La escasez de recursos para financiar la carga del Estado y sus programas sociales toca un límite. Ya no hay más. Por otro lado, la sociedad se asoma al abismo de su reflejo: los programas pueden mantener la paz social, pero son insuficientes para el desarrollo pleno de sus habitantes y millones de chicos no pueden concurrir a una escuela destripada por intereses que a ellos no los tienen en cuenta. En condiciones normales la mitad de los jóvenes argentinos no termina el secundario, es inimaginable la calamidad a lo que nos enfrentamos como sociedad tras un año entero sin clases presenciales. En la era del conocimiento escupiremos a una generación.

La economía se está remonetizando: crece la producción de dinero y el dinero bancario que estaba en 3,6% del PBI en 2019 pasó a más del 5%. Cada nueva emisión tendrá un shock más veloz en la inflación, disminuyendo el poder adquisitivo de ese dinero; la inflación va por su quinto mes consecutivo de aceleración, siempre arriba del mes anterior. El otro termómetro del desajuste es la brecha del dólar oficial con el resto; aunque lo quieran manipular sigue dando por arriba del 90%. Todas señales de una economía que no resiste más pesos.

Ya no hay más y el Ministro de Economía de la Nación lo sabe y enfrenta un dilema: el presupuesto que presentó tiene una paradoja, es un recorte que no alcanza para frenar la emisión de pesos y a la vez es observado por el mercado como demasiado ambicioso. Es probable que el costo del ajuste recaiga en las jubilaciones, el principal programa social del Estado.

El peso del Estado con sus necesarios programas sociales y sus innecesarias ambiciones de regular incontables aspectos de la vida social es agobiante para la actividad privada en blanco, que justamente es aquella que es más necesaria porque no solo produce puestos de trabajo de calidad, sino porque es la que logre exportar. En el mercado global las empresas compiten no solo en base a su productividad, sino también en base a la calidad y costo que tiene su Estado al producir servicios. El Estado argentino y su diseño son hoy la principal fuente de incertidumbre macroeconómica y a la vez la desventaja a la hora de competir globalmente. El comercio mundial es hoy un juego de cadenas de abastecimiento y de naciones.

Paula Urien en La Nación describe cómo los altos costos laborales inhiben a los productores locales de langostinos exportarlos pelados; lo que sucede es que se exportan sin pelar a Ecuador y Perú donde son procesados para luego ser re exportados a su destino de origen en Estados Unidos, Europa y Canadá. El impacto es negativo porque a) no se crean puestos de trabajo en Argentina, b) se exporta un producto de menor valor, ingresando menos divisas c) se pierde contacto con la góndola, el productor recibe menos porque no produce marca d) se genera una ineficiencia logística…

Mientras Chicago repunta por La Niña que se asoma, al sur podemos coleccionar algunas lecciones de las últimas sequías: a) El problema de una suba de precios fomentada por una reducción de oferta de un país puntual, es que nunca compensa la caída cantidades que sufre ese país, b) el efecto sobre productores individuales será dispar mientras La Niña sea suave, pero si esta es intensa será malo para todos y finalmente c) si la Niña es intensa como en el 2018 el impacto deja de ser solo en el Planeta #Campo y se traslada a la macroeconomía. El golpe que implicaría la reducción de exportaciones de soja en un 30% sería terminal para una economía que depende de ATPs para funcionar. El presupuesto del Ministro no incluye una segunda ola de Covid-19 y tampoco una sequía.

Tenemos que demandarle a quienes gobiernan el Estado que se invierta en lo estrictamente necesario, porque la cuenta no cierra si los recursos se diluyen en experimentos. Se requiere de una fina ingeniería para soltar lo que no es indispensable y blanquear a quienes no aportan al sistema previsional, el principal gasto del Estado. Reducir “la carga impositiva al trabajo” es clave para poder incorporar a todos los trabajadores. Argentina se está comprimiendo, quienes la habitamos vemos como todo se empequeñece.

Hay mucho para aprender de la creación del primer grupo de AAPRESID en África. Esas personas tienen un empuje que muestra que nada es imposible; en el continente desgarrados por conflictos resueltos con violencia, donde las hambrunas son endémicas, la tierra no es de nadie y todo falta, hay argentinos divulgando con éxito el conocimiento más noble: producir alimentos ricos, sanos y baratos con una agricultura que conserva el recurso suelo. Si eso es posible sobreponernos a nuestros desafíos también lo es.

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