Se termina el peor año del que la humanidad tenga memoria. De acuerdo con el Banco Mundial entre 88 y 115 millones de personas ingresaron a la pobreza extrema este año y viven con un ingreso inferior a 2 dólares diarios. En Argentina la crisis elevó la pobreza al 41% y la indigencia a casi 11%. Obviamente la caída de ingresos en el país fue tan brutal que de acuerdo con una encuesta realizada por el INDEC un 34% de los hogares redujo el consumo de al menos un alimento (carne, leche o verduras).

La actividad económica no se recupera y de acuerdo con un relevamiento a 43 consultoras que siguen la evolución de la economía argentina el crecimiento previsto para el 2021 será del 4,8%, apenas el rebote de comparar meses en los que la economía estuvo cerrada contra meses “normales”. Argentina demorará 3 años en llegar al nivel de producción de 2019, un año muy malo. Casi todos los países vecinos lo harán antes y llegarán a un punto de partida mejor que el argentino. Para asegurar un rebote más veloz era necesario tener un mercado de crédito robusto para financiar al sector privado (y subsidiariamente al público) en este año de escasez potenciada por una cuarentena absurdamente larga y estricta. El dinero es en el fondo crédito y el crédito es en el fondo confianza. Los argentinos no confían en su moneda, no porque están locos o son malos, sino porque históricamente el Estado gasta más dinero del que le ingresa y cubre ese déficit con “emisión de confianza”. Se emite tanta confianza que al final no hay más: la inflación es el termómetro que indica la pérdida de confianza, a mayores precios, menor confianza.

Iván Ordóñez

Los precios relativos señalan que hay que acumular activos dolarizados lo que debilita el intercambio. Ahora que la flexibilización de la cuarentena permite abrir negocios, nadie quiere hacer negocios porque temen una devaluación. Como se teme una devaluación los importadores adelantan pagos mientras que los exportadores retrasan liquidaciones (todos los que no exportan granos tienen hasta 180 días para liquidar). Además, el BCRA no cuenta con reservas. De continuar la situación, las industrias dejaran de producir por carecer de insumos. La suspensión de trabajadores agravará un cuadro ya negativo; el rebote se quedará sin aire, lejos del 5,5% previsto en el presupuesto que el Ministro de Economía mandó a aprobar al Congreso.

El consenso de los meteorólogos indica que habrá Niña en Argentina, pero todavía no hay certeza sobre su intensidad. Obviamente el ingreso de los productores que vean su rendimiento caer disminuirá, aparentemente el epicentro de sequía se situará en el Triángulo Dorado. Sin embargo, los ojos de la macroeconomía no deberían mirar hacia allí, sino más al norte: Brasil. La única forma de compensar esa caída de cantidades es una suba aún mayor de precios y para que eso suceda la sequía tiene que ser sudamericana o más bien brasileña. Para nossos irmãos, La Niña pone seco al sur y húmedo al norte. Si bien CONAB hizo un recorte de producción fue ínfimo, al día de hoy no está claro un escenario de caída relevante de la producción y en Brasil están más preocupados por el maíz que por la soja.

El presupuesto 2021 del Ministro es optimista con los ingresos: no hay una segunda ola de coronavirus que cierre la economía ni una sequía que reduzca exportaciones y recaudación. Hoy todo pende de un hilo que baila samba, no sobra absolutamente nada; será un verano que demandará estar atentos. El #Campo argentino será nuevamente la última línea de defensa de la macroeconomía. Una confirmación de una sequía “solo argentina” presionará al tipo de cambio violentamente.

En un cierre del 2020 es imprescindible resaltar que en Argentina en condiciones normales la mitad de los adolescentes no termina el secundario y este año el Estado no permitió un ciclo lectivo presencial. Tan preocupante como eso es que aún no existe un plan claro para el 2021. Es otro año más sin clases? El #Campo, como todas las actividades económicas se centran cada vez más en el conocimiento. Imposible medir hoy la hipoteca que compró el país. La escuela es vital para chicos como Rodrigo, de Villaguay, Entre Ríos, que perdió a su madre en un accidente de tránsito a los 13 años. En AgrofyNews cuentan cómo Rodrigo (que recibe un acompañamiento para ayudar en su inserción escolar) ideó un sistema de bombeo a 6 metros de profundidad “con una rueda de bicicleta, una cuerda y unas gomitas”. Quiere ser ingeniero agrónomo.

Mientras tanto, los representantes más de 800 jóvenes nucleados en ACA Jóvenes eligieron una nueva presidente para su organización: Lucía Nicolino, una ingeniera agrónoma del sur de Córdoba, la quinta mujer en ocupar el cargo. Además, el 69% del Consejo Directivo será integrado por mujeres, muchas universitarias o en vías de serlo. En el planeta #Campo surgen gemas como AAPRESID, ACA Jóvenes, CREA… hay que celebrarlas, protegerlas y nutrirlas de vida inyectándole horas de esfuerzo y recursos. Formación y diversidad de mano de un recambio generacional que mantiene al sector vivo. Es posible construir un país distinto, depende de nosotros dejar de depender otros.

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