Andres Grasso y Martín Diaz-Zorita -Comité técnico Fertilizar AC

El nitrógeno es el elemento más abundante en la biosfera, sin embargo, las cantidades disponibles en los suelos agrícolas son limitantes para cubrir las demandas de los cultivos. En condiciones naturales, las especies de leguminosas evolucionaron para superar esta limitación formando una relación de simbiótica natural con bacterias del género Rizobium tomando y transformando nitrógeno desde el aire en un proceso conocido como de fijación biológica del nutriente. En nuestros ambientes productivos, este proceso aporta entre el 50 y el 60% de las necesidades de cultivos de soja mientras el restante es tomado desde el suelo.

Entre las actividades del comité técnico de Fertilizar AC recientemente se realizó un taller de actualización y discusión sobre la participación de la nutrición biológica en la producción de soja en la Argentina. Del mismo participaron representantes técnicos de empresas integrantes de la asociación y especialistas del INTA. El punto de partida fue actualizar y discutir el uso actual de la práctica de inoculación con rizobios en los cultivos de soja que según encuestas, coordinadas por Fertilizar AC, a productores de todas las regiones sojeras argentinas se observa un generalizado uso de la práctica. Aproximadamente el 90% de los encuestados reconoce utilizar inoculantes en sus planteos productivos representando así casi el 83% del área cultivada con soja. La inoculación es una práctica qué se encuentra incorporada al manejo nutricional del cultivo de soja y que ha acompañado las diversas incorporaciones tecnológicas de producción en el país. Este acompañamiento fue evaluado en más de 1100 estudios durante los últimos años recopilados por Alejandro Perticari del INTA junto con otros colaboradores. Los resultados de este análisis se concluyó que la aplicación de la práctica de inoculación representa aproximadamente el 11 % de la producción alcanzada por el cultivo con una consistencia de respuestas próxima al 80% de los casos evaluados. Esta contribución acompaña al crecimiento en los rendimientos del cultivo al incorporar mejoras productivas tales como genotipos, ajustes en fechas de siembra, protección y fertilización. También se discutió que esta contribución, si bien muestra variaciones en su magnitud relacionada con la producción alcanzada según campañas o regiones es independiente de ambas y del nivel de productividad alcanzada por los cultivos.

Entre los aspectos que afectan la eficiencia de la FBN y que se deben tener en cuenta para optimizarla, se revisaron estudios que muestran la importancia de considerar los aportes del manejo integral de nutrientes sobre el proceso natural de simbiosis entre los rizobios y la soja. Sabemos, que la disponibilidad de fosforo y azufre mejora el crecimiento de las leguminosas y en consecuencia la formación de nódulos, permitiendo así una mayor eficiencia en el aporte directo de nitrógeno a las plantas. A partir de una recopilación de estudios de inoculación y de fertilización disponibles en publicaciones de la Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo (AACS), del Instituto Internacional de la Nutrición de las Plantas (IPNI) y periódicas de universidades nacionales y del Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA) entre 2001 y 2015, realizado por Diaz-Zorita y colaboradores que será presentado en Mercosoja 2019, se observó que:

La respuesta a la fertilización fue menor (370 kg/ha) en cultivos sin inocular que en los inoculados (740 kg/ha). En cambio, la contribución relativa de la inoculación sobre los rendimientos no mostró diferencias significativas entre cultivos sin fertilizar (9,4 %) y fertilizados con fósforo, azufre o su combinación (8,2 %). Al mejorar las condiciones de nutrición del cultivo no solo mejora su crecimiento y producción, sino que también sostiene una contribución proporcional al aumento de rendimientos aportado por la inoculación con rizobios. Al mantener la contribución de nitrógeno prácticamente se logra duplicar la contribución de la aplicación de nutrientes tales como el fósforo y el azufre.

Luis Ventimiglia de INTA EEA 9 de Julio, presentó y analizó algunas de las acciones que debemos considerar para realizar buenas prácticas de la inoculación (BPI). Estas se basan en evitar las 3 fallas más comunes a la hora de realizar la aplicación de inoculantes. El primero es suponer que la fijación biológica realizada por los rizobios naturalizados en el suelo, en lotes con antecedentes de soja y dónde se observa nodulación espontánea, tiene la misma efectividad que los rizobios incorporados con los inoculantes. Segundo, la utilización de productos que no aportan una concentración o actividad de rizobios tal que aseguren una infección efectiva de la planta siendo importante la utilización de los inoculantes atendiendo a sus recomendaciones de aplicación y dentro de los plazos de uso según su declaración de registro. Y por último, una de las fallas más frecuentes, la utilización de inoculantes aplicando metodologías erróneas de tratamiento de las semillas (momentos, otros productos en combinación, condiciones de almacenamiento hasta la siembra, etc.).

En síntesis, este taller permitió reconocer la contribución desde el INTA en el desarrollo y soporte de una práctica de importancia central para la producción eficiente de soja dónde el manejo integral de la nutrición sinergiza la simbiosis natural entre rizobios y plantas de soja estableciéndose así una simbiosis tecnológica entre la inoculación y la fertilización. Abundantes evaluaciones en la región sustentan estos aportes promoviendo no solo la valoración de su contribución sino también la importancia de la implementación de buenas prácticas de inoculación que acompañen tal logro.