Leandro Vesco: “Allí donde habitan los silencios, ahí está mi camino”

Leandro Vesco fue distinguido por la Organización Mundial de Periodismo Turístico como el “periodista turístico más influyente de 2021”. En una entrevista tan cordial como interesante, repasamos su vida, su historia y sus sueños. Por: Bettina Cucagna – Perlitas Rurales Conocí a Leandro Vesco a través de su ONG “Proyecto Pulpería” hace más de 10 […]
febrero 25, 2022

Leandro Vesco fue distinguido por la Organización Mundial de Periodismo Turístico como el “periodista turístico más influyente de 2021”. En una entrevista tan cordial como interesante, repasamos su vida, su historia y sus sueños.

Por: Bettina Cucagna – Perlitas Rurales

Conocí a Leandro Vesco a través de su ONG “Proyecto Pulpería” hace más de 10 años. Nacido en la provincia de Entre Ríos, su destino estaba marcado: recorrer la provincia de Buenos Aires y despertar cataratas de emociones en cada rinconcito que visita solo o en compañía de su familia.

Actualmente es acreedor de cuatro magníficos libros titulados “Desconocida Buenos Aires”, cada uno con el mismo espíritu: invitar a recorrer caminos rurales, descubrir pequeños poblados, saborear comida casera y conectarse con la simpleza de emprendedores hospitalarios.

¿Cuál fue el puntapié inicial que te llevó al lugar destacado que hoy ocupas como escritor de cuatro libros exitosos que generan emociones a lectores y protagonistas?

Soy una persona muy inquieta y preocupada por usar el don que tengo para escribir poniéndolo al servicio de la gente. Me interesa escribir libros que se conviertan en herramientas que puedan llevar al lector en forma directa a una historia, y a conocer a su protagonista. Por eso, en toda la saga de “Desconocida Buenos Aires” al pie de cada capítulo se encuentra el contacto directo con el protagonista, para que lector y personaje puedan establecer una comunicación real.

Quizás sea esta una de las claves del éxito de mis libros: leer una historia y ponerse en comunicación con el pulpero, el hospedaje rural, el comedor de campo. Me trazo como objetivo crear un lector movedizo, que complete la lectura viajando al lugar donde se desarrolla la historia, y lo voy logrando.

Has formado una hermosa familia junto a Soledad, tu esposa y tus dos hijos, Galo y Salvador ¿Existe una receta infalible para compartir con ellos esta pasión de viajar, escribir y hacer realidad los sueños?

La única receta es compartir, esa es la clave. Escribo desde siempre y tanto mi esposa como mis hijos me conocen de esta manera. Mi trabajo es viajar y luego escribir historias. Los primeros en conocerlas son ellos, ni bien llego a casa les cuento todo lo que vi y viví. Un viaje debe compartirse, cobra sentido y se dimensiona mejor. Cuando es tu familia quien oye los viajes que realizás, la felicidad es plena. Viajo mucho en soledad, en compañía de un fotógrafo, pero los viajes para presentar los libros y los más placenteros, siempre los hacemos en familia.  En ruta somos una familia feliz. Todos disfrutamos de la aventura. La receta es disfrutar el momento, el lugar donde elegimos estar y mantenernos en movimiento.  

El movimiento familiar es una dinámica que divierte, educa, y crea momentos inolvidables. Las mejores experiencias las pasamos en caminos y destinos tranquilos, integrándonos a la vida de tierra adentro. Somos una familia viajera, no encuentro mejor definición.                 

“Soñamos con una escapada que nos desconecte de todo. Soñamos con la naturaleza. Soñamos con la libertad” ¿Soñaste el actual éxito de tus libros? ¿Tenés sueños pendientes?

