Estos últimos años mediante el auge de las plataformas de vuelo como drones y el abaratamiento de las cámaras para mediciones – como pueden ser las multiespectrales o las cámaras térmicas – es que se empezó a observar grandes cambios en la manera de visualizar los cultivos, su comportamiento, y los factores que influyen en la variabilidad cuali y cuantitativa.

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Actualmente se discute entre las personas que trabajan en Agricultura de Precisión cómo manejar la variabilidad de los cultivos, cual será el tamaño mínimo de la zona, el punto a variar insumos en los diferentes cultivos, y de qué dependerá ese manejo de la variabilidad.

Lo interesante de esta discusión es saber de dónde venimos, donde estamos y a dónde vamos. Si nos remontamos en el tiempo, un poco más de 18 años atrás, en nuestro país se podría decir que se discutía si convenía o no tratar a un lote como promedio o tratarlo manejando la variabilidad. Actualmente no se discute que en campos donde la variabilidad es alta se manejen los insumos de manera variable.

A la fecha existen muchos ejemplos de productores que manejan la variabilidad de sus campos con réditos económicos y medios ambientales. Hace 18 años para hacer una aplicación variable de semilla y fertilizante con una sembradora se necesitaban 2 monitores (1 para semilla y 1 para fertilizante), un actuador que recibía la información de los dos monitores más la del GPS que le daba la posición, el GPS con señal correctora diferencial y un monitor de siembra para saber si las semillas caían y en qué número por metro. Todo este equipamiento costaba entre 35 y 40 mil dólares. Hoy todo esto fue reemplazado por una aplicación en una Tablet o teléfono celular.

La información que puede brindar una imagen térmica todos los días posibilita un diagnóstico diario de la condición de los cultivos por ambiente y metro a metro, lo cual permite actuar en tiempo real frente a cambios que no sean los normales de las plantas dentro de un ambiente, o de manera individual si se quisiera.

De hecho en Japón ya se trabaja en el desarrollo de micro satélites que brindarían una imagen térmica por día y actuarían en consecuencia si el modelo indicara que se estaría modificando el rendimiento potencial de los cultivos debido a una problemática que se puede controlar con manejo.

La información y la potencialidad del uso de cámaras multiespectrales montadas sobre drones o satélites combinadas con tecnología de visión artificial, permitirían estimar rendimientos y calidades de los cultivos metro a metro. Como así también podrían definir con esta misma tecnología de imágenes satelitales y visión artificial los lugares donde hay malezas y qué tipo, para poder aplicarles selectivamente el herbicida para esa determinada especie.

En la actualidad se ha comenzado a vivir una verdadera revolución agropecuaria que vendrá de la mano de nueva maquinaria, nueva tecnología, mayor precisión, mejores diagnósticos, diferenciación de calidades de cultivos a campo – previo a la cosecha y durante la misma – que seguramente serán económicamente muy rentables. Para poder lograr estar a la altura de los nuevos cambios que se comienzan a visualizar, hace falta que la investigación y la experimentación adaptativa puedan trabajar juntas para lograr adaptar la tecnología que vendrá al manejo sustentable de los cultivos.

Las experiencias indican que lo que hoy parece ciencia ficción mañana no lo es. Lo mismo sucedió con la Agricultura de Precisión hace más de 15 años y hoy es una realidad de la cual aquellos productores, asesores, contratistas, etc. que la están utilizando no vuelven atrás.

La discusión actual de la existencia de la microvariabilidad y cómo tratarla es similar a la que surgió con el mapa de rendimiento en el pasado. Hoy lo que permite predecir que los cambios vendrán en el corto plato es justamente la experiencia pasada con prácticamente la misma temática pero con mayor detalle de información.

El cambio llegará tarde o temprano con los mismos o con diferentes actores que producen en la actualidad, pero básicamente hará falta mayor capacitación por parte de los interesados y mayor trabajo de quienes ofrezcan maquinaria, servicios o insumos a quienes produzcan alimentos. Hay una brecha que todos los que trabajamos en esta temática deberíamos tratar de reducir, y es la que hace que aún no se logre una adopción masiva de algunas herramientas tecnológicas. Por ello hay que entregar información más procesada, donde los que produzcan puedan entender y realizar los cambios que más les convenga para producir. Por otro lado cabe destacar que para lograr estos objetivos sí o sí se debería ir a sistemas automatizados, robotizados y con inteligencia precargada para decidir situaciones de campo y así lograr buenas prácticas de manejo.

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