ocurrencia de inundaciones, bien sean catastróficas o simples procesos de anegamiento que es lo que ocurre en la mayor parte de la región.

Ahora bien, ¿Cuáles son las áreas inundables?  Taboada hace referencia a que “no cualquier suelo se inunda y existen herramientas para predecirlo”. A su vez, no descarta que suelos que nunca se hayan inundado en la historia puedan llegar a inundarse. Eso claramente puede suceder cuando se altera la hidrología de una región, como con obras hechas por el hombre que alteran el drenaje regional o alcantarillas tapadas. Taboada asegura que en general los suelos anegables tienen rasgos visibles en sus perfiles que indican que alguna vez van a anegarse. “Los que trabajamos en reconocimiento de suelos hacemos una calicata y analizamos la presencia de  moteados, concreciones de hierro y manganeso, colores grisáceos y tonalidades apagadas, colores verde oliváceos en suelos inundables frecuentemente, evidencia de agua subterránea cerca de la superficie, y eventualmente, vegetación adaptada en áreas que han sido poco tocas o no han sido tocadas por el hombre”.

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