Siempre fui un convencido de lo que quería hacer, cuáles eran mis herramientas y mis límites, no hubo un solo desvío en ese convencimiento. Supe desde muy pequeño que quería ganarme la vida escribiendo libros y notas en diarios. Hice un camino personal, estudié algunos años en la universidad de Bellas Artes y Comunicación en Rosario, sólo para adquirir conocimientos básicos y luego, con esa misma claridad entendí que debía formarme en los espacios que mi oficio necesita nutrirse, “la vida misma” Así fue que desde mis 18 años comencé a viajar por todo el país y América Latina, presentando mis libros que yo mismo producía y editaba. Leí todo lo que llegó a mis manos.

Cuando mis amigos estaban planeando salidas nocturnas, yo devoraba libros y caminaba por las bibliotecas buscando señales, y fueron los autores quienes me formaron. John Steinbeck, Ernest Hemigway, John Dos Passos; en el plano nacional, Borges, Güiraldes, Sábato y Soriano.

“Los viajes solitarios fueron la mejor universidad. Queda pendiente publicar mi gran obra de ficción, otro sueño”

Hablemos de tu infancia en Paraná, Entre Ríos, de tu familia, de los lugares de tu ciudad que aún viven en tu memoria, de esos sabores memorables.

No tengo una relación muy fuerte con mi ciudad natal, el hecho de ser una persona peregrina y viajera permitió desapegarme de lugares que para muchos son vitales, la normalidad en ese caso, no aplica en mí. Por otra parte, el río nunca me atrajo a pesar de que nací en una ciudad recostada sobre el Paraná.  Siempre entendí el lenguaje del mar, es el agua que me contiene porque está en movimiento constante. Por otro lado, desde pequeño me interesó mucho el desierto y los lugares con poca vida.  Por eso, el dilatado horizonte pampeano o patagónico fueron caminos muy amigos donde siempre hallé felicidad.

¿Qué podrías contarnos de tu familia?

Mi familia fue de clase media, nunca nos sobró dinero. Mi madre era bailarina clásica y luego se dedicó a la crianza de sus hijos (tengo dos hermanos), y mi padre, geólogo murió joven. Pero pasé una infancia feliz. Paraná en los años 70 y 80 era un pueblo grande, uno se sentía dueño de las calles. Mi padre viajaba y yo  esperaba su regreso con ansiedad  porque quería oír sus historias. No guardo relación con amigos de la escuela o de los años de juventud. Creo que la vida tiene etapas, y no soy de mirar hacia atrás. Sólo me interesa lo que vendrá y trabajar muy fuerte en la actualidad. Sí tengo memoria sensorial, las comidas y sus aromas, aún las recuerdo. La gastronomía es una educación placentera y estricta. Mi familia materna es libanesa, y mi abuelo cocinaba recetas típicas árabes. Por otra parte, mi madre hacía excelentes guisos. Sólo regresaría atrás para volver a probar esos platos.

En tu niñez y adolescencia, seguramente has transitado destinos muy similares a los que actualmente describís en tus libros. ¿Qué recuerdos son difíciles de olvidar?

“Adentro de nuestro país las vacaciones no son tan importantes como en las ciudades grandes en época estival, para una familia de clase media la gran salida era ir a comer afuera a algún patio cervecero”

Allí se encontraba todo el mundo. Algunos años íbamos a Córdoba, a la Costa Atlántica o a la costa del Uruguay en Entre Ríos. Disfrutaba de esos viajes, y en particular, con esta costa uruguayense tuve una gran relación.

Mi padre trabajaba en la represa Salto Grande y pasábamos los veranos en el Hotel Ayuí, cerca de Puerto Yeruá. El río Uruguay es diferente al Paraná, tiene otro color, le vi siempre un alma más amigable. Caminar por el bosque y ver la represa, es un recuerdo memorable.

Maravillosa naturaleza tiene el litoral argentino, Paraná es una localidad turística identificada por el río. ¿Qué descripción haces de tu ciudad natal, la de ayer y la de hoy?

Por haber nacido allí, nunca vi a Paraná como turística, y por aquello que no me sentí identificado, la disfruté más de noche que de día. Los viejos bodegones del pueblo grande, los boliches cerca de la estación ferroviaria, los almacenes de ramos generales con despacho de bebidas que llegué a frecuentar, fueron los lugares donde sí hallé cierta protección y contención. Encontré grandes personajes e historias en la bohemia nocturna paranaense.

