El mundo entró en estado de shock. Mientras en muchos países de Europa continúan utilizando tapabocas y el puerto más importante de China y uno de los tres más grandes del mundo entra en cuarentena, Vladimir Putin dio la orden de avanzar sobre Ucrania. Estamos a días de cumplir un mes del ataque de Rusia a Ucrania y aún es imposible saber cómo terminará una aventura sobre la que Biden alertó durante meses, y cual Josecito y el lobo nadie le creyó. Nuestro Presidente, sobre todo, que menos de 3 semanas antes de la inflación le dijo al Putin en público que “Argentina debía ser la puerta de entrada de Rusia a América Latina”, un exceso desde cualquier punto de vista. El desastre humanitario de Ucrania crece a razón de más 140 mil refugiados por día, se escapó del país más de un 6% de su población: en su mayoría ancianos, niños y mujeres.

La “guerra económica” coordinada en todo el mundo por Estados Unidos contra Gobierno y los oligarcas rusos tienen consecuencias negativas predecibles y no tanto. Incluyen desde un crecimiento astronómico del precio de la energía a nivel global, alteró el comercio mundial de granos producido por sus víctimas y sus victimarios y por ejemplo podría afectar la capacidad de operar de la cadena de supermercados Dia, propiedad de un magnate ruso, que en Europa cuenta con miles de locales que deberían transferir su propiedad o enfrentar algún tipo de sanción que podría incluir su cierre..

Las consecuencias en Argentina son enormes: por ejemplo, el precio del BTU millón de BTU que subsidia el Estado argentino saltó de 8 a más de 30, el costo de los famosos barcos que se importan se multiplicó por más de 3.  El déficit de las cuentas públicas acordado con el FMI queda mucho más lejos y paralelamente al no haber un plan razonable para dejar de importar energía y producir de la local también se alejan los objetivos de acumulación de reservas.

La inflación está totalmente desbocada, acumula en dos meses un 8,8% y es 1 punto más que la inflación de todo un año de Uruguay; Uruguay es un país muy pequeño que importa una gran parte de los bienes que consume, incluida la energía y que muchos de los bienes que importa lo hace desde Argentina y tiene una inflación menor que nuestro país. Un fenómeno debería llamarnos poderosamente la atención.

“Decir que la inflación de Argentina, TOP3 del mundo, se debe a su canasta exportadora o la invasión de Ucrania implica una capacidad de negación de la realidad patológica”.

Para “cuidar la mesa de los argentinos” el gobierno recurre a la triste metáfora de “declararle la guerra a la inflación” anunciando una batería de medidas estériles y potencialmente contraproducentes: propone subir retenciones a los subproductos de la soja (el objetivo es claramente fiscalista que en nada afecta a los precios), amenaza con retirar permisos de exportación a frigoríficos, ajusta aún más los permisos de exportación de los cereales, crea los fondos maíz y trigo para subsidiar con dinero de los productores agrícolas a industrias procesadoras de bienes de consumo y lanza “el fondo de la verdura”. En apenas poco más de 2 años volvieron ya todas las medidas que arruinaban al campo sumándoseles un par “nuevas”. Los productos que más subieron de precio fueron lechuga (73%), tomate (41%) y cebolla (31%); ninguno de ellos se exporta de manera significativa. Fue la sequía.

El principal comunicador de las medidas es Roberto Feletti, un desdibujado Secretario de Estado a fuerza de acuerdos de congelamiento que nunca se cumplen. El Ministro de Economía de la Nación y el Presidente del Banco Central no hablan de inflación. Todo patas para arriba: quienes controlando el déficit fiscal, su financiamiento y la tasa de interés manejan la macroeconomía no hablan. Por el contrario, lo hace un Contador Público a cargo de una Secretaria que poco y nada puede hacer frente al fenómeno.

La inflación de febrero fue del 4,7%, la más alta en más de 3 años y la de alimentos superó el 8%. En marzo el fenómeno se recrudecerá: ya subieron las naftas, también lo harán las escuelas y útiles de librería y se ajustarán las prepagas y comunicaciones. Todo en un contexto en el que empiezan a negociarse las paritarias. Pasarán al menos tres meses más hasta que veamos la inflación mensual descender del 3%. Con casi la mitad de los trabajadores argentinos en negro veremos al consumo decaer por la pérdida de poder adquisitivo, a lo que sumarán la reducción de actividad de la industria a causa de la escasez de insumos importados y las paradas obligadas por falta de energía o gas. Esto implica menor crecimiento económico que el previsto en el acuerdo con el FMI y por lo tanto menos recaudación genuina en base a crecimiento de actividad.

El acuerdo ni siquiera se firmó y ya parece muy difícil cumplirlo. Menos capacidad de maniobra con los subsidios energéticos, menos actividad económica por demanda y oferta y por lo tanto más presión sobre el déficit fiscal. El éxito improbable del programa diseñado por el FMI y el Ministro depende nuevamente de la capacidad productiva de los empresarios del #Campo y el precio de la soja. Esos mismos empresarios que ni siquiera pueden importar cubiertas.

El proceso de estanflación que atravesará la sociedad durante 2022 será muy duro, la sociedad tendrá su cuarto año consecutivo de empobrecimiento. Las chances que se espiralice están reducidas, pero no totalmente descartadas.

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