Joaquin Sorondo, titular de INICIA

Joaquin Sorondo, titular de INICIA

Tiempos difíciles son, sin duda, los que nos tocan vivir. El país está inquieto, cada vez más inquieto, en un clima enrarecido que cuesta comprender. Lejos quedaron aquellos tiempos de festejos bicentenarios y tasas chinas de crecimiento. Hoy nos miramos incrédulos y sin respuestas. Pareciera que a gobernantes y gobernados nos costara aprender de nuestra historia; pareciera que somos incapaces de alcanzar una síntesis, unir las paralelas en un trazo común.

Y como siempre en circunstancias difíciles, miramos especialmente a nuestros líderes en busca de respuestas. ¿Qué esperamos hoy, en estas particulares circunstancias, nosotros, los ciudadanos, de nuestros dirigentes? ¿Qué esperamos que hagan? ¿Qué esperamos de ellos?

Esperamos, en primer lugar, que sepan interpretar correctamente la realidad. Que piensen, que reflexionen, que no se olviden que acá estamos nosotros, los ciudadanos: la razón de ser de sus trabajos. Que no tiñan la realidad con colores festivos, heroicos o guerreros. Esperamos que se den cuenta de que un pensar inteligente integra la pregunta, la consulta, el diálogo. Porque la complejidad no se comprende bien desde el aislamiento de un despacho o de un comité. El buen juicio requiere necesariamente de la conversación, esa acción que no se construye en solitario.

Esperamos que sepan gestar, más allá de sus particulares ideologías, una visión de país consensuada, hacia el que podamos avanzar. Necesitamos un norte, una dirección clara, un futuro esperanzador. Esta visión requiere de acuerdos y negociaciones, y de la aceptación de que todos somos miembros de una misma sociedad. Esa visión deberá ser inclusiva, amplia, generosa; una visión que deje de lado la creencia de que los que no pensamos igual somos enemigos, vendepatrias o miserables. Necesitamos creer en nosotros como comunidad.

Esperamos que, más allá de sus pertenencias políticas, los mejores se pongan a trabajar juntos. Que se den cuenta de que un solo partido político o sector social no nos sacará de la decadencia en la que estamos inmersos desde hace décadas. Nuestros líderes deben comprender que son parte de un sistema, que sus trabajos se deben integrar al de otros para formar, entre todos, una república.

Esperamos que en estos tiempos actúen con humildad, capacidad, coraje, honestidad, sinceridad, convicciones y lealtad a las ideas, autonomía. Nosotros, los ciudadanos, creemos en algunos de nuestros dirigentes. Por eso necesitamos que se junten, que formen equipos, que nos demuestren por qué quieren liderarnos. Deben organizarse, planificar, no improvisar más. Se nos va la vida entre sus peleas.

Esperamos que nos lideren de verdad. Que dejen de mirar las encuestas para ver qué queremos y que asuman la responsabilidad de mostrarnos el camino, de decirnos “es por acá”.

Esperamos que nuestros líderes analicen los problemas con solvencia y profundidad. Que participen en la búsqueda de las soluciones los técnicos, los expertos, los que saben. Necesitarán de mucha creatividad porque nuestros problemas son muy graves y, para ello, tendrán que desarrollar mucha confianza entre sí, porque la creatividad no es amiga del miedo; el miedo paraliza y sólo genera soluciones mediocres y burocráticas. Y luego de analizar y encontrar las soluciones, nuestros dirigentes deberían tomar decisiones –aunque se equivoquen– pero rápido; muchos ciudadanos la están pasando verdaderamente mal. Debieran tener en cuenta que una solución a destiempo no es solución.

Esperamos que mientras todas estas cosas ocurran nos vayan mostrando los resultados de sus gestiones. Queremos una comunicación de ida y vuelta, porque es muy importante en estos tiempos difíciles saber qué está ocurriendo, en qué se gasta nuestro dinero, porqué no hay recursos para ciertas cosas y sobran para otras. La esencia del liderazgo es la influencia y queremos ser influidos por nuestros líderes. Y para ello deben actuar con transparencia, de lo contrario, esa influencia se convierte en manipulación, imposición, autoritarismo. Admiramos la oratoria de algunos de ellos, esa capacidad para comunicar ideas y emociones. Somos conscientes del valor de un buen discurso y de que su forma contenga un fondo sustancioso, coherente y verdadero. Gobernados y gobernantes nos debemos ante todo respeto.

Esperamos que nos recuerden continuamente la visión del país al que aspiramos, porque esa visión de futuro le dará sentido a nuestras acciones; asimismo, la información sobre los avances y las dificultades que se presenten fortalecerá la esperanza y administrará nuestras expectativas. Por medio de una comunicación completa y veraz, nuestros líderes generarán una relación madura y de respeto con nosotros, los ciudadanos. Y desde la confianza –y solamente desde la confianza– podremos llevar adelante acciones que de otra manera serían simplemente imposibles.

Esperamos que en estos momentos difíciles, donde somos muchos los preocupados y angustiados por las noticias de todos los días, nuestros líderes tengan la capacidad de contenernos. No necesitamos que nos mientan ni que oculten las malas noticias (somos grandes como para no comprender el significado de la inseguridad y de la inflación) pero, junto a las soluciones serias, pretendemos aliento y consuelo, y, primordialmente, mantener la esperanza. Las personas estamos dispuestas a realizar grandes sacrificios si buenos líderes saben guiarnos y contenernos.

Esperamos que en estos momentos de cierta confusión den la cara y nos dejen ver con claridad quiénes están a cargo. No necesitamos verlos todos los días en televisión cortando cintas en inauguraciones, simplemente nos conformamos con saber que están trabajando y acordando acciones de largo plazo.

Esperamos verlos preocupados por ganar nuestra confianza, ya que sin ella las únicas relaciones posibles son las basadas en el dominio y la imposición. Y nuestra confianza sólo tendrá como origen la credibilidad de los que sabemos que no nos mienten.

Esperamos que en un país, donde el valor de la palabra esta tan devaluado por una utilización abusiva y en muchos casos vaciados de sentido, nuestros dirigentes nos den el ejemplo. Necesitamos menos palabras y más conductas ejemplares.

Esperamos que en estos tiempos difíciles los actos de nuestros líderes sean especialmente coherentes; que cuiden nuestros recursos, que los utilicen como lo que son: públicos, de todos, y no premios al buen militante.

Esperamos, finalmente, que se traten con respeto y que actúen pacíficamente para acordar algunas ideas básicas que aseguren nuestra convivencia. Nos resulta imprescindible verlos trabajar seriamente, aceptando críticas, corrigiendo rumbos equivocados, y no tan propensos a los halagos y a las sonrisas complacientes, a los amigos que nunca critican, a los que siempre les dan la razón.

En resumidas cuentas, un buen liderazgo en tiempos difíciles requiere de fuertes convicciones, carácter para soportar las presiones, amplitud de criterio, ética, humildad y empatía, capacidad de análisis e imaginación, y muy buenas comunicaciones personales.

Y por favor, no se vayan todos, sólo asuman con patriotismo el deber de gobernarnos bien.

(*) El autor es consultor de empresas y presidente de INICIA, comunidad de emprendedores.

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