Por: Santiago Lorenzatti, Martín Sanchez, Agustín Bianchini y Walter Tanducci – OKANDU SA.

El cultivo de maíz es el que mejor responde a la mejora del ambiente y a la tecnología aportada. Adicionalmente, es el cultivo que más ha evolucionado en rendimientos, permitiendo alcanzar techos productivos impensados hace unos años. Sin embargo, no siempre el ambiente productivo es el ideal u óptimo para maximizar rindes; desafiándonos a encontrar estrategias productivas más defensivas, como es el caso del maíz tardío.

Conocer el ambiente

En OKANDU pensamos que al planificar el cultivo de maíz resulta esencial conocer y caracterizar el ambiente de producción. La aptitud del suelo y la oferta hídrica esperada son las principales variables a considerar. En muchas regiones, la presencia de napa freática es clave para definir esta segunda variable, por su influencia positiva sobre el rendimiento. A eso se suma el manejo de pronósticos extendidos que definan probabilidades de ocurrencias de precipitaciones. Así, en años con adecuada oferta hídrica, por pronósticos favorables y/o por presencia de napa, la potencialidad del ambiente se verá maximizada, lo cual nos habilita a plantos de alta productividad.

Por el contrario, restricciones hídricas nos imponen un techo productivo menor a la vez que aumentan los riesgos; siendo un manejo defensivo probablemente la respuesta mejor adaptada a ese escenario. La campaña 2020/21 presenta un escenario desafiante, por la alta probabilidad de un fenómeno “La Niña”, caracterizado por una menor oferta hídrica, haciendo que el cultivo tenga altas chances de transitar por períodos de sequía y estrés térmico.

Justamente en años Niña es de esperar que – en zona núcleo – las menores precipitaciones se den entre noviembre y enero, y la siembra de maíces en fechas tardías (diciembre) pasa a ser una opción interesante para lograr rindes medios aceptables y disminuir el riesgo productivo.

En fechas de siembra de diciembre, el cultivo de maíz tendrá su período crítico en febrero; logrando sortear los meses de menores precipitaciones en años Niña y también reduciendo riesgo de estrés térmico que se da en mayor medida en enero. Si bien en febrero la radiación es menor, lo cual limita la potencialidad de rinde, el cultivo tendrá mejores chances de lograr rindes medios aceptables, incluso por encima de los 9.000 o 10.000 kg/ha.

En síntesis, en un año Niña repartir entre fechas tempranas (en lo mejores lotes y con presencia de napa) y fechas tardías (ambientes con mayor riesgo hídrico) permitirá bajar los riesgos productivos y apuntar a rendimientos medios aceptables; lo cual resulta clave para la viabilidad de la empresa.

Variables que impactan en el rendimiento

Las principales variables que definen el rendimiento en maíz varían en su impacto según se trate de maíces tempranos o tardíos. Según Vintantonio-Mazzini et al. en un trabajo realizado por Facultad de Ciencias Agrarias (UNR) y la Región CREA Sur de Santa Fe, las variables más importantes en la definición del rendimiento en maíces tempranos fueron: Densidad, Nitrógeno, presencia de napa y precipitaciones. En tanto que en maíces tardíos las variables de mayor impacto fueron: Precipitaciones, presencia de napa, Fungicidas, nutrición fosforada, y Nitrógeno (Gráfico 1).

Temprano 

                                                      Tardío

Gráfico 1: Variables ambientales y decisiones de manejo de mayor impacto en la productividad de maíces temprano y tardíos. Fuente: Vitantonio-Mazzin, Gambín, Borras, Gallo y Perez (Fac. Cs. Agrarias UNR y CREA Sur de Santa Fe)

Por el lado de OKANDU, desde hace varias campañas venimos evaluando el impacto de la genética, la densidad y el manejo nutricional en maíz temprano y tardío. Respecto a este último cultivo, específicamente, cada híbrido evaluado es sometido a tres niveles de densidad poblacional: baja (63.000 pl/ha), media (84.000 pl/ha) y alta (99.000 pl/ha). A su vez, cada densidad es cruzada con tres tratamientos nutricionales: Testigo (sin aporte de nutrientes vía fertilizantes); nutrición media (80 kg/ha MAP + 120 kg/ha urea), y nutrición alta (160 kg/ha MESZ + 330 kg/ha urea). Al respecto, la respuesta a los diferentes manejos depende de la oferta ambiental (Gráfico 2).

Gráfico 2: Respuesta a la densidad para el tratamiento promedio de fertilización. Red de tecnología OKANDU (Campaña 2018/2019).

