ERNESTO PELUFFO, bravo de MALVINAS, héroe de la PATRIA

Ernesto Orlando Peluffo es bisnieto de un inmigrante italiano que buscaba salir adelante, y nieto de una heredera de familia patricia correntina. Siguió la carrera militar como su padre y su abuelo, también lo inspiraron sus maestras de primaria y su abuela materna de la cual heredó el campo donde está hoy que perteneció a […]
julio 6, 2022

Ernesto Orlando Peluffo es bisnieto de un inmigrante italiano que buscaba salir adelante, y nieto de una heredera de familia patricia correntina. Siguió la carrera militar como su padre y su abuelo, también lo inspiraron sus maestras de primaria y su abuela materna de la cual heredó el campo donde está hoy que perteneció a su tatarabuela. Nació en Mercedes, Corrientes, y su familia se dedicó por generaciones al campo y a la ganadería.

Por: Sebastián Nini

“Raza de toro y yaguareté, más correntino que un yacaré” dicen algunas estrofas de la canción que “Los Chalchaleros” le dedicaron al Sargento Juan Bautista de Cabral. Fue Cabral el gran héroe, el primero, el que marcó el camino, el que abrió la puerta a tantos otros correntinos que en un vendaval de bravura han sabido ponerle el pecho al enemigo defendiendo a la patria.

Es un hombre que pasa los sesenta, y por estos días se cumplen cuarenta años de aquella historia que lo forjó a fuego. Cuando Peluffo cursaba el último año con la camada 113 de la carrera militar, fue llamado a hacerse cargo del cuerpo de infantería 12, general Arenales, en su Mercedes natal. Le tocó apresurar el egreso, porque Argentina había recuperado las islas Malvinas y era necesario preparar a las tropas.

¿Ernesto, cómo fue esa decisión de regresar y dedicarte al campo?

Después de 38 años de servicio en el ejército decidí volver a las raíces, en Corrientes, dedicarme a la cría, de Hereford y Braford con 900 hectáreas, tengo ovinos, hago lana y corderos, y como en todo campo tengo caballos criollos y tiros livianos. De todos modos, cuando estaba en el ejército, me he pasado veranos con mis hijos, tanto es así que mi hijo Ernesto Agustín, que es técnico en administración agropecuaria de la UCA, actualmente está administrando un campo, y la menor de mis hijas, María Milagros, estudia agronomía.

Peluffo tiene cuatro hijos – tres de ellas mujeres- se llaman Paz, Victoria y Milagros y las tres llevan como primer nombre el de María, sin duda la fe en la virgen lo ha llevado, junto a su mujer, a poner el nombre de la madre de Cristo a todas sus hijas. Al escribir siento en los nombres de sus tres hijas el reflejo de los mayores deseos de aquel campo de batalla en Darwin, en medio de la locura de la guerra soñando con los milagros, la victoria y la paz. La batalla vuelve en cada fin de mayo, le llega y lo transporta a aquel “pozo de zorro” donde pasó esos días tremendos a cargo de soldados que tenían apenas un año menos que él y a los que supo liderar con el ejemplo porque remarca “la voz de mando es el ejemplo personal, las palabras convencen y el ejemplo arrastra”.

El 28 de mayo entraron en combate en el cerro Darwin, en una batalla que empezó a la mañana y duró hasta el mediodía, estaba a cargo de una sección de tiradores con 35 soldados y tenían orden de demorar el avance inglés. La noche fue tensa y apenas descansaban de a ratos, la tensión y los nervios eran fuertes y sabían que perder la posición era permitir que se quebrara la defensa que protegía la pista de los Pucará. Fue entonces que junto al teniente Estévez vieron movimiento delante y entendieron que por la forma de moverse se trataba del enemigo. Al comenzar el fragor de la batalla, Peluffo ordena el fuego de sus hombres mientras tira con un fusil y en medio de la trinchera la explosión de un mortero que hiere al soldado Orellana le da con una esquirla en la pantorrilla. Herido Peluffo toma el fusil de Orellana y sigue disparando, combatiendo a distancia de no más de cien metros del enemigo, hasta que siente un fuerte estruendo en el casco, aturdido se percata de que está sangrando, una bala había pegado en su casco y lo había herido en la cara. Hoy su cicatriz es su marca de guerra, su nombre de batalla.

“La voz de mando es el ejemplo personal, las palabras convencen y el ejemplo arrastra”

¿Cómo continua la carrera militar al regresar de Malvinas?

Al regreso de las islas tuvimos el egreso formal de subtenientes, nuestro viaje de estudios fue la guerra de Malvinas, la Tesis en si misma por haber entrado en combate. Lamentablemente de los 44 de nuestra camada que fuimos a Malvinas siete volvimos heridos y perdimos a un compañero a causa de los desplazamientos y movilizaciones en el sur. Hice la carrera retirándome como coronel con treinta y ocho años de servicio en el 2016.

¿Cuánto de lo vivido en Malvinas te ha servido de algún modo para no bajar los brazos en el día a día y seguir dando pelea en la vida y en el campo?

Mi padre y mi madre me han educado en valores desde muy chico y sobre todo la constancia, el esfuerzo, la templanza y el sacrificio para todas las cosas. También lo hacían nuestros abuelos con su ejemplo y su trabajo, el ejemplo de nuestros abuelos y de nuestros padres nos fueron enseñando a no perder la fe y perseverar, confiar en Dios y en el auxilio de la santísima Virgen María. Eso me ayuda mucho y me ayudó mucho en mi vida y en mi carrera inclusive en los momentos de incertidumbre de desaliento y de desesperanza, uno se clava de rodillas reza y tiene la fuerza para salir adelante.

