Por Ing. Agr. Mauro Mortarini (MP891, MN17969-01-01) – Consultora Ojos del Salado – AAPPCE – ATR AAPRESID América.

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Más allá de los vaivenes de los niveles de producción interanuales, el cultivo de girasol en 2021 aportará a la economía argentina un valor agregado de 1.477 millones de dólares, un 43% por encima del valor del año pasado gracias al aumento registrado en los precios del grano, los cuales superan los máximos de las últimas cinco campañas. Adicionalmente, de acuerdo a la Bolsa de Cereales, esta campaña generará exportaciones por 699 millones de dólares (+17%) y aportará 350 millones de dólares en recaudación fiscal (+36%).

En este contexto, en Ojos del Salado, nuestra consultora dedicada a la investigación y extensión agrícola situada en el Oeste Arenoso (América, Bs. As.) estamos recibiendo consultas por parte de productores que quieren iniciar por primera vez o retomar la producción girasolera. Los motores se ponen en marcha y para llegar a la meta, a continuación se actualizan algunos aspectos técnicos al respecto.

En búsqueda de altos rendimientos: agua a la siembra

La productividad del cultivo de girasol tiene una importante correlación con la disponibilidad hídrica a la siembra. En suelos con bajos contenidos de agua útil, los rendimientos normalmente son inferiores que los obtenidos en aquellos suelos que presentan mayor disponibilidad de este recurso al momento de la siembra. Estos últimos exploran mayores rindes y una mayor respuesta a la fertilización (Figura 1, Funaro, 2006). En la misma línea, existe evidencia que cuanto más llueve durante la fase vegetativa, por supuesto dentro de ciertos rangos, se pueden esperar mejores rindes del girasol. Por el contrario, en la fase reproductiva, las relaciones tienden a ser inversas. Cuando las lluvias son mayores a 200 o 300 milímetros en la época entre floración y de llenado de granos se limita seriamente la producción (Figura 1) y es muy probable obtener rendimientos más bajos que los normales (Chapman y De la Vega, 2002).

Sigue intacta la idea que, frente a expectativas de años secos, el girasol puede marcar la diferencia. Pero, producir este cultivo hoy, difiere respecto de hace 15 años atrás; las herramientas son muchas, la genética cambió y se pueden lograr rendimientos reales mucho más cercanos a su potencial, si ponemos el foco en ese objetivo.

FIGURA 1. Relación entre rendimiento y disponibilidad hídrica a la siembra (Funaro, 2006) y rendimiento versus lluvias registradas entre floración y llenado de granos (Chapman y De la Vega, 2002).

Impacto de la fecha de siembra

Para el Oeste de Buenos Aires, la fecha de alto potencial se ubica en los primeros días de octubre. Aún así, podemos sostener altos niveles de rendimiento hasta avanzado el mes de noviembre, para luego explorar caídas más importantes en productividad y materia grasa.

De acuerdo a evaluaciones de la Red de Ensayos de Girasol del Oeste (Edición REGiO Point 2020/21), según ambiente, las fechas de octubre pueden superar la media de rendimientos entre un 15% y 30%, mientras que en los primeros 10 días de diciembre, se exploran productividades entre un 10% a 30% menores a la media (Figura 2).

La caída en materia grasa de los granos, también es importante, pero con los híbridos actuales de punta pueden explorarse bonificaciones de hasta el 17%, en las fechas de diciembre (2% por cada punto por encima de la base de bonificación del 42%).

FIGURA 2. Rendimiento relativo de girasol según fecha de siembra, calculado respecto a la media de rendimiento y valores de materia grasa del grano (obtenidos por metodología NMR en el CINVARP), también en función de la fecha de siembra, en dos ambientes. Fechas exploradas: 8 de octubre, 25 de noviembre y 12 de diciembre. Fuente: Consultora Ojos del Salado, 2020.

El problema de las siembras tempranas radica en la baja temperatura del suelo que retarda la emergencia, por lo que el uso de barrerrastrojos ha dado muy buenos resultados en el logro del cultivo y su uniformidad. La temperatura del suelo para comenzar a sembrar, sería la indicada cuando se estabiliza en 15º C, en la profundidad de siembra. La exploración de fechas más tempranas a las mencionadas de inicio de octubre, con el objetivo de ganar operatividad, por el momento se tradujo en demoras del proceso de germinación y desuniformidad en la emergencia. Paralelamente, la etapa comprendida entre siembra e inicio del período reproductivo toma más de 40 días cuando la temperatura del suelo en la siembra es menor a 15ºC.

“Cuando mayor es la cantidad de radiación solar interceptada por las hojas, mayor será el rendimiento del girasol”

Estructura de cultivo: la antena para captar recursos

Los ajustes en densidad, como todo cultivo, están en relación al potencial del ambiente y se define en línea con la estrategia nutricional. Está claro que el girasol, mantiene el rendimiento en un amplio rango de densidades a partir de las 30.000 plantas/ha y, sobre esa base, se han utilizado como objetivo, densidades bajas que muchas veces frente a cualquier problema a campo, se logran estructuras de cultivo deficientes en la captura de recursos y en la competencia con malezas. (Foto 1 y 2)

Foto 1
Foto 2

Se debe buscar lograr un alto nivel de cobertura del suelo por el cultivo a floración, ya que cuando mayor es la cantidad de radiación solar interceptada por las hojas, mayor será el rendimiento del girasol. Para lograr una adecuada cobertura es necesario ajustar la densidad y el espaciamiento según el híbrido a utilizar, la zona y la fecha de siembra.

