Por Cecilia VignauLicenciada en administración agropecuaria

Tenía 23 años y una niña pequeña cuando tomé la decisión de terminar mi matrimonio para “cumplir mis sueños”. Hacer la valija y abandonar el hogar conyugal no es tan fácil, a la suma de las presiones sociales se le agregan presiones financieras y económicas que generan miedos muchas veces imposibles de afrontar. Yo lo hice, contra viento y marea. No me gusta decir que fui más fuerte que otras, simplemente tal vez tuve suerte.  

Detrás de la excusa por perseguir mis sueños había escondido también la necesidad de escaparme de una serie interminable de abusos psicológicos y financieros que continuaron aún muchos años después del divorcio. Los sueños que yo soñaba eran académicos,  joven y estúpida pensé que los podía cumplir estando casada pero me equivoqué. Que un esposo le prohíba a su mujer estudiar en la universidad parece demencial hoy en día, pero hace 20 años, la igualdad de género no existía, de violencia doméstica no se hablaba y que una mujer abandonara a su esposo sin ser condenada socialmente era una utopía.

Mucha agua bajo el puente corrió hasta que forjé mi frase se cabecera: Soltera no es la quiere sino la que puede. ¿Pero qué es poder? Bueno, entre muchas otras cosas -pero la más importante de todas- ganar el dinero suficiente para mantener una casa. ¿Ustedes se dan cuenta lo que hemos logrado? Hace 100 años era impensado que una mujer no se casara, simplemente por el hecho de que era considerada incapaz de generar sus propios ingresos!!

Pero… ¿éste mundo llegó para todas?

Igualdad, Inclusión y Educación

La igualdad de género comprende el 5º punto de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible adoptada en 2015 por la Organización de las Naciones Unidas. En promedio, 18% de las mujeres y niñas del mundo que entre los 15 y 49 años estuvo en pareja, han sufrido violencia física o sexual dentro del vínculo durante los últimos 12 meses. En ese marco, se insta a los países a emprender las reformas que brinden a las mujeres el derecho a la inclusión financiera con el objetivo de lograr su empoderamiento y autonomía económica. Porque una mujer que puede ser independiente tiene mejores herramientas para salir de relaciones abusivas que afectan profundamente sus vidas.

Cecilia VignauLicenciada en administración agropecuaria

¿Pero qué es la inclusión financiera?

Para el Banco Mundial La inclusión financiera es un factor clave para reducir la pobreza e impulsar la prosperidad. Significa, para personas físicas y empresas, tener acceso a productos financieros útiles y asequibles que satisfagan sus necesidades —transacciones, pagos, ahorros, crédito y seguro— prestados de manera responsable y sostenible.

Para La CEPAL La inclusion financiera debe ser concebida como una politica de desarrollo. Permite que el sistema financiero responda a las distintas necesidades de financiamiento de los hogares en las distinta fases del ciclo de vida, así como de las empresas en las distintas etapas del proceso productivo y tecnológico.

Para la región América Latina y el Caribe, los indicadores de inclusión financiera muestran que sólo el 49% de las mujeres es titular de una cuenta bancaria, en contraste con el 54% de los hombres. Siendo esta una de las regiones que cuentan con menores niveles de inclusión financiera relativa. Mientra tanto, en los países de altos ingresos integrantes de la OCDE, la titularidad de cuentas asciende al 94% de la población, no habiendo además diferencias de género.  Esta brecha entre regiones es consecuencia de las características propias del sistema: bajos niveles de profundidad y desarrollo; elevada concentración orientada al corto plazo y notoria escasez de instrumentos financieros.

En este contexto, promover la inclusión financiera de las mujeres presenta los siguientes desafios:

  1. La demanda de servicios financieros se encuentra limitada por cuestiones sociales como matrimonio infantil, inexistencia de divorcio e informalidad laboral. Si reducimos el esprecto al ámbito rural encontramos tambíen, dificultades asociadas a la dispersión geográfica, bajo monto solicitado y carencia del respaldo porque la tenencia de la tierra continúa en manos masculinas.
  2. Falta de incentivo de los dadores de crédito para ampliar la oferta a las mujeres ya que éstas tienen mayor aversión al riesgo y menor propensión al ahorro.
  3. Dificultad para identificar a las mujeres excluídas del sistema ya que sólo se cuenta con la informacion de la Encuesta Permanente de Hogares.
  4. Dificultad para llegar a las mujeres a través de los canales habituales, consecuencia de la falta de titularidad de cuentas por cuestiones sociales.

En nuestro país, el porcentaje de mujeres adultas con al menos una cuenta de depósito en el año 2018 fue del 81%. Sin embargo, sólo un 48% de ellas tiene percepción de tenencia de cuentas en el sistema financiero. Es decir que, más de la mitad de las mujeres argentinas son titulares de una cuenta bancaria pero no lo saben. Un escándalo.

Cecilia Vignau

Las cuentas especiales para el pago de planes y programas de ayuda social acercan la brecha de inclusión financiera desde el promedio para América Latina (49%) al promedio de los países desarrollados (94%) sin que las beneficiarias tengan conciencia alguna de ello. Las mediciones del G20 arrojan para todos los Estados miembro, un promedio del 40% de mujeres con acceso a cuentas bancarias porque justamente lo miden desde el conocimiento que tienen los usuarios de ellas. Sucederá en otros países lo mismo que en Argentina? Cuánto podría mejorar ese índice si todos los países educaran a la población acerca de la forma en que reciben las transferencias del Estado.