En términos turísticos, a Paraná le falta una buena propuesta gastronómica que entienda que el río en sí es un tesoro de aromas y sabores. Así como sucede en la costanera de Puerto Iguazú, así debería ocurrir en Paraná: que el turista encuentre no sólo playas sino una dilatada oferta de restaurantes que ofrezca platos con productos del territorio, y en el caso entrerriano como en el misionero, con aquellos que trajo la inmigración. La ciudad de ayer, tenía esa visión gastronómica, hoy no la tiene.

Desde temprana edad sentiste inclinación por la pintura y las letras y has desarrollado el periodismo en distintos medios gráficos. ¿Qué peso tienen hoy esas primeras experiencias como escritor, autor de “Desconocida Buenos Aires”?

Comencé mi vida artística siendo pintor, aún hoy veo constantemente pintura, a toda hora. Las experiencias en los claustros me ayudaron a entender y desarrollar algunas técnicas. Creo que de todas esas experiencias, lo que más me sirvió y aún lo sigue haciendo en mi formación en las artes plásticas. Yo primero “veo” el texto o la historia. Existe una visión, una composición de la historia, antes que se vuelque al texto. Yo “veo” un color, un resplandor en una persona, y siempre cuando entro a un pueblo o una pulpería imagino cómo lo pintaría, si puedo hacerlo hay una buena historia, de lo contrario, sigo de largo…

Una beca en 2001 permitió que residieras en Nuevo México, EEUU, otro país, otros colegas y una idiosincrasia totalmente diferente. ¿Cómo fue esa experiencia y qué importancia tuvo en tu vida profesional?

 Fui becado a The Helene Wurlitzer Foundation en Taos, New México por un cuento que escribí basado en la historia de Freydisa Ericsson, la hija de Erik El Rojo, la primera mujer blanca en pisar continente americano en el año 1000. Me valió ese reconocimiento, fui el primer latino en hacer una Residencia allí. Fue una de las cosas más maravillosas que me pasó en la vida.

Taos es un pueblo de montaña, y en los inviernos nieva días enteros. Recuerdo que era usual que la puerta de la cabaña en donde vivía, se quedaba tapada por más de un metro de nieve. Conocí artistas y colegas de todas partes del mundo, pero fundamentalmente norteamericanos muy interesantes, inteligentes y talentosos, amigos con los que aún seguimos teniendo una relación fluida. Estar entre pares de todo el mundo te amplía la cabeza, y ayuda siempre. Caminábamos mucho por el bosque, viajábamos por Santa Fe, Albuquerque, Roswell, y por los pequeños pueblitos del desierto.

Cuánto bien hace tu trabajo silencioso al rescate de almas nobles que aman su terruño. “La esperanza habita tierra adentro” ¡¡qué frase por Dios!! ¿Podrías ampliarla de acuerdo con las experiencias vividas a lo largo de tu vida?

Es fácil: al mundo lo salvan los sentimientos simples, las acciones sencillas, los pequeños gestos, la recreación de la emoción de los detalles. Al mundo y por consecuencia al ser humano lo salvan los sentimientos más primitivos. Todos ellos, ya no están más en la ciudad, acaso se hayan perdido para siempre. Sí se encuentran y en abundancia, tierra adentro, en los pequeños pueblos, la esperanza germina en el mostrador de una pulpería donde los seres humanos se abrazan en confesiones y sonrisas, en una cocina a leña, en la casa de una familia que se prepara para trabajar la tierra.

Y sigo buceando en tu escritura, maravillada por tanto amor hacia el pasado rural pero también disfrutando tus predicciones que son ley “El futuro está en las cosas buenas del pasado” ¿Quiénes son los protagonistas de ese ayer que enaltecés con tanto cariño?

