Por: Nuala Szler – Lic. en Letras (estudiante)

En el discurrir de nuestros días la naturaleza trabaja silenciosa e incansablemente poniendo en marcha procesos que, por naturales y cotidianos, solemos olvidar que están allí, haciendo que nuestro mundo continúe andando. Son servicios, pero de la naturaleza y gratuitos. De modo que muchas veces no los valoramos como merecen.

El proceso de polinización, si no es el más importante, es, al menos, uno de los servicios de la naturaleza que disputa el podio entre aquellos procesos fundamentales que se encargan de sostener la vida tal como la conocemos. Podemos explicar la polinización en unas pocas palabras, tal como la aprendimos en la escuela primaria o secundaria: la polinización es el proceso de transferencia de polen de una flor a otra. Dicho así, parecería que se trata de algo muy sencillo. Pero no, la polinización es un proceso arduamente más complejo del que nuestros libros ilustrados de biología enseñaban. Complejo no sólo porque se ha vuelto cada vez más específico sino, y sobre todo, porque el mismo es necesario y determinante en nuestra vida, mucho más de lo que hubiéramos imaginado.

Detalles del proceso

En términos un poco más precisos, la polinización es el proceso de transferencia de polen desde los estambres (órgano floral masculino, portador de los sacos polínicos que originan los granos de polen) hasta el estigma (parte receptora de polen del órgano floral femenino), donde se germina y fecunda los óvulos de la flor, haciendo posible la producción de semillas y frutos. Como vemos, se trata nada más ni nada menos que del proceso de fecundación de la flor, que da lugar a su reproducción. Existe, asimismo, la denominada polinización cruzada, que implica el transporte del polen de una planta a otra. La misma, es necesaria cuando los órganos florales masculino y femenino no se encuentran en la misma planta, como por ejemplo el melón; o cuando éstos aparecen en diferentes períodos del florecimiento de una misma planta, como ocurre por ejemplo con la palta.

Probablemente, cuando escuchamos la palabra polinización automáticamente pensamos en las abejas. Es que sí, las abejas son un agente polinizador fundamental pero no son las únicas que se encargan de esta noble tarea. Los polinizadores, también conocidos como agentes polinizadores o vectores de polinización, son los encargados de ejecutar el proceso de transferencia de polen de una flor a otra. Existen, además, flores que pueden ser polinizadas por una gran variedad de vectores polinizadores (se las llama generalistas). Mientras que otras especies solo pueden recibir un género específico de agente polinizador (se las llama especialistas).

No obstante, en todos los casos, la polinización genera beneficios mutuos, tanto para la planta como para el polinizador: los agentes polinizadores acuden a las flores en busca de alimento, refugio o calor y son atraídos por señales químicas (olores) o visuales (colores, formas). Posteriormente, al hurgar entre los órganos reproductores de la flor, sus cuerpos se impregnan de polen que luego trasladan involuntariamente a otras flores, realizando así la polinización.

Los vectores polinizadores son, como podemos apreciar, imprescindibles y se dividen en dos grandes grupos. Por un lado, están presentes los agentes polinizadores abióticos, como el aire o el agua, a través de los cuales se realiza una polinización anemófila o hidrófila, respectivamente. En estos casos, el polen viaja naturalmente en el viento o en el agua para encontrar el órgano femenino y efectuar la fecundación. Por otro lado, existen los agentes polinizadores bióticos, que pueden ser insectos o animales como las abejas, las mariposas, los murciélagos, los colibríes, entre otros.

En total, son más de 200 mil las especies animales que realizan tareas de polinización en el mundo. Pues, existen más de 240 mil especies de plantas con flores y todas necesitan de un vector polinizador para reproducirse. Si bien las abejas son las más famosas, y cuidar a las abejas y garantizar ecosistemas propicios para sus comunidades es fundamental para mantener la biodiversidad y para asegurar la supervivencia de muchas especies, existen otros insectos polinizadores que son fundamentales para la reproducción de ciertas especies. Las avispas, mariposas, moscas y abejorros son algunos de estos, pero también los escarabajos, las babosas y hasta las hormigas. Además, la polinización puede también efectuarse gracias a la intervención del hombre, en este caso hablamos de polinización artificial, e, incluso, algunas plantas realizan la transferencia del polen por sus propios medios.

