El miércoles 14 del corriente, por a la noche, el Presidente se propuso cerrar la actividad económica y la presencialidad en las aulas. Lo hizo sin dialogar con los gobiernos locales y peor aún, sin evidencia científica. El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires remarcó esos dos puntos en su discurso. Es abrumadora la evidencia en contra de cerrar las aulas, el Banco Interamericano de Desarrollo con especialistas como Florencia López Boo produjo numerosos artículos y documentos al respecto. UNICEF e INECO alertaron sobre la estabilidad emocional de los menores de edad en un estudio en Argentina. Nada importó. Murió la idea de sopesar costos y beneficios cuando se toma una medida.

El viernes 9 de abril la Secretaria de Comercio de la Nación declaró que “no le temblaría el pulso en cerrar las exportaciones de carne si continuaban los movimientos especulativos de precios”. Una semana después cumplió y se impuso su visión. A las distorsiones de sotto voce en el mercado de cereales se le sumarán las distorsiones explicitas con la vuelta de los ROE, por ahora el rojo.

Se insiste en el error intentando resolver un problema macro con medidas micro que además no son correctas. Cuando la suba del IPC se da en todos los rubros solo puede ser explicada por la monetización del déficit fiscal 2020 y la claras señal de que será alto en el 2021. Vivimos en el largo plazo de abril 2020, el Banco Central duplicó la base monetaria en medio año y hoy tenemos un déficit cuasi-fiscal (intereses de la política monetaria) enorme. La inflación la genera el desequilibrio macro que introduce el monumental déficit fiscal. Después de varios meses de crecer por arriba del 3% la inflación trepó a al 4,8% en marzo.

Aclarado que el problema inflacionario es macroeconómico ¿por qué es una medida micro errónea? la inflación de la carne es del 6,8% en el Gran Buenos Aires y según el gobierno el problema es la exportación. Lácteos y huevos subieron 8,6% y verduras y tubérculos 6,3%; para ambos rubros la exportación no es relevante. En frutas donde la exportación es relevante los precios bajaron un 1,8%. Argentina no exporta prácticamente prendas de vestir y en el AMBA subieron en un mes 19%. La variable exportación no tiene nada que ver con la evolución de los precios.

Cerrar las exportaciones de carne es cortar el círculo de crecimiento. Entre 2007 y 2015 las exportaciones cayeron de 771 mil toneladas a 151 mil, se cerraron 150 frigoríficos y se perdieron 8 y 12 mil puestos de trabajo, solo en la etapa industrial; el Sindicato del Personal de la Industria de la Carne estima que durante ese período se mantuvieron 8.000 puestos de trabajo gracias a subsidios estatales (los REPRO). 12 mil ganaderos se retiraron de la actividad y el rodeo nacional cayó 16,8 millones entre 2007 y 2011. A más de una década de ese error aún no se llegó al stock de 61 millones de cabezas. Como si fuera el “multiverse de Spiderman” hoy vivimos en ese universo que se creó con la decisión tomada en 2007, la fábrica de terneros es más pequeña.

Si los ROE rojo se instrumentan con dureza, perderemos el status de proveedor confiable de carne. Nuestros clientes en el mundo nos demandan previsibilidad. Será difícil recomponer la confianza.

El año 2020 fue muy duro para la población argentina, se perdieron 4 millones de puestos de trabajo informales y decenas de miles de argentinos sufrieron los efectos de la inflación. Esta caída en sus ingresos redundó en una reconfiguración de la dieta, relegando la carne vacuna, pero elevando significativamente el consumo de carne aviar y huevos, que hoy combinadas son la principal fuente de proteína animal de la dieta de los argentinos.

La industria cárnica argentina emplea a más 77 mil trabajadores registrados y el sistema de agronegocios de la carne que va desde los agricultores que producen el maíz hasta los transportistas de hacienda en pie, vacuna al menos dos veces por año a 54 millones de cabezas de ganado. Son más de 131 mil productores ganaderos que cuidan al rodeo, llueve o truene, en sequía o inundación. En el 2020 y 2021 el sistema pudo mantener su volumen de empleo gracias a su potencia exportadora.

Las exportaciones cárnicas crecen en volumen, montos y destinos desde 2016 en un círculo virtuoso que genera empleo y divisas para todo el país. El año pasado aportaron a las arcas del Banco Central más de 2.700 millones de dólares con un record de 900 mil toneladas. Junto con otras exportaciones no solo permiten al país importar insumos industriales, también vacunas, kits de testeo y todo lo necesario para atravesar la pandemia.

El miedo a la libertad y la oscuridad son el eje del modelo discursivo-decisional del gobierno. Hay todo un encadenamiento. No es novedoso. En la batalla contra la pandemia y la inflación la reacción es la misma.

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