Las enseñanzas del maíz en un año Niña

Por: Santiago Lorenzatti, Martín Sánchez, Agustín Bianchini y Rodrigo Tabasso. – OKANDU SA Al planificar el cultivo de maíz resulta esencial conocer y caracterizar el ambiente de producción. La calidad y aptitud del suelo y la oferta hídrica esperada son las principales variables a considerar que definen en buena medida la potencialidad productiva de cada […]
junio 22, 2022

Por: Santiago Lorenzatti, Martín Sánchez, Agustín Bianchini y Rodrigo Tabasso. – OKANDU SA

Al planificar el cultivo de maíz resulta esencial conocer y caracterizar el ambiente de producción. La calidad y aptitud del suelo y la oferta hídrica esperada son las principales variables a considerar que definen en buena medida la potencialidad productiva de cada ambiente. En muchas regiones, la presencia de napa freática es clave para determinar la oferta hídrica, por su influencia positiva sobre el rendimiento a partir del aporte de agua subsuperficial que se suma a la provista por las precipitaciones. Finalmente, el manejo de pronósticos extendidos que marquen las probabilidades de ocurrencias de precipitaciones, termina de aportar los elementos que juegan en la potencialidad del maíz en ese ambiente.

Así, en años con adecuada oferta hídrica, por pronósticos favorables y/o por presencia de napa, la potencialidad del ambiente se verá maximizada, lo cual nos habilita a planteos de alta productividad. Por el contrario, restricciones hídricas nos imponen un techo productivo menor a la vez que aumentan los riesgos; siendo un manejo defensivo, probablemente, la respuesta mejor adaptada a ese escenario.

La campaña 2021/22 presentó al momento de la planificación un escenario desafiante, por la alta probabilidad de ocurrencia de un fenómeno “La Niña”, que se repetía por segundo año consecutivo, elevando así las chances de una menor oferta hídrica, con alto riesgo de que el cultivo transite por períodos de sequía y estrés térmico. Dado que en la zona núcleo pampeana, normalmente el déficit de lluvias se produce entre noviembre y enero, es el cultivo de maíz temprano el que presenta el mayor riesgo, ya que define su rendimiento en el momento de mayor estrés hídrico y térmico. La primera gran decisión a tomar era la época de siembra.

Para fechas tempranas (de principio de septiembre a mediados de octubre, en zona núcleo) optamos para la campaña 21/22 por los ambientes de mayor potencial y menores riesgos. Los ambientes con napa, tendrían altas chances de sortear la menor oferta de lluvias, y podrían sembrarse temprano. Y así lo hicimos en los ambientes del sudeste de Córdoba. Al tener casi resuelta la oferta hídrica por presencia de napa, estas siembras tempranas ubicaron el período crítico del maíz (en torno a floración) en momentos de máxima radiación, permitiendo acceder a rendimientos altos. En estas situaciones de maximización de rendimientos, resultó fundamental el ajuste de la nutrición, su interacción con la densidad de siembra y la elección de la genética.

Al respecto, varios años de investigación y validación a campo en OKANDU nos indican que es posible potenciar el rinde, aumentando en simultaneo densidad y oferta de nutrientes (principalmente Nitrógeno). Los planteos tradicionales de maíz temprano tienen densidades de 70 a 80.000 pl/ha y una oferta de Nitrógeno (suelo + fertilizante) de 175 a 200 kg/ha; con rindes alcanzados de 11.500 a 12.500 kg/ha. Sin embargo, de acuerdo a los resultados de las investigaciones de OKANDU en zona núcleo, ajustando densidades mayores (90-95.000 pl/ha) y acompañando con aumento de los nutrientes ofrecidos, se puede acceder a rindes superiores a 14.000 kg/ha (Ver Recuadro 1). Y así pudimos reafirmarlo en la campaña 21/22, en ambientes con napa.

“En OKANDU venimos trabajando en el ajuste de la tecnología a ofrecer tanto en nutrición como en densidad en maíces tardíos”

Por el contrario, ambientes sin influencia de napa, dependieron exclusivamente del agua almacenada en el suelo y de las lluvias durante el ciclo del cultivo. La oferta hídrica fue escasa en un año Niña, con menores precipitaciones entre noviembre y enero, y con período de gran estrés térmico durante 7 a 10 días en enero. En este contexto de sequía, aquellos pocos lotes que por calidad de suelo eran buenos ambientes, pero que no tenían influencia de napa, que se sembraron temprano (setiembre/octubre), sufrieron un recorte de producción de diferente magnitud en función de las precipitaciones recibidas (del 20 al 60%).

Para estos ambientes sin napa y con suelos de menor potencial, optamos mayormente por la siembra de maíces en fechas tardías (diciembre en zona núcleo), buscando rindes medios aceptables y principalmente, disminución del riesgo productivo.