En función si se trata de un ciclo largo o un ciclo corto, para un ambiente dado, se puede maximizar el rendimiento con índices de área foliar (IAF) que van entre 2.5 y 3, respectivamente. Esos IAF, se logran con densidades de 45 a 50 mil plantas por hectárea (Figura 3, citado de Aguirrezabal y otros, 1996).

FIGURA 3. Rendimiento en función del Indice de Área Foliar (IAF) y relación entre el IAF y densidad de siembra.

En ambientes de alto potencial, donde no se esperan restricciones hídricas, nutricionales o cualquier otra que condicione su desarrollo y crecimiento, explorar los valores máximos propuestos permite alcanzar mayores rendimientos. Los planteos actuales de alto potencial en el Oeste, tienen como objetivo lograr 45 a 50 mil plantas/ha.

Genética de girasol: la base del planteo productivo y desafíos que enfrenta

Los programas de mejoramiento genético en Argentina, han jugado un papel fundamental en el cultivo de girasol. El gran salto en rendimiento, se dio con el paso de las variedades de polinización abierta a híbridos, a inicios de 1980 (Pereira M. y otros, 1999). Posteriormente, la ganancia en rendimiento potencial del cultivo no mostraba crecimiento, pero sí el rendimiento alcanzable. El foco estuvo puesto (y lo sigue estando) en la selección de cultivares con buenos comportamientos a enfermedades como Verticillium y Sclerotinia, descartando muchas líneas en etapas tempranas del mejoramiento.

Los híbridos actuales, han logrado mejores comportamientos frente a estas enfermedades (Figura 4, Sadras y otros, 2000), altos niveles de materia grasa y altos rendimientos alcanzables, tal como lo muestra nuestra Red de ensayos de girasol del Oeste (REGiO Point), a lo largo de once años de experimentación en la zona. Aún así, la elección del híbrido a sembrar, sigue siendo un punto crítico y en el que hay que invertir sin temor, ya que representa una de las decisiones con mayor retorno en la planificación de costos directos.

“Las evaluaciones realizadas acerca del uso de fungicidas para el control de esta enfermedad no han arrojados resultados alentadores, por lo que la genética con buen comportamiento es la clave

FIGURA 4. Productividad de cultivares de girasol liberados al mercado argentino entre 1970 y 1998 y porcentaje de incidencia de Verticillium en esos cultivares, según año de liberación.

El mejoramiento enfrenta varios desafíos actualmente. Uno de ellos, es el avance en los últimos años de Phomopsis helianthi (Cancro del girasol), una enfermedad que puede causar importantes pérdidas de rendimiento y calidad en el cultivo.

De acuerdo a Corró Molas (2019), investigador de INTA General Pico, el cancro del tallo fue identificado por primera vez en la Ex Yugoslavia en 1980. Actualmente se encuentra distribuido en forma amplia a nivel mundial en Serbia, Francia, Rumania, Estados Unidos, Canadá, Argentina, Australia, entre otros.

Localmente fue observado en Entre Ríos y Buenos Aires en 1994. En 2002 surge un foco de la enfermedad en Uruguay que posteriormente se disemina a todo su territorio productivo en un plazo de dos campañas generando pérdidas relevantes. En forma concomitante, la enfermedad fue observada en Entre Ríos con niveles de incidencia y severidad muy inferiores a los encontrados en el país vecino. En 2015/16 se produce una epifitia en el este de La Pampa y oeste de Buenos Aires.

FIGURA 5. Foto 3 y 4 – Imágenes de Cancro del tallo en girasol, en América, Oeste de Buenos Aires. En la foto de la izquierda, se muestra el inicio del cancro típico en tallo. A la derecha, el secado anticipado de plantas de girasol. Fuente: Consultora Ojos del Salado, 2019.

Cancro en tallo Phomopsis -Foto 3
Secado anticipado planta PHOMOPSIS – Foto 4

Las evaluaciones realizadas acerca del uso de fungicidas para el control de esta enfermedad no han arrojados resultados alentadores, por lo que la genética con buen comportamiento es la clave en zonas donde la presión de esta patología puede ser importante. El escenario futuro parece alentador; ya existen líneas precomerciales con muy buen comportamiento a esta enfermedad y se han introducido híbridos tolerantes, seleccionados en otros países con presencia de la enfermedad desde mucho antes que en Argentina, aunque en nuestros sistemas productivos, demuestren menor potencial de rendimiento.