En términos promedio,  las densidades intermedia y alta superaron a la densidad baja, sin diferenciarse entre ellas.  Sin embargo, al desmenuzar la información se puede inferir que este comportamiento difiere según la oferta ambiental. Así, en los mejores ambientes (Bengolea, Inriville y Baldissera) el aumento de la densidad permitió alcanzar los máximos rendimientos. Por el contrario, ambientes más restrictivos (Colonia Tirolesa y Monte Cristo) mostraron caídas de rendimiento para la densidad más alta.

Al analizar el efecto de la densidad en ambientes sin fertilizar se encontraron respuestas dispares. (Gráfico 3). Mientras que en ambientes inferiores (Colonia Tirolesa y Monte Cristo) el aumento de densidad tuvo un efecto negativo en el rendimiento; en ambientes superiores el efecto fue positivo. Se infiere que en estos últimos el aporte de N del suelo no fue restrictivo permitiendo expresar mayores rendimientos frente al aumento de densidad. Por el contrario en ambientes inferiores, el aporte de nitrógeno fue restrictivo poniendo un techo más bajo al rendimiento, e incluso haciendo que el aumento de densidad tenga un efecto negativo.

Grafico 3: Efecto de la densidad en maíz tardío en diferentes ambientes, sin fertilización. Red de tecnología de OKANDU en maíz tardío (Campaña 2018/19).

Finalmente, al analizar esta misma situación en ambientes de alta oferta nutricional (160 kg/ha de MESZ y 330 kg/ha de urea) la respuesta a la densidad fue positiva, para la campaña analizada (Gráfico 4). La mejora en la oferta nutricional mejoró la oferta ambiental permitiendo expresar con mayores rendimientos el aumento de densidad.

Gráfico 4: Respuesta a la densidad en maíces tardíos en tratamientos de alta oferta nutricional. Red Okandu de maíz tardío. Campaña 2018/19.

Uso de fungicidas en maíz

El manejo de enfermedades de origen fúngico es otro de los grandes desafíos para el manejo del maíz tardío. En los últimos años el conocimiento y principalmente la difusión y uso de herramientas tecnológicas como los fungicidas han mostrado interesantes respuestas.

Diferentes ensayos realizados por OKANDU nos muestran que existen campañas con baja respuesta al uso de fungicidas, producto principalmente de aspectos ambientales que no favorecen a la proliferación de patógenos como la roya; o bien existen materiales con mejor comportamiento sanitario que otros. Sin embargo, existen también situaciones donde el uso de fungicidas permite obtener niveles de respuestas interesantes que pagan con creces el costo de la tecnología, lo cual suele ser muy frecuente en maíces tardíos. Por ejemplo, en las campañas 2016/17 y 2018/19 se evaluó el uso de fungicidas en materiales susceptibles a roya en siembra tardía en Monte Buey (Córdoba). En estos casos, analizado el tratamiento con fungicida aplicado entre V10 y V12 mostró respuesta de 1160 kg/ha y 950 kg/ha, lo cual implica una respuesta de 9,2 y el 9,3% sobre el testigo (Gráfico 5).

Gráfico 5: Evaluación del uso de fungicidas en maíz tardío en un híbrido susceptible a roya. Red Okandu campañas 16/17 y 18/19.

La información generada es coincidente con la difundida por Aapresid en su Red de maíz tardío, con una respuesta promedio de 554 kg/ha a la aplicación de fungicidas en maíz tardío en las últimas 5 campañas (Gráfico 6), siendo de 832 kg/ha en la 2019/20.

Grafico 6: Respuesta a la aplicación de fungicidas en maíz tardío. Red de maíz tardío de AAPRESID (2020).

Finalmente, y complementando aspectos sanitarios del cultivo, las enfermedades de raíz y tallo son en la actualidad un desafío a resolver, ya que cada vez se ve mayor incidencia de estas enfermedades vasculares que provocan pérdidas de rendimiento y susceptibilidad al quebrado y vuelco. El avance en conocimiento y manejo de esta adversidad biológica se convierte en un nuevo objetivo del manejo del maíz.

Cultivos de servicio

El maíz tardío generalmente tiene un período de barbecho mucho más largo que un maíz temprano, lo cual invita a pensar en cubrir ese período con cultivos de servicio.