Tres factores determinan la existencia de brechas de género en el acceso a los servicios financieros en nuestro país: Participación en el mercado laboral, en la economía del hogar y en la estructura socioeconómica.

La participación de las mujeres en el mercado laboral está estancada alrededor del 45% desde el año 2004. En lo que se refiere al trabajo no remunerado en el hogar, según un estudio de la CIPPEC el 22% de las mujeres no estudia ni trabaja. De ese universo, 7 de cada 10 madres menores de 19 años pertenecen a hogares de bajos ingresos, donde 3 de cada 10 niñas abandonan sus estudios para dedicarse a las tareas de crianza. Es que cuando las mujeres se dedican al cuidado de niños y las tareas domésticas, tienen menos tiempo para el trabajo no remunerado, la educación y el ocio. Las jóvenes ni-ni que fallan en su percepción de tenencia de cuentas de depósito por transferencias del gobierno son sólo rehenes de un sistema que refuerza sus desventajas socioeconómicas, quitándoles la posibilidad de desarrollar su autonomía y empoderamiento.

Educación financiera

En este sentido, la educación financiera juega un rol importantísimo en el desarrollo económico de un país. El índice global de educación financiera resume el grado de conocimientos, comportamientos y actitudes financieras de los adultos. Medido en Argentina en el año 2017 no presentaba diferencias de género, pero sí una marcada brecha según el nivel socioeconómico y educativo. En 2018, el BCRA lanzó el programa “Somos Nosotras” que busca promover la paridad de género y acercar las herramientas financieras a mujeres para lograr un mayor aprovechamiento del uso del sistema financiero y el mercado de capitales. La educación financiera permite a quienes la reciben elaborar presupuestos y controlar gastos, evitar el sobreendeudamiento y el pago de altas tasas de interés. Cuestiones que son claves a la hora de manejar la economía doméstica y que permitirían que muchas mujeres de bajos ingresos hagan un uso más eficiente de sus recursos. Falta mucho por hacer.

Empresas y Desarrollo Sostenible

Según estudios del Banco Mundial, los grupos que sufren mayor exclusión financiera son los siguientes: mujeres; personas de bajos ingresos; poblaciones en zonas rurales; micro y pequeñas empresas. Entonces, suponga que usted es una mujer, productora agropecuaria, dueña de una Pyme, en una comunidad rural pequeña, alejada de los grandes centros urbanos… ¿Cuáles son sus chances de acceder a un préstamo bancario que, con los términos adecuados a sus necesidades, le permita hacer crecer su negocio?

Una medición de la Corporación Financiera Internacional (IFC) arrojó que para el año 2014, el 70% de las Pymes de propiedad femenina en América Latina no tenía acceso adecuado a los servicios financieros. ¿Y por casa cómo andamos? Bueno, el Foro Económico Mundial estima que, entre las Pymes argentinas lideradas por mujeres, el 60% no tiene acceso al financiamiento porque ATENCIÓN “La oferta bancaria que predomina se adecua más a la demanda masculina”. (WTF?)

A raíz de este panorama es que quiero destacar algunos puntos que figuran entre las recomendaciones del W20 Argentina respecto de la inclusión financiera:

  • Promover la incubación de empresas lideradas por mujeres y facilitar su acceso a instituciones financieras y a inversores.
  • Garantizar el acceso de las mujeres a la propiedad y los activos financieros y productivos en igualdad de condiciones.
  • Relevar y analizar la información desglosada por sexo y la demanda para reforzar el “bussiness case” de la inclusión financiera de las mujeres.
  • Permitir que las empresas de mujeres y lideradas por mujeres tengan acceso al financiamiento, tanto en las fases iniciales como de ampliación, mediante la creación de un grupo de inversión de partes interesadas que incorpore una perspectiva de género.
  • Garantizar a inclusión financiera de los grupos vulnerables

Que todos los actores comprendan que existe un claro problema de desigualdad de género en cuestiones financieras ya sería parte de la solución. Si se lograra satisfacer la oferta y la demanda de servicios financieros por parte de pequeñas y medianas empresas agropecuarias se lograría una enorme contribución al logro de casi dos tercios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030. Cada día más, esas empresas están lideradas por mujeres.

Para ir cerrando

Cuando una mujer juzgue a otra, más pobre y menos educada bajo las premisas de “Mírala, llena de hijos… no trabaja porque no quiere, es pobre porque es vaga…” es mandatorio que haya otra mujer para defenderla. Si bien en nuestro país no crecemos bajos los horrores de la mutilación genital femenina o el matrimonio infantil forzado, muchas de nuestras niñas crecen desconociendo el camino hacia la independencia económica. Una mujer que estudia, trabaja fuera del hogar y disfruta de momentos de ocio es una mujer que goza de sus derechos sexuales y reproductivos. Es una mujer que es libre. No todas tienen esa suerte.

Esta en nosotras, las más ricas y mejor educadas, pelear por los derechos de las “vagas planeras” porque la asistencia social no es inclusión financiera, es un paliativo que las condena a la eterna desigualdad. Porque si hay algo que las mujeres tenemos en común independientemente de la raza, religión, educación, nivel de ingresos y estado civil, es el deseo de forjar una vida mejor para nuestras familias y para nosotras mismas.

Si la inclusión financiera es una de las claves para impulsar el desarrollo económico mundial, ¿qué pasaría si todas las mujeres accedieran a ella?