Por: Diego de la Puente -Nóvitas 

El término quizá suene un tanto anticuado, hasta atrasador porque no. Pero es en definitiva lo que está ocurriendo. La guerra comercial, atrasa. El covid-19, atrasa. La cuarentena, atrasa. Todo lo que nos lleva a una “primarización cavernícola”, atrasa. ¿Qué puede tener de bueno esto? En principio pareciera que nada. Sin embrago, no todo es tan malo para una Nación como la nuestra.

LOS CUATRO CISNES NEGROS

Según el ensayista Nassim Taleb en su libro “El Cisne Negro”, le da esta denominación al impacto de lo altamente improbable. Un Cisne Negro podría ser la tragedia de un grupo de jóvenes uruguayos que con motivo de una gira de rugby por Chile, decidieron tomarse un avión el 13 de Octubre de 1972. El resto es historia. El atentando a las torres gemelas en Nueva York el 11 de Septiembre de 2001, podría ser otro ejemplo. Porque no solo es altamente improbable, sino que además se da sin previo aviso.

Cuando visualizamos los hechos acaecidos durante los últimos tres años desde el inicio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China (Marzo 2018), resulta suspicaz no relacionar a este último suceso además con la gripe porcina africana (China 2019), el Coronavirus Covid-19 (China 2020) y la crisis del petróleo entre Rusia y Arabia Saudita también durante el presente año. La capacidad de “generar” 4 cisnes negros en el lapso de 3 años y donde en tres de ellos aparece China como denominador común y en otros dos aparecen países como Estados Unidos y Rusia, pareciera algo más que una casualidad. En definitiva, estos cuatro factores es probable que estén actuando conforme a un variable todavía superior.

La puja por el liderazgo mundial ya no se dirime por conflictos bélicos convencionales, sino por otro tipo de razones. Sean estas económicas, sanitarias, políticas o mediáticas, el País de Norte y el Gigante Asiático, están midiendo sus fuerzas para ver quién es el próximo líder a escala global. Por tal razón, estos 4 cisnes negros que acabamos de mencionar, no debieran tomarse de manera aislada, sino más bien trabajan de forma mancomunada con un objetivo específico. Mientras Donald Trump va por una cruzada mediática en contra de China, Xi Jinping viene asestando dos o tres golpes de impacto sobre la economía estadounidense. Porque seamos claros, el Covid-19 no genera por sí sólo un problema económico, pero sí lo hace la cuarentena. Como el primer caso fue en China, la propuesta del país con más experiencia fue el aislamiento social. Y si bien esta decisión también genera un impacto económico en el Gigante Asiático, los resultados en Estados Unidos, parecieran -a priori- más significativos. Sólo basta observar algunos indicadores como la tasa y el pedido de seguro de desempleo o el impacto en los mercados financieros. En este último caso, la bolsa de Shanghái perdió algo más del 10% desde los máximos de comienzos de año, al tiempo que el índice Dow Jones mostró caídas superiores al 20% en el mismo periodo, pero con desplomes de más del 55% en el peor momento.

En definitiva, si la puja pasa por quien será el próximo imperio, bien vale la pena algún sacrificio, siempre y cuando este sea inferior al de mi adversario. 

CAPITALISMO VS PROTECCIONISMO

Según mi manera de ver y de definir la palabra “capitalismo”, la misma está íntimamente relacionada con la “competitividad”. Aunque no siempre fue así, me fui dando cuenta que la “simbiosis” entre ellas dos surge dentro de esta crisis que estamos viviendo. Mientras Estados Unidos fue competitivo durante todos estos años de liderazgo, el capitalismo y el concepto de “libre mercado”, resultaron ser imprescindibles para poder crecer. Se pregonaba que lo mejor para poder desarrollarse era tener un comercio abierto y poder vender libremente con todo el mundo. No obstante, ese concepto que durante muchísimos años le generó pingües beneficios en su carácter de ser uno de los países más competitivos del mundo, encontró un gran escollo cuando China pensó en hacer lo mismo. Porque en definitiva, todos pueden hacer lo mismo, el tema es si lo podes hacer igual o mejor que Estados Unidos.

Más allá de todas las falencias en el sistema productivo y laboral de China (que los tiene y muchos), y sin desatender todo el tema vinculado a la Ley de Patentes y de Propiedad Intelectual, del cual se queja Estados Unidos, la realidad es incontrastable. El Gigante Asiático mejoró en muchos renglones de la economía la competitividad que hasta hace poco era potestad estadounidense. Más allá de los favoritismos, el resultado está claro.