Me sorprende que cuando te pregunté cuanto tiene el actual productor agropecuario del soldado me contestaste cuanto tenía el soldado del nieto y el hijo de los productores

Creo que las tradiciones hacen al soldado, en el ejército se aprende disciplina y valores, mucho conocimiento técnico y táctico, pero lo que uno trae de la cuna lo lleva de por vida, y eso a mí me ayudó mucho en la vida. El ejército me dio organización, disciplina, prolijidad, orden, un método de trabajo, me enseñó a conducir personas que es muy difícil y eso me ayudó a seguir adelante y hoy me ayuda a dejar ordenadas mis cosas para los que vienen.

Así decía mi abuelo “La tierra no es de uno, es de los hijos” dejar las cosas organizadas para los que vienen como hicieron mi madre, mis abuelos y tatarabuelos que por su sacrificio hoy tenemos una vida de trabajo, de confort y bienestar que alcanzaron ellos.

¿Cómo fue la experiencia de la batalla del fuego del último verano?

Allá por noviembre del año 2021 se veía venir una seca importante, ya para diciembre no llovió y me acuerdo que estábamos en navidad y ya veíamos cómo se iba conformando la seca, entre soles abrazadores, vientos del norte que partían la tierra. Enero fue igual y para entonces empezaron los fuegos, se quemaron miles de hectáreas -casi un 12% de la provincia- se perdieron yerbatales, arroceras, forestaciones completas, montes nativos, pastizales, praderas naturales. El fuego en nuestra zona se llevó más de veinte mil hectáreas.

Yo como buen militar seleccioné una zona de terreno llave en altura para tener mi casa y desde donde veo todo mi campo, cerca de la ruta con el agua a más de setenta metros, pero ese puesto me permite ver todo. Desde este punto observatorio veía todo y de esa manera daba alarma a los vecinos y concurríamos en ayuda de los que lo necesitaban.

“Este fue un año difícil por los cuarenta años y uno vuelve a los recuerdos, pero el campo me da paz y tranquilidad.”

Darse una mano entre los vecinos y colegas productores

Si, con una camioneta y un acoplado armamos nuestros propios autos bomba. Los productores fuimos los primeros bomberos. Éramos bomberos, policías, dábamos alarma. Sobre esto nos llamaban del gobierno de la provincia para ver si podíamos nosotros repartir las donaciones que recibían, parecía que no bastaba con que hayamos ido en auxilio nosotros, que el apoyo provincial y nacional llegó muy tarde y con un nivel muy pobre, intentado apagar el fuego con aviones fumigadores.

Hoy estamos tratando de obtener algún crédito porque la seca nos llevó a vender terneros y hoy hay poco pasto, la lluvia llegó en marzo, apenas un poco a fines de febrero y recién llovió en serio en marzo, un pasto de otoño que no tiene nada de fuerza y nos obliga a comprar forraje.

¿Cómo compararías la experiencia de compañerismo vivida en el campo de batalla con la que sentiste en la lucha codo a codo contra el fuego entre productores y vecinos?

Mucho, mucho sacrificio, mucho laburo, un compañerismo tremendo. Me hubiera encantado ver al ejército al lado nuestro, al menos algún soldado con alguna herramienta ayudando a combatir el fuego. Lamentablemente no lo vimos o casi no lo vimos, es decir no lo vimos en nuestra zona, sí en otros lugares. Toda la ayuda nacional llegó tarde, estaban los productores, los bomberos voluntarios de los pueblos vecinos y algún voluntario. Después de eso nada, como conté antes, un fumigador tratando de hacer de avión hidrante. Si no hubiese sido por la solidaridad y la colaboración de los vecinos otras hubieran sido las consecuencias.

Acá se quemaron alambrados, portones, gracias a Dios los cascos no se quemaron porque los productores quemábamos el fuego antes de que llegue al casco de las estancias.

¿Te hace feliz el campo?

“Entregué mi juventud y la mayor parte de mi vida activa para servir a mi patria es hora de que pueda disponer de mi vejez y estar tranquilo” yo creo que es así. Esto no lo dije yo, esta frase es del General José de San Martín. Yo quiero hacer lo mismo siguiendo las palabras del padre de la patria.

Cuando volvés a pasar por tu memoria los recuerdos de la guerra usas la frase “seguir revolviendo el guiso”. ¿Ayuda la paz del campo?

Este fue un año difícil por los cuarenta años y uno vuelve a los recuerdos, pero el campo me da paz y tranquilidad. Me siento en la galería a la hora de la oración como decía mi abuela, porque antes en las estancias cuando no podían ir a misa la gente usaba un reclinatorio en dirección al poniente y reclinado se rezaba el rosario. Yo también rezo y eso me trae paz y tranquilidad en el campo.

Este correntino que me trajo toda la nota con la garganta entrecortada de la emoción por el solo hecho de compartir esta charla con él, es un bravo como aquel Juan Bautista de la batalla de San Lorenzo, que sirvió a la patria en el otoño helado de Malvinas y lo sigue haciendo en su Mercedes natal. Allí queda sentado en su galería seguramente, mirando al poniente en paz con él, con su Dios y con su patria, sobreviviente para contar la historia de los héroes que no volvieron y para seguir peleando contra el enemigo que se le plante.

El coronel retirado Ernesto Peluffo, veterano de guerra de Malvinas, como les gusta que los llamen, me invita a visitarlo y me muero de ganas de ir a Mercedes, a seguir charlando, porque es bastante difícil tener la suerte de escuchar la historia de la boca de los que la hicieron. Más aún de estos héroes cuyo único super poder es haber sabido tener una valentía inmensa cuando la patria los llamó a servir.

“Gracias por esta charla y por seguir malvinizando”, me dice. Gracias a usted Coronel (R) VGM Ernesto Orlando Peluffo, bravo de Malvinas y héroe de la patria.   

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