Por: Sebastián Salvaro, co-founder y director de AZ Group

Como una primera aproximación a lo que esta nota pretende mostrar, vale la pena contar que la evolución de la principal variable que es la producción de Argentina tiene prácticamente una tendencia al estancamiento que es enormemente destructivo para transitar la coyuntura actual, ya que si este indicador se pudiera despegar y duplicar, probablemente sería otra la historia.

Desde 1990 a la fecha, la producción no avanza debido a las grandes inestabilidades macroeconómicas del país, que a mi entender están íntimamente relacionadas al accionar político del país y la región.

Este accionar tiene impacto sobre temas medibles que son concretamente la salud de la macro pero también sobre intangibles, por un lado la idea de que la ganadería tiene impactos ambientales desagradables, cosa que está totalmente descartado y que es un “bien público con riesgo privado; Diego Ponti” que además explica lo que sucede con la inflación actual, planteando por consecuencia la dualidad de mercado interno o mercado externo.

El razonamiento anterior, a mi juicio insisto totalmente desacertado y mal intencionado, lleva a repetir medidas que ya se han tomado y aquí Argentina cierra la exportación de carne vacuna.

Esto ya pasó en el 2006 y el único logro ha sido que el Estado sediento de divisas y recaudación se vea por un lado afectado negativamente y por otro que caiga sensiblemente el stock ganadero y así tener los precios al consumidor más caros del mundo, pasamos de 0,77 usd/kg a 2 usd/kg en el 2011.

Como también se aprecia en el grafico Nº1 desde 2015 a la fecha, donde se vislumbraron buenas perspectivas de cara a la exportación y a un nivel institucional saludable, evoluciona todo favorablemente, las exportaciones crecieron, la faena y la producción igual más allá que esta última menor que las anteriores y en ese periodo atado a cuestiones propias del negocio.

¿A quién favorece esta medida?

Claramente a la carne vacuna no, al consumidor tampoco, a las carnes sustitutas como el pollo y el cerdo tampoco porque de corto plazo habría aproximadamente un 20% más de oferta de carne que solamente destruye valor en el primer eslabón de la cadena, ya que el resto ajusta también por otros factores de la economía.

Veremos qué pasa en esta oportunidad, pero me da la impresión que tampoco será rentable para los políticos que están al frente de esta medida.

Si observamos a quién le ofrecemos nuestras carnes, vemos un cambio sustancial desde el 2005 a la fecha que podemos observar en el siguiente cuadro. China toma la delantera fundamentalmente comprando cantidad de carne que además aquí prácticamente no se consume y es otro alarmante de que esta medida no tiene ni pies ni cabeza.

También es cierto que el descontento que genera en la comunidad de empresarios agropecuarios es de tal magnitud que se decide ir por un cese de comercialización de forma rápida y percibo que muy consensuada.

Dejando de lado la emocionalidad del productor, que la compartimos y por momento también la sentimos, es que hemos realizado algunas preguntas a varios de ellos para ver qué podemos rescatar de bueno.

Bajo la hipótesis de que este escenario que se vive, ya lo has vivido en el pasado en tu empresa:

  • ¿Qué pasó con tu empresa en ese momento?
  • ¿Qué hiciste en ese momento?
  • ¿Qué aprendiste en ese momento? 
  • ¿Qué crees que debes hacer en este momento?

Algunas conclusiones a las mismas:

  • Que en ganadería es muy difícil cumplir con la vuelta del hijo prodigo. O sea que si salís de la actividad volver es poco probable.
  • Un negocio de largo plazo, en una Argentina de corto, ser flexibles a tomar decisiones de cambios en los sistemas productivos y categorías de hacienda más conveniente
  • El recupero de largo plazo, en términos patrimoniales esta de forma cíclica, captar esos momentos de alto valor.
  • Nunca perder la loca obsesión por innovar en procesos de mayor eficiencia.
  • Mirar la ganadería dentro de las empresas con el peso relativo que a cada una le quepa. Ser holísticos en la mirada, algunas empresas las motiva las cuestiones impositivas otras el negocio y la cultura de estas. Poner en prioridad cada una.
  • Mantener la construcción de equipos de trabajo que sepan del negocio, que hayan sido desarrolladores de la cultura de la empresa y sobre todo que sepan que estos cambios no deberían impactarles tan rápidamente, sino que la empresa está más allá de una decisión política.

Entonces, como vemos la mirada general de lo que han sido las consecuencias de lo que está pasando las consensuamos rápidamente, las decisiones que cada uno tome en el momento que las tome han sido, son y serán las variables de ajuste de que la empresa siga siendo sostenible en el largo plazo.

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