Los lotes sembrados en diciembre pasaron su período crítico en febrero; logrando sortear los meses de diciembre y enero, que tuvieron déficit hídrico y momentos de fuerte estrés térmico. Por el contrario, febrero resultó ser en el SE de Córdoba un mes con aceptables y oportunas precipitaciones y sin los golpes de calor que caracterizaron al enero de 2022. Nuevamente, la elección de la genética, y el ajuste de su interacción con nutrición y densidad fueron clave para alcanzar rendimientos altos, incluso, en algunos casos por arriba de lo presupuestado.

En OKANDU venimos trabajando en el ajuste de la tecnología a ofrecer tanto en nutrición como en densidad en maíces tardíos. Cada híbrido evaluado es sometido a tres niveles de densidad poblacional: baja (63.000 pl/ha), media (84.000 pl/ha) y alta (99.000 pl/ha). A su vez, cada densidad es cruzada con tres tratamientos nutricionales: Testigo (sin aporte de nutrientes vía fertilizantes); nutrición media (80 kg/ha MAP + 120 kg/ha urea), y nutrición alta (160 kg/ha MESZ + 330 kg/ha urea). Al respecto, la respuesta a los diferentes manejos depende de la oferta ambiental (Figura 1).

Figura 1: Respuesta a la densidad para el tratamiento promedio de fertilización. Red de tecnología OKANDU (Campaña 2018/2019).

En términos promedio, las densidades intermedia y alta superaron a la densidad baja, sin diferenciarse entre ellas.  Sin embargo, al desmenuzar la información se puede inferir que este comportamiento difiere según la oferta ambiental. Así, en los mejores ambientes (Bengolea, Inriville y Baldissera), el aumento de la densidad permitió alcanzar los máximos rendimientos. Por el contrario, ambientes más restrictivos (Colonia Tirolesa y Monte Cristo) mostraron caídas de rendimiento para la densidad más alta.

El aumento de conocimiento y experiencias productivas a campo muestran un salto productivo en maíz tardío. Un cultivo que hace unos años sólo se lo veía como una alternativa “defensiva”, con rindes medios aceptables, hoy nos ofrece de la mano de la genética, la densidad y la nutrición, escalones más altos de rendimiento, siendo una excelente opción para diversificar riesgos sin tener que resignar demasiada productividad alcanzable a campo.

“Finalmente, el maíz tardío nos abre la posibilidad de la inclusión de cultivos de servicio de leguminosas, como Vicia villosa, o de gramíneas”

La dinámica de Nitrógeno varía en función del cultivo antecesor, siendo el antecesor Vicia el que mejor resulta para el maíz tardío, debido al aporte de N atmosférico que realiza. En los ensayos que llevamos en OKANDU podemos apreciar la respuesta diferencial del maíz en función del antecesor.

Sobre Vicia villosa, la ganancia de rinde es menor y la curva de respuesta se satura con menor aporte de N, siendo un cultivo que depende menos del aporte de N como fertilizante. Sobre cultivos de servicio de gramíneas la respuesta al agregado de N como fertilizante es mayor y la curva se satura en niveles más altos de N, siendo este un cultivo que depende en mayor medida del aporte de N como fertilizante (Figura 2).

Figura 2 : Respuesta a N en Maíz Tardío según antecesor – ensayos en franja 2013/14 a 2019/20)

La inclusión de Vicia villosa como antecesor de maíz tardío resulta muy interesante de cara a la campaña 22/23; pensando principalmente en el aporte de N que hace, y por la menor dependencia de los fertilizantes nitrogenados; los cuales han tenido un importante aumento de precio en los últimos meses. Resultará clave, saber cuándo “cortar” el crecimiento de la Vicia, de manera que realice su aporte de N, pero a la vez que no ponga en riesgo la disponibilidad hídrica para el maíz siguiente, más aún cuando los pronósticos de largo plazo se inclinan nuevamente para un año Niña.

Consideraciones finales:

La campaña 21/22 nos puso de manifiesto la importancia de conocer y comprender la oferta ambiental a la hora de planificar la siembra de maíz. La restricción hídrica, sumada al estrés térmico típico de un año Niña, puso en relieve lo crítico que resulta diagramar una estrategia de fecha siembra en función a la calidad del ambiente y del riesgo que se quiere asumir o mitigar. También, lo clave que resulta acompañar esa decisión con un ajustado manejo de la interacción genética, nutrición y densidad.

Los ambientes con napa, tuvieron la oportunidad de sortear la menor oferta de lluvias. En estas situaciones de maximización de rendimientos resultó fundamental el ajuste de la nutrición, su interacción con la densidad de siembra y la elección de la genética.

Los lotes sembrados en diciembre pasaron su período crítico en febrero, que resultó ser en el SE de Córdoba un mes con aceptables y oportunas precipitaciones y temperaturas. Nuevamente, la elección de la genética, y el ajuste de su interacción con nutrición y densidad fueron clave para alcanzar rendimientos medios elevados.