Mantener la vida en el planeta

La polinización, como se ha advertido, es un proceso fundamental para el mantenimiento de la vida sobre la tierra. Sin este servicio, muchos de los procesos y especies relacionados entre sí en el marco de un ecosistema desaparecerían. Es, así, no sólo de vital importancia para la supervivencia de los ecosistemas terrestres naturales sino también para la continuidad de la producción de alimentos. Esto último en tanto fortalece el sistema de producción agrícola y posibilita la producción de una gran cantidad de alimentos, al tiempo que nos garantiza una nutrición equilibrada.

Aunque no podamos verlo a simple vista, los seres humanos somos ampliamente beneficiados con la polinización: la cantidad y diversidad de polinizadores genera un aumento en el rendimiento de los cultivos y es un soporte imprescindible en la producción de los principales cultivos alimentarios del mundo, ya que cuanta mejor calidad tenga ese proceso polinizador, mejores y más saludables serán los alimentos. No obstante, si bien la presencia de agentes polinizadores es clave para avanzar hacia una agricultura sostenible y para preservar las funciones de los ecosistemas agrícolas, son muchas las razones que generan una preocupación mundial por la actual disminución de la población polinizadora y la consecuente pérdida de biodiversidad.

La amenaza más importante proviene del uso de insecticidas, aunque también la pastura en gran escala, la tala de la vegetación y otros tipos de destrucción de plantas en flor que eliminan las fuentes de abastecimiento alimenticio de los insectos polinizadores. Asimismo, las prácticas de cultivos intensivos de la tierra y la destrucción del terreno agreste destruyen el hábitat donde la mayoría de los polinizadores bióticos naturales se desenvuelven. La sensibilización sobre el valor de la polinización por insectos y la eliminación del uso innecesario de pesticidas, al igual que el incremento de arbustos y árboles de néctar en los proyectos de reforestación para garantizar una fuente de alimento a los insectos polinizadores, se ha vuelto, por todos estos motivos, fundamental.

Ahora bien, las prácticas intensas de agricultura disminuyen el número de polinizadores naturales al tiempo que, paradójicamente, incrementan la necesidad de estos mismos. De igual manera, los aumentos de monocultivos vuelven la floración cada vez más concentrada, de modo que se hacen necesarias grandes poblaciones polinizadoras en tiempos mucho más breves. Ya se ha precisado cómo la calidad y cantidad de cultivos son afectadas por la polinización y cómo la propia cosecha depende del grado de beneficio que recibe de este proceso, en tanto muchas cosechas limitan o incrementan sustancialmente su producción en base a la polinización que reciben.

En ese sentido, la polinización puede ser tan importante para la producción agrícola como el agua o los fertilizantes agrícolas y es necesario reconocerla como parte integrante de la misma. Son, por lo tanto, elementales las prácticas de gestión para conservar y administrar las poblaciones de polinizadores que puedan llevarse a cabo en los agroecosistemas.

Los números de la polinización

La FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, afirma, en relación a la problemática planteada, que aproximadamente el 80 % de las especies de plantas floríferas están especialmente preparadas para ser polinizadas por animales, fundamentalmente insectos, y representan el 35 % de la producción mundial de cultivos, además de contribuir a aumentar la producción de 87 de los principales cultivos alimentarios de todo el mundo. Por consiguiente, sostiene, la polinización es fundamental para la producción de cultivos, y es importante que todos seamos conscientes de este servicio ecosistémico esencial: desde el público en general, incluidos los escolares, y los agricultores, hasta los encargados de la adopción de decisiones en los planos local, nacional e internacional.

La clave para la supervivencia de las especies polinizadoras es la presencia de ecosistemas diversos, ya que no todos los agentes polinizan las mismas plantas y flores. Al promover la biodiversidad e impulsar la heterogeneidad, se brindan condiciones óptimas para que cada agente polinizador consiga alimentos y posea hábitats específicos. En conclusión, para alcanzar una agricultura sostenible, es fundamental tener en cuenta las necesidades de los agentes polinizadores, ya que sin ellos la producción agrícola se reduciría drásticamente y resultaría muy difícil generar el volumen de alimentos que los seres humanos necesitamos para sobrevivir.

En Argentina, particularmente, señala Milagros Graziani, ingeniera agrónoma  y gerenta de nuevos negocios en Beeflow (empresa dedicada a brindar servicios de polinización profesional con abejas a productores agrícolas, con el objetivo de aumentar el rendimiento y la calidad de los cultivos de manera sustentable), las empresas de producción de alimentos en el campo hacen foco en la mejora de la fertilización, el control de plagas, el riego y la genética, sin hacerlo en la mejora de la polinización. Ya que, agrega Graziani, muchos productores e ingenieros agrónomos ignoran que la polinización se pueda medir, manejar y mejorar, haciendo del manejo de este proceso algo muy informal.

Por otro lado, como han señalado investigadores del CONICET en la materia en cuestión, no podemos hacer a un lado el hecho de que el proceso de polinización atraviesa transversalmente a la sociedad, en sus ámbitos culturales, sociales, económicos y alimentarios. Pues, más allá de los beneficios para la alimentación y los ecosistemas, los polinizadores afectan los mercados globales de alimentos, ya que los cultivos polinizados por animales tienen usualmente un precio de venta más alto que aquellos que no. Señalan, además, como en los últimos cincuenta años los cultivos que dependen de los polinizadores crecieron a una tasa más baja en cuanto a productividad y tuvieron más variabilidad que los que no y advierten cómo es que ello sugiere que los servicios de polinización pueden estar comprometidos por la reducción de las poblaciones de polinizadores.

Lucas Garibaldi, investigador independiente del CONICET y director del Instituto de Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD – UNRN) explica cómo paradójicamente estamos, por un lado, perdiendo muchas especies de polinizadores silvestres, pero, por el otro, nuestra agricultura depende cada vez en mayor medida de estos. Dado que se plantan cada vez más cultivos que se ven beneficiados por la acción de dichos animales. Es decir, concluye Garibaldi, la polinización es un servicio que cada vez tenemos menos y del que cada vez necesitamos más, no sólo por la provisión de alimentos sino que, también las plantas dependientes de polinizadores contribuyen directamente a la producción de medicinas, biocombustibles, fibras, materiales de construcción e instrumentos musicales, entre otros.

Argentina

En nuestro país, según Garibaldi, no se conoce mucho sobre el estado de los polinizadores, si bien, agrega que por iniciativa de algunos investigadores se han relevado regiones específicas donde se ha registrado una clara reducción en los polinizadores nativos.

Asimismo, en los últimos años, tanto en Argentina como en otros países, hay una tendencia a la pérdida de diversidad en tanto se está fomentando la homogeneización del paisaje a partir, por ejemplo, de la dominancia de un solo cultivo o de una sola especie. En ese sentido, expertos señalan que, entre otras medidas, debe implementarse la promoción de sistemas agrícolas diversificados así como de estándares más altos en el uso de pesticidas y la regulación del comercio de abejas manejadas. Medidas que, por supuesto, exigen legislación del estado y su implementación por parte de los productores a partir de cambios en el uso de la tierra, así como el compromiso de las industrias agroquímicas a producir pesticidas con menor impacto ambiental.

Incluso nosotros, en nuestra vida cotidiana, podemos participar activamente comprando alimentos certificados como amigables con los polinizadores y cultivando en jardines, balcones y aún en macetas diferentes tipos de plantas con flores, por ejemplo.

Para ir cerrando

No podemos dejar de señalar, para finalizar, que en el año 2020 tuvo lugar, de manera remota, debido a los tiempos que corren, el XXVIII Congreso de Aapresid, dónde profesionales y expertos hicieron referencia a la importancia de la polinización y el rol que ocupa ese sector en la Argentina. Han señalado cómo en nuestro país la polinización ha sido considerada desde siempre un servicio gratuito de la naturaleza que, como tal, no es valorado como merece.

Han dejado abierta, así, una puerta que no podemos volver a cerrar: la necesidad de pensar y poner en práctica acciones que conlleven a considerar la polinización como punto central e integral no sólo de la práctica agrícola en el país sino de la vida en general, que, en tanto tal, no puede seguir siendo relegada. Estamos a tiempo  de tomar, en todos los niveles que entran en juego en dicho proceso, decisiones que beneficien el proceso esencial que es la polinización, lo apoyen, lo fomenten y posibiliten cada vez en mayor medida y de modo más sustentable.

SUSCRIBITE!

Únase a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones de HORIZONTE A.

Su suscripción fue exitosa!