El futuro está en volver a las cosas buenas del pasado, ésas que siempre estuvieron y que muchos han olvidado. Siempre estuvo bueno el encuentro en una mesa con una tabla de picada, un aperitivo y un mano a mano con el otro. Tenemos que volver a lo básico, alejarnos de lo virtual para buscarnos en lo físico, en lo que se puede tocar, sentir y disfrutar. ¿Cómo ser feliz mirando un video en un celular? ¿Cómo ser feliz mirando comidas o enviando mensajes por redes sociales? Debemos regresar al encuentro, el futuro está ahí, en volvernos un poco más primitivos y en mirarnos. Los viajes que proponen mis libros fuerzan la mirada en esa dirección, son todos destinos que nos abrazan con sentimientos puros y en donde nosotros somos los protagonistas de nuestras propias historias. Lo único virtual que nos dé felicidad, debe ser lo que soñamos por las noches.

Cuatro libros, cuatro brújulas, cuatro GPS y cientos de lugarcitos para descansar, compartir, maravillarse… Describinos esas “perlitas” que brillan en las librerías argentinas. Tus cuatro “amores” que partieron desde El Ateneo, una de las librerías más lindas del mundo y llegan a impensados lugares del mundo.

Los cuatro libros son soñados. Los trabajé pensando en qué clase de libro me hubiera gustado tener en mi biblioteca cuando comencé a pensar en escribir historias de pueblos. “Secretos de una provincia” es un resumen de los cuatro, allí se encuentra el alma de esa Buenos Aires poco conocida, con sus pulperías, los pueblos y una ruta que recomiendo mucho: la de las playas solitarias. Viajé muchos años por las playas más perfectas y hallé lugares increíbles, es simbólico el prólogo que hace mi maestro y gran amigo, Mario Markic.

“Historias de Frontera” narra la realidad de los pueblos en el límite pampeano bonaerense. Sin dejar de lado los boliches de campo, los sabores criollos y la ruta de la mujer rural bonaerense, responsable de la recuperación de los pueblos.

“Escapadas Soñadas” es el libro perfecto, una guía completa de los lugares más bellos y tranquilos de la provincia. Es una biblia para los viajeros. Infaltable para todo espíritu aventurero.

“Pulpería y Bodegones”, el regreso a lo simple, al encuentro en una mesa o en un mostrador con amigos o con la familia, un libro muy sentimental. Los cuatro libros tienen un detalle que los vuelve herramientas: tienen el contacto directo y mapas.

Llegamos al final de ésta para mí, destacada entrevista, y como corolario te pido un mensaje esperanzador en estos tiempos difíciles para los argentinos, desde tu lugar de comunicador y hombre optimista y visionario.

Haber escrito cientos de historias en estos cuatro libros y haber visto todo lo que vi, me vuelve necesariamente un hombre optimista. Cómo no serlo si veo que la fórmula de trabajar en familia apostando por lo sencillo, funciona. La naturaleza siempre recompensa al noble trabajador que la respeta, y abraza al que se para frente al mundo para concretar un sueño y hacerlo realidad. Creo que se puede ser feliz con muy poco, que debemos despojarnos de todo lo que nos ata a sentimientos impostados, a poses vacías. Ser genuinos, auténticos y mirar de cerca cómo fueron las cosas en el pasado, para poder prevenir embustes superfluos de una sociedad que necesita más que nunca: corazón abierto y humanidad.

 Sobre Leandro Vesco

 Ni una página en blanco más. Siento el asombro de un transeúnte solitario.

En los mapas me pierdo, por sus hojas navego. Ahora sopla el viento, cuando el mar quedó lejos, hace tiempo”,dice la canción “Pájaros de barro” de Manolo García, que inmediatamente me remite a Leandro Vesco.

Las páginas se empiezan a llenar cuando Leandro las colorea con descripciones, datos asombrosos, sabores, aromas y su particular estilo de escritura. Ese que nos traslada rápidamente a los lugares y a las experiencias sensoriales de sus libros.