De cara a la campaña 22/23, cuyos pronósticos no asoman como alentadores en materia de precipitaciones, resulta fundamental utilizar todo el conocimiento generado y aplicado a campo; de manera de lograr resultados agronómicos, económicos y ambientales que tengan como faro la sustentabilidad de la empresa.

La clave en el manejo, genética, densidad y manejo nutricional

A la hora de ajustar un manejo agronómico en el cultivo de maíz, y habiendo caracterizado la calidad del ambiente y la fecha de siembra, resulta clave ajustar la elección de la genética, la densidad de siembra y el manejo nutricional como variables relevantes. Con el objetivo de medir el impacto de estas variables en el cultivo de maíz, en OKANDU contamos con una red propia de ensayos tendientes a cuantificar el impacto en las diferentes campañas.

Durante 6 temporadas se llevaron a cabo, en campos de experimentación ubicados en las localidades de Inriville y en Los Surgentes, ensayos de tecnologías combinadas (genética, nutrición y densidad), para poder caracterizar el aporte de las mismas al rendimiento, y de esa forma poder establecer brechas de rinde a capturar. Se exploraron densidades bajas para los ambientes zonales, densidades promedio usadas en los planteos medios, y densidades más altas. Lo mismo con los niveles de nutrientes aportados (Nitrógeno como nutriente clave). Y en todos los casos se utilizaron híbridos de punta para cotejar sus repuestas. A manera de síntesis se presenta la información consolidada de los 6 años (Figura 3 ), pero cabe destacar que en todas las campañas se observó similar patrón de respuesta. Los resultados arrojaron rendimientos que variaron sensiblemente en un rango entre 9.424 kg/ha y 14.269 kg/ha; mostrando claramente la importancia en el manejo de las variables evaluadas y su interacción.

Figura 3. Impacto de la genética, densidad y nutrición en el rendimiento de maíz.

Resulta clave la correcta oferta de nutrientes al cultivo para poder obtener saltos de rendimiento.  El aumento de densidad de siembra por sí solo no implica un aumento de rendimiento, aunque si se lo combina con adecuados manejos de fertilización, la productividad alcanzada se eleva sensiblemente.

En términos generales, podemos concluir que de poco sirve aumentar densidad si no se acompaña con una mejora en la oferta nutricional para el cultivo. También es importante mencionar que la respuesta de cada genética a esa mejora en el ambiente, muestra niveles diferenciales, y requiere conocer el comportamiento de los diferentes híbridos del mercado a dichas variables.

La mejora genética ofrece híbridos con alta eficiencia en el uso de Nitrógeno y adaptados a planteos de alta densidad, por lo que es el cultivo que mejor recompensa con kilos de rinde el ajuste correcto de la tecnología.

La importancia de una buena siembra

Una buena implantación del maíz resulta fundamental para aspirar a un buen arranque de cultivo. Cualquier fallo en la siembra, principalmente atribuído a una distribución despareja dentro de la línea de siembra (desuniformidad espacial) o una profundidad de siembra irregular que haga que la emergencia sea desincronizada (desuniformidad temporal), tendrá como resultado plantas dominantes (más grandes y vigorosas) y plantas dominadas (más pequeñas y menos vigorosas). Si bien cada planta dominante rinde algo más que una normal, cada planta dominada produce menos sin compensar el aumento de la dominante. El resultado final es la pérdida de rendimiento del cultivo desuniforme, comparado con uno correctamente implantado.

Con el objetivo de cuantificar el impacto de la desuniformidad espacial, temporal y su combinación, en OKANDU realizamos ensayos en microparcelas durante 3 campañas en el SE de Córdoba. Para ello, planteamos diferentes tratamientos que incluían: a) un testigo uniformemente implantado; b) 2 niveles de desuniformidad espacial; c) 2 niveles de desuniformidad temporal; d) La combinación de desuniformidad temporal y espacial en simultáneo.

Figura 4. Impacto de la desuniformidad espacial, temporal y su combinación en el rendimiento relativo de maíz. Promedio de 3 años, campañas 18/19, 19/20 y 20/21.

La desuniformidad temporal produjo pérdidas de rendimiento respecto al testigo bien implantado de 10 a 13% según el grado de desuniformidad evaluado. La desuniformidad espacial produjo pérdidas de rendimiento de 10 a 11%; en tanto, que la combinación de ambas desuniformidades produjo una pérdida relativa de rendimientos del 18%, en el promedio de los 3 años evaluados.

Los resultados muestran claramente la importancia de una buena siembra que asegura una implantación pareja y uniforme tanto en su distribución espacial como en la temporal. Prestar atención a la regulación de la sembradora y a la tarea de siembra propiamente dicha nos evita pérdidas de rendimiento por una deficiente implantación.

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