En OKANDU venimos trabajando en el ajuste de la tecnología a ofrecer tanto en nutrición como en densidad en maíces tardíos, teniendo en cuenta la influencia de la inclusión de cultivos de servicio como Vicia villosa o de gramíneas. La evolución del conocimiento y el ajuste necesario irá creciendo en los próximos años ya que se están aplicando los mismos protocolos de trabajo que se hacen en Maíz Temprano.

La dinámica de Nitrógeno varía en función del cultivo antecesor, siendo el antecesor Vicia el que mejor resulta para el maíz tardío, debido al aporte que realiza de N atmosférico, a diferencia de los cultivos gramíneas que consumen N del suelo. Dicho consumo será mayor en la medida que más tarde se corte el consumo del cultivo de servicio de gramínea, a la vez habrá mayor inmovilización de Nitrógeno ya que la relación C/N del rastrojo será más elevada. En consecuencia, es de esperar que la oferta de nitrógeno se vea reducida.

En los ensayos que llevamos en OKANDU podemos apreciar la respuesta diferencial del maíz en función del antecesor. Sobre Vicia villosa la ganancia de rinde es menor y la curva de respuesta se satura con menor aporte de N, siendo un cultivo que depende menos del aporte de N como fertilizante. Por el contrario, sobre cultivos de servicios de gramíneas (centeno, avena, triticale o trigo) la respuesta al agregado de N como fertilizante es mayor y la curva se satura en niveles mayores de N, siendo este un cultivo que depende en mayor medida del aporte de N como fertilizante (gráfico 7).

Gráfico 7: Respuesta a N en Maíz Tardío según antecesor – ensayos en franja 2013/14 a 2019/20)

Así si el antecesor es Vicia, el techo productivo lo estamos alcanzando para maíces tardíos en el SE de Córdoba con niveles de nitrógeno en torno a los 170 a 180 kg de N/ha (entre suelo y fertilizante). En cambio, si el antecesor es un cultivo de servicio de gramínea el umbral se acerca a los 230 a 240 kg de N/ha, haciendo que la dependencia de nitrógeno de fertilizante sea mayor.

Monitoreo

Otro párrafo merece el accionar de los cultivos de servicios respecto al control de malezas. En lotes de producción se observa el valioso aporte que hace un cultivo de servicio de buena producción de biomasa, en cuanto a la reducción y retraso de emergencia de malezas.

A modo de ejemplo, durante la campaña 19-20, en un establecimiento en Monte Buey, después de una vicia villosa, sembrada en fecha óptima, se sembró maíz a principios de Diciembre, y en todo el ciclo el consumo de herbicidas fue Glifosato (1,5 lt/ha);  Imazetapir (+ 0,70 lt/ha); Convey (0,10 lt/ha);  Atrazina 90% (1,0 kg/ha).

A partir de esto, comparamos el EIQ de este lote, respecto a otros potreros de la zona, con similares problemáticas en cuanto a malezas, y todos destinados a maíz tardío, con estrategias de barbechos diferentes:

El EIQ es un índice propuesto por Kovach (1992) que considera toxicidad cutánea, toxicidad crónica, sistematicidad, toxicidad en peces, potencial de lixiviación, superficie de pérdida del potencial, toxicidad en aves, vida media del suelo, toxicidad en abeja, toxicidad en artrópodos, vida media en la planta.

 En esta línea un informe de los estudios realizados por La Chacra Regional Aapresid Pergamino-Colón certifica que cuanto más intensas son las rotaciones, menor es la cantidad de aplicaciones de herbicidas, y aquí los cultivos de servicios son actores claves (gráfico 8).

Gráfico 8: Relación entre el número de aplicaciones de herbicidas y el índice de intensificación (IIR) de cada rotación en los tres establecimientos (LMs, LMe y SN)

Es importante evaluar nuestro accionar en este aspecto, convencidos de la importancia de trabajar en sistemas de mejora continua, con buenas prácticas que aporten soluciones a las diferentes problemáticas sin resignar el doble objetivo de lograr rentabilidad y sustentabilidad.

Consideraciones finales

El maíz tardío aparece como una opción interesante para diversificar riesgos y lograr rendimientos promedios estables en planteos productivos de empresas agrícolas en zona núcleo.

El hecho repartir superficie entre maíces tempranos y tardíos se vislumbra como una estrategia interesante para reducir riesgos en años Niña, caracterizados por una oferta hídrica menor e irregular.

El manejo de maíces tardíos implica conocer y ajustar estrategias de elección de híbridos, manejo de densidad, nutricional y sanitario, entre otros. Desde OKANDU venimos trabajando en la generación y difusión de este conocimiento.

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