Tuve el gusto de trabajar con Leandro todos los proyectos que publicó con Editorial El Ateneo. Es en esencia un viajero incansable, muy profesional y metódico a la hora de pensar sus proyectos. Ama su trabajo de escritura y, desde muy temprano, cada mañana les da forma a sus capítulos y a sus notas periodísticas. Con tanta pasión ejerce la profesión que fue distinguido por la Organización Mundial de Periodismo Turístico como el periodista turístico más influyente de 2021.

Leandro creó la colección Desconocida Buenos Aires, que ya tiene su sello personal en todos los lectores. ¿Qué encontrarán allí? Recomendaciones de pulperías, bodegones, almacenes, historias locales, personajes de los pueblos, vida sana y natural, mapas… y mucho más. Sus cuatro libros nos hacen soñar con rincones donde hay tiempo para todo, con la magia de lo simple y con una vida de plena libertad. Y claro, al terminarlos, solo queremos lanzarnos a la ruta y experimentarlo todo.

“Por si el tiempo me arrastra a playas desiertas”, como dice la canción, siempre irá con sus cuadernos para anotar cada detalle y contarnos sus maravillosas historias de viaje como sólo él sabe hacerlo.

                                                        Carolina Genovese, Periodista.  Editora Editorial El Ateneo

 Palabra de especialista

“Vesco tiene una prosa elegante para relatar historias de calidad humana. En este libro necesario y entretenido prueba que es un observador minucioso, habituado a escuchar, entiende y comprende el lenguaje codificado de sus personajes. Leandro Vesco tiene la virtud de transformar una historia ordinaria en un hecho extraordinario. Su libro puede leerse de la forma que uno quiera, el resultado será siempre grato y enriquecedor. Es tan rico y variopinto el material de esta obra, que conviven los últimos sobrevivientes de ciertos pueblos, con jóvenes cruzados que se animan a “resetear” su vida en sitios impensados, y con fantasmas que parecen reales.

Este primer libro al que le seguirán otros, abunda en personajes excéntricos y en sitios que parecen salidos de la ficción literaria. Bienvenido Leandro Vesco, que viene a rescatarnos toda esa magia oculta en este libro emotivo e inolvidable”

  Fragmento del prólogo “Desconocida Buenos Aires, Secretos de una Provincia” escrito por MARIO MARKIC

                          “EN POCAS PALABRAS”

Barracas. Hermana de La Boca, en ambas viví. Arte y color.

ONG Proyecto Pulpería. Donde todo se originó. Todo lo que hago es hijo del concepto de Proyecto Pulpería.

Pueblos rurales. Mi hábitat natural. Esperanza y trabajo.

Pulperías. Todo lo bueno que se puede hallar en este mundo.

Hijos. El futuro, verlos crecer me hace feliz. Son aliados y compañeros.

Soledad Bastida. La única mujer en el mundo, el amor. Lo que está bien en la vida.

Caminos rurales. Aventura y un libro abierto de historias para contar.

Éxito. La consecuencia directa de trabajar muchas horas mientras otros duermen.

Experiencia. Hermana del trabajo, un tercer ojo, un segundo corazón.

Provincia de Buenos Aires. El mapa de la emoción, pero también de mucha desigualdad.

Amor. El lenguaje del corazón.

Amistad. Más importante que el dinero, vale más que el oro. Un tesoro.

Honestidad. La única manera de caminar por la vida.

Creatividad. Existe antes que el sol nazca, y luego habla muy bajo.

Libros. Amigos de papel, presencias que protegen. Me siento seguro con ellos.

Futuro. Lo inevitable, lo que vendrá, lo que construimos desde ahora.

Ancestros. Apoyos, pilares, columnas. Las señales viales en el camino de la vida.

Comida casera. Sentimiento y corazón, la tibieza necesaria y alimento para los recuerdos.

Inseguridad. Responsabilidad absoluta de los políticos.

República Argentina. Un país hermoso e inagotable, habitado por personas trabajadoras y de buen corazón, pero gobernado por irresponsables.

Tu lugar en el mundo. Donde exista el silencio, las estrellas, el mar, un fuego y algo de frío. Siempre pienso en Los Ángeles, Necochea.

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