Control de malezas: podemos llegar limpios a cosecha

La tolerancia a las imidazolinonas en girasol (IMI), marcó un antes y un después en el control de malezas. Contar con híbridos aptos para aplicaciones postemergentes del cultivo y las malezas, permitió su control eficaz y la entrega de lotes limpios a cosecha. Luego, aparecieron desarrollos de herbicidas PPO, que se masificaron posteriormente en el resto de los cultivos frente al avance de biotipos resistentes de yuyo colorado.

En los inicios del lanzamiento de estos híbridos tolerantes a las imidazolinonas, los potenciales de rendimiento y contenidos de materia grasa eran bajos, significativamente menores a los de los girasoles sin esta tolerancia. Actualmente, existen híbridos IMI con altísimo potencial de rendimiento; destacados contenidos de materia grasa en grano, e incluso, alto oleico.

Esta tecnología es una herramienta clave, pero es sumamente importante llegar a la siembra con el lote libre de malezas, lo que se logra con planificación e incorporación de procesos a lo largo de todo el barbecho. Sobre esta base, volvemos a remarcar la importancia de una adecuada estructura de cultivo que se complementará con la estrategia de protección. En caso contrario, sólo con los herbicidas no será suficiente para llegar limpios a cosecha.

FIGURA 6. Foto 5 y 6 – Imágenes de la eficacia de nuevos herbicidas en desarrollo (derecha), versus testigos apareados (izquierda). Fuente: Consultora Ojos del Salado, 2019.

Control de malezas- Foto 5 y 6

Daño de pájaros: otra vez, la base en la genética

El avance del daño por pájaros en distintas zonas girasoleras ha determinado que muchos productores reduzcan la superficie de este cultivo. Numerosos estudios se han realizado al respecto, incluyendo programas con visión más regional y manejo del hábitat, hasta bio-repelentes aplicados a nivel de lote. Sin embargo, la base del manejo de estos daños, tiene su respuesta nuevamente en la elección del híbrido que, eventualmente, podría ser complementado posteriormente con otras técnicas.

Para la situación en el Oeste de Buenos Aires, podemos reducir drásticamente este problema con híbridos que vuelquen bien el capítulo. En las fotos 7 y 8 se puede observar, en un ensayo destinado a estudiar este tema, híbridos sembrados en la localidad de González Moreno en parcelas apareadas, con niveles de daños por pájaros muy distintos.

FIGURA 7. Foto 7 y 8 – Parcelas de girasol que comparan el daño de pájaros en híbridos con diferencias en el vuelco del capítulo. Fuente: Consultora Ojos del Salado, 2019.

Foto 7
Sin daño de pájaros -Foto 8

En el caso de la izquierda (foto 7) , se trata de un híbrido de girasol que mantiene muy levantado el capítulo y, por consiguiente, está más expuesto al daño. En el híbrido de la derecha (foto 8), el vuelco del capítulo es importante y evita el problema.

Sobre esta base, será necesario estar atentos al momento de la cosecha y no demorarla sin necesidad, exponiendo por mayor tiempo al cultivo al potencial avance de esta plaga.

Resumiendo

En un contexto donde el girasol vuelve a ser protagonista entre las opciones para productores que nunca exploraron en su producción o en aquellos que la abandonaron en algún momento, detallamos el rango de su fecha de siembra óptimo para explorar altos potenciales y la importancia del contenido de agua a la siembra.

Destacamos también, que el mercado ofrece híbridos de alto potencial de rendimiento, altos niveles de materia grasa en grano, buen comportamiento sanitario, buen vuelco del capítulo durante el llenado, que minimiza el daño de pájaros y tecnología IMI para el manejo de malezas. Las herramientas están disponibles, solo resta poner primera y arrancar.

Bibliografía de referencia

Aguirrezabal LAN, Orioli GA, Hernández LF, Pereyra VR, Miravé JP, 1996. Girasol: aspectos ecofisiológicos que definen el rendimiento.

Corró Molas A., Ghironi E., Gareis R., Testa M., Pirchio B, 2019.Patosistema del Cancro del girasol. AER General Pico y Colegio de Ingenieros Agrónomos de La Pampa.

Estimaciones agrícolas de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, 2021. En https://www.bolsadecereales.com/estimaciones-agricolas

Funaro, D; N. Peinemann; E. Noellermeyer; M. Saks; A. Quiroga. 2006. Efecto de la disponibilidad de agua y nitrógeno para girasol en la región semiárida pampeana. XX Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo, Salta-Jujuy. Actas en CD

Chapman, S.C. y A.J. de la Vega. 2002. Spatial and seasonal effects confounding interpretation of sunflower yields in Argentina. Field Crop Research, 73:107-120.

López Pereira, M., Sadras, V., Trápani, N. 1999. Genetic improvement of sunflower in Argentina between 1930 and 1995. I Yield and its components. Field Crops Research 62:157-166.

Red de ensayos de girasol del Oeste (REGiO). Resultados disponibles en http://www.odsagro.com.ar/

Sadras, V., Trápani, N., Pereyra, V.R., López Pereira, M., Quiroz, F., Mortarini, M. 2000. Intraspecific competition and fungal diseases as sources of variation in sunflower yield. Field Crops Research 67: 51- 58.

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