Iván Ordoñez

Iván Ordoñez

Por Iván Ordoñez

@ivordonez

En una de nuestras tantas animadas charlas recuerdo que Santiago del Solar, nuestro farmer globalizado me dijo: “quizá el máximo secreto del #Campo argentino es que no hay secretos”. Esa frase caló hondo ya que describe en menos de un twitt una dinámica con la que pocos sectores de la economía argentina cuentan. En el verano el agro argentino despidió a Rogelio Fogante, pionero de la siembra directa, quizás la innovación colectiva más potente del agro argentino en su historia.

Esta semana Aapresid, la creación colectiva 17 locos, organizará en Paraná su encuentro anual de regionales y honrará el aporte de Rogelio poniendo su nombre. Allí sus socios más activos tienen la oportunidad de interactuar con sus pares más distantes, geográficamente hablando, y continuar intercambiando experiencias; develarán el tema del congreso anual de este año. En Rosario, como cada año asistirán más de 4.000 productores, que no son necesariamente socios. La Asociación de Productores en Siembra Directa no está sola, los productores agrícolas argentinos también cuentan con los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), que tienen congresos anuales regionales y cada 3 años organizan su encuentro nacional; en 2016 por primera vez será en la ciudad de Buenos Aires: el #Campo tendrá la oportunidad de fusionarse con el puerto, el lema será actiBAte.

Ambas asociaciones conformadas por productores agrícolas y técnicos promueven la generación de conocimiento tecnológico aplicado al agro desde y para los productores de manera prácticamente gratuita: funcionan a base del tiempo, las ideas y el esfuerzo de sus socios. Estas experiencias son un caso único en el mundo por dos razones: por un lado está la masividad de personas involucradas, que en total se estima más de 6.000 socios activos entre las dos asociaciones técnicas, que además ocupan una porción muy significativa del área agrícola del país. Por otro lado, está la dinámica de trabajo que implica el intercambio de ideas y opiniones a nivel de base, en grupos de alrededor de 20 productores agropecuarios y con una frecuencia que es mensual. El conocimiento generado a nivel de base decanta en grupos regionales y finalmente es transmitido en congresos nacionales en donde se lo válida para difundirlo rápidamente. Este proceso asegura la rápida implementación de las ideas porque es transparente y permite que todos puedan ser protagonistas, de esta manera se destierran temores sobre si la tecnología evaluada es efectivamente un avance o no. Además, cumple con el rol de apoyo colectivo en el proceso de innovación, un acompañamiento que es clave a la hora incurrir en el riesgo de aplicar tecnologías nuevas. Este proceso de desarrollo de conocimiento multidireccional donde intervienen múltiples actores es revolucionario comparado contra otros ecosistemas de agronegocios; por ejemplo, en Estados Unidos el grueso del conocimiento es desarrollado por compañías y universidades y es comunicado casi de manera unidireccional a los farmers, “de arriba hacia abajo”. Finalmente, entre los farmers existen bajos niveles de comunicación e intercambio de experiencias técnicas – y decididamente no existen estas asociaciones técnicas comparables a las argentinas.

En una interacción permanente con los productores hay instituciones públicas (principalmente el INTA), mixtas y empresas, que desarrollan, difunden e implementan conocimiento en Argentina. Conocimiento que va desde nuevas variedades de semillas hasta maquinaria agrícola. Contar con más de 30 millones de hectáreas cultivadas anualmente es un campo fértil de pruebas para innovar, pero no alcanza solo con productores ávidos de nuevas tecnologías que las testean en grupo al límite y valoran si ese nuevo conocimiento aporta valor el mercado premiándolo; si no aporta busquen un lector de MiniDisk, si ni saben de qué les hablo pueden imaginarse el por qué. Ese ecosistema de agronegocios hiper competitivo debe combinarse con reglas de juego que incentiven a los núcleos duros de generación de conocimiento para que innoven en Argentina en todos los aspectos del conocimiento agropecuario: mecanización, fertilización, genética, protección de animales y cultivos. Una lista de posibilidades que no se agota ahí ya que es infinita y puede desarrollar miles  de empresas intensivas en conocimiento.

Viene una nueva ola de conocimiento, la administración de información para la toma de mejores decisiones en el terreno utilizando la big data y micro data. En un universo de tomadores de precios el avance del conocimiento tiene una cara agresiva: si no lo incorporas el margen de tu negocio te puede dejar afuera. El #Campo argentino tiene el desafío de incorporar no solo ese conocimiento en el proceso productivo, sino en ser parte de su desarrollo. Las empresas pequeñas y grandes serán claves, pero se apoyaran en estas redes no solo para difundir su innovación, sino que serán su campo de pruebas.

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