Así las cosas, el país más libremercadista de todos, el “paladín” del capitalismo, está jaqueado. ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿No era acaso este modelo el que podía generar que las empresas más competitivas, que los países más competitivos lograran tener más y mejores oportunidades?¿No era este sistema el que como un chorro a alta presión llevaba a los más aptos y competitivos a producir más generando más y mejores empleos?. Hoy se pone en tela de juicio tal argumentación y se ponen en duda sus reales virtudes.

Entonces el proteccionismo vuelve y con fuerza. Y como el proteccionismo está asociado a la falta de competitividad (que es lo que le está ocurriendo al País del Norte), ergo el modelo pareciera que debe ser revisado.

UN IMPERIO JAQUEADO Y LAS OPORTUNIDADES FUTURAS

Si bien resulta una tarea muy infructuosa predecir el futuro, está claro que estamos frente a una lucha por el liderazgo mundial y que, por otro lado, la falta de competitividad y los “ajustes” a los modelos tradicionales, desnudan aunque sea una parte de pérdida estadounidense en ese liderazgo. Si esto es el ocaso de un imperio y el surgimiento de uno nuevo, no lo podemos saber. Lo que sí estamos observando es que el proteccionismo que está practicando Estados Unidos en estos momentos, junto con la enorme incertidumbre del Covid-19, llevan a otros países a tomar medidas similares.

La “primarización cavernícola” hace referencia a que las personas hoy en el mundo resumen sus preocupaciones a cuestiones muy básicas. Sanar y comer. Nadie está apresurado pensando en el próximo viaje que va a realizar, pocos piensan en cambiar el auto o agrandar su casa. Quizá, los extremos sean hoy los grandes ganadores. Porque en otro orden de cosas, esta es una primarización cavernícola, pero con una modernidad también única.

El cuidado del medio ambiente es una agenda que no dará marcha atrás y las formas de relacionarnos, con una conectividad pocas veces vista, sin lugar a dudas cambiará definitivamente el mundo como lo vivíamos. Pero dentro de ese esquema, hay más países que se están cerrando. Lo llamativo es que no se cierran en el comercio de productos de alto valor, sino más bien en productos primarios. Rusia lo está haciendo con las exportaciones de trigo al igual que Ucrania, Vietnam hace lo propio con el arroz. También países como Kazajstán, Bulgaria y otros. El caso de Rusia es particularmente interesante, puesto que es el principal exportador mundial de trigo.

¡NO ES LA CRISIS ESTÚPIDO, ES LA OPORTUNIDAD!

Argentina es junto con Ucrania el país más estructuralmente exportador de granos del mundo. Esto quiere decir que exporta mucho en relación a lo que produce. Cerca del 60% de la producción argentina de granos (en promedio), es exportada a más de 100 países alrededor del mundo.

Por otro lado, un menor comercio mundial es sinónimo de menor globalización o “desglobalización”. Desde el año 1870 a la actualidad solo hubo dos momentos de desglobalización. El primero entre la primera y la segunda Guerra Mundial y el otro está sucediendo actualmente.

En un proceso de menor comercio mundial, los productos manufacturados son los primeros en sufrir, pero no así los de primera necesidad. Ese primer proceso de desglobalización, coincide con la última fase de una Argentina que se dio en llamar “granero del mundo”. Y si bien el término más correcto para las actuales circunstancias debería ser “supermercado del mundo”, lo cierto es que ambos se vinculan con pérdida de globalización. Claro está que cuanto mayor valor podamos darle a nuestras materias primas (que ya de por si tienen mucho valor agregado), mucho mejor. Pero está clarísimo que si Estados Unidos poco puede hacer para competir con China en las exportaciones de bienes manufacturados, nosotros mucho menos.

Mientras que con el País del Norte competimos, con el Gigante Asiático hay mucho más sinergias, si asumimos que ellos necesitan de nuestros productos. La oportunidad, por otro lado, no es solo para nuestro país. Sudamérica en general y un bloque como el Mercosur en particular pueden transformarse en los mayores proveedores de alimentos al mundo, aunque no seamos los únicos. Regiones como la ex URSS o África más adelante en el tiempo, serán grandes competidores. No obstante hoy y en las actuales circunstancias que nos toca vivir, empecemos a hablar de las oportunidades más que de las crisis. Lo único que se necesita es estar